LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI


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Escuela de verano en Bushulo (Etiopía)

Durante el verano (temporada de lluvia) en Etiopía, los estudiantes no tienen clases regulares, por eso es bastante común organizar escuelas de verano u otras actividades para los niños y niñas. Este año también los LMC presentes en Etiopía estuvimos involucrados en dicho programa.

Tobiasz coordinó el proyecto e invitó al resto de la comunidad a participar en él. Más de 80 niños participaron en la escuela durante 3 semanas. Tenían diferentes temas relacionados principalmente con la salud: nutrición, VIH / SIDA, primeros auxilios, higiene, etc.

Os dejamos aquí un video del mismo

LMC Etiopía


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¡GRACIAS POR TANTO BIEN RECIBIDO!

Estoy sentada en la cama, con la espalda apoyada en la pared. La casa huele a café recién hecho y las risas llegan desde la cocina. Acabamos de terminar de almorzar en la casa de las Combonianas, en la Chana, y a pesar de todas las veces que he estado con ellas, nunca consigo dejar de sorprenderme por tanta vitalidad. Vida que contagia, risas que pasan de unas a otras, acentos distintos de una misma lengua que tratan de perfeccionar y que suena genial. Portugal, Italia, México, España… República Centroafricana, Sur Sudán, Mozambique, Ecuador… tantas vivencias sentadas alrededor de una misma mesa, tanta energía y fuerza que se cuela y destrona al estrés que llevaba conmigo durante estas semanas. “Es otro rollo”… “Qué grandeza”.

  Doy gracias por tanto bien recibido, como dicen los jesuitas, y decido escribir para no olvidar. Sé que mañana comenzaré de nuevo las clases, la rutina, las prisas y el no llegar a tiempo. Por eso quiero escribir estas sensaciones, por si el estrés o la vida diaria vuelven a instalarse recordar que sí, que se puede vivir de otro modo, con otro andar.

Quiero dejar por escrito también la calma y paz que me han dado esos ratitos de oración y compartir, sentados sobre unas alfombras en una habitación que no necesitaba más que unos cuantos cojines, unas telas y un pequeño baúl de madera vieja que tenía a su lado esa vela roja que indica que nunca estamos solos. Quiero escribir que me sentía acompañada por el grupo Combo y que me comprometí conmigo misma a seguir en los encuentros que hacemos una vez al mes, porque esos ratos me ayudaron a recordar lo sanador que es reponer fuerzas de ese modo. Quiero seguir caminando con esos jóvenes que vienen de lugares distintos para acompañar y dejarse acompañar, para darse cuenta, al igual que hice yo, que somos muchos jóvenes que nos movemos por el mismo motor.

También dejo por escrito algunas frases que para mí han sido luz, por si dentro de unos meses necesito recordarlas: “No somos una gota en el mar, somos el mar en una gota”. “No puedo vivir pensando que este no es mi sitio, pensando en el próximo destino, tengo que aprender a vivir aquí también; no voy de misión, soy misión”. “Somos Iglesia joven, tratamos de transformar el mundo… somos esa Iglesia que no se ve pero que existe”. “No estamos solos, somos muchas personitas en distintas partes del mundo luchando por una misma causa… somos una fuerza arrolladora”.

“No balconeen”, dice el Papa. No miremos la vida y nos quejemos de lo dura que es desde arriba, desde el balcón. Peguemos un salto y bajemos a la calle, remanguémonos y formemos parte con nuestra vida de esta realidad. “Hoy decido empujar este mundo”, como dice Pedro Sosa.

A ti, que quizá también leas esto sentada en la cama con la espalda en la pared… ojalá te ayude a recordar o a seguir buscando.

Bego

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Valientes de lejos y de cerca: DOMUND 2017

A poco que nos descuidemos, la admiración que sentimos por los misioneros —y que tantas veces nos mueve a ayudarles— se puede convertir en una trampa. Es lo que ocurre cuando levantamos una barrera entre ellos, los misioneros“los valientes”, y nosotros, “los que no lo somos” y, por tanto, “no servimos” para evangelizar.

Es cierto que hace falta valor para dar el salto a la misión. Es cierto que los misioneros afrontan situaciones duras e incluso arriesgadas, y que para eso se necesita coraje y perseverancia. Pero los misioneros no son valientes porque se den la valentía a ellos mismos, sino porque dicen “sí” a la valentía que les da el Espíritu de Dios.

El Apóstol, modelo de misioneros, lo decía en una de sus cartas: “Yo, Pablo…, tan cobarde de cerca y tan valiente de lejos…” (2 Cor 10,1). Y lo contaba hace poco, en un encuentro, un misionero de Ciudad Real en la República Democrática del Congo: él, que había sido un niño apocado y un joven dócil, alguien que no se reconocía ningún rasgo de arrojo especial, se había encontrado a sí mismo en la misión presentándose delante de hombres armados para dar la cara por los suyos, por “su” gente.

No podemos evitarlo, nos impresionan esos hombres y mujeres que entregan la vida en el día a día de la misión, pero ellos saben que son personas corrientes y que el que actúa es el Señor. Como reconocen con gusto, es Él quien les da el valor que no tienen para afrontar incluso situaciones límite. Porque la auténtica valentía de los misioneros es fiarse de un Dios que puede servirse hasta de unos gallinas como cualquiera de nosotros.

Rafael Santos
Director revista Illuminare

Ellos ayudan cuando van. Tú ayudas cuando das.

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