Un sincero adiós a Marzena Gibek

El 3 de agosto, Marzena Gibek concluyó su servicio misionero de tres años en Kitelakapel, en West Pokot, y regresó a Polonia.

Durante estos tres años, Marzena se ha dedicado en cuerpo y alma a servir a la gente de West Pokot. Como fisioterapeuta en el dispensario de Kitelakapel, ha atendido a innumerables pacientes con compasión, profesionalidad y amor, llevando sanación, esperanza y consuelo a muchas familias.

Su misión fue mucho más allá de la asistencia sanitaria. Marzena también se ocupó fielmente de la capilla de Kitelakapel, contribuyendo a convertirla en un lugar acogedor de oración y culto. Empoderó a las mujeres locales organizando talleres de costura y enseñándoles a confeccionar bonitas pulseras, lo que les proporcionó habilidades prácticas, confianza y nuevas oportunidades.

Despedirse no fue fácil. La gente de Kitelakapel se reunió para expresar su profunda gratitud por su servicio desinteresado, su amabilidad y su amistad. Nuestra comunidad misionera en Kenia también le dio una despedida cálida y emotiva. Fue un momento precioso, lleno de agradecimiento, amor y muchos recuerdos entrañables.

Querida Marzena, gracias por tus tres años de fiel servicio misionero. Gracias por compartir tus dones y talentos, tu tiempo y tu corazón con la gente de Kitelakapel. Que Dios te bendiga abundantemente al comenzar este nuevo capítulo de tu vida, y que el amor y la esperanza que has sembrado aquí sigan dando fruto durante muchos años más.

Te echaremos de menos y siempre ocuparás un lugar especial en nuestros corazones.

¡Que Dios te bendiga y gracias por todo!

LMC Kenia

Regresamos a Manzanillo para seguir remando en la Barca de Pedro

El pasado 4 de julio, como Laicos Misioneros Combonianos, tuvimos la alegría de regresar nuevamente a la comunidad de Manzanillo, para continuar compartiendo la misión, la fe y la cercanía con nuestros hermanos y hermanas.

Durante la mañana realizamos una jornada médica pediátrica, en la cual pudimos recibir a los más pequeños de la comunidad. Fue un espacio de servicio, escucha y acompañamiento, donde se brindó atención médica, diagnóstico y entrega de medicamentos. Cada niño atendido nos recordó la importancia de una misión que no solo anuncia con palabras, sino también con gestos concretos de amor y cuidado.

Ver llegar a las familias con confianza y esperanza nos llenó el corazón. Como comunidad misionera, comprendemos que servir es también una forma de evangelizar, especialmente cuando el amor de Dios se hace presente en la atención a quienes más lo necesitan.

Por la tarde compartimos una convivencia con los adultos de la comunidad, reflexionando juntos sobre el tema “La Barca de Pedro”. Este momento nos invitó a reconocer que todos estamos llamados a subirnos a esa barca que es la Iglesia, una barca que a veces enfrenta vientos fuertes, cansancio o incertidumbre, pero que sigue avanzando porque Cristo va con nosotros.

En medio de la reflexión, también vivimos un momento muy especial y fraterno: preparamos juntos un pastel imposible. Más que una receta, fue una experiencia de encuentro, trabajo en equipo y alegría compartida. Al final, el pastel se repartió entre las personas de la comunidad, convirtiéndose en un signo sencillo pero profundo de comunión.

Esta visita nos recordó que la misión se construye paso a paso, con presencia constante, con escucha, con servicio y con pequeños detalles que hablan del amor de Dios. Manzanillo sigue siendo para nosotros un lugar de encuentro, aprendizaje y esperanza.

Damos gracias a Dios por permitirnos regresar, por cada niño atendido, por cada familia recibida, por cada sonrisa compartida y por la oportunidad de seguir caminando junto a esta comunidad.

Como decía San Daniel Comboni: “La misión se hace de rodillas.”

Que cada visita, cada servicio y cada gesto fraterno nos ayude a seguir remando juntos en la Barca de Pedro, confiando siempre en que Cristo guía nuestra misión.

LMC Guatemala

La vida es misión

Queridos amigos laicos misioneros combonianos y todo el pueblo de Dios.

¡La misión continúa! Llevo tres meses en misión en Piquiá, Açailândia, en el estado de Maranhão, donde trabajo en la Casa Familiar Rural (CFR), que acoge a alumnos de primero, segundo y tercer curso de Bachillerato, en su mayoría hijos de agricultores que, además de la teoría, aprenden en la práctica los trabajos agrícolas, el cultivo de hortalizas, la fruticultura, la piscicultura, la cría de animales y la apicultura.

Considero que es una labor muy importante y necesaria para que nuestros jóvenes sigan viviendo en el campo y puedan sacar de él el sustento para sus familias.

Los fines de semana estoy acompañando la andadura de la parroquia de Santa Luzia, en Piquiá, para empezar pronto a integrarme en las labores pastorales.

Cuento siempre con las oraciones de cada uno de vosotros para tener fuerzas para continuar en este camino.

Un fuerte abrazo a todos.

Tito, laico misionero comboniano.

Misión en Auraca

Con el lema “Hagamos de la Esmeralda tierra de la Virgen“, empieza una peregrinación por las diferentes veredas que conforman la Esmeralda.

Desde el 17 de mayo hasta el 15 de julio, se apoya en estas veredas, con el rezo del rosario, catequesis Marianas, lectio divina donde hay oraciones y reflexión.

Se realizan visitas a las familias y enfermos de los diferentes sectores, llevando un mensaje de esperanza, fe y amor, desde el carisma Comboniano. Esto permite que las veredas, mantengan viva los lazos de hermandad, fraternidad y que aviven su fe.

Para nosotros como misioneras es un proceso de aprendizaje, crecimiento humano y espiritual constante en cada actividad.

Del 12 al 15 de junio de 2026 vivimos una experiencia de fe, encuentro y renovación durante el Retiro Espiritual Nacional de los Laicos Misioneros Combonianos en Arauca.

Fueron días para detenernos, escuchar la voz de Dios, fortalecer nuestra espiritualidad y compartir como familia misionera el llamado a servir con amor y compromiso.

Cada momento vivido, cada reflexión compartida y cada encuentro fraterno nos recordó que la misión nace de un corazón que se deja transformar por Dios.

En nuestro taller con los adultos-mayores reflexionamos sobre “El tesoro de nuestra vida“, reconociendo que cada experiencia, cada enseñanza y cada historia vivida son un regalo de Dios que enriquece a nuestras familias y comunidades.

Más que recordar el pasado, fue un momento para agradecer el camino recorrido, fortalecer la fe y descubrir que el verdadero tesoro está en el amor compartido, la esperanza que permanece y la presencia de Dios en cada etapa de la vida.

Janet y Jenny, LMC Colombia

Reconocimiento de los LMC en la archidiócesis de Nairobi

El pasado 20 de mayo, los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) fueron reconocidos y acogidos como movimiento eclesial por S.E.R. Mons. Philip Anyolo, arzobispo metropolitano de Nairobi, en Kenia. A raíz de este reconocimiento, los miembros de los LMC Kenia se reunieron del 4 al 8 de junio en Kitelakapel (Kacheliba/West Pokot). Fue un momento especial de reflexión, oración y planificación para el futuro de la comunidad de los LMC.

Durante la reunión, repasamos la evolución de los LMC en los últimos seis meses y reflexionamos sobre la dirección que debemos tomar de cara al futuro. Juntos, discutimos nuestros puntos fuertes, retos y oportunidades para seguir creciendo y prestando servicio. Cada día comenzaba con la Santa Misa celebrada por el padre Ng’ang’a Joseph Githua, misionero comboniano, durante la cual encomendamos a Dios nuestros planes, actividades e intenciones. El encuentro fue también una excelente oportunidad para fortalecer nuestras relaciones, compartir experiencias y construir comunidad.

Celebración de la fiesta del Corpus Domini el 7 de junio de 2026.

Un acontecimiento especialmente importante durante nuestra estancia fue la celebración de la fiesta del Corpus Domini el 7 de junio. Los miembros de CLM participaron en la solemne procesión eucarística en Kitelakapel. La Santa Misa fue celebrada por el P. Joseph, quien nos recordó en su homilía la importancia de la Eucaristía como fuente de unidad, amor y fortaleza para todo cristiano. Fue un momento especial de oración y un testimonio público de nuestra fe.

Tras la Santa Misa, los fieles tomamos parte en la procesión con el Santísimo Sacramento, honrando a Cristo verdaderamente presente en la Eucaristía. Los miembros LMC colaboramos activamente en la preparación y organización de la celebración y ayudamos durante todo el evento.

Esta hermosa fiesta reunió a muchos feligreses, niños y jóvenes, demostrando la fe viva de nuestra comunidad. Fue también un momento especial de unidad, alegría y gratitud por el don de la presencia de Jesús entre nosotros.

El lunes, tras la Santa Misa y el desayuno, partimos hacia nuestros hogares, llevándonos con nosotros nueva inspiración, aliento espiritual y una motivación renovada para seguir sirviendo a los demás.

Agradecemos a todos su presencia, su compromiso y el tiempo que compartimos juntos. Que Cristo, presente en la Eucaristía, siga guiándonos y fortaleciéndonos en nuestra vida cotidiana y en nuestra misión como movimiento LMC.