LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI


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LAS BIENAVENTURANZAS DE LA CRUZ. Viernes Santo 2019

Felices quienes extienden sus manos hacia los demás para bendecir, para compartir, para crecer junto a los demás.

Felices quienes tienen los pies bien asentados en la tierra, porque sólo así pueden ver con más nitidez el cielo.

Felices quienes ven en la cruz su pasión por los demás, su deseo de evitar cualquier sufrimiento.

Felices quienes han dado su vida por una causa mayor, en un momento supremo de entrega, o día a día, minuto a minuto.

Felices quienes rechazan con la simplicidad de su vida, las cruces de oro, las medallas de plata, los ornamentos bordados, las coronas con piedras preciosas.

Felices quienes recuerdan con su propia existencia a Jesús, crucificado entre otros tantos millones crucificados de la historia, y viven como él, no para ensalzar el sufrimiento, sino para alcanzar más vida y felicidad.

Felices quienes no contemplan desde lejos las cruces de la historia, sino que se acercan, se compadecen y ofrecen, sin pedir nada a cambio, calor, bálsamo, ternura.

Felices quienes rechazan la cruz como un instrumento de riqueza, de poder, de opresión, de coacción y lo subvierten en un símbolo del servicio, la entrega, la liberación y la resurrección a una vida nueva que se experimenta desde el amor.

Miguel Angel Mesa Bouzas

Hoy, muchas personas, transitan caminos muy duros, inhumanos, increíbles e imposibles para la humanidad. Son auténticos caminos de cruz, vía crucis.


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“Me llamo GENNET”: una invitación a romper las barreras que nos atan

El pasado día 5 de abril  se estrenó en cines la película “Me llamo GENNET”.
La película está basada completamente en la vida de Gennet y cuenta con la interpretación del propio director, Miguel Ángel Tobías, en el papel del misionero comboniano Juan Núñez, que ha seguido toda esta historia desde su origen en Etiopía, manteniendo una relación muy estrecha con la familia. (El mismo padre Juan aparece en uno de los momentos más emotivos del largometraje).

El misionero ha compartido en un diálogo con Mundo Negro su experiencia con Gennet a lo largo de 30 años, y como él mismo cuenta, “la historia de Gennet es una llamada a romper muchas barreras que nos atan”.

Toda la entrevista al Misionero Comboniano Juan Núñez en Mundo Negro:
http://mundonegro.es/juan-nunez-la-historia-de-gennet-es-u…/


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Comunidad europea LMC de formación en Granada

La pasada semana he podido compartir con Carolina, David y Juan Eugenio un bonito tiempo de formación en Granada. Tiempo para conocernos mejor, rezar juntos, conversar, pasear, cocinar, comer y celebrar la vida y la vocación misionera (también coincidiendo con el cumpleaños de Comboni).

Durante esta semana hemos tenido tiempo para profundizar en nuestra historia como LMC a nivel internacional, revisar los acuerdos tomados en los encuentros continentales africanos y cómo no dedicar bastante tiempo a compartir las conclusiones de nuestra pasada asamblea internacional de Roma. Siempre dedicamos bastante tiempo a conocer la realidad internacional del LMC y especialmente del continente y el país donde irán.

También dedicamos parte de una tarde a ver videos y fotografías de Etiopía y Mozambique, y desde ahí conversar y responder preguntas sobre la realidad que encontrarán.

Después dedicamos bastante tiempo para trabajar sobre la vida comunitaria. Nuestra comunidad siempre es la base de nuestra presencia LMC en misión y el referente fundamental desde donde realizar nuestro servicio misionero, alimentar y vivir nuestra fe. Como el Cenáculo de apóstoles que quería Comboni desde el que irradiar lo que vivimos dentro. Tomamos tiempo para ir desgranando aspectos prácticos como la organización, responsabilidades en la comunidad, proyectos, economía así como otros más profundos sobre como cuidar nuestra espiritualidad, ser familia comboniana, mantenernos en contacto con aquellos que nos apoyan y demás. Siempre de una manera tranquila para poder conversar, intercambiar puntos de vista y aprender los unos de los otros.  Terminamos esta parte estudiando la Carta de las comunidades internacionales aprobada en nuestra pasada asamblea internacional y que es y será el fundamento de nuestra presencia en comunidades internacionales.

También hubo tiempo para compartir con la familia comboniana de Granada. Una noche con los religiosos y otra con las religiosas. Un bonito momento donde rezar juntos y hablar de la misión. Pasamos un bonito rato en familia, soñando juntos como Comboni nos soñó.

No olvidamos dedicar un tiempo a trabajar la resolución de conflictos. Sabemos que es algo natural en todas las relaciones humanas y también los conflictos aparecen en nuestras comunidades. Por ello, hay que estar preparados para afrontarlos, solventarlos y crecer juntos como personas y como comunidad.

En estos días también sacamos una mañana completa para caminar juntos. Para visitar el bonito paraje de Los Cahorros, con sus paredes verticales y bellos paisaje en Sierra Nevada. Un momento también para probar nuestras fuerzas y concienciarnos que debemos prepararnos bien para peregrinar en el Camino de Santiago (habrá que aprovechar estas semanas previas para terminar de ponernos en forma). Siempre es bonito salir a la naturaleza y tener tiempo para conversar tranquilamente mientras caminamos y agradecemos a Dios por todo lo que nos regala.

Terminamos abordando el tema de la interculturalidad. Viajar a otro continente, convivir con otras culturas es maravilloso pero es necesario prepararse apropiadamente para conocer las personas con las que conviviremos los próximos años, para respetar su forma de ver el mundo, para compartir nuestra fe procurando no arrastrar en demasía nuestra propia visión de entender el mundo ni tratar inconscientemente de imponerla sino compartiendo y creciendo en la diversidad.

Para terminar la semana compartimos el fin de semana con la zona sur de los LMC de España. Tiempo para compartir, para formarnos, revisar la vida, analizar este tiempo de preparación específica de los hermanos que parten. Recargar energías para nuestro día a día, etc.

El domingo estuvimos de animación misionera en una de las parroquias de Granada. David pudo dar un pequeño testimonio antes de su salida a misión, aprovechamos para conversar con los parroquianos y, vender algo de artesanía para recoger fondos para la misión.Ya les va quedando menos antes de partir para África. Recemos por que el Señor les acompañe y guíe en este momento de formación tan especial, momento también de espiritualidad y oración para prepararnos a la salida.

Gracias por esta semana juntos.

Un saludo

Alberto (coordinador Comité Central LMC)


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bichinho de Deus…

Bichinho de Deus… Isaías

                En esta misión todos los martes –terças- vamos al banco de alimentos. Una vez al mes además vamos por el “mensual” que se repartirá al día siguiente. En el banco nos dan una guía con los alimentos y el peso total de lo que nos llevamos. Esta última vez fueron casi dos toneladas. Dos mil kilos que subimos y bajamos de la furgoneta entre tres personas. Así leído no parece mucho, pero puedo asegurar que sí, lo es. Al día siguiente hay que repartir toda esa comida entre los usuarios del banco de alimentos de la parroquia. Aunque las puertas se abren a las 12.30, desde primera hora de la mañana hay una veintena de personas ya esperando. Ayer las volví a ver desde mi privilegiada terraza. Son todas personas mayores –con pocas excepciones-. Muchas viven solas. Otras están a cargo de hijos desempleados y nietos. Y no solo los vi, sino que me paré a pensar en cómo serían sus vidas, en el pasado y en el presente. ¿Tuvieron sueños y esperanzas? ¿Cuáles fueron? ¿Se cumplió todo aquello que desearon alguna vez? ¿Qué sería? Seguro que no estar viejas y cansadas desde tan temprano a la espera por horas de que se abra ese lugar donde cada semana les dan un poco de comida. Tampoco estar solas en esta vida aunque tuvieron hijos e hijas. Ni vivir en malas condiciones, en casas con humedades, electrodomésticos de segunda mano y medio sin funcionar, muebles viejos y, eso sí, muchas fotos del pasado. Deslucidas pero enmarcadas en buenos recuerdos, que es lo más importante. Algunas con sus  piernas hinchadas por la mala circulación, o los caminos recorridos muchas veces sin salida. Con tensión alta o con diabetes; con muchas batallas a sus espaldas y cara de haber ganado pocas. Cara de estar enfrentadas aun con el mundo y con la vida. Algunas de seguir batallando, otras de haberlo perdido todo. TODO.

Fue un día bastante conflictivo para un espíritu inquieto o incluso para uno no tanto. Una de nuestras abuelas, las que vienen a recoger su cesta mensual de alimentos, había perdido su número –se le da el primero porque es diabética y así no tiene que esperar- y estuvo durante horas en la puerta. No se atrevió decirlo. A nadie. Esperó y esperó hasta que alguien de dentro se dio cuenta y la hizo entrar. Se le riñó y ella, entre lágrimas, nos explicó… TODO. Otra había perdido el bus y llegó tarde. La misma situación de zozobra, nerviosismo y miedo, “¿Me darán mi cesta? He llegado tarde…” TODO. Y las –y los, pocos- que entraban se sentaban pacientemente a esperar su cesta. – “¿Cómo va? – Todo bien gracias a Dios…” Pero se veía bien que no todo está bien en sus vidas. Comenzando por el hecho de tener que venir a pedir ayuda alimentaria. TODO. Este día vi a aquellas que Isaías llama “bichitos, gusanitos” de Dios. Mujeres, algún hombre, ancianas, cansadas, pequeñas y tímidas. Sin atreverse a reclamar, sin protestar, sin levantar la voz… Como un gusano en manos de un sistema cruel, no en manos de un Padre amoroso como nos dice el profeta. Un sistema que las empobrece, las denigra, las relega por su ancianidad, pobreza, arrugas… Sistema apoyado por una sociedad, nosotros, educada en unos antivalores humanos, éticos y cristianos. TODO. Nada tienen. Solo el miedo de un día morir aplastadas por el sistema y que a nadie le importe. ¿A quién importa la muerte de un gusano?

Y por si esto no fuera suficiente aun nos quedaba el final. Nuestra última abuela llega ya ahogada en un mar de lágrimas. También ha llegado tarde. De mañana había muerto su hijo. Bueno, su nieto. Y con esas cosas del hospital, la policía, y la funeraria. Pues eso. Que no pudo ir a tiempo. Ha muerto su hijo. Su hijo porque su madre lo abandonó. Lo abandonó con dos años cuando su novio le pegó una soberana paliza al crio y lo dejó con graves deficiencias. Y desde entonces ella lo había criado “como Dios le había dado a entender”. Dios, gracias a Dios, se lo había llevado doce años después. Después de un continuo sufrimiento para el niño. Continuo sufrimiento para su madre abuela. Pobre mujer, mujer pobre, fuera del sistema, fuera de nuestra sociedad, fuera de todo por haberlo perdido todo y haberlo dado todo por ese hijo. Si Isaías hubiera presenciado la escena no nos hablaría de un gusano. Nos pondría el nombre de esta mujer. No hay imagen más clara de desolación, pobreza, abandono que esta  anciana. Si Jesús hubiera estado la habría curado con su sola palabra. Si nosotros hubiéramos tenido un espíritu suficientemente inquieto… ¿Qué tenemos que hacer? ¿Qué revolución tenemos que comenzar? ¿Por dónde comenzar a prender fuego a “esta tierra”? Prender fuego a este sistema. Prender fuego a esta sociedad. Dios soporta, aguanta y perdona todos los pecados de la humanidad, pero la humanidad, nosotros ¿Podemos soportar y perdonar nuestros propios pecados?

Después de tantas misiones vividas, de tanto sufrimiento compartido, de tantas ilusiones realizadas, o no. Y personas, hermanas, repartidas por el mundo. Después de unos meses de esta última misión. A punto de echar la persiana de mi terraza desde donde veo un primer mundo de progreso y bienestar, aunque no para todas y recoger las muchas cosas que todavía arrastro por el mundo. Podría ser lo mismo. Pero después de ver a los gusanos de Dios que nos presenta Isaías, de ver sus lágrimas, lamentos y suspiros, penas y pocas alegrías, sé que ya nada volverá a ser como antes. Nada puede ser como antes cuando experimentas en el pobre el grito de Jesús en la cruz, “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado? Cierro las puertas, cargo mis cosas y me pongo de nuevo en camino. Solo Él sabe la dirección concreta. Pero seguro que me lleva a encontrarme de nuevo con sus “bichinhos” y gusanos.

Demos gracias a Dios.


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Propuestas de la VI Asamblea General de los Laicos Misioneros Combonianos en Roma

La VI Asamblea Internacional de los Laicos Misioneros Combonianos (LMC), realizada del 11 al 17 de diciembre de 2018, en Roma, fue una semana de intenso trabajo, en grupos y sesiones plenarias, en varios idiomas, hasta tomar decisiones de manera consensuada. Una semana de encuentros personales, donde hemos hecho presencia en la vida de los demás, hemos entendido un poco mejor como cada uno vive nuestra común vocación LMC en cada país, en cada cultura y donde nos hemos alegrado con los logros, preocupado por las dificultades, animado a acompañar y cuidar las heridas o a acompañar a los que caen enfermos. Pero todos y todas desde este espíritu de familia LMC internacional que quiere apoyarse en cumplir la misión que el Señor nos encomienda como movimiento LMC internacional.

También ha sido un momento privilegiado de oración y celebración conjunta. De compartir desde nuestra fe, nuestra común vocación LMC. Cada uno llamado por Jesús a salir al camino de la humanidad, al encuentro personal con el más débil y excluido.

Un momento donde María ha estado muy presente. En nuestra pequeña cripta nos acompañaba un cuadro de la Virgen de Guadalupe. María que se hace cercana e intercesora de los últimos, de los pueblos indígenas de América, y posibilita la inculturación de la fe. Maestra en el camino. María que lleva a Jesús en este tiempo de adviento, tiempo de esperanza. Ella y las diferentes advocaciones de María han estado muy presentes durante esta semana, como madre que nos quiere acompañar.

Comboni a los pies del altar nos ha recordado en todo momento lo específico de nuestra vocación. Una vocación que busca ser “católica” (universal), porque solo si todos nos unimos será posible al regeneración de este Mundo.

Una bola del Mundo que también ha estado a los pies del altar, representando todas esas situaciones que debemos servir, partiendo de la propia madre tierra, maltratada por un sistema de sobreexplotación y ocupándonos de sus hijos e hijas que sufren las desigualdades de este mundo, el injusto reparto del acceso a las riquezas y de las maravillas que Dios colocó para todos, para que pudiéramos tener un vida plena.

Con un camino donde hemos reconocido el camino recorrido en estos seis años desde cada rincón del mundo. Muchas han sido las realidades de nuestra humanidad que se han hecho presentes, recordando donde cada uno de nuestros LMC está presente. Queremos seguir siendo Iglesia en salida, Iglesia desacomodada que parte con humildad a acompañar la vida de los empobrecidos, que reconoce en la diversidad riqueza, que necesita seguir aprendiendo con los demás a descubrir el rostro de Dios más completo posible, aquel leído y descubierto por cada una de las culturas de este mundo.

Comunidad de comunidades que quiere estar presente allá donde el Señor nos coloca. Que quiere mirar a su alrededor y no conformarse. Acercarse a estas realidades de frontera, allá donde los demás no quieren ir, y hacerse pueblo con el pueblo. Disponible a dejar su tierra o a acompañar en su propia tierra estas realidades de misión. Porque la misión no entiende de fronteras y geografías sino de personas. Un mundo globalizado que necesita una respuesta común.

Por eso reconocemos, gritamos, rezamos: ¡Un mundo, una humanidad, una respuesta común!

Por eso hemos cantado una y otra vez que “Tudo está interligado, como se fôssemos um… tudo está interligado nesta casa común”.

Ahora se abre un tiempo de oración, de discernimiento para entender el paso de Señor por nuestras vidas, por nuestra asamblea. Para entender las conclusiones que entre todos y todas hemos conseguido consensuar.

Tiempo de estudio, reflexión y oración en cada una de nuestras comunidades. Porque como la Palabra, estas conclusiones, leídas en comunidad tienen un sentido más pleno.

Que el Señor nos conceda la valentía para dar un paso adelante y la fidelidad para mantenernos junto a Él en este camino de servicio misionero.

¡Ahora comienza el tiempo de hacer realidad todos estos propósitos!