LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI


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1300 días de…

…FRAGILIDAD

La parroquia de San Jorge en Mongoumba tiene un pequeño dispensario para suplir las deficiencias estructurales del sistema de salud de Centroáfrica y la inexistencia del Estado de bienestar. Aquí los Laicos Misioneros Combonianos realizan el servicio de acoger la vida, “hacer causa común con los más abandonados”, “abrazar a toda la familia humana…, estrechar en nuestros brazos y dar el beso de paz y amor a nuestros hermanos y hermanas infelices”, diría San Daniele Comboni. Bebés, niños de todas las edades, jóvenes, madres, padres, ancianos, encuentran en el pequeño dispensario un punto de referencia, un hogar más que un hospital, donde pueden ser reconocidos como seres humanos, escuchados en su dolor, cuidados en su sufrimiento. Cada jornada, día y noche, a todas horas, nos encontramos con el misterio de nuestra fragilidad humana, experimentamos los límites humanos y volvemos a la gran pregunta existencial: “¿Dónde está Dios en el sufrimiento y el dolor, cuando más lo necesitamos? Incluso haciendo lo mejor posible según nuestras habilidades y posibilidades, a veces, por no decir a menudo, perdemos la batalla con la vida, teníamos que rendirnos a la evidencia de que no éramos omnipotentes. Hay un límite humano que no podemos superar, somos frágiles, sin embargo… la fe permanece… en un otro, Otro con O mayúscula, y cuando tocamos la amargura de la derrota sólo quedan las lágrimas y las oraciones a Dios, Padre de toda la humanidad…

…HERMANDAD

La parroquia de San Jorge de Mongoumba gestiona una escuela que apoya al sistema educativo centroafricano, que se tiene que suspender cada vez que estalla la guerra, para garantizar un mínimo de educación a las nuevas generaciones. San Daniel Comboni escribió: “… creo que es más útil recurrir a la acción de los misioneros para educar a los pequeños negros de ambos sexos en varios institutos… esta educación debe tener como objetivo preparar en los propios alumnos a los futuros apóstoles…”. Como laico misionero comboniano, he tratado de transformar la escuela en un pequeño oratorio, sobre todo el de Ndobo, a 5 km del centro, cercana a los campamentos de pigmeos. El oratorio es una casa de regeneración, un espacio de hermandad, y aún sin disponer de mega-estructuras, mezclando las lecciones escolares con bailes, talleres manuales, juegos, música, la escuela de Ndobo, un pequeño edificio de ladrillos rojos inmerso en el bosque, se había convertido en un lugar de promoción social, crecimiento humano y evangelización. La transformación en el estilo de un oratorio ha funcionado, “…el Plan funciona…”, estando presente todos los días, y casi todo el día, trabajando en el tiempo y no en el espacio, ha creado relaciones y vínculos, nos hemos convertido en una gran familia, todos nos hemos convertido en hermanos y hermanas, y hemos podido hablar de Jesús, nuestro Hermano, y dar testimonio de Dios, Padre de toda la humanidad: “una infinidad de hermanos y hermanas que pertenecen a nuestra misma familia, teniendo un Padre común arriba en el cielo…” …

…FRAGANCIA

El día comenzaba temprano: levantarse a las 5.30 a.m., justo el tiempo para lavarme la cara, desayunar y luego salir, a las 6.30 a.m. ya fuera de casa y camino a Ndobo, a pie, con la mochila, la radio para bailar, la bolsa de fútbol, a menudo el ordenador para ver películas, el lunes con la caja de delantales limpios para comenzar la semana. Mientras la gente desayunaba a un lado de la carretera, antes de ir a trabajar a sus campos, yo caminaba por el pueblo y después de unos 50 minutos, llegaba a la escuela y comenzábamos el día jugando al fútbol, bailando y saltando mientras la música a todo volumen se extendía por el bosque. Si durante la semana iba a ver a los niños, el domingo tomaban el camino contrario, venían a la parroquia; y si llovía, llegaban todos embarrados, empapados y temblando de frío. Con el tiempo para lavarse las manos, la cara y los pies, ponerse camisas y pantalones cortos limpios, pedirle a Cristina (LMC Portugal) que les pusiera talco y una pizca de perfume, y salimos corriendo a la iglesia, dejando tras de sí un rastro que se extendía por el aire. Después de la misa, desayunamos juntos con leche caliente, cacao y galletas, el lugar se llenaba con el dulce aroma del chocolate, luego continuamos con música, baile y juegos: “fue un intento de encontrar un camino probable para iniciar una medida de regeneración” diría San Daniel Comboni, fue nuestra mirada de cercanía y proximidad para hacer presente la fragancia alegre y sabrosa de Jesús, nuestro hermano, y de Dios, Padre de toda la humanidad…

Simone Parimbelli, LMC Mongoumba (RCA)


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“Para que todos tengan vida”. Día de los catequistas nativos

Hoy 6 de enero celebramos la jornada dedicada a los Catequistas Nativos, verdaderos protagonistas de la evangelización en las Iglesias de misión. En América, Asia y sobre todo en África la labor de los catequistas nativos es inestimable, por la cercanía al pueblo de Dios en su vida cotidiana y por cómo plantan y cultivan la semilla de la fe, por enseñar a rezar a los más pequeños y vivir con coherencia a los mayores. El número de catequistas en el mundo alcanza los 3.076.624, según datos del año 2018, una verdadera fuerza de evangelización, con una tendencia a aumentar en África y en Asia, donde en muchos casos son la verdadera columna vertebral de las Iglesias.

En la fiesta de Epifanía, manifestación del Salvador a todos los pueblos, la Iglesia llama la atención sobre la urgencia misionera con este recuerdo y apoyo a los catequistas en los territorios de misión.


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De regreso a Etiopía

Queridos todos, queridas todas. Un saludo de corazón desde Etiopía, y, como dicen aquí: “egziabhier bebereket yimulachihu” (que Dios os colme de bendiciones).

La mayoría de los que recibiréis este mensaje me conocéis, pero como es difícil saber el verdadero alcance de los medios, me presento. Mi nombre es David, y os escribo como Laico Misionero Comboniano, desde Gilgel Beles, al noroeste de Etiopía, donde fui enviado hace más de año y medio a compartir vida con todas este pueblo, y ya de vuelta en este segundo periodo.

En primer lugar, a través del enlace que a continuación os dejo, os comparto cómo son los hermanos y las hermanas que me acogen por estas tierras (viviendas, aldeas y caminos, modo de vida, cultura, etc.), así como un resumen de cuáles fueron nuestros primeros pasos en los diferentes proyectos que se nos plantearon ante las enormes necesidades que nos encontramos.
Podéis vivir unos minutos con el pueblo Gumuz y conocer nuestra realidad en este click (todas las fotos y videos que aparecen están hechas por mí o por mis compañeros/as):

A mi vuelta, la situación ha empeorado bastante. Por un lado, en algunas regiones el conflicto armado entre las fuerzas del Gobierno y las locales está dejando tras de sí miles de muertos, heridos y cientos de miles de desplazados.

Por otro lado, en otras regiones (y muy especialmente la mía) los conflictos étnicos han paralizado la vida (administración, colegios y otros centros educativos, hospitales y centros sanitarios, mercado básico, transporte, etc.), provocado también la huida de miles de familias a lugares donde no puedan ser perseguidos o reclutados por las guerrillas locales, y mantienen a la población viviendo en el miedo. En esta tesitura, los problemas ya existentes (y que habéis podido comprobar en el video) se han visto agravados por la nueva situación de enfrentamiento.

Nuestra labor aquí pretende ser el soporte social y estructural a los proyectos que los Padres Combonianos y las hermanas Combonianas desarrollan; no obstante, la situación actual (conflicto, precariedad, gran dificultad de movimiento, falta de medios e inseguridad) nos obliga a replantear aquí nuestra presencia, pero procurando siempre poner en el centro a estos hijos e hijas de Dios, a su servicio.

Por esa razón, son los tres los aspectos que vamos a intentar atender:

-Por un lado, la pastoral del enfermo: manteniendo los tratamientos comenzados y/o empezando nuevos tratamientos que sean requeridos; acudiendo a las aldeas para acercar a los enfermos al centro sanitario más cercano, colaborando en su transporte, asistencia, pago del precio del médico y los medicamentos (para quien no pueda afrontarlo, total o parcialmente), seguimiento de dicho tratamiento y consultas posteriores.

-Por otro lado, la pastoral de la infancia y la juventud: nuestro primer objetivo era la colaboración con los colegios y guarderías (material escolar, alimentos diarios para los estudiantes, etc.), así como atender a casos de especial abandono que hemos ido encontrando; no obstante, la nueva realidad nos hace abrir el abanico y estar disponibles para todas las situaciones que puedan surgir (sostenimiento de menores abandonados o en familias sin recursos, urgencias alimentarias, apoyo a los centros educativos en cualquier actividad que desarrollen, etc.).

-Por último, la pastoral de la mujer: son numerosas las situaciones de vulnerabilidad que nos encontramos entre las mujeres por múltiples razones (viudedad, abandono del marido, situaciones relacionadas con los conflictos, escasos o nulos recursos para mantener a la familia y mantenerse, imposibilidad de trabajar, enfermedad, etc.). Por esa razón, nuestro objetivo será atender las urgencias, pero también plantear algún proyecto, en cooperación con las hermanas Combonianas, que permita dar trabajo y salida digna a estas mujeres a largo plazo.

Estos tres puntos son las propuestas para llevar a cabo; la nueva situación de conflicto no permite concretar más, ni ser precisos en su planteamiento. No obstante, todo los medios que podamos obtener se pondrán al servicio de estas tres pastorales, en cualquiera que sea su desarrollo. Incluso, si la realidad demorara excesivamente la continuación de todos los proyectos, pondríamos los medios a disposición de los Padres Combonianos y de las hermanas Combonianas para que sean ellos y ellas los que den continuidad y sigan construyendo en este sentido, en estas pastorales (enfermos, infancia/juventud y mujeres), asentándolas a largo plazo.

Somos conscientes de que la situación que se vive en todo el mundo no es fácil, tanto por la Pandemia como por sus consecuencias económicas y sociales. Que sea el discernimiento personal y la libertad de cada uno los que sustenten la colaboración que se pueda dar.

Para ello, os hago llegar el número de cuenta de AMANI, la asociación creada hace años por nuestro movimiento de los Laicos Misioneros Combonianos; ésta quiere servir de cauce para las ayudas recibidas, así como sostener los proyectos que desde los diferentes lugares en los que estamos presentes se envían para el desarrollo de nuestros hermanos y hermanas.
El número de cuenta es: ES5514910001203000059881 (Triodos Bank, banca ética).

Si vuestra colaboración es para Etiopía y los proyectos arriba presentados, os pedimos lo especifiquéis en el envío (por ejemplo, Donativo Etiopía o Donativo Gumuz). No obstante, también se puede hacer una colaboración general, que será enviada a los proyectos en los que como Laicos Combonianos estamos presentes (Mozambique, Brasil, República Centroafricana, Perú, etc.). Podéis conocerlos también entrando en la web de la asociación (Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI). Cualquier colaboración será recibida con enorme gratitud.

Si queréis mantener el contacto conmigo durante mi periodo en Etiopía, os hago llegar el correo electrónico que, cuando me sea posible, leeré con mucho gusto y contestaré con alegría: davidap.etiopia@gmail.com

Desde Etiopía, os envío un abrazo enorme a todos y todas. Estamos unidos/as en la causa que el Padre nos encomendó: hacer de este mundo su Reino.
¿Estamos dispuestos?

-David Aguilera Pérez, Laico Misionero Comboniano-


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Celebración día de los LMC 2020

 

El pasado domingo celebramos nuestro día los Laicos Misioneros Combonianos.

Este año y debido a la pandemia las celebraciones presenciales han sido bastante difíciles y reducidas.

Pero desde Europa surgió la iniciativa de festejar todos juntos vía internet nuestro día. Y así lo hicimos.

Nos reunimos más de 100 LMC de todas las partes del mundo para compartir juntos nuestra fiesta y celebrar nuestra vocación. Es verdad que nuestros compañeros de África tuvieron más dificultad para unirse debido a los problemas de Internet.

Comenzamos con un saludo en varias lenguas a cargo de Carmen Aranda (coordinadora del comité europeo) y pudimos recordar en un pequeño video realizado en Brasil el instante en el que el papa Francisco nos saludó durante nuestra asamblea internacional celebrada en Roma. Fue un momento emotivo.

Después pudimos rezar un rato juntos usando cada uno la lengua propia y así hacer presentes nuestras diferentes realidades personales, familiares y de servicio misionero que están y han estado presentes durante este año. Pedimos al Señor por las dificultades que está atravesando todo el planeta y las situaciones más difíciles de algunos países, así como también agradecer por todo lo aprendido en este tiempo y por los momentos de solidaridad vividos durante el año.

Día LMC

Tuvimos muy presentes también al resto de la Familia Comboniana, que se unió para felicitarnos en este día.

Seguidamente continuamos compartiendo los videos de presentación que los diferentes países habían enviado para este día especial. En ellos pudimos saludar a los hermanos y hermanas de los diferentes países y ver parte de su labor misionera así como alguna música y cosas propias del país de cada uno.


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Día de los Laicos Misioneros Combonianos 2020

A medida que se acerca el Día de los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) –el tercer domingo de Adviento, este año el 13 de diciembre– nos gustaría compartir un poco más sobre lo que significa ser LMC. Cada uno de nosotros viene de diferentes países, de tres continentes diferentes, de diferentes culturas, idiomas, lo que hace que tengamos una gran variedad de experiencias. Pero también hay muchas cosas que tenemos en común. Como decía Comboni “la Obra debe ser católica, no ya española, francesa, alemana o italiana. Todos los católicos deben ayudar a los pobres negros, porque una nación sola no puede socorrer a toda la estirpe negra.” (San Daniel Comboni, E. 944).

La principal experiencia es el amor a la misión. Todos encontramos este deseo de difundir el Evangelio en el mundo y de servir a los demás, especialmente a los más pobres. Realizamos esta vocación de diferentes maneras: sirviendo en el campo de la salud, la educación o el trabajo social y también en el trabajo pastoral. Tratamos de “reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite” (Papa Francisco, Fratelli Tutti, n. 1). Como nuestra vocación es para toda la vida no la desarrollamos sólo cuando estamos en el extranjero, lejos de casa, sino también tratando de ser misioneros después de regresar a nuestros países, en nuestros propios ambientes.

LMC Roma

Somos un movimiento internacional, en la misión creamos comunidades internacionales, lo cual es una gran riqueza para nosotros, pero también un hermoso signo para la gente de que como cristianos podemos vivir juntos pacíficamente, incluso si venimos de culturas o con idiomas diferentes. Pero también usando todas las herramientas de Internet intentamos encontrarnos online, compartir experiencias. Ahora, durante la pandemia, cuando el encuentro por Internet se ha popularizado tanto, también nosotros aprovechamos la oportunidad de reunirnos con los LMC de otros continentes o nos invitamos unos a otros a participar en reuniones de formación online. También celebraremos nuestra fiesta online. Por un lado, lamentamos no poder reunirnos en persona con los miembros de nuestros grupos en cada país, pero por otro lado nos alegramos de que al reunirnos online la distancia no sea un problema y podamos reunirnos con los LMC de otros países.

Nos gustaría invitarlos a todos a trabajar en nuestra misión. Tal vez algunos de ustedes tengan este deseo de ir a la misión ad gentes.Siéntanse libres de escribirnos un correo electrónico y les guiaremos para que se unan al grupo LMC más cercano. Pero si no pueden ir, porque no es la vocación de todos, entonces pueden hacer un gran servicio con su oración. Rezar por los misioneros y por la gente a la que son enviados. La oración es lo que nos da inspiración, fuerza para servir, para superar las dificultades y problemas, nos da esperanza, fe y amor por la gente. Y también les ayuda a estar abiertos al Espíritu Santo y a la palabra de Dios que escuchan. También les animamos a rezar por nuevas vocaciones, porque “la mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. (Mateo 9, 37-38).

También damos gracias a Dios por todas las personas que nos apoyan de cualquier manera y rezamos pidiendo a Dios que les bendiga.

Gracias

Magda Negewo,

Comité Central LMC