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Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI


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Verano 2020: Experiencia Misionera en Uganda

¿Te preguntas cómo es la misión en otras realidades? ¿Te sientes llamado a sentirla en tu propia vida?
Este verano puedes vivir una experiencia de misión en Uganda junto a otros jóvenes con tus mismas inquietudes.
🌍🤝👣
No dudes en escribirnos para pedir más información o preguntar cualquier duda.


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Misión en Etiopía:GILGEL-BELES

Muy querida familia (para todos los que así nos consideramos).
Resulta providencial que, precisamente cuando nuestro gran Papa Francisco quiere hacer presente más que nunca nuestro ser misioneros como parte fundamental de nuestro ser cristianos, a través del Mes Misionero Extraordinario, yo me encuentre en Etiopía, poniendo todo lo que soy al servicio de este proyecto. Y que el día que comienzo este blog para abriros el corazón desde estas tierras, sea el primer día de este mes tan especial. ¿Casualidad, o Diosalidad?
Precisamente por eso, hoy quería compartir con vosotros esta reflexión, que llevo tiempo orando, pensando y escribiendo…
 Desde la cuna prácticamente he creído en la necesidad de ser testigos del Evangelio en aquellos lugares donde la presencia parece estar difuminada por muchas injusticias, ya sea en el barrio de al lado, ya sea cruzando el océano. Sin embargo, la progresiva experiencia personal en distintos lugares me ha llevado a estar convencido de ello desde lo más profundo de mi ser.
Estamos caminando hacia una sociedad que parece tenerlo todo por sí sola, en la que el motor es el interés personal y la apetencia de cada momento, sin mirar las consecuencias personales y sociales más allá de cada día. Puesto que el compromiso de cada uno es con cada uno, el otro me sobra, o incluso es un obstáculo para alcanzar mis metas personales. No parece que queramos a propósito olvidar al prójimo; simplemente, no pensamos en él, vivimos ajenos a lo que nos rodea, y no sólo lo más lejano, sino también lo que nos podemos encontrar en nuestra propia calle.
En este proceso de deshumanización, el Dios que Jesucristo nos presentó con sus palabras y obras, hasta la última consecuencia, el Dios del amor, la fraternidad, el perdón y la misericordia, parece ser para algunos (o para muchos) realmente el mayor obstáculo. Esto es así porque la experiencia personal de Dios nos toca profundamente, no nos deja nunca indiferentes, y, sobre todo, nos lleva a comprometernos con los demás; y cuanto más crece esa experiencia, mayor compromiso necesito tener (porque nace de los más profundo de lo que cada uno somos, y por tanto, llega a ser una necesidad, pero no una necesidad que nos agobia, sino una necesidad que nos empuja con mucha alegría y positivismo a poner nuestro día a día al servicio de los hermanos y de las hermanas).
Este compromiso en el mundo nos haría vivir en él como casa común: sin embargo, en muchas ocasiones parece que prefiera verse como lugar de explotación privada y de enriquecimiento personal. Es este sistema alienante de la esencia de humanidad, el egoísmo nos convierte en herramientas a su servicio, por lo que éste necesita que aparquemos el compromiso por los demás, y por ende, que nos alejemos de la propia experiencia de Dios.
Este prescindir de Dios acaba vaciándonos por dentro, y vaciando de significado la palabra fraternidad. Fruto de todo ello, surge un mundo fragmentado, con mucho sufrimiento, y cada vez más exclusión. La vida sencilla y humilde se va transformando en pobreza material, marginación y falta total de oportunidades. Por supuesto, son los más débiles los que sufren con mayor crudeza estas consecuencias. De esta manera, he podido ver cómo crece a diario el número de niños y niñas que no tienen más recurso que vivir en las sucias y muy peligrosas calles, a merced de todo tipo de explotación; ancianos y enfermos viviendo de la mendicidad (de un modo tal que en nuestros países no se desearía ni a los animales), olvidados realmente por una sociedad que, bajo la excusa de no tener recursos para acogerlos, esconde la realidad de que son un estorbo para la producción y la mal llamada “creación de riqueza”. Millones de personas condenadas a sufrir permanentemente, generación tras generación, el ciclo de la más absoluta pobreza, por no poder formar parte del sistema imperante, y por tanto, estar totalmente excluidas de las oportunidades a las que supuestamente todos tenemos acceso.
Por esa razón, más que nunca es vital buscar incesantemente al Dios que nos hace recuperar la confianza en nosotros y en la humanidad (como Jesús nos enseñó a orar en el Padre Nuestro, buscando a diario que “venga a nosotros su Reino”, pero no como una promesa de futuro, sino como un propósito de cada día). Ese Dios que nunca se ha ido, y que de hecho, ha estado sufriendo al lado de sus hijos; pero al que nosotros le hemos dado la espalda, o, incluso, lo hemos querido sustituir por otros valores que no han traído más que sufrimiento a toda la humanidad, en uno o en otro sentido. Porque el reconocerse Hijos e Hijas de Dios (y por ende, completamente amados) restaura la dignidad arrebatada, cura las heridas que las diferentes situaciones van haciendo en nuestro interior, y le quita la razón a la desesperanza, al egoísmo, al materialismo y a los enfrentamientos de cualquier tipo. De esta manera, las relaciones se vuelven más fraternales, y comienza a nacer un compromiso con las situaciones que nos rodean, fruto de dejar de reconocernos rivales o instrumentos al servicio de diversos intereses, para sabernos Hermanos y Hermanas.
Es esa alegría del Evangelio, de sentirnos plenamente Hijos de Dios y Hermanos de todos, la que los misioneros pretenden llevar por todo el mundo. Bien sea para provocar cambios que ayuden a paliar las injusticias, caminando hombro con hombro con las personas de los lugares a donde van; bien para atender urgencias que reclaman una mayor sensibilidad por parte de todos; bien para reconstruir vidas truncadas por diversas injusticias, o bien para evitar que vidas que están en severo riesgo acaben truncándose. Pero, sobre todo, para aprender a vivir en comunidad, donde todos seamos responsables y cuidadores de todos.
 Jesucristo caminaba por los pueblos y ciudades de su época anunciando la BUENA NUEVA de que Dios nos ama de manera perfecta, y por tanto, nuestro ser Hijos e Hijas de Dios tiene que llevarnos a imitar su ejemplo. Pero no de una manera cómoda y relajada, sino con un compromiso verdadero de vida. Porque siguiendo ese ejemplo, construiremos paso a paso el Reino de Dios y estaremos acercándonos a la alegría del Evangelio, la plenitud personal y social.
Por tanto, estés donde estés, y sea cual sea tu situación, Jesús te invita a diario a buscar a Dios en lo más profundo de tu ser, a saberte amado; y desde ahí, a comprometerte con tus Hermanos, empezando por tu prójimo (aquellos que te rodean en tus círculos diarios).
Los misioneros recibieron (y reciben cada día) una llamada para llevar esa Buena Nueva y trabajar por el Reino de Dios a los lugares donde más falta hace, algunos muy lejanos. Seguro que tú, desde la cercanía, también conoces muchas circunstancias que precisan de esa alegría y acompañamiento.
Yo te animo a que seas también misionero: si tu vocación es a salir de tu tierra, hazlo sin miedo; si tu vocación está en tu tierra, ponla también en práctica. Dios nos llama a todos a diario a construir, aquí y allí, cerca y lejos, en lo grande y en lo pequeño.
El Papa Francisco nos anima de manera muy especial este mes de octubre, el Mes Misionero Extraordinario, a pararnos, a detener el incesante ritmo de nuestras agitadas vidas, y en profunda y sincera oración, buscarnos. Sí, buscarnos; porque al acercarnos a nuestro verdadero ser, porque al poner lo que somos con humildad ante Dios, nos encontramos a nosotros y lo encontramos a Él, recibiéndonos con los brazos abiertos, como el Padre Bueno al Hijo Pródigo.
Es en este contexto, sintiendo el caluroso abrazo de Padre y de Madre, podemos revisar nuestra vida, y preguntarnos si estamos siendo testigos de la alegría del Evangelio, y si estamos poniéndolo en práctica, desde las pequeñas decisiones a las decisiones más trascendentales.
El Papa nos invita a revisar sinceramente si estamos abriendo el corazón al Prójimo, si somos Misión donde cada uno estamos, y misioneros de su ejemplo.
Además, y de manera más especial, nos anima a reflexionar sobre nuestra vocación. La vocación entendida como esa llamada que Dios nos hace a la felicidad, y, por tanto, a llevar a cabo eso que Él ha puesto en nuestros corazones, y que cada uno de nosotros conoce mejor que nadie. Vocaciones hay múltiples; todas requieren valentía para seguirlas y perseverar en ellas: vocación profesional, vocación sacerdotal, vocación laical, vocación matrimonial y familiar, etc. Y, entre ellas, la vocación misionera.
La vocación misionera, en el sentido más estricto, puede venir acompañada por otras llamadas especiales o vocaciones (vocación sacerdotal, vocación religiosa, vocación laical, vocación de familia, vocación a una profesión concreta, etc.). Pero todas ellas pueden estar al servicio de dicha vocación misionera.
Tengamos siempre una actitud de oración y reflexión sincera, humilde, muy cercana y constante para discernir aquello que nos hace plenamente felices. Y este mes, de manera muy especial, nuestra vocación misionera. ¿A qué te sientes llamado?
Dios nos llama a ser luz, especialmente donde las sombras están ganando terreno; a ser sal, donde la vida y el amor no se conserva; y a ser esperanza, allí donde las distintas situaciones la anulan.
Os deseo que este mes os acerque más a tantas misioneras y tantos misioneros que en el mundo han dejado sus casas, a sus familias y amigos, sus seguridades temporales, para aventurarse de la mano del Dios de la confianza a lugares insospechados. Ellos y ellas se levantan cada día procurando ser reflejo del Amor de Dios, principalmente donde Dios sufre con sus Hijos e Hijas. Que nunca dejemos de tenerlos presentes, de incluirlos en nuestras oraciones, y de hacernos sensibles (con la sensibilidad no del que da limosna, sino del que comparte con el Hermano) a las necesidades del mundo.
Feliz y dichoso Mes Misionero Extraordinario.
DAVID AGUILERA PÉREZ,
Laico Misionero Comboniano en Gumuz, Etiopía.


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JÓVENES Y MISIÓN

El verano es tiempo de vacaciones, un tiempo especialmente apreciado por los más pequeños para disfrutar y participar en actividades diferentes que no pueden llevar a cabo durante los largos meses del año escolar. Los Misioneros Combonianos lo sabemos y desde hace muchos años organizamos en julio y agosto campamentos y encuentros en clave misionera para niños, adolescentes y jóvenes.

Este verano 2019 las principales actividades de este tipo han sido cuatro:


Del 7 al 14 de julio tuvo lugar en la localidad granadina de Huétor-Santillán el campamento de Aguiluchos. Bajo el lema “Misioneros al abordaje”, 44 niños, 16 monitores, 3 cocineros y 2 combonianos disfrutaron de lo lindo hasta encontrar el tesoro escondido. Al abrirlo descubrieron un cofre con un espejo en el fondo. Al verse reflejados en el espejo que contenía el cofre del tesoro, enseguida se dieron cuenta de que el mayor de los tesoros son ellos mismos, cada uno de ellos. Es un tesoro que no hay que buscarlo fuera porque lo llevamos siempre con nosotros

 

Del 24 al 31 de julio los chicos y chicas adolescentes de Nkembo realizaron una travesía por las Alpujarras granadinas. Participaron 16 adolescentes, 5 monitores, 3 cocineros y personal de apoyo, además de dos combonianos. Fueron varias etapas para recorrer el camino que separa la localidad de Lanjarón de la de Juviles. Además de vivir la espiritualidad del camino, hubo tiempo para encuentros de reflexión y para compartir experiencias de vida que enriquecieron a todos. Los adolescentes participantes salieron encantados por este tiempo vivido como grupo de amigos.

Durante el mes de julio, varios miembros del grupo de jóvenes Combojoven viajaron a Kenia para vivir una interesante experiencia misionera entre el pueblo Turkana. Fueron acompañados por el padre Daniel Villaverde que vivió su misión en esta región de Kenia entre 1989 y 1995. Algunos de los jóvenes viajaban por primera vez a África y a juzgar por sus testimonios, pudieron descubrir nuevas realidades humanas que les marcaron profundamente.
Otros jóvenes, también pertenecientes al grupo Combojoven, realizaron una peregrinación comboniana en Italia junto a jóvenes de otros países europeos donde los Misioneros Combonianos estamos presentes. Del 4 al 11 de agosto, recorrieron la distancia que separa Verona (donde San Daniel Comboni fundó los institutos misioneros de las Combonianas y los Combonianos) de Limone sul Garda (pequeña localidad junto al lago Garda donde Comboni nació el 15 de marzo de 1831). Hubo tiempo para cansarse en el camino, pero también para orar y reflexionar juntos, siempre en clave misionera.
Para nosotros, acompañar a los jóvenes ha sido y es un desafío, no siempre fácil, pero muy enriquecedor. Se trata de estar ahí, cercano y abierto al diálogo pero sobre todo dejando que el Señor haga su trabajo en la vida de cada uno de los jóvenes y niños que participan.


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De regreso a Arequipa

Han sido 3 semanas intensas de vuelta a la querida tierra arequipeña. Queríamos volver no solo por Isabel y por mí, sino por que nuestros hijos se reencontraran y pusieran en su sitio esos recuerdos que seguro estaban en su corazón.

Ahí hemos disfrutado mucho viendo cómo se reenganchaban desde el primer día. Se han sentido a gusto y con libertad para hablar y jugar con sus amigas y amigos como si estos cinco años en España no hubieran transcurrido. Ha sido un salto también en su madurez al insertarse conscientemente a una realidad muy exigente, en la que la pobreza salta a la vista. Y lo han vivido con naturalidad. No quieren regresarse a casa. Porque se sienten en casa.

Volver a nuestra parroquia, a la comunidad de Villa Ecológica, pero también a las de Buen Pastor y Cristo Rey, en las que también dejamos amigos y mucho cariño. Experimentar la generosidad del pueblo, su alegría sincera… y la falta de tiempo para llegar a todos los que nos hubiera gustado.

¿Hemos venido en misión? Porque pensábamos que veníamos de vacaciones, pero es  difícil buscar el límite. Hemos vivido la misión en el encuentro, aunque esta vez no teníamos el rigor de las planificaciones, actividades, ritmos… Pero tampoco teníamos el cuerpo y el corazón entrenado, así que hemos tenido que ir a otro ritmo. Lo que más hemos disfrutado ha sido encontrarnos con las familias amigas, compartir como familia cómo han sido estos años de distancia para ellos y para nosotros, sentirnos familia entre familias, con unas claves comunes como padres y madres, a pesar de las diferencias de nuestros contextos. Cómo han progresado algunas, cómo han sufrido otras, las ilusiones por el ingreso en la universidad de los chicos, los sueños de una nueva generación peruana de profesionales, honestos, que pasen la página de la corrupción política que sigue ahogando al país, abocado a un nuevo proceso electoral anticipado. Un misterio: la alegría sostenida e inocente de las familias que se mantienen fieles en su pobreza, fieles en su matrimonio y en la parroquia, frente a la frialdad en las que han conseguido una casa hermosa y una economía mejor… pero su convivencia  familiar se ha deteriorado, aun sin violencia explícita.

De la situación social, me sorprendió la fuerte presencia de inmigrantes venezolanos, y los mismos clichés de siempre: que no trabajan bien, que son flojos, que se aprovechan de los peruanos, que no se les debería abrir sin más la puerta… Es un nuevo reto para esta sociedad, convertirse en sociedad de acogida, en el que la Iglesia todavía no parece dar un paso al frente. Debe ser complicado ser a la vez una sociedad en formación y acoger a los que vienen de mundos peores que el tuyo.

En Villa Ecológica, la comunidad Ayllu de Neuza Andrea y Paula es un motor de alegría. Son dos terremotos de sonrisas para los abuelitos, para las familias. Vienen muy bien, son tan jóvenes… conectan con los jovencitos y con los mayores, y son una chispa en la comunidad de los padres combonianos.

Los mejores recuerdos: Volver a ver a Maricarmen Fonseca, niña especial que fue desahuciada por los doctores (no de la ley, sino médicos) al año de vida: “Cualquier catarro se la llevará” Ni los cirujanos de la campaña norteamericana la quisieron operar por la complejidad de su caso. Ahora estudia en su cole, va solita en el bus escolar, es cuidada por su familia como una princesa. En España los serivcios sociales habrían retirado a todos los 6 hijitos, pero es el milagro de la vida, de la pobreza. Maricarmen es el ojo derecho del Sr. Teo, músico y albañil. “No se enferma, hermanito, es fuerte. Los otros caen en la gripe, pero ella no”.  Y la visita a Matías, el otro niño especial que ya cumplió 9 años, en su casita, ya mejorada después de que su papá tenga un contrato estable en una empresa. La alegría espontánea de estos hijitos, cómo se entendieron Carmen y Ángel con Matías y su hermano Christofer de 1 año.  El brindis con Inka Cola en su azotea, junto a los vecinos de al lado, que un día estuvieron enemistados pero pudieron reencontrarse. Y al final bailando las dos familias la música arequipeña… ¡Hagamos 3 tiendas…! Un anticipo del banquete que nos espera si queremos compartirlo con los extranjeros, las prostitutas y los descartados que nos llevan la delantera.

Gonzalo Violero, LMC