LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI


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Mes Misionero Extraordinario de octubre de 2019: presentación del sitio web, la guía y el vídeo

El pasado 30 de noviembre se presentó en Roma la web http://www.october2019.va “creada para promover y animar la celebración del mes misionero extraordinario d que se celebrará en 2019.

Esta web, posee numerosos contenidos multimedia que serán útiles para inspirar un tiempo de oración y reflexión sobre la missio ad gentes a la que están llamados todos los cristianos.

En el sitio de Internet hay varias secciones. En primer lugar, están los textos del Magisterio y de las Obras Misionales Pontificias sobre el tema misionero. Otras secciones están dedicadas a los “Testigos”, con historias de beatos, santos y mártires de ayer y de hoy; y a la “Formación”, con textos útiles para la animación misionera. La sección “Voces del mundo” recoge testimonios de los misioneros y responsables de las OMP de distintos países.

 

En la página web también se puede consultar la “Guía” especial sobre el tema “Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo”. El texto, creado por iniciativa de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y de las Obras Misionales Pontificias, recopila contribuciones de todo el mundo y está dirigido a los cristianos de todo el mundo. El objetivo es proporcionar a las diócesis individuales el material necesario para la formación y animación misionera, inspirando la creatividad de las Iglesias locales para abordar los desafíos inherentes a la evangelización a partir de la missio ad gentes y su contexto. Las partes que componen la Guía corresponden a las dimensiones espirituales que indicó el Papa al decretar el Mes Misionero Extraordinario: el encuentro personal con Jesucristo vivo en la Iglesia, el testimonio de los santos y mártires de la misión, la formación catequética de la misión y la caridad misionera.

El texto está publicado en inglés, italiano, francés, español y portugués. Actualmente, el sitio está disponible pero por el momento solo se puede descargar la versión italiana de la Guía, en formato PDF. A finales de 2018 estará en los otros 4 idiomas y, en febrero de 2019, se publicará en papel.

El logotipo diseñado para el MME presenta una cruz misionera, cuyos colores recuerdan los cinco continentes, y es luminosa, llena de color, además de signo de victoria y resurrección. El mundo es transparente, porque la acción de la evangelización no tiene barreras ni límites: es el fruto del Espíritu Santo. Las palabras “bautizados y enviados”, que acompañan a la imagen, indican los dos elementos característicos de cada cristiano, el bautismo y el anuncio.

También se ha realizado un video institucional sobre el MME que se puede ver en el sitio web, y que versa sobre el significado de la misión de hoy, un viaje a través del mundo: Asia, Sri Lanka; América, Ecuador; Tierra Santa; América, México y Estados Unidos; África, Ghana, Kenia, Tanzania y Uganda; Oceanía, Australia; y Asia, Japon.
(SL) (Agencia Fides 30/11/2018)


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Llegó el día……..día del envío

El pasado domingo 4 de noviembre, en las instalaciones de Casa Comboni, ciudad de Guatemala,  vivimos el día tan esperado…..después de tiempo de preparación, animación misionera, ventas, fiesta, bulla, gozo, servicio, dificultades, cansancio, trámites legales, después de tantas inquietudes, inseguridades, pero también confianza, amor, oración, entrega……..los LMC de Guatemala,  vivimos un grandioso día, para toda la comunidad, pero especialmente, por supuesto, para Alejandro, Ana Cris, Esteban, Isabel, Agustín y Lucia.

Voy a citar palabras de la homilía hermosa que escuchamos de parte del Provincial de Centro América, P. Víctor Hugo Castillo, quien Inició el mensaje de esta manera:

Toda obra de Dios nace desde lo pequeño. Así como un niño primero es pequeño e indefenso…poco a poco crece. 
Así ha sido el camino de los Laicos Misioneros Combonianos de Guatemala”. 

“La misión  transforma: La manera de pensar, la manera de vivir nuestra fe. La manera de acercarnos a los demás. 
La decisión de partir es una decisión  que se forja en el tiempo”.

Dios realiza milagros todos los días, y no parte de la perfección, ni de lo grandioso, parte de lo sencillo, lo pequeño, es su estilo de amor.  Nosotros en Guatemala, somos pocos, sencillos, con dificultades económicas, pero aún así, cuando Dios quiere llevar a cabo su obra…….y nosotros ponemos nuestra disposición, simplemente…..como sin saber……como sin poder…..sólo confiando….dejándose llevar…..poco a poco, descubriendo el plan de Dios…..caminando juntos….tropezando y levantándonos……así, llegamos como comunidad a este día.

La Primera Lectura que Alejandro y Ana Cris eligieron nos habló de este proceso, para nosotros como comunidad, y especialmente para ellos como matrimonio:
Jeremías 1:4-9

“El Señor me dijo: “Antes de formarte en el vientre de tu madre te conocí; antes que salieras del seno te consagré; como profeta de las gentes te constituí”.  Yo dije: “¡Ah, Señor Dios, mira que yo no sé hablar; soy joven!”.  Pero el Señor me respondió: “No digas: ¡soy joven!, porque adonde yo te envíe, irás; y todo lo que yo te ordene, dirás.
No tengas miedo de ellos, porque yo estoy contigo para protegerte, dice el Señor”.  El Señor extendió su mano, tocó mi boca y me dijo: “Yo pongo mis palabras en tu boca”.

Continúo con palabras de la homilía:

 “Somos llamados para algo grande.  Para recibir bendición. Somos bendición para  los demás. Hacer misión es hacer de la vida un riesgo. La vida vale la pena vivirla cuando tenemos proyectos.  Un proyecto se construye constantemente. Crece mientras nosotros también crecemos. 
En el proyecto de vida hay confianza… Sacrificio”

LMC GuatemalaEstas palabras, resumen el camino recorrido, y el camino por recorrer.  Es maravilloso vivirlo en comunidad.  Todos con el mismo sentir, el mismo deseo, de que la misión Adgentes se lleve a cabo, de que el carisma y la identidad comboniana crezca y sea el medio para anunciar a Jesús muerto y resucitado a todas las naciones, como dice la escritura.  Unos, no saldremos de nuestras fronteras, por circunstancias diversas, pero sí colaboramos para que quienes estén con la posibilidad, lo hagan.  Reflexiono, y agradezco el hecho de ser una comunidad generosa, sin egoísmo, sin envidia, somos familia y queremos lo mejor para cada uno de nuestros hermanos.  Alejandro y Ana Cris, han sido valientes al disponerse generosamente a partir…..los amamos….los admiramos y nos sentimos orgullosos de ellos.  Mientras ellos estén allá en donde Dios los ha enviado, nosotros aquí trabajaremos fuerte y confiados para que nada les falte.

“Aquella  misión doméstica, la que nos hace mirarnos sólo al ombligo. No es una misión que crece. La única manera de crecer es a través de la experiencia. 
El camino hacia la misión conlleva un proceso: sentirse llamado. Rezar. Dialogar Discernir. Pedir Consejo, todo para ponerse en camino…..para partir.

Llevamos este tesoro de la misión  en vasijas de barro. Tengamos presente el hecho de que no hay misión sin cruz”.   Agregó a su mensaje P. Víctor Hugo.

Fortalecidos por el amor, deseamos crecer, abrirnos, tanto a  nuevos miembros, como a espacios distintos…hoy será Brasil, mañana, Dios ya lo sabe, y ya destinó a quienes irán.  Nosotros oramos por discernimiento, por luz por seguir caminando.  Sin conformidad cómoda, todo lo contrario, en movimiento, con dinamismo, mientras hay vida, hay misión, hay proyectos, hay trabajo, hay sentido, hay razón para vivir.  ¿Qué más se puede pedir al cielo? Todo está allí desbordándose, así es el amor de Dios.

María, ejemplo de servicio:

“Sólo cuando se acoge el llamado se es capaz de ir en una actitud de servicio”. 

Dijo P. Víctor Hugo acerca del Evangelio, María se puso en camino, sin pensar, solo quiso servir a su prima Isabel.  Salió….de sí misma, de su casa, de su pueblo….para ir y servir.   A eso estamos llamados todos los bautizados, y este carisma hermoso, el comboniano que une a un montón de “locos”, locos por el amor recibido y experimentado.  Locos por que todos se enteren y lo experimenten…locos por la pasión de la misión.  Locos por Jesucristo.  Esta locura nos hace ir y servir, pocos lo comprenden, varios lo critican,  pero Dios conoce el corazón del misionero y regala los medios para vivir su vocación particular.

“La misión es una locura, cuántas veces escuchamos: ¿para qué te vas tan lejos?, ¿acaso no hay aquí tanto por hacer?  Sí, es la respuesta, solo que mi vocación me llama a ir más allá.  Y la vocación, no se explica, no se comprende, sencillamente allí está como don de Dios”. 

Dichosos nosotros Combonianos por esa herencia de nuestro fundador, San Daniel Comboni.  No se explica, casados, solteros, jóvenes, menos jóvenes, pero esta vocación vivida como regalo, en donde sea que estemos, como sea que seamos, es lo que da sentido a nuestra vida, sentido al regalo de nuestro bautismo.   Sigue el tema del amor infinito de Dios, que no se mide en generosidad.

Para terminar, P. Víctor hizo una exhortación a todos los presentes:

“La misión también es de los laicos. El Papa Francisco insiste en que los laicos somos un gigante dormido que hay que despertar!” 

El Corazón de Jesús y de María, son la causa de nuestra alegría

San Daniel Comboni, ruega por nosotros


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“Los Laicos Misioneros no están en el banquillo”

La LMC Carmen Aranda (a la izquierda) junto con Dolores Agúndez, laica de la Sociedad de Misiones Africanas en la rueda de prensa de presentación del DOMUND 2018

Los laicos han tenido un protagonismo especial en la presentación de la Jornada Mundial de las Misiones, el Domund. De hecho, de los tres misioneros que ofrecieron su testimonio, dos eran laicas: Carmen Aranda, laica comboniana, misionera en Uganda; y Dolores Agúndez, laica de la Sociedad de Misiones Africanas, que entrega su vida en Níger. A ello se refirió el subdirector nacional de Obras Misionales Pontificias, José María Calderón, cuando dijo que «a cada vez hay más misioneros laicos y más familias que salen a las misiones» y que, además, «no lo hacen por la falta de sacerdotes, como si estuvieran «en el banquillo de reserva de la Iglesia», sino porque reciben «una llamada especial del Señor».

Los tres misioneros que acompañaron a Calderón coincidieron en afirmar que el papel de los laicos en la misión es insustituible. Patricio, sacerdote misionero en Honduras, contó su experiencia con cientos de voluntarios que acuden cada año como voluntarios a Honduras, algunos que fueron por unos meses y llevan ya años en la misión. Como una arquitecta de Ciudad Real, que iba por dos meses y lleva seis años trabajando en la integración de personas con discapacidad; o Emilio, un prejubilado de Pamplona que ha puesto en marcha un taller de confección donde trabajan 14 personas.

Carmen afirmó, en este sentido, que es «laica misionera comboniana hasta el final», porque los laicos «son una nueva realidad» y la misión la tenemos que «construir entre todos». Lola, por su parte, comprobó cuánto podía aportar como laica y profesional en Níger. Aunque en un principio pensó que Dios la llamaba a «dejarlo todo», los sacerdotes de la Sociedad de Misiones Africanas le aconsejaron que viera qué podía hacer como profesional en África. Y allí «las piezas del puzzle fueron encajando» y vio cómo su experiencia como ingeniera forestal le permitía contribuir al desarrollo agrícola de la zona, para mejorar su situación alimentaria. En Níger, Lola ha comprobado como sacerdotes y laicos «estamos haciendo juntos la misión».

En lo que respecta a los datos, el subdirector de OMP recuerdó que la mitad de la población mundial está en territorios de misión, para los que España aportó en 2018 un total de 11,7 millones de euros. «El Domund es el momento más importante para dar a conocer la belleza y grandeza de la vocación misionera que han recibido 12.000 españoles», dijo Calderón, que. tuvo un recuerdo para Anastasio Gil ‒director nacional de OMP hasta su fallecimiento el pasado 7 de septiembre‒, y reconoció que «esta es la última jornada organizada por él».

Alfa y Omega


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Rueda de prensa DOMUND 2018

Nuestra compañera Carmen Aranda (2ª por la derecha), participando en la Rueda de prensa del Domund 2018.

En España hay 12.000 Misioneros españoles que con su entrega y con el anuncio del Evangelio, cambian la historia de cientos de personas.
España es el país que más misioneros envía. El 55% de los misioneros son mujeres y en su mayoría religiosas.

DOMUND’18 “Cambia el mundo”

 


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Comboni: Único, sorprendente, desconcertante

«La omnipotencia de la oración es nuestra fuerza»

Lo escribe en sus cartas Daniel Comboni, el apóstol de África. De su epistolario surge el perfil de un hombre sorprendentemente libre e ilimitadamente fiel a la Iglesia…

«Han ido contra mí los santos y los bellacos. Pero las obras de Dios deben ser combatidas. Y yo estoy más alegre que nunca, y fuerte como la muerte». «Dios pone remedio a mis despropósitos con su gracia».

Único, sorprendente, desconcertante. Y digámoslo ya: no le caen bien los trajes preconfeccionados. Es inútil ponerse a cortar y coser… se sofocaría. Es así. Es su forma de ser. Todas las tallas le quedan estrechas. Y no hay nada que hacer si saltan los esquemas. Lo comprendió muy pronto Pío IX, que, sin embargo, no dudó en darle su total confianza encomendándole la misión del vicariato de Jartum, en el África central; y también lo saben sus biógrafos que, por mucho que hayan intentado definirlo, se han dado cuenta de que todas esas definiciones no cubrían la enorme grandeza de su figura. «Ilimitadamente fiel a la Iglesia», han dicho; «pero también capaz de vivir esta ilimitada fidelidad con una libertad igualmente ilimitada». «Hombres como él son contemporáneos del futuro», escribía Jean Guitton. Sí, porque de verdad Daniel Comboni, mejor dicho, san Daniel Comboni, el apóstol de África, pertenece a ese ejército de almas grandes que no dejarán nunca de turbar e involucrar, desarmar y encantar.

Basta abrir sus cartas para hacerse una idea y para conocerlo, sin filtros, vis-a-vis. Porque en su epistolario está el auténtico Comboni. Con su temperamento sanguíneo, fuerte, humanísimo, su personalidad arrolladora y al mismo tiempo tan lejana de todo tipo de culto de la persona, las grandes intuiciones y el valor audaz, su determinación y sus abandonos, su diplomacia experimentada y su franqueza arrolladora.

El volumen que recoge los Escritos tiene más de 2100 páginas y cuenta con 900 cartas. Hay que precisar que son pocas en relación con las que escribió. Basta pensar que en una carta del 21 de mayo de 1871, dirigida al obispo de Verona, el cardenal Luigi di Canossa, afirma que desde el comienzo del año había escrito ya 1347 cartas, y dos años después confiesa: «Tengo más de novecientas cartas que escribir; pues necesito cultivar las relaciones que mantengo con tantos insignes benefactores…». Este monumental epistolario, escrito casi siempre robando tiempo al sueño y sobre cualquier medio disponible, bajo el sol abrasador del desierto o en cabañas empapadas por la lluvia, es el documento precioso de una inagotable pasión, de una vida totalmente entregada a la misión para la redención «de la infeliz Nigricia», obra en la que fue un pionero, adelantándose a su tiempo. «Lo único que me preocupa es el puro bien de la Iglesia y la salud de estas almas, por las que daría cien vidas si las tuviese», escribe; «y ciertamente, con paso lento y seguro, andando sobre las espinas, llegaré a iniciar establemente e implantar la ideada Obra de la Regeneración de la Nigricia central, que tantos han abandonado, y que es la obra más difícil y fatigosa del apostolado católico».

«Entre el Señor-Dios y yo somos todo»

El “Plan para la regeneración de África” lo redactó en un instante después de haber rezado ante la tumba de Pedro. Era el 15 de septiembre de 1864 y con ánimo decidido lo presentó cinco años después a los padres del Concilio Vaticano I. Para algunos era una locura. Pero fue el primero que consiguió fundar en estas tierras misiones estables, abriendo así el camino a la evangelización del continente; también fue el primero que, con clarividencia y audacia impensable para la época, consiguió que entraran en África mujeres consagradas, pues había intuido que sin ellas era «imposible integrarse con la población» y animó a seguir su idea a fieles laicos, pues estaba convencido de que la misión no podía ser solamente un «asunto de curas y monjas». Desde que en 1858 hizo su primer viaje a África hasta su muerte, ocurrida en 1881 a la edad de cincuenta años, emprendió otros siete viajes al corazón del continente negro. Dar cuenta de todas sus vicisitudes, luchas, insidias, sin contar las privaciones y las fiebres mortíferas, es una empresa difícil como su obra, y las cartas testifican la infinita variedad de contactos y relaciones que logró establecer para sus fines misioneros. Entabló relación con los mayores africanistas y exploradores de su tiempo.

Superando peligros y adversidades, llegó a zonas donde nadie se había atrevido, dibujando con meticulosa precisión mapas y redactando informes sobre las costumbres y los usos de poblaciones entonces desconocidas. Dio a conocer las condiciones de vida, las carestías y las plagas de aquellos lugares. Se entrevistó con hombres de gobierno y monarcas de media Europa: Napoleón III, Leopoldo II de Bélgica, el emperador de Austria, Francisco José, suscitando atención y consiguiendo financiaciones. Se puso en contacto con todas las mayores órdenes misioneras de Europa entera y con los eclesiásticos más prestigiosos del continente. Siguiendo las rutas del esclavismo, denunció duramente ante los poderosos de Europa el innoble tráfico de esclavos, dedicándose a su libertad y formación, y no dudó, con realismo político y amplitud de horizontes, en entablar amistad con los jefes turcos, egipcios, los grandes Bajaes y muftíes de esos lugares arabizados e incluso en ponerse en contacto con los esclavistas más sanguinarios. «Las cualidades de un buen emprendedor y mendicante son tres: prudencia, paciencia e impudencia», escribe: «la primera me falta; pero vaya si la compenso de sobra con las otras dos, y en especial con la tercera».

En una carta al conde Guido de Carpegna, a quien le sobraban recursos económicos, afirma con palabras que desorientan al interlocutor: «Hace diciesiete días que estoy en París […]. Aquí consulto y estudio las grandes Instituciones, para equilibrar la obra…; pero si Dios echa una mano, sale adelante. Y si Dios no echa una mano, entonces ni Napoleón III, ni los más poderosos monarcas, ni los más sabios filósofos de la tierra podrán hacer nunca nada. Así que, a dejar que Dios haga, y entonces yo, el último de los hijos de los hombres, tendré éxito. Entre tú y yo somos ricos, entre san Francisco Javier y yo somos santos, entre Napoleón III y yo somos poderosos, y entre el Señor-Dios y yo somos todo». Como si dijera que lo que a uno le falta lo tiene el otro en abundancia, y las cuentas salen.

«Si rezamos todo está hecho, porque Cristo es un caballero»

Su sutil humorismo y su «evangélico desparpajo» que le permiten hablar claro y si era necesario «fustigar», a veces con tesón, incluso cuando se dirige a eminentes eclesiásticos, le acarrean incomprensiones, campañas difamatorias, obstáculos y feroces calumnias. «Me han acusado ante Propaganda de ser culpable de los siete pecados capitales y de haber faltado contra los diez mandamientos del Decálogo y contra los preceptos de la Iglesia, y de mucho más… Yo, cantidad negativa, me merezco mucho más que esto porque soy pecador y tengo deudas que pagar con Dios…», le refiere al padre Sembianti. Pero al cardenal prefecto de Propaganda Fide, Alessandro Barnabó, al que siempre, incluso durante las pruebas más difíciles, le manifestó su obediencia incondicional, le escribe en 1876: «Como puede ver Vuestra Eminencia, también en esta nueva tormenta el enemigo de la salvación humana ha tratado de hacerme daño y obstaculizar la Obra que pertenece a Dios. Con tantos pesares como me agobian, convendrá en que es un milagro que pueda resistir el peso de tantas cruces. Pero yo me siento tan lleno de fuerza, de valor y de confianza en Dios y en la Santísima Virgen María, que estoy seguro de superarlo todo, y de prepararme para otras cruces más grandes aún por llegar. […] Y con la cruz como amada compañera y maestra sapientísima de prudencia y sagacidad, con María como mi madrequeridísima, y con Jesús todo mío, no temo, Eminentísimo Príncipe, ni las tormentas de Roma, ni las tempestades de Egipto, ni los torbellinos de Verona, ni los nubarrones de Lyón y París».

De la consideración que tiene de sí mismo nos deja estas definiciones en sus cartas: «Arlequín, falso príncipe», «lavaplatos de la obra de Dios», «inútil soldado», «pelagatos empecatado», «cura inepto», pero le confiesa al padre Sembianti: «Habrá que padecer mucho por amor a Cristo […] enfrentarse a los poderosos, a los turcos, a los ateos, a los masones, a los bárbaros, a los elementos, a los frailes, a los curas […] pero nosotros con su gracia triunfaremos del Bajá, de los masones, de los gobiernos ateos, de los pensamientos torcidos de los buenos, de las astucias de los malos, de las insidias del mundo y del infierno… Toda nuestra confianza está en Aquel que murió y resucitó por nosotros, y que escoge los medios más débiles para realizar sus obras».

«Confianza», repite centenares de veces. Y es una palabra clave arrolladora, que salta a la vista en el epistolario de esta inconmensurable vida. Una confianza sólida, ilimitada. Total abandono confiado que le permite esperar contra toda esperanza, con invencible firmeza, frente a los más terribles y catastróficos acontecimientos, que fueron muy graves sobre todo en los últimos años de su vida. Al Sagrado Corazón de Jesús y al Sagrado Corazón de María Reina de la Nigricia había consagrado África y no dejó nunca de llamar a los conventos de media Europa pidiendo el auxilio de las oraciones «para asaltar el cielo con nuestras oraciones».

«La omnipotencia de la oración es nuestra fuerza», escribe desde El Cairo a monseñor Luigi di Canossa. «La oración es el medio más seguro e infalible. Si rezamos todo está hecho, porque Cristo es un caballero. Esto me decía cuando yo era un niño mi llorado superior; lo cual yo siempre interpreté como que tras el petite, querite, pulsate, pronuciados y repetidos con las debidas condiciones, viene siempre el accipietis, invenietis y aperietur». Al rector del instituto de Verona en un momento crítico por las dificultades materiales, con el tono de su estilo inconfundible, le escribe: «Si se conociese y amase de verdad a Jesucristo, se moverían montañas; y la poca confianza en Dios (así me lo dice una larga experiencia) es común a casi todas las almas buenas, incluidas las de mucha oración, las cuales tienen mucha confianza en Dios de labios para afuera, pero poca o ninguna cuando Dios los pone a la prueba, o si alguna vez hace que les falte algo que quieren […] Quienes tienen verdadera fe y confianza en el de arriba, más que usted y que yo, y más que los santos que comen en Europa (o al menos que gran número de ellos) son Sor Teresa Grigolini, sor Victoria […] Conque a rezar y confiar; pero a rezar no con palabras, sino con el fuego de la fe y de la caridad […]. Se lo digo para advertirle que tenga firme y decidida confianza en Dios, en la Virgen y en san José».Y de su devoción especial por san José se encuentran en estas cartas aspectos y expresiones de verdad singulares.

San José y las gracias temporales

Pío IX, en 1870, precisamente durante el Concilio Vaticano I había proclamado a san José patrono de la Iglesia universal. Comboni le atribuye una tarea especial poniendo en sus manos la protección de la Nigricia y encargándole la tarea de administrador y ecónomo de confianza de la misión. Escribe: «El tiempo y las desdichas pasan, nosotros nos hacemos viejos; pero san José es siempre joven, tiene siempre buen corazón e intención recta, y ama siempre a su Jesús y los intereses de su gloria. Y la conversión de África central representa un interés grande y permanente para la gloria de Jesús». Para Comboni esto no era sólo una piadosa consideración, sino una realidad de hecho: «¿Cómo se podrá dudar jamás de la Providencia divina, ni del solícito ecónomo san José, que en sólo ocho años y medio, y en tiempos tan calamitosos y difíciles, me ha mandado más de un millón de francos para fundar y poner en marcha la obra de la redención de la Nigricia en Verona, Egipto y en el África interior? Los medios económicos y materiales para sostener la Misión son la última de mis preocupaciones. Basta con rezar…», le escribe al cardenal Alessandro Franchi en junio de 1876.

Su relación con san José se distingue por su sorprendente familiaridad, con invocaciones insistentes y confianza, pero también con solicitaciones, quejas, reproches e incluso chantajes. Lo define «Cumplidor», «Rey de los cumplidores», «maestro de casa», «ecónomo de mucho juicio y también de buen corazón». «árbitro de los tesoros del cielo», «columna de la Iglesia»; y si un cataclismo lo destruyera todo «aun así quedaría siempre san José triunfador sobre todo los cataclismos del universo». Con desenvuelta confianza lo llama Pepe, Pepito. «Todo sale de las barbas del Padre Eterno por medio de Pepito, y a Pepito lo freiremos…».

La terrible hambruna de 1878 es un duro golpe para la economía de la misión, pero no menoscaba de ninguna manera la confianza en el ecónomo celeste: «He agotado la totalidad de mis recursos para sostener todas las misiones, y me he cargado con más de cuarenta mil francos de deuda, aunque musulmanes y Bajaes ayudan a la misión; pero es que hace mucho tiempo que los gastos se han triplicado. Esté seguro Vuestra Eminencia», escribe desde Jartum al cardenal Giovanni Simeoni, «de que san José, ecónomo de África central, dentro de un año pondrá remedio a todo y sostendrá la misión. No me ha permitido nunca caer en bancarrota y me ha sacado siempre de muchos aprietos ¿va a dejarme ahora en la estacada? Dentro de un año san José me nivelará el presupuesto; pero no al estilo de esa nivelación que ampulosamente prometen Minghetti, Laza, Sella, Depetris y otros del Estado italiano […]. Los mejores de mis misioneros comparten mis esperanzas, mi seguridad, mi fe. Le enviaré el informe… Si sigo con vida».

Pero algunas veces san José parece sordo y vago. Y él no duda en recordarle sus deberes, porque, asegura, «hay que ser atrevidillo con este bendito santo», el cual, sin embargo, «no te abandona nunca, aunque tiene una escala de valores concreta: primero piensa en el espíritu y en nuestras almas y luego en el dinero». En una carta redactada menos de un año antes de su muerte deja entender que ha tenido una desventura financiera: «Ya no más banqueros en el mundo, aunque fuesen santos en el cielo. El único banquero (y su banco es más sólido que todos los bancos de Rothschild) en el que me ha quedado plena confianza es mi querido ecónomo san José, al que he recomendado que me consiga una buena ayuda de Propaganda; es más, tengo atosigado a este santo y buen ecónomo san José para que Propaganda me socorra. Y ya le he advertido a Pepe que, como no me atienda, me dirijo a su Señora; la cual, después de haberle hecho una buena novena (se la encargué a mis Hermanas) por la Inmaculada y un triduo por la Expectación del Parto, estoy seguro que me escuchará. Además, mi ecónomo Pepe debería tener un poquito de amor propio, y no permitir que se recurra a las mujeres por asuntos financieros que corresponden a los hombres…».

En los últimos años de su vida, cruces, persecuciones, abandonos, muertes continuas de sus amados colaboradores, «píldoras amargas» y aún obstáculos y calumnias que venían de ambientes de la Iglesia, no le dan tregua: «Estoy aquí en el campo de batalla expuesto a perder a cada instante la vida por Jesús y por estas pobres almas y estoy oprimido y sumergido en un océano de tribulaciones y calamidades que me desgarran el alma. Mi salud está rota: la fiebre no me abandona…». «Ánimo, no temáis», escribe en su última carta. «Que ocurra lo que Dios quiera. Dios no abandona nunca a quienes confían en Él. Soy feliz… ». La tarde de aquel 10 de octubre de 1881, consumido por las fiebres, sobre un colchón viejo, Comboni entraba en agonía. El padre Buchard se agachó hacia él y le dijo: «Monseñor, el supremo momento ha llegado…». «Fijó su mirada en el crucifijo y besó con ternura la cruz…».

Escribía Péguy: «Todas las sumisiones de esclavo del mundo me repugnan [dice Dios] y yo daría todo / por una mirada de hombre libre, / por una hermosa obediencia y ternura y devoción de hombre libre»
[Stefania Falasca – in Combonianum]