En Comboni, la confianza en Dios fue el motor de toda su vida. Él se lanzó a la misión sin garantías humanas, pero con una certeza inquebrantable: Dios nunca abandona a quien se entrega por amor.
Su misión floreció porque se atrevió a creer que, cuando todo parece imposible, Dios sigue abriendo caminos.
Hoy su legado nos recuerda que la vocación no se sostiene en nuestras fuerzas, sino en esa certeza profunda de que “Dios lo hace todo”. Y desde ahí, todo es posible.
El próximo domingo 26 de abril de 2026, la Iglesia celebrará la Jornada de Vocaciones Nativas, una iniciativa promovida por las Obras Misionales Pontificias (OMP) que tiene como objetivo principal apoyar, mediante la oración y la colaboración económica, a los jóvenes que han sido llamados al sacerdocio o a la vida consagrada en los territorios de misión.
Esta jornada coincide con el cuarto domingo de Pascua, conocido como el Domingo del Buen Pastor, y se celebra conjuntamente con la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones bajo el lema «Todos oramos por todos».
Una llamada universal a la oración
La Jornada de Vocaciones Nativas es, ante todo, una invitación a toda la comunidad cristiana a rezar por las vocaciones en todo el mundo, especialmente en aquellos lugares donde la Iglesia está en crecimiento y cuenta con menos recursos.
En estos territorios, muchas vocaciones surgen con fuerza, pero encuentran dificultades económicas para completar su formación. Por ello, esta jornada busca sensibilizar sobre la importancia de sostener estas vocaciones, que son fundamentales para el futuro de las Iglesias locales.
El papel de las Obras Misionales Pontificias
Las OMP, a través de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, canalizan la ayuda económica que permite sostener seminarios y noviciados en los países de misión. Estas aportaciones se integran en un fondo universal de solidaridad que garantiza una distribución equitativa de los recursos.
Gracias a esta colaboración, miles de jóvenes pueden continuar su camino vocacional y convertirse en sacerdotes, religiosos o religiosas al servicio de sus propias comunidades.
Compartimos el programa Pueblo de Dios, emitido el pasado domingo, sobre la presencia y el testimonio de los Misioneros Combonianos en Perú. Un reportaje que nos permite descubrir la enorme labor y entrega de tantos misioneros que, con su vida, anuncian la alegría del Evangelio.
Estrenamos mes y con él entramos de lleno en el tiempo de Pascua. Toda la Iglesia celebra que Jesús resucitado, vive y está siempre con nosotros a nuestro lado.
El número de abril de Mundo Negro pone el acento en la creatividad y la resiliencia de África, sin olvidar sus heridas más profundas, en línea con el espíritu de los Misioneros Combonianos.
-El tema central destaca el crecimiento de la moda africana, una expresión cultural que afirma la identidad del continente y se convierte en motor de desarrollo, mostrando cómo el talento local puede generar futuro con raíces propias.
-Al mismo tiempo, denunciamos con claridad el drama de la guerra en Sudán, una de las mayores crisis humanitarias actuales, donde la población sufre las consecuencias del conflicto y se organiza para sobrevivir ante el abandono institucional.
-Anunciamos el primer viaje del Papa León XIV a África, donde visitará Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial y entrevistamos a Mons. Alberto Vera, obispo de Nacala (Mozambique).
-También se abordan cuestiones globales como la cooperación sanitaria internacional, invitando a reflexionar sobre justicia, responsabilidad y autonomía de los pueblos africanos.
-En conjunto, un número que combina la denuncia profética y la esperanza evangélica, mostrando una África herida pero creativa, y animando a acompañar, escuchar y caminar junto a sus pueblos en la construcción de un futuro más digno.
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Este año, como comunidad LMC, hemos tenido la alegría de celebrar la Pascua junto a las parroquias de Moclín y Puerto Lope, en Granada. Han sido unos días de encuentro, de servicio y de sentirnos parte viva de la Iglesia local.
Durante los días del Triduo, compartimos oraciones, silencios, preparativos. Ayudamos en lo que pudimos: desde animar las celebraciones hasta colaborar en los pequeños detalles que hacen que todo fluya. Pero, sobre todo, estuvimos presentes. Y a veces, eso es lo que más se agradece.
La Vigilia Pascual fue, como siempre, un momento especial. Ver cómo la luz del cirio se extendía pasando de mano en mano, nos recordó que la fe se transmite así: con gestos sencillos, con cercanía, con vida compartida. Como LMC sentimos que esta es nuestra tarea, llevar la luz de Cristo donde haga falta.
Volvemos a casa con el corazón lleno y con la certeza de que seguir caminando con estas comunidades es un regalo.
La Pascua nos impulsa, nos renueva y nos envía. Y nosotros, como LMC, queremos seguir respondiendo con alegría y disponibilidad.