Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2026

La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”

“La paz esté con todos ustedes. Hacia una paz desarmada y desarmante” es el tema del Mensaje del Papa León XIV para la 59.ª Jornada Mundial de la Paz que se celebra hoy.

En su mensaje, el Santo Padre invita a todos a recibir la paz y a ser testigos porque la paz “existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno”.

En esta línea, el Papa cita a San Agustin para recordar que los cristianos deben ser testigos de la paz y alentó “a entablar una amistad indisoluble con la paz”. Todos estamos invitados a recorrer este camino trazado por el Resucitado. Él mismo encarnó una paz desarmada porque  “desarmada fue su lucha”.

De hecho, la paz es un don que va custodiado, “no es una realidad experimentada, para custodiar y cultivar, la agresividad se di- funde en la vida doméstica y en la vida pública” y se puede caer en el engaño de que para conseguirla hay que prepararse para la guerra encarnando “la irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza”.

Para lograr una paz desarmante, debemos encarnar la mansedumbre porque “La bondad es desarmante. Quizás por eso Dios se hizo niño”. De la humildad evangélica nace la paz. Un niño, en su fragilidad, tiene la posibilidad de cambiar los corazones, cuestionar nuestras decisiones y deponer las armas. 

Por último, el Papa señala que la paz es posible, no es una utopía, y que el diálogo ecuménico e interreligioso son vías privilegiadas para alcanzarla. Tampoco debemos olvidar emprender «el camino desarmador de la diplomacia, de la mediación, del derecho internacional», que requieren confianza mutua, lealtad y responsabilidad en los compromisos asumidos.

El mensaje de León XIV concluye pidiendo para que la paz «sea un fruto del Jubileo de la Esperanza, que ha impulsado a millones de seres humanos a redescubrirse peregrinos y a comenzar en sí mismos ese desarme del corazón, de la mente y de la vida al que Dios no tardará en responder cumpliendo sus promesas».

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Buenas noticias. Día de la Sagrada Familia

Mateo 2,13-15.19-23

Coge al niño y a su madre y huye a Egipto

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.» José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto».

Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño.» Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno.

SEGUIR A JESÚS DESDE LA FAMLIA

¿Es posible tomar juntos la decisión de seguir a Jesús en familia? No es fácil. Es una decisión que hay que preparar y madurar despacio, y respetando a todos, pues se trata de una decisión personal de cada uno. Son los padres creyentes los primeros responsables de crear un clima apropiado.

Desde el comienzo ha de quedar claro que seguir a Jesús no es copiar un modelo reproduciendo los rasgos de un Maestro del pasado de manera pasiva, infantil y sin creatividad alguna. Es una aventura mucho más apasionante. Los evangelios nunca hablan de imitar a Jesús, sino de seguirlo. Jesús no es un espejo, sino un camino. Jesús resucitado está vivo en medio de nosotros, en el centro de la familia. Más aún, su Espíritu está dentro de cada uno de nosotros, sosteniendo, alentando e inspirando nuestras vidas. Hemos de escuchar su llamada a seguirlo hoy de manera creativa, confiando siempre en su fuerza.

«Seguir a Jesús» es una metáfora tomada de la costumbre que tenía de caminar unos pasos por delante de sus discípulos. Por eso nos recuerda que el seguimiento a Jesús exige «dar pasos»: tomar una primera decisión, ponernos en camino, dejarnos guiar por el Evangelio, levantarnos cuando hemos caído, volvernos a orientar cuando nos hemos perdido… Para impulsar el seguimiento a Jesús con realismo creo que hemos de recuperar la lectura del evangelio en familia, primero entre los padres, luego, si es posible, con los hijos.

Los evangelios no son libros didácticos que exponen doctrina sobre Jesús. No son catecismos. Lo primero que se aprende en los evangelios es el estilo de vida de Jesús: su manera de estar en el mundo, su forma de hacer la vida más humana, su modo de pensar, de sentir, de amar, de sufrir.

Los evangelios fueron escritos para suscitar nuevos discípulos y seguidores. Son relatos que invitan a cambiar, a seguir de cerca a Jesús, a identificarnos con su causa, a colaborar con él abriendo caminos al reino de Dios. Por eso han de ser leídos, meditados y compartidos escuchando su llamada a entrar en un proceso de cambio y conversión.

No pensemos en algo muy complicado. Se trata de leer los relatos muy despacio, deteniéndonos en la persona de Jesús; fijándonos bien en qué dice y qué hace. Luego, entre todos, nos podemos ayudar a hacernos algunas preguntas: ¿qué verdad nos enseña o nos recuerda Jesús con su actuación? ¿A qué nos llama? ¿Cómo nos anima y alienta con sus palabras?

Una familia empieza a seguir de verdad a Jesús cuando comienza a introducir en casa la verdad del Evangelio. No hemos de tener miedo a poner nombre a las cosas. Hemos de atrevernos a discernir qué hay de verdad evangélica y qué hay de antievangélico en las costumbres de la familia, en la convivencia, en los gestos, en la manera de vivir. No para echarnos las culpas unos a otros, sino para animarnos a vivir al estilo de Jesús.

Mensaje de Navidad del Consejo General: La importancia de “tomar conciencia”

Queridos hermanos:
En este tiempo de Navidad se nos ofrece una oportunidad extraordinaria: la de emprender un viaje interior que nos lleve desde la simple conciencia de nosotros mismos a la verdadera cercanía con los demás y con el mundo.

Este año, el Adviento comenzó con un pasaje evangélico que debería habernos impactado: «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca. No se dieron cuenta de nada hasta que vino el diluvio y se los llevó a todo. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre”» (Mateo 24,37-39).

Tomar conciencia del mundo que nos rodea, de las personas con las que vivimos y a quienes dirigimos nuestra misión, significa captar la esencia de nuestro “estar presentes” y de nuestro “ser conscientes”. Tomar conciencia no es una acción pasiva, sino un acto intencional de coraje y presencia, que requiere esfuerzo, práctica, atención y sensibilidad. Se trata, por tanto, de un arte verdadero y propio, que posee el inmenso poder de transformar nuestra percepción de la realidad. Cuando tomamos conciencia, ya no somos esclavos de los hábitos ni de los estímulos externos; podemos elegir nuestras respuestas y vivir con mayor autenticidad y sentido.

Tomar conciencia es un acto de coraje cotidiano. Es difícil estar verdaderamente presentes y ver las cosas tal como son, sin juicios ni reacciones automáticas. Requiere la valentía de enfrentar nuestros propios pensamientos y emociones, y la realidad del momento.

Una vez que aprendemos el arte de tomar conciencia, cambia nuestra manera de estar en el mundo: nos volvemos más empáticos, más conectados, más capaces de apreciar las pequeñas cosas y de afrontar las dificultades con mayor sabiduría y serenidad. En otras palabras, tomar conciencia es despertar a nuestra propia vida y emprender un camino de crecimiento personal hacia una mayor plenitud y libertad interior, capaz de transformar nuestra manera de vivir y de relacionarnos con el mundo, pasando de una existencia automática a una viva y consciente. Tomar conciencia nos arraiga en el presente, nos ayuda a abrir el corazón, a ver el mundo con mayor claridad y a escuchar de verdad. Solo desde una escucha auténtica nace la cercanía  el don de estar cerca, sin necesidad de muchas palabras, con el corazón atento a la vulnerabilidad del otro.

Ser cercanos significa tener el coraje de descentrarse, de dejar de lado el propio ego y de dedicar una atención sincera y efectiva a quienes viven en situaciones de profundo malestar o fragilidad: ya sean inmigrantes en busca de un futuro seguro, víctimas de alguno de los numerosos conflictos que desfiguran nuestro mundo, o simplemente personas que cruzan nuestro camino. Ser cercanos es redescubrir la belleza de una compasión activa, de una sonrisa que da esperanza, de un gesto que sana las heridas más profundas. Es esta la forma más concreta de mostrar que en nuestro corazón no hay espacio para la indiferencia, sino solo para el amor verdadero.

Esta aventura de la conciencia, si se amplía, nos conduce a una espiritualidad profunda, caracterizada por la conciencia de la simbiosis que existe entre todas las criaturas y la creación. Entonces, la maravilla del ciclo de las estaciones, la fuerza de un árbol, el aliento vital de la naturaleza sabrán recordarnos que formamos parte de un designio sagrado, y esta conciencia nos abrirá los ojos a la belleza de todas las cosas y a la gracia de cada instante, despertando en nosotros la gratitud.

El Adviento nos invita a mirar hacia adelante con esperanza, a creer que el futuro puede ser distinto y mejor. No somos “seres-para-la-muerte”, sino “seres-para-la-vida”. Y la Navidad nos impulsa a “orientar el corazón” en la espera del Hijo del hombre. Cuando Jesús llegue, queremos que nos encuentre preparados: con los corazones enamorados y la mirada puesta solamente en Él, dispuestos a acoger su amor que todo lo transforma.

Deseamos que esta Navidad nos devuelva el coraje de escalar montañas, sin detenernos en el primer refugio, y de subir a nuestra barquita anclada en medio del mar, tomar los remos y hacerse a la mar. Porque, si es cierto que esperamos a “Alguien”, es aún más cierto que ese “Alguien” —desde siempre y para siempre— nos espera a nosotros, y espera que nuestro Instituto se convierta verdaderamente en aquello que nuestro Fundador soñaba, convencido como estaba de que su sueño era el de Dios.

Acojamos a Jesús, el Sol de justicia, que vuelve para calentar nuestros corazones, sanar nuestras heridas y devolvernos la esperanza. Al entrar en el mundo a través del seno de María, Dios encendió una luz que ninguna oscuridad puede apagar. También nosotros, humanos y limitados, podemos comenzar de nuevo desde aquí, con la certeza de que aquello que parecía inalcanzable —la promesa de renacimiento y renovación— se vuelve posible.

Les deseamos una Navidad llena de acogida, amor, luz y esperanza.

¡Feliz Navidad, de verdad!

El Consejo General
Roma, 13 de diciembre de 2025

Navidad 2025

Al hacerse hombre, Jesús asume sobre sí nuestra fragilidad, se identifica con cada uno de nosotros: con quienes ya no tienen nada y lo han perdido todo, como los habitantes de Gaza; con quienes padecen hambre y pobreza, como el pueblo yemení; con quienes huyen de su tierra en busca de un futuro en otra parte, como los numerosos refugiados y migrantes que cruzan el Mediterráneo o recorren el continente americano; con quienes han perdido el trabajo y con quienes lo buscan, como tantos jóvenes que tienen dificultades para encontrar empleo; con quienes son explotados, como los innumerables trabajadores mal pagados; con quienes están en prisión y a menudo viven en condiciones inhumanas…

La alegre noticia de este día es que el Niño que ha nacido es Dios hecho hombre; que no viene a condenar, sino a salvar; la suya no es una aparición fugaz, pues Él viene para quedarse y entregarse a sí mismo. En Él toda herida es sanada y todo corazón encuentra descanso y paz. «El Nacimiento del Señor es el Nacimiento de la paz».

MENSAJE URBI ET ORBI. Navidad 2025

EL DESPERDICIO DE ALIMENTOS, UN SACRILEGIO

En estos días de celebraciones y comidas familiares y con amigos, somos testigos del desperdicio de una gran cantidad de alimentos.

El trayecto de los alimentos hasta nuestra mesa y, si no los consumimos, hasta el cubo de la basura, ya no ocurre de manera aislada. Debemos comprender que nuestra relación con la comida y el desperdicio de alimentos afecta la vida de las personas en nuestro planeta, tanto de aquellas que pasan hambre como de las que envenenamos con lo que desechamos.

Por esta razón, desperdiciar alimentos se convierte en un acto casi sacrílego, y encontrar soluciones a este problema se torna en una cuestión que no solo impacta la economía y la salud, sino también la vida religiosa y espiritual.

Así nos lo explica este cuaderno de Cristianismo y Justicia. Los autores forman parte del proyecto Higher Education for Social Transformation (HEST), promovido por la Conferencia de Provinciales Jesuitas de Europa (JCEP) y la red Kircher Network.

Puedes obtener el cuaderno en https://www.cristianismeijusticia.net/…/pdf/es228_0.pdf