«Como las luciérnagas»: voces de mujeres que iluminan el camino de la Iglesia

Comenzamos el mes de agosto compartiendo una lectura que invita a detenerse, escuchar y dejarse iluminar.

En medio del ritmo más pausado del verano, Como las luciérnagas (Editorial Claret) es una de esas lecturas que refrescan el alma, como un vaso de agua fresca en los días de más calor, y nos ayudan a mirar la Iglesia con esperanza y profundidad.

En este libro, mujeres de distintos lugares, vocaciones y experiencias reflexionan sobre el presente y el futuro de la Iglesia. Sus testimonios dibujan el horizonte de una comunidad que quiere caminar de una manera más sinodal, abierta a la escucha, corresponsable y fiel al Evangelio.

Sus páginas nacen de la vida compartida, de la fe vivida en comunidad, de la misión cotidiana y del servicio a los demás. Son mujeres que acompañan personas y procesos, sostienen comunidades, hacen teología, anuncian la Palabra y contribuyen, con discreción y perseverancia, a iluminar el camino de la Iglesia.

Porque, como las luciérnagas, también las luces más pequeñas son capaces de iluminar la noche y señalar caminos de esperanza.

Buenas noticias. Domingo 18 º T.O. 02/08/2026

Mateo 14,13-21

Comieron todos hasta quedar satisfechos

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.» Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.» Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.» Les dijo: «Traédmelos.» Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

¿CÓMO BENDECIR LA MESA?

Casi sin darnos cuenta y empujados por diversos factores, hemos ido deshumanizando poco a poco ese gesto tan entrañable y humano que es sentarse a la mesa a comer juntos.

La comida se ha convertido para muchos en algo puramente funcional que es necesario organizar de manera rápida y precisa dentro de la jornada laboral. Cada vez es más raro ese momento privilegiado de encuentro familiar en torno a la mesa. En muchos hogares, esa mesa hecha para ser rodeada ya no sirve para que padres e hijos se encuentren, compartan sus vidas, conversen y descansen juntos.

Otros se van habituando a «alimentar su organismo» en esas comidas impersonales de los restaurantes o en el rincón del self-service de turno. No pocos se ven obligados a participar en comidas protocolarias o de trabajo, donde el gesto amistoso del comer juntos es sustituido por el interés, el pragmatismo o la ostentación.

El gesto de Jesús invitando a las gentes a recostarse para compartir juntos una comida sencilla, bendiciendo a Dios por el pan que recibimos, puede ser una llamada para nosotros. Como expone jugosamente Xabier Basurko en su estudio Compartir el pan, comer es mucho más que «introducir una determinada ración de calorías en el organismo».

La necesidad de alimentarnos es, antes que nada, signo de nuestra indigencia radical. Oscuramente, los seres humanos percibimos que no nos fundamentamos a nosotros mismos. En realidad, vivimos recibiendo, nutriéndonos de una vida que, a través de la tierra, se nos regala día a día a cada uno. Por eso es un gesto profundamente humano recogerse antes de comer para agradecer a Dios esos alimentos, fruto del esfuerzo y trabajo del hombre, pero, al mismo tiempo, regalo originario del Dios creador que sustenta la vida.

Pero, además, comer no es solo un acto individualista de carácter biológico. El ser humano está hecho para comer con otros, compartiendo su mesa con familiares y amigos. Comer juntos es confraternizar, dialogar, crecer en amistad, compartir el regalo de la vida.

Por eso es tan difícil dar gracias a Dios cuando uno tiene más comida que la que necesita mientras otros sufren miseria y hambre. Nos sentimos acusados por aquellas palabras de Gandhi: «Todo lo que comes sin necesidad lo estás robando al estómago de los pobres». Tal vez en los países del bienestar hemos de aprender a bendecir la mesa de otra manera: dando gracias a Dios, pero, al mismo tiempo, pidiendo perdón por nuestra insolidaridad y tomando conciencia de nuestra responsabilidad ante los hambrientos de la Tierra.

José Antonio Pagola

A la escucha de Comboni. Julio/Agosto 2026

Hay motores que no hacen ruido, pero lo mueven todo. Así es el amor de Dios: sencillo, profundo, incansable. Un amor que nos invita a mirar a los más pobres no desde la distancia, sino desde el corazón.

Comboni dejó que ese amor lo impulsara a cruzar fronteras, a empezar de nuevo mil veces, a creer en las personas cuando nadie más lo hacía.

Ese es su legado: una misión que no se sostiene en fuerzas humanas, sino en un amor que transforma.

Como LMC, dejemos que el amor de Dios sea también nuestro motor, nuestra brújula y nuestro impulso para acercarnos a quienes más lo necesitan.

Una educación que abre caminos

En el corazón de la República Centroafricana, en la misión de Mongoumba, los Laicos Misioneros Combonianos seguimos acompañando al pueblo pigmeo Aka, impulsando junto a la misión un proyecto de ampliación de la escuela para responder mejor a las necesidades educativas de sus niñas y niños.

El proyecto de ampliación de la escuela no se entiende sin la implicación directa de la propia población local. Esta corresponsabilidad es la que da solidez y futuro al proyecto, porque solo lo que la comunidad siente como propio puede sostenerse en el tiempo.

Son gestos sencillos, cotidianos, pero que resumen bien el estilo de nuestra misión laical: estar cerca, caminar junto al pueblo Aka y creer que la educación es una de las semillas más firmes de dignidad y esperanza.

AMANI empoderando a los más pobres y desamparados a través de la organización comunitaria integrada de Kitelakapel: Proyecto de apicultura…

La comunidad de Kitelakapel está compuesta en un 90 % por personas muy pobres y en un 10 % por personas de clase media, principalmente profesores y funcionarios del gobierno local con salarios muy bajos, así como unos pocos agricultores que sufren las condiciones climáticas de calor y sequía.

Kitelakapel, situada en la parroquia de Kacheliba (Kenia), cuenta con 17 aldeas y 17 ancianos, con un jefe que trabaja en estrecha colaboración para velar por el bienestar de la población de la comunidad a través de la organización y los proyectos de empoderamiento comunitario integrado de Kitelakapel. 175 miembros solicitaron oficialmente su ingreso y se unieron a la organización comunitaria para trabajar juntos en beneficio de su comunidad y sus hogares, y seguimos recibiendo más solicitudes de personas dispuestas a unirse al grupo. El grupo se formó para empoderar a la población local; a la gente le encantan los grupos de unidad y autoayuda, a través de los cuales pueden obtener oportunidades, ahorrar dinero y participar en actividades económicas como la cría de animales, el cultivo de plantas, la avicultura, la apicultura, Mama Mbonga, el comercio en los mercados y otras actividades socioeconómicas; y, con el apoyo internacional de AMANI, estamos viendo buenos resultados y testimonios de las comunidades locales.

Un agradecimiento especial a AMANI…

AMANI es una palabra en kiswahili que significa «paz» en el idioma keniano… cuanto más se empodera a los pobres, más se logra una sociedad pacífica y próspera.

Nos complace anunciar el lanzamiento de un nuevo proyecto de apicultura implementado por Kitelakapel en Konyao. Fue increíble y emocionante ver a las abejas en nuestro primer día de instalación de las colmenas. Al inicio del proyecto, comenzamos con la identificación y el estudio del terreno para poner en marcha el proyecto de apicultura. Tras varias reuniones con los miembros de la junta directiva de la OBC KICE, los Laicos Misioneros Combonianos y la parroquia MCCJ, acordamos adquirir 3 acres de terreno en la localidad de Konyao, propiedad de la parroquia MCCJ de Kacheliba, de conformidad con el memorando de entendimiento sobre el uso del terreno y el valor del proyecto de apicultura de la OBC.

Gracias a la donación de AMANI, finalmente instalamos 50 colmenas y las cercamos en 3 acres de terreno en Konyoa (West Pokot), a una hora en coche de la aldea de Kitelakapel.

Conseguimos el apoyo de la responsable de apicultura del Ministerio de Agricultura del gobierno del condado West Pokot (la Sra. Francisca), quien nos orientó sobre cómo instalarlas y atraer a las abejas.

Se contrató a algunos hombres de la zona para realizar trabajos de carpintería, soldadura, construcción de la valla y limpieza del terreno; las mujeres picaban piedras pequeñas para la valla, mientras que otras fabricaban las colmenas y otras las instalaban, de modo que obtuvieron trabajo temporal y ganaron un poco de dinero para mantener a sus familias. Tenemos la suerte de contar también con la familia anfitriona de John Bosco, el catequista de una parroquia en la zona de Konyao, que nos ayudó con el almacenamiento de los materiales y las colmenas y nos proporcionó algo de comida durante nuestras visitas a la granja apícola.

El proyecto se está llevando a cabo con el apoyo de las autoridades agrícolas locales y los miembros de la comunidad. Nuestro objetivo no es solo producir miel, sino también crear oportunidades de empleo, apoyar el desarrollo local y promover prácticas respetuosas con el medio ambiente, tal y como propone Laudato Si.

ASANTE SANA (Muchas Gracias)… AMANI desde la Organización Comunitaria de Empoderamiento Integrado de Kitelakapel y de la gente.

Comunidad LMC de Kitelakapel, Kenia