Alberto y Mª Carmen, Namapa-Mozambique

La misión de Namapa está situada en la provincia de Nampula, al norte de Mozambique, en una zona rural basada en una agricultura de subsistencia y, aunque administrativamente es un lugar importante, en la práctica es una tierra olvidada por los políticos al ser el distrito más al norte de la provincia (a unos 200 km de la capital, Nampula, es decir unas 4 horas y media en coche), lo cual hace que con el tiempo en vez de mejorar hayan ido perdiendo las pocas cosas que tenían (luz eléctrica, red de abastecimiento de agua…).

La comunidad de los LMC la formábamos Raúl y Mercedes y nosotros: Alberto y Mª Carmen, a la cual se uniría más tarde nuestra hija recién nacida, Marta. Trabajábamos en dos áreas prioritarias para el desarrollo del pueblo Macúa, con el cual convivíamos: Sanidad y Educación. Quizás la principal novedad de nuestra comunidad, frente a otras LMC, era que trabajábamos en las propias estructuras del país (Hospital Rural y la Escuela de Secundaria), con lo que eso implica de dificultad (pocos medios, desorganización, corrupción, menor libertad para hacer cosas…) y a la vez de signo de esperanza (trabajar codo con codo con ellos, mostrar otra forma de ser y de estar …).

Nuestra aportación era simple: Trabajar con vocación, atendiendo a los enfermos como seres humanos, intentando ser cercanos, atendiendo sus necesidades y resolviendo sus dudas, siendo cumplidores con nuestra tarea de profesores, preparando y dando las clases lo mejor posible, evaluando a los alumnos según sus conocimientos. Todo ello sin ocupar cargos de dirección, como uno más. Y aunque no fue fácil, a finales del segundo año se empezaron a notar pequeños cambios, sumándose a este nuevo estilo, enfermos y alumnos que empezaban a reconocer sus derechos y pedir que se les respetara; y funcionarios, tanto enfermeros como profesores que iban cambiando su propio estilo de actuación. Es posible otra forma de estar en el trabajo y encontrar satisfacción en el mismo. Creemos que desde fuera no hubiera sido lo mismo, hace falta meterse, desestabilizar el sistema desde dentro, mostrar que es posible y acompañar al que quiere levantar la cabeza y decir estamos contigo, adelante.

Un tiempo de vida plena, de compartir con la gente las alegrías y las penas, de luchar por un mundo más humano, más digno para todos; de anunciar la fuerza del Evangelio, fuerza de vida y de humanidad que nos alienta a construir un mundo mejor para todos, especialmente los más pobres y abandonados, y a saber que somos luchadores de una causa invencible, aunque a veces perdamos algunas batallas. Animo a todos y uniros a construir este mundo más humano, más divino, para TODOS.