LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI


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La aventura del saber: Palabra de Aguirre

En el día en que celebramos el aniversario de la proclamación de la Declaración de los Derechos Humanos, queremos compartir con todos vosotros el testimonio de Mons. Juanjo Aguirre en el que nos describe la situación en la que viven a diario miles de personas de la República Centroafricana. Su última y desconocida peripecia ha sido salvar la vida a más de dos mil personas que se tuvieron que refugiar en la mezquita de Bangassou para escapar del ataque de la guerrilla antibalaka. Tras conseguir sacarlos de la mezquita, Aguirre los ha acogido y se ha improvisado un campo de refugiados.

 

http://rtve.es/v/4883489


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Mes Misionero Extraordinario de octubre de 2019: presentación del sitio web, la guía y el vídeo

El pasado 30 de noviembre se presentó en Roma la web http://www.october2019.va “creada para promover y animar la celebración del mes misionero extraordinario d que se celebrará en 2019.

Esta web, posee numerosos contenidos multimedia que serán útiles para inspirar un tiempo de oración y reflexión sobre la missio ad gentes a la que están llamados todos los cristianos.

En el sitio de Internet hay varias secciones. En primer lugar, están los textos del Magisterio y de las Obras Misionales Pontificias sobre el tema misionero. Otras secciones están dedicadas a los “Testigos”, con historias de beatos, santos y mártires de ayer y de hoy; y a la “Formación”, con textos útiles para la animación misionera. La sección “Voces del mundo” recoge testimonios de los misioneros y responsables de las OMP de distintos países.

 

En la página web también se puede consultar la “Guía” especial sobre el tema “Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo”. El texto, creado por iniciativa de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y de las Obras Misionales Pontificias, recopila contribuciones de todo el mundo y está dirigido a los cristianos de todo el mundo. El objetivo es proporcionar a las diócesis individuales el material necesario para la formación y animación misionera, inspirando la creatividad de las Iglesias locales para abordar los desafíos inherentes a la evangelización a partir de la missio ad gentes y su contexto. Las partes que componen la Guía corresponden a las dimensiones espirituales que indicó el Papa al decretar el Mes Misionero Extraordinario: el encuentro personal con Jesucristo vivo en la Iglesia, el testimonio de los santos y mártires de la misión, la formación catequética de la misión y la caridad misionera.

El texto está publicado en inglés, italiano, francés, español y portugués. Actualmente, el sitio está disponible pero por el momento solo se puede descargar la versión italiana de la Guía, en formato PDF. A finales de 2018 estará en los otros 4 idiomas y, en febrero de 2019, se publicará en papel.

El logotipo diseñado para el MME presenta una cruz misionera, cuyos colores recuerdan los cinco continentes, y es luminosa, llena de color, además de signo de victoria y resurrección. El mundo es transparente, porque la acción de la evangelización no tiene barreras ni límites: es el fruto del Espíritu Santo. Las palabras “bautizados y enviados”, que acompañan a la imagen, indican los dos elementos característicos de cada cristiano, el bautismo y el anuncio.

También se ha realizado un video institucional sobre el MME que se puede ver en el sitio web, y que versa sobre el significado de la misión de hoy, un viaje a través del mundo: Asia, Sri Lanka; América, Ecuador; Tierra Santa; América, México y Estados Unidos; África, Ghana, Kenia, Tanzania y Uganda; Oceanía, Australia; y Asia, Japon.
(SL) (Agencia Fides 30/11/2018)


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ADVIENTO MISIONERO: CAMINO DE BELÉN

El Adviento es un tiempo de camino, espera y esperanza: nos prepara para acoger al primer misionero, el Niño Jesús, y para continuar con esta cadena misionera anunciando a los demás la alegría de su presencia entre nosotros.

Obras Misionales Pontificias propone vivir este tiempo de Adviento en clave misionera. En el contexto del proyecto de Infancia Misionera “Con Jesús Niño a la misión”, el Adviento Misionero nos invita a avanzar hacia la Navidad al compás que van marcando los domingos del tiempo de Adviento, siguiendo a la vez el caminar de María y José hacia Belén.

Para ello ofrecemos propuestas y recursos misioneros, para cada semana de Adviento, pensados de manera especial para trabajar con los niños. Todos ellos pueden ayudar a vivir este tiempo alimentando el compromiso misionero de los niños y preparándoles para vivir el verdadero sentido de la Navidad.

“Camino a Belén” es una propuesta para celebrar cada semana del tiempo de Adviento en clave misionera. Se proponen tres propuestas: reflexión, compromiso y oración para los niños para recibir en nuestros corazones a Jesús.

http://www.omp.es/pdfs/InfanciaMisionera/proyectoIM/2018-2019/jornadanoviembre.pdf

 

 


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II Jornada Mundial de los pobres 2018

El próximo domingo 18 de noviembre se celebra en toda la Iglesia la II jornada mundial de los pobres.

Una jornada en la que Papa nos invita “a los hermanos obispos, a los sacerdotes y en particular a los diáconos, a quienes se les impuso las manos para el servicio de los pobres (cf. Hch 6, 1-7), junto con las personas consagradas y con tantos laicos y laicas que en las parroquias, en las asociaciones y en los movimientos hacen tangible la respuesta de la Iglesia al grito de los pobres, a que vivan esta Jornada Mundial como un momento privilegiado de nueva evangelización. Los pobres nos evangelizan, ayudándonos a descubrir cada día la belleza del Evangelio. No echemos en saco roto esta oportunidad de gracia. Sintámonos todos, en este día, deudores con ellos, para que tendiendo recíprocamente las manos, uno hacia otro, se realice el encuentro salvífico que sostiene la fe, hace activa la caridad y permite que la esperanza prosiga segura en el camino hacia el Señor que viene”.

A continuación  os dejamos el mensaje del papa para esta jornada.

Este pobre gritó y el Señor lo escuchó

1. «Este pobre gritó y el Señor lo escuchó» (Sal 34,7). Las palabras del salmista las hacemos nuestras desde el momento en el que también nosotros estamos llamados a ir al encuentro de las diversas situaciones de sufrimiento y marginación en la que viven tantos hermanos y hermanas, que habitualmente designamos con el término general de “pobres”. Quien ha escrito esas palabras no es ajeno a esta condición, sino más bien al contrario. Él ha experimentado directamente la pobreza y, sin embargo, la transforma en un canto de alabanza y de acción de gracias al Señor. Este salmo nos permite también hoy a nosotros, rodeados de tantas formas de pobreza, comprender quiénes son los verdaderos pobres, a los que estamos llamados a dirigir nuestra mirada para escuchar su grito y reconocer sus necesidades.

Se nos dice, ante todo, que el Señor escucha a los pobres que claman a él y que es bueno con aquellos que buscan refugio en él con el corazón destrozado por la tristeza, la soledad y la exclusión. Escucha a todos los que son atropellados en su dignidad y, a pesar de ello, tienen la fuerza de alzar su mirada al cielo para recibir luz y consuelo. Escucha a aquellos que son perseguidos en nombre de una falsa justicia, oprimidos por políticas indignas de este nombre y atemorizados por la violencia; y aun así saben que Dios es su Salvador. Lo que surge de esta oración es ante todo el sentimiento de abandono y confianza en un Padre que escucha y acoge. A la luz de estas palabras podemos comprender más plenamente lo que Jesús proclamó en las bienaventuranzas: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3).

En virtud de esta experiencia única y, en muchos sentidos, inmerecida e imposible de describir por completo, nace el deseo de contarla a otros, en primer lugar a los que, como el salmista, son pobres, rechazados y marginados. Nadie puede sentirse excluido del amor del Padre, especialmente en un mundo que con frecuencia pone la riqueza como primer objetivo y hace que las personas se encierren en sí mismas.

2. El salmo describe con tres verbos la actitud del pobre y su relación con Dios. Ante todo, “gritar”. La condición de pobreza no se agota en una palabra, sino que se transforma en un grito que atraviesa los cielos y llega hasta Dios. ¿Qué expresa el grito del pobre si no es su sufrimiento y soledad, su desilusión y esperanza? Podemos preguntarnos: ¿Cómo es que este grito, que sube hasta la presencia de Dios, no consigue llegar a nuestros oídos, dejándonos indiferentes e impasibles? En una Jornada como esta, estamos llamados a hacer un serio examen de conciencia para darnos cuenta de si realmente hemos sido capaces de escuchar a los pobres.

Lo que necesitamos es el silencio de la escucha para poder reconocer su voz. Si somos nosotros los que hablamos mucho, no lograremos escucharlos. A menudo me temo que tantas iniciativas, aun siendo meritorias y necesarias, están dirigidas más a complacernos a nosotros mismos que a acoger el clamor del pobre. En tal caso, cuando los pobres hacen sentir su voz, la reacción no es coherente, no es capaz de sintonizar con su condición. Estamos tan atrapados por una cultura que obliga a mirarse al espejo y a preocuparse excesivamente de sí mismo, que pensamos que basta con un gesto de altruismo para quedarnos satisfechos, sin tener que comprometernos directamente.

3. El segundo verbo es “responder”. El salmista dice que el Señor, no solo escucha el grito del pobre, sino que le responde. Su respuesta, como se muestra en toda la historia de la salvación, es una participación llena de amor en la condición del pobre. Así ocurrió cuando Abrahán manifestó a Dios su deseo de tener una descendencia, a pesar de que él y su mujer Sara, ya ancianos, no tenían hijos (cf. Gn 15,1-6). También sucedió cuando Moisés, a través del fuego de una zarza que ardía sin consumirse, recibió la revelación del nombre divino y la misión de hacer salir al pueblo de Egipto (cf. Ex 3,1-15). Y esta respuesta se confirmó a lo largo de todo el camino del pueblo por el desierto, cuando sentía el mordisco del hambre y de la sed (cf. Ex 16,1-16; 17,1-7), y cuando caían en la peor miseria, es decir, la infidelidad a la alianza y la idolatría (cf. Ex 32,1-14).

La respuesta de Dios al pobre es siempre una intervención de salvación para curar las heridas del alma y del cuerpo, para restituir justicia y para ayudar a reemprender la vida con dignidad. La respuesta de Dios es también una invitación a que todo el que cree en él obre de la misma manera, dentro de los límites humanos. La Jornada Mundial de los Pobres pretende ser una pequeña respuesta que la Iglesia entera, extendida por el mundo, dirige a los pobres de todo tipo y de cualquier lugar para que no piensen que su grito se ha perdido en el vacío. Probablemente es como una gota de agua en el desierto de la pobreza; y sin embargo puede ser un signo de cercanía para cuantos pasan necesidad, para que sientan la presencia activa de un hermano o una hermana. Lo que no necesitan los pobres es un acto de delegación, sino el compromiso personal de aquellos que escuchan su clamor. La solicitud de los creyentes no puede limitarse a una forma de asistencia —que es necesaria y providencial en un primer momento—, sino que exige esa «atención amante» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 199), que honra al otro como persona y busca su bien.

4. El tercer verbo es “liberar”. El pobre de la Biblia vive con la certeza de que Dios interviene en su favor para restituirle la dignidad. La pobreza no es algo buscado, sino que es causada por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la injusticia. Males tan antiguos como el hombre, pero que son siempre pecados, que afectan a tantos inocentes, produciendo consecuencias sociales dramáticas. La acción con la que el Señor libera es un acto de salvación para quienes le han manifestado su propia tristeza y angustia. Las cadenas de la pobreza se rompen gracias a la potencia de la intervención de Dios. Tantos salmos narran y celebran esta historia de salvación que se refleja en la vida personal del pobre: «[El Señor] no ha sentido desprecio ni repugnancia hacia el pobre desgraciado; no le ha escondido su rostro: cuando pidió auxilio, lo escuchó» (Sal 22,25). Poder contemplar el rostro de Dios es signo de su amistad, de su cercanía, de su salvación. Te has fijado en mi aflicción, velas por mi vida en peligro; […] me pusiste en un lugar espacioso (cf. Sal31,8-9). Ofrecer al pobre un “lugar espacioso” equivale a liberarlo de la “red del cazador” (cf. Sal 91,3), a alejarlo de la trampa tendida en su camino, para que pueda caminar libremente y mirar la vida con ojos serenos. La salvación de Dios adopta la forma de una mano tendida hacia el pobre, que acoge, protege y hace posible experimentar la amistad que tanto necesita. A partir de esta cercanía, concreta y tangible, comienza un genuino itinerario de liberación: «Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 187).

5. Me conmueve saber que muchos pobres se han identificado con Bartimeo, del que habla el evangelista Marcos (cf. 10,46-52). El ciego Bartimeo «estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna» (v. 46), y habiendo escuchado que Jesús pasaba «empezó a gritar» y a invocar al «Hijo de David» para que tuviera piedad de él (cf. v. 47). «Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más fuerte» (v. 48). El Hijo de Dios escuchó su grito: «“¿Qué quieres que haga por ti?”. El ciego le contestó: “Rabbunì, que recobre la vista”» (v. 51). Esta página del Evangelio hace visible lo que el salmo anunciaba como promesa. Bartimeo es un pobre que se encuentra privado de capacidades fundamentales, como son la de ver y trabajar. ¡Cuántas sendas conducen también hoy a formas de precariedad! La falta de medios básicos de subsistencia, la marginación cuando ya no se goza de la plena capacidad laboral, las diversas formas de esclavitud social, a pesar de los progresos realizados por la humanidad… Cuántos pobres están también hoy al borde del camino, como Bartimeo, buscando dar un sentido a su condición. Muchos se preguntan cómo han llegado hasta el fondo de este abismo y cómo poder salir de él. Esperan que alguien se les acerque y les diga: «Ánimo. Levántate, que te llama» (v. 49).

Por el contrario, lo que lamentablemente sucede a menudo es que se escuchan las voces del reproche y las que invitan a callar y a sufrir. Son voces destempladas, con frecuencia determinadas por una fobia hacia los pobres, a los que se les considera no solo como personas indigentes, sino también como gente portadora de inseguridad, de inestabilidad, de desorden para las rutinas cotidianas y, por lo tanto, merecedores de rechazo y apartamiento. Se tiende a crear distancia entre los otros y uno mismo, sin darse cuenta de que así nos distanciamos del Señor Jesús, quien no solo no los rechaza sino que los llama a sí y los consuela. En este caso, qué apropiadas se nos muestran las palabras del profeta sobre el estilo de vida del creyente: «Soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo» (Is 58,6-7). Este modo de obrar permite que el pecado sea perdonado (cf. 1P 4,8), que la justicia recorra su camino y que, cuando seamos nosotros los que gritemos al Señor, entonces él nos responderá y dirá: ¡Aquí estoy! (cf. Is 58, 9).

6. Los pobres son los primeros capacitados para reconocer la presencia de Dios y dar testimonio de su proximidad en sus vidas. Dios permanece fiel a su promesa, e incluso en la oscuridad de la noche no deja que falte el calor de su amor y de su consolación. Sin embargo, para superar la opresiva condición de pobreza es necesario que ellos perciban la presencia de los hermanos y hermanas que se preocupan por ellos y que, abriendo la puerta de su corazón y de su vida, los hacen sentir familiares y amigos. Solo de esta manera podremos «reconocer la fuerza salvífica de sus vidas» y «ponerlos en el centro del camino de la Iglesia» (Exhort. apost. Evangelii gaudium, 198).

En esta Jornada Mundial estamos invitados a concretar las palabras del salmo: «Los pobres comerán hasta saciarse» (Sal 22,27). Sabemos que tenía lugar el banquete en el templo de Jerusalén después del rito del sacrificio. Esta ha sido una experiencia que ha enriquecido en muchas Diócesis la celebración de la primera Jornada Mundial de los Pobres del año pasadoMuchos encontraron el calor de una casa, la alegría de una comida festiva y la solidaridad de cuantos quisieron compartir la mesa de manera sencilla y fraterna. Quisiera que también este año, y en el futuro, esta Jornada se celebrara bajo el signo de la alegría de redescubrir el valor de estar juntos. Orar juntos en comunidad y compartir la comida en el domingo. Una experiencia que nos devuelve a la primera comunidad cristiana, que el evangelista Lucas describe en toda su originalidad y sencillez: «Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. [….] Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,42.44-45).

7. Son innumerables las iniciativas que diariamente emprende la comunidad cristiana como signo de cercanía y de alivio a tantas formas de pobreza que están ante nuestros ojos. A menudo, la colaboración con otras iniciativas, que no están motivadas por la fe sino por la solidaridad humana, nos permite brindar una ayuda que solos no podríamos realizar. Reconocer que, en el inmenso mundo de la pobreza, nuestra intervención es también limitada, débil e insuficiente, nos lleva a tender la mano a los demás, de modo que la colaboración mutua pueda lograr su objetivo con más eficacia. Nos mueve la fe y el imperativo de la caridad, aunque sabemos reconocer otras formas de ayuda y de solidaridad que, en parte, se fijan los mismos objetivos; pero no descuidemos lo que nos es propio, a saber, llevar a todos hacia Dios y hacia la santidad. Una respuesta adecuada y plenamente evangélica que podemos dar es el diálogo entre las diversas experiencias y la humildad en el prestar nuestra colaboración sin ningún tipo de protagonismo.

En relación con los pobres, no se trata de jugar a ver quién tiene el primado en el intervenir, sino que con humildad podamos reconocer que el Espíritu suscita gestos que son un signo de la respuesta y de la cercanía de Dios. Cuando encontramos el modo de acercarnos a los pobres, sabemos que el primado le corresponde a él, que ha abierto nuestros ojos y nuestro corazón a la conversión. Lo que necesitan los pobres no es protagonismo, sino ese amor que sabe ocultarse y olvidar el bien realizado. Los verdaderos protagonistas son el Señor y los pobres. Quien se pone al servicio es instrumento en las manos de Dios para que se reconozca su presencia y su salvación. Lo recuerda san Pablo escribiendo a los cristianos de Corinto, que competían ente ellos por los carismas, en busca de los más prestigiosos: «El ojo no puede decir a la mano: “No te necesito”; y la cabeza no puede decir a los pies: “No os necesito”» (1 Co 12,21). El Apóstol hace una consideración importante al observar que los miembros que parecen más débiles son los más necesarios (cf. v. 22); y que «los que nos parecen más despreciables los rodeamos de mayor respeto; y los menos decorosos los tratamos con más decoro; mientras que los más decorosos no lo necesitan» (vv. 23-24). Pablo, al mismo tiempo que ofrece una enseñanza fundamental sobre los carismas, también educa a la comunidad a tener una actitud evangélica con respecto a los miembros más débiles y necesitados. Los discípulos de Cristo, lejos de albergar sentimientos de desprecio o de pietismo hacia ellos, están más bien llamados a honrarlos, a darles precedencia, convencidos de que son una presencia real de Jesús entre nosotros. «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40).

8. Aquí se comprende la gran distancia que hay entre nuestro modo de vivir y el del mundo, el cual elogia, sigue e imita a quienes tienen poder y riqueza, mientras margina a los pobres, considerándolos un desecho y una vergüenza. Las palabras del Apóstol son una invitación a darle plenitud evangélica a la solidaridad con los miembros más débiles y menos capaces del cuerpo de Cristo: «Y si un miembro sufre, todos sufren con él; si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26). Siguiendo esta misma línea, así nos exhorta en la Carta a los Romanos: «Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran. Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde» (12,15-16). Esta es la vocación del discípulo de Cristo; el ideal al que aspirar con constancia es asimilar cada vez más en nosotros los «sentimientos de Cristo Jesús» (Flp 2,5).

9. Una palabra de esperanza se convierte en el epílogo natural al que conduce la fe. Con frecuencia, son precisamente los pobres los que ponen en crisis nuestra indiferencia, fruto de una visión de la vida excesivamente inmanente y atada al presente. El grito del pobre es también un grito de esperanza con el que manifiesta la certeza de que será liberado. La esperanza fundada en el amor de Dios, que no abandona a quien confía en él (cf. Rm 8,31-39). Así escribía santa Teresa de Ávila en su Camino de perfección: «La pobreza es un bien que encierra todos los bienes del mundo. Es un señorío grande. Es señorear todos los bienes del mundo a quien no le importan nada» (2,5). En la medida en que sepamos discernir el verdadero bien, nos volveremos ricos ante Dios y sabios ante nosotros mismos y ante los demás. Así es: en la medida en que se logra dar a la riqueza su sentido justo y verdadero, crecemos en humanidad y nos hacemos capaces de compartir.

10. Invito a los hermanos obispos, a los sacerdotes y en particular a los diáconos, a quienes se les impuso las manos para el servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-7), junto con las personas consagradas y con tantos laicos y laicas que en las parroquias, en las asociaciones y en los movimientos, hacen tangible la respuesta de la Iglesia al grito de los pobres, a que vivan esta Jornada Mundial como un momento privilegiado de nueva evangelización. Los pobres nos evangelizan, ayudándonos a descubrir cada día la belleza del Evangelio. No echemos en saco roto esta oportunidad de gracia. Sintámonos todos, en este día, deudores con ellos, para que tendiendo recíprocamente las manos unos a otros, se realice el encuentro salvífico que sostiene la fe, vuelve operosa la caridad y permite que la esperanza prosiga segura en su camino hacia el Señor que llega.

Vaticano, 13 de junio de 2018
Memoria litúrgica de san Antonio de Padua

Francisco

 


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Semana del DOMUND en Sevilla

Domund 2018Como cada año se moviliza la Iglesia en torno a la misión en el mes de octubre. Un momento privilegiado para acercarnos a colegios, institutos, parroquias… Siempre con la esperanza de que el resto del año la misión también sea importante y de que aquello que humildemente sembramos vaya dando su fruto. Aunque sabemos que eso no depende tanto de nosotros.

Este año tuve la oportunidad de asistir a varios lugares, a través de la delegación de misiones nos contactaron y posibilitaron acercarnos a varios lugares.

Por un lado a un instituto del Aljarafe donde compartí un par de días con los jóvenes de ESO y bachillerato.

A veces es difícil en estas edades saber qué quiere ser uno de mayor. Cuando se les habla de vocación es algo que todavía es confuso para ellos pero sí que me parece algo fundamental a plantear.

Estudiar con una finalidad, poner nuestros estudios al servicio de la sociedad y no de nuestros bolsillos o los de otros. Pensar en un mundo diferente y ser protagonista de este cambio.

Por ahí va el lema del Domund de este año.

Si no nos gustan algunas cosas del mundo que nos rodea, si nos parece injusto en muchas cosas,… está en nuestra mano cambiarlo. Me parece que es un mensaje que los jóvenes deben hacer suyo. No nos podemos conformar, pensar que solo estamos llamados a buscar un trabajo que nos permita sobrevivir.

Domund 2018El Domund es la posibilidad de abrir una ventana al mundo. De entender cómo viven muchas de las personas que nunca apareen en la televisión, de dar valor a lo importante, de mostrar las riquezas de la humanidad que no son las materiales sino las de sus gentes.

Es tiempo de cuestionar para que cada uno pueda reflexionar sobre su vida, sus opciones vitales, lo que escogemos y cómo queremos el futuro de la humanidad.

También estuve por el centro de la ciudad hablando en otro centro con jóvenes de 4º de la ESO, así como con niños y niñas de primaria. A cada uno según su nivel. También a los niños y niñas de primaria es importante hacerles entender las desigualdades injustas de este mundo. Que cada uno podemos hacer algo para tener un mundo mejor, donde reine la amistad, la preocupación por el otro…

Por último comentaré que también nos llamaron para hablar con los sacerdotes y diáconos de uno de los arciprestazgos de la ciudad. Se estaban preparando también con formación permanente de cara a este domingo mundial de las misiones. Es algo para lo que no nos suelen llamar pero me pareció una oportunidad para dialogar. Para pensar si la misión es algo de un domingo al año o el centro y esencia de nuestra Iglesia. Les animé a que aprovecharan la oportunidad para todo el año, para plantear una parroquia misionera, donde la misión ayude a dar una vuelta a la propia comunidad, a ser más responsable y consecuente con su fe. Invitar también al protagonismo de los laicos en las comunidades, al apoyo de las comunidades a nuestros misioneros siendo así participes, junto con los que son enviados, de la misión universal de la Iglesia que es la misión de Dios para el mundo.

Ahí también intentamos sembrar, el Señor también tendrá que poner de su parte.

Por eso rezamos, seguimos pidiendo la oración de todos durante todo el año así como el apoyo económico y vocacional para que nuestra Iglesia y la de todo el mundo siga enviando muchas misioneras y misioneros allá donde son tan necesarios.

Domund 2018

Un abrazo

Alberto