LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI


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La Familia Comboniana unida contra el coronavirus

La inesperada propagación del coronavirus también nos ha afectado a la Familia Comboniana, como no podría ser de otro modo. Vivimos una situación sin precedentes e inesperada que nos ha dejado perplejos y ha trastornado nuestros planes. Este año vivimos la Cuaresma en un modo muy especial, pero el Señor nos acompaña en esta desconocida realidad para la cual nadie estaba preparado. Sin embargo, en la debilidad, en la confusión, en el miedo, Cristo se manifiesta en la Cruz, sufre y muere por toda la humanidad: “por tus llagas hemos sido curados” (1 P 2, 24).

En este límite impuesto, estamos llamados a vivir nuestra misión: sobre todo compartiendo la vida de nuestros pueblos en solidaridad con la realidad que viven como signo de esperanza. En segundo lugar, aunque no podamos tener, en algunas partes del mundo, las normales celebraciones litúrgicas y oraciones con la gente, podemos intensificar nuestra vida de oración personal y comunitaria buscando a Dios que nos habla desde lo profundo.

Este virus ha derrumbado las barreras y confines entre pueblos y naciones. Toda la humanidad se siente unida en la misma lucha por detenerlo. Aún así es un momento para descubrir nuestra vulnerabilidad. Más allá de nuestras culturas y nacionalidades, somos todos hermanos y hermanas de una única familia humana peregrina con un destino común. Por esto sentimos que, como Familia Comboniana, hoy más que nunca, estamos llamados a vivir más unidos, orando los unos por las otras, con una mirada atenta a lo que sucede en todo el mundo porque es parte de nuestro carisma. Ante la impotencia de no poder ayudar en este momento a quien tiene necesidad, recordamos las palabras de San Daniel Comboni: “La omnipotencia de la oración es nuestra fuerza” (E 1969).ç

Que esta crisis nos ayude a reconocer lo que es esencial en nuestra vida y a ponernos en las manos de Dios.


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8 de Marzo. Día internacional de la Mujer

Dice un proverbio africano que si las mujeres bajaran los brazos el cielo se caería. Y es que las mujeres africanas son pieza fundamental en el desarrollo de sus pueblos.

Aunque se ha avanzado mucho en la lucha por la conquista de nuevos marcos de libertad y por la igualdad de derechos, todavía queda mucho por hacer.

Seguimos…


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2ºDomingo de Cuaresma (A) 08 de marzo de 2020

Mateo 17,1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro,a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.” Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.” Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: “Levantaos, no temáis.”
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: “No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.”

LOS MIEDOS EN LA IGLESIA

Probablemente es el miedo lo que más paraliza a los cristianos en el seguimiento fiel a Jesucristo. En la Iglesia actual hay pecado y debilidad, pero hay sobre todo miedo a correr riesgos. Hemos comenzado el tercer milenio sin audacia para renovar creativamente la vivencia de la fe cristiana. No es difícil señalar alguno de estos miedos.

Tenemos miedo a lo nuevo, como si «conservar el pasado» garantizara automáticamente la fidelidad al Evangelio. Es cierto que el Concilio Vaticano II afirmó de manera rotunda que en la Iglesia ha de haber «una constante reforma», pues «como institución humana la necesita permanentemente». Sin embargo, no es menos cierto que lo que mueve en estos momentos a la Iglesia no es tanto un espíritu de renovación cuanto un instinto de conservación.

Tenemos miedo para asumir las tensiones y conflictos que lleva consigo buscar la fidelidad al evangelio. Nos callamos cuando tendríamos que hablar; nos inhibimos cuando deberíamos intervenir. Se prohíbe el debate de cuestiones importantes, para evitar planteamientos que pueden inquietar; preferimos la adhesión rutinaria que no trae problemas ni disgusta a la jerarquía.

Tenemos miedo a la investigación teológica creativa. Miedo a revisar ritos y lenguajes litúrgicos que no favorecen hoy la celebración viva de la fe. Miedo a hablar de los «derechos humanos» dentro de la Iglesia. Miedo a reconocer prácticamente a la mujer un lugar más acorde con el espíritu de Jesús.

Tenemos miedo a anteponer la misericordia por encima de todo, olvidando que la Iglesia no ha recibido el «ministerio del juicio y la condena», sino el «ministerio de la reconciliación». Hay miedo a acoger a los pecadores como lo hacía Jesús. Difícilmente se dirá hoy de la Iglesia que es «amiga de pecadores», como se decía de su Maestro.

Según el relato evangélico, los discípulos caen por tierra «llenos de miedo» al oír una voz que les dice: «Este es mi Hijo amado… escuchadlo». Da miedo escuchar solo a Jesús. Es el mismo Jesús quien se acerca, los toca y les dice: «Levantaos, no tengáis miedo». Solo el contacto vivo con Cristo nos podría liberar de tanto miedo.

José Antonio Pagola


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Verano 2020: Experiencia Misionera en Uganda

¿Te preguntas cómo es la misión en otras realidades? ¿Te sientes llamado a sentirla en tu propia vida?
Este verano puedes vivir una experiencia de misión en Uganda junto a otros jóvenes con tus mismas inquietudes.
🌍🤝👣
No dudes en escribirnos para pedir más información o preguntar cualquier duda.