LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI


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Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Vocaciones Nativas. 22 de abril de 2018

La Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Vocaciones Nativas es un día para invitar a las comunidades cristianas a orar para que la llamada del Señor resuene en el corazón de los fieles, de modo que cada uno, según su vocación, responda con generosidad.

El lema “Tienes una llamada. Responde” es una frase cotidiana en nuestras vidas que se convierte en toque de atención para salir del encierro en nosotros mismos. Necesitamos cortar con un modo de vivir “ruidoso” que nos impone la sociedad y que nos impide percibir la voz de Dios, su llamada personal para cada uno. Esta llamada crucial espera nuestra respuesta para, como dice el Papa, “convertirnos en protagonistas de la historia única y original que Dios quiere escribir con nosotros”.Para celebrar esta Jornada se han creado una web específica tienesunallamada.com, con un vídeo, que invita a los jóvenes a estar abiertos a la posibilidad de que Dios les llame para una vocación de especial consagración.

En las misiones son muchos los jóvenes que han sido llamados al sacerdocio y a la vida consagrada. De una manera especial el 22 de abril con las Jornadas de Oración por las Vocaciones y Vocaciones Nativas se pide la oración y la cooperación con estos jóvenes que han “respondido sí a la llamada del Señor”. Muy a menudo estas vocaciones tienen serias dificultades para seguir adelante en su formación por problemas económicos: es frecuente que un joven africano no pueda costearse los estudios del seminario, o que un convento en Asia a duras penas pueda mantener a las novicias que entran. La Jornada de Vocaciones Nativas es una nueva oportunidad para contribuir a paliar esas carencias y ayudar así al futuro de la Iglesia universal. En la web de Vocaciones Nativas están disponibles todos los materiales para celebrar la Jornada de Vocaciones Nativas y Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.


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Celebrar Eclesialmente el Día de la Tierra

El próximo día 22 de abril de 2018 se celebra, a nivel mundial, el Día de la Tierra. Esta celebración viene teniendo lugar desde el año 1970, y ha sido asumida por Naciones Unidas bajo la denominación de “Día Internacional de la Madre Tierra” en la resolución 63/278. En el preámbulo de dicha resolución se hacen algunos reconocimientos que dan sentido a la celebración del Día:

  • Reconociendo que la Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar, y convencida de que para alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras, es necesario promover la armonía con la naturaleza y la Tierra,
  • Reconociendo también que Madre Tierra es una expresión común utilizada para referirse al planeta Tierra en diversos países y regiones, lo que demuestra la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta que todos habitamos, …

Dada la perfecta sintonía entre este reconocimiento y la ecología que nos propone el papa Francisco en su encíclica Laudato si, y que comienza con la alusión a la “hermana nuestra madre Tierra” del Cántico de las Criaturas, hemos impulsado en el seno de la Comisión Diocesana de Ecología Integral del Arzobispado de Madrid la preparación de un material que nos permita unirnos, como Iglesia, a la celebración/conmemoración de ese Día,  que este año, además, coincide en domingo.

Teniendo esto en cuenta, y que la convocatoria de este año se centra, como elemento concreto y referencial, en la reducción de desechos plásticos, presentamos un guión modular que puede servir para la reflexión, el trabajo en grupo y la celebración, en diversos formatos, del Día de la Tierra en la Iglesia de Madrid. Diferentes combinaciones (y adaptaciones) de los módulos podrán dar respuesta a distintos estilos de celebración en los diferentes ámbitos de nuestra Iglesia.

En cualquier caso, quede ahí el intento de acompañar al resto de la Humanidad en los esfuerzos por sostener y cuidar nuestra casa común, “la hermana nuestra madre Tierra”, y hacerlo desde nuestra especificidad cristiana, como también lo han hecho, por ejemplo, el Movimiento Católico Global por el Clima, o la Alianza Católica por el Clima (dependiente de la Conferencia Episcopal de los EEUU).

Tomando de Cristianismo y Ecología


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Encuentro Misionero de Jóvenes 2018

El pasado fin de semana unos 150 jóvenes, venidos de 31 diócesis españolas, se encontraron en El Escorial (Madrid)en el XV  Encuentro Misionero de Jóvenes, organizado por Obras Misionales Pontificias.

Desde el viernes por la noche, los asistentes pudieron disfrutar de diferentes experiencias, testimonios y celebraciones que les animaron a reflexionar sobre su vocación misionera y su pasión por la Misión.

Como Familia comboniana también estuvimos presentes con algunos jóvenes del grupo de “combojoven”.

 

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Encuentro en Granada con Mons. Jesús Ruiz, obispo auxiliar de Bangassou (Rep. Centroafricana)

El pasado lunes, aprovechando su paso por España, tuvimos la oportunidad de encontrarnos en Granada con Mons. Jesús Ruiz, obispo auxiliar de Bangassou (Rep. Centroafricana) días antes de su represo a su diócesis.

Fue un encuentro en el que nos compartió la situación de extrema violencia y pobreza en la que se encuentra el pueblo centroafricano y en especial la diócesis en la que trabaja desde el pasado mes de noviembre junto con otro obispo comboniano español, Mons. Juan José Aguirre.

Ambos vienen denunciando desde hace tiempo la situación que vive el pueblo de Bangassou sometido a las barbaridades de los numerosos grupos armados de la región. Selekas y anti-balakas, ambos fuertemente armados, están sembrando el terror y el caos entre la población lo que ha hecho que desde hace unos 10 meses la catedral se haya convertido en un verdadero “campo de refugiados” en el que varios miles de musulmanes sobreviven gracias al apoyo y solidaridad de la misión católica.

Mons. Jesús Ruiz insistía en que la raíz del problema no es tanto religiosa (enfrentamiento entre musulmanes y cristianos), sino que su origen es totalmente económico. El país, y en especial Bangassou, posee grandes yacimientos de uranio, petróleo y diamantes y su control está provocando una lucha atroz entre los distintos grupos radicales, armados por países extranjeros.

A día de hoy, la fractura social que está provocando este conflicto es enorme: todas las ONGs se han marchado de la zona, no hay ninguna estructura mínima de gobierno que garantice un poco de orden y control, no funciona ninguna escuela pública y en toda la diócesis, cuya extensión es una quinta parte de España, no hay ni un solo médico.

Es en medio de esta realidad, donde la misión católica, guiada por estos dos obispos combonianos  sigue trabajando por los más pobres y abandonados, intentando poner un poco de esperanza y paz en medio de tanta desolación.

A la pregunta de qué podemos hacer nosotros desde aquí, Mons. Jesús Ruiz nos invitaba a 3 acciones muy concretas:

Primero, la oración continua por estos hermanos/as nuestros y por toda la Iglesia centroafricana, para que se mantenga fiel a su tarea pacificadora y evangelizadora en medio de esta situación tan difícil. A día de hoy, en su diócesis sólo quedan 6 religiosas y unos pocos sacerdotes que hacen muy difícil atender tantas necesidades.

Segundo, visibilizar el problema, “lo que no se visibiliza, no existe”. La guerra de Centroáfrica es una de tantas “guerras olvidadas” que hay en el planeta. Como hijos de Comboni, hemos de hacer presente la realidad de los pueblos de África en medio de nuestra sociedad y denunciar las injusticias a las que se ven sometidos.

Y tercero, cambiar nuestra mirada.  Es fundamental que cambiemos la manera de mirar al que viene de fuera, al que es diferente. Darnos cuenta de que no es una amenaza sino una riqueza y una oportunidad para tejer lazos de fraternidad.

Termino rescatando un pequeño fragmento de la lectura del profeta Isaías que leímos en la eucaristía que compartimos y que resume la esperanza de todo un pueblo que, a pesar de todas las dificultades, sigue apostando por la VIDA.

Así dice el Señor: “Mirad: yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva: de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear… ya no habrá allí niños malogrados ni adultos que no colmen sus años… Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos.”

Que así sea.

Isidro Jiménez. LMC

 

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“La participación de las mujeres en la Iglesia es germen de vida”

Con motivo del 8 de Marzo, la Asociación de Teólogas Españolas ha realizado un Manifiesto, e invita a todos los colectivos comprometidos en la construcción de una Iglesia de Iguales a sumarse:

​1. Necesitamos hablar de las mujeres y no de “la mujer”

Dios se encarnó para ser un ser humano concreto, una persona histórica particular e irrepetible, Jesús. Su vida, y no otra, sus palabras, y no otras, su muerte y su resurrección son las que nos hacen presentes de forma más íntima y cercana a Dios. El Dios de Jesús no se mueve en las generalidades, que homogenizan y cosifican aquello que pretenden describir. Es por ello que Jesús siempre se dirige a la persona que tiene en frente, la llama por su nombre y la hace lugar de manifestación de Su gracia (Lc. 7, 48-50; 8,43-48…).

En la misma línea, hablar de “la mujer”, como si se tratara de una categoría genérica, en lugar de “las mujeres”, en plural, empequeñece aquello que pretende describir: asume que todas sentimos igual, actuamos igual y vivimos igual. Que una idea general de “la mujer” vale por todas. Se desdibuja así aquello que caracteriza la vida, es decir, la experiencia personal. Y sólo en este espacio, sólo en la experiencia particular de cada mujer y de cada hombre, se hace el Dios de Jesús presente, reconcilia y restaura. La reconciliación no es un principio general y abstracto que afecta poco. Por el contrario, da forma a la vida en su expresión más concreta.

De igual manera que Dios no es una hipótesis, un objeto de estudio al que podamos mover aquí o allí según convenga, tampoco lo son las mujeres: cada una de nosotras es lugar de manifestación de Dios en su vida y experiencias concretas.

2. Somos hijas e hijos de Dios por un mismo bautismo. Hermanas y hermanos en Cristo en discipulado de iguales.

Los relatos de la creación en Gn. 1 y 2 hablan de la creación de ser humano como un ser en relación: desde el principio éste es creado como varón y como mujer. Ninguno de ellos posee al otro ni es la medida del otro: la medida, la imagen, es siempre la de Dios. En este sentido, el ser humano, ya sea varón o mujer, expresa su ser imagen de Dios cuando reconoce y aprecia la existencia de otros (ya sea de Dios, ya sea de sus iguales, hombres y mujeres).

Hombre y mujer no somos fragmentos, pareja de opuestos, que expresen juntos la imagen de Dios, como dos piezas de un puzzle que encajan para reflejar una imagen superior, sino que a través del bautismo hemos sido marcados para llevar a la plenitud la humanidad que nos habita a cada uno, sin depender o complementar unos a otros o hacer diferencias y discriminaciones, porque es Cristo el que nos dignifica haciéndonos hermanas y hermanos frente a Dios.

Por eso en el reconocimiento de la valía y dignidad del hombre a la mujer y de la mujer al hombre nos constituimos en cuerpo de Cristo, Iglesia diversa y en camino, empujados por la fuerza del Espíritu (Rom 8,14). Todos somos hijos e hijas de Dios por igual (2Co 5,17, Gal 3, 27-28), recreados a su imagen (2Co 3,18). Todos somos pueblo de Dios (1Pe 2,9).

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