LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI


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“Los Laicos Misioneros no están en el banquillo”

La LMC Carmen Aranda (a la izquierda) junto con Dolores Agúndez, laica de la Sociedad de Misiones Africanas en la rueda de prensa de presentación del DOMUND 2018

Los laicos han tenido un protagonismo especial en la presentación de la Jornada Mundial de las Misiones, el Domund. De hecho, de los tres misioneros que ofrecieron su testimonio, dos eran laicas: Carmen Aranda, laica comboniana, misionera en Uganda; y Dolores Agúndez, laica de la Sociedad de Misiones Africanas, que entrega su vida en Níger. A ello se refirió el subdirector nacional de Obras Misionales Pontificias, José María Calderón, cuando dijo que «a cada vez hay más misioneros laicos y más familias que salen a las misiones» y que, además, «no lo hacen por la falta de sacerdotes, como si estuvieran «en el banquillo de reserva de la Iglesia», sino porque reciben «una llamada especial del Señor».

Los tres misioneros que acompañaron a Calderón coincidieron en afirmar que el papel de los laicos en la misión es insustituible. Patricio, sacerdote misionero en Honduras, contó su experiencia con cientos de voluntarios que acuden cada año como voluntarios a Honduras, algunos que fueron por unos meses y llevan ya años en la misión. Como una arquitecta de Ciudad Real, que iba por dos meses y lleva seis años trabajando en la integración de personas con discapacidad; o Emilio, un prejubilado de Pamplona que ha puesto en marcha un taller de confección donde trabajan 14 personas.

Carmen afirmó, en este sentido, que es «laica misionera comboniana hasta el final», porque los laicos «son una nueva realidad» y la misión la tenemos que «construir entre todos». Lola, por su parte, comprobó cuánto podía aportar como laica y profesional en Níger. Aunque en un principio pensó que Dios la llamaba a «dejarlo todo», los sacerdotes de la Sociedad de Misiones Africanas le aconsejaron que viera qué podía hacer como profesional en África. Y allí «las piezas del puzzle fueron encajando» y vio cómo su experiencia como ingeniera forestal le permitía contribuir al desarrollo agrícola de la zona, para mejorar su situación alimentaria. En Níger, Lola ha comprobado como sacerdotes y laicos «estamos haciendo juntos la misión».

En lo que respecta a los datos, el subdirector de OMP recuerdó que la mitad de la población mundial está en territorios de misión, para los que España aportó en 2018 un total de 11,7 millones de euros. «El Domund es el momento más importante para dar a conocer la belleza y grandeza de la vocación misionera que han recibido 12.000 españoles», dijo Calderón, que. tuvo un recuerdo para Anastasio Gil ‒director nacional de OMP hasta su fallecimiento el pasado 7 de septiembre‒, y reconoció que «esta es la última jornada organizada por él».

Alfa y Omega


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Rueda de prensa DOMUND 2018

Nuestra compañera Carmen Aranda (2ª por la derecha), participando en la Rueda de prensa del Domund 2018.

En España hay 12.000 Misioneros españoles que con su entrega y con el anuncio del Evangelio, cambian la historia de cientos de personas.
España es el país que más misioneros envía. El 55% de los misioneros son mujeres y en su mayoría religiosas.

DOMUND’18 “Cambia el mundo”

 


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Vídeo del Domund 2018: “Una historia de muchas historias”

Un año más, Obras Misionales Pontificias lanza el vídeo institucional del Domund, que abandera la campaña de apoyo a los misioneros en la Iglesia española.

Este año pone en escena el caso de un misionero español real que consigue cambiar la historia de muchas personas con el Evangelio. Estas, a su vez, transformarán la vida de los que les rodean. Es una muestra de que el cambio del mundo es posible. Este misionero es un ejemplo que representa a todos los misioneros del mundo, en especial a los 12.000 misioneros españoles.

En el vídeo se nos presentan varias historias reales de personas que han visto transformadas sus vidas gracias al encuentro con el misionero Patricio Larrosa. Los protagonistas del vídeo Domund 2018 son la muestra viva de que el anuncio del Evangelio que hacen los misioneros es capaz de transformar vidas, y dar futuro y esperanza a un pueblo.

Para facilitar la presentación y el trabajo con este vídeo OMP España ofrece un guión pedagógico que puede descargar aquí


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Los misioneros cambian el mundo

Los misioneros y misioneras son el ejemplo de que el cambio del mundo es posible y urgente . Con su entrega y con el anuncio del Evangelio, ellos cambian la historia de cientos de personas. Personas transformadas que transforman otras vidas. Es un cambio silencioso, a largo plazo, que empieza ahora, y que mueve el mundo.

Todos los cristianos por el bautismo somos misioneros y estamos llamados a salir y anunciar el Evangelio.
Muchos de ellos son enviados a anunciarlo fuera de su país de origen, en lo que se conoce como “misión ad gentes”. España es el país que más misioneros envía: 12.000 misioneros/as.

La celebración del DOMUND nos invita a renovar nuestro compromiso misionero de  anunciar la Buena Noticia de Jesús en medio de nuestro mundo. ¿Te apuntas?


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MENSAJE DEL PAPA PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES “Junto a los jóvenes, llevemos el Evangelio a todos”

A lo largo de las próximas semanas iremos compartiendo algunos de los materiales que las OMP han elaborado para la campaña del DOMUND de este año con el fin de prepararnos para celebrar esta jornada misionera.

Comenzamos en esta entrada con el mensaje del papa Francisco para el DOMUND 2018  en el que nos inivta a unirnos a los jóvenes para llevar el Evangelio a todos.

MENSAJE DEL PAPA PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES

“Junto a los jóvenes, llevemos el Evangelio a todos”

Queridos jóvenes, deseo reflexionar con vosotros sobre la misión que Jesús nos ha confiado. Dirigiéndome a vosotros lo hago también a todos los cristianos que viven en la Iglesia la aventura de su existencia como hijos de Dios. Lo que me impulsa a hablar a todos, dialogando con vosotros, es la certeza de que la fe cristiana permanece siempre joven cuando se abre a la misión que Cristo nos confía. «La misión refuerza la fe», escribía san Juan Pablo II (Carta enc. Redemptoris missio, 2), un Papa que tanto amaba a los jóvenes y que se dedicó mucho a ellos.

El Sínodo que celebraremos en Roma el próximo mes de octubre, mes misionero, nos ofrece la oportunidad de comprender mejor, a la luz de la fe, lo que el Señor Jesús os quiere decir a los jóvenes y, a través de vosotros, a las comunidades cristianas.

La vida es una misión

Cada hombre y mujer es una misión, y esta es la razón por la que se encuentra viviendo en la tierra. Ser atraídos y ser enviados son los dos movimientos que nuestro corazón, sobre todo cuando es joven en edad, siente como fuerzas interiores del amor que prometen un futuro e impulsan hacia adelante nuestra existencia. Nadie mejor que los jóvenes percibe cómo la vida sorprende y atrae. Vivir con alegría la propia responsabilidad ante el mundo es un gran desafío. Conozco bien las luces y sombras del ser joven, y, si pienso en mi juventud y en mi familia, recuerdo lo intensa que era la esperanza en un futuro mejor. El hecho de que estemos en este mundo sin una previa decisión nuestra, nos hace intuir que hay una iniciativa que nos precede y nos llama a la existencia. Cada uno de nosotros está llamado a reflexionar sobre esta realidad: «Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 273).

 Os anunciamos a Jesucristo

La Iglesia, anunciando lo que ha recibido gratuitamente (cf. Mt 10,8; Hch 3,6), comparte con vosotros, jóvenes, el camino y la verdad que conducen al sentido de la existencia en esta tierra. Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros, se ofrece a nuestra libertad y la mueve a buscar, descubrir y anunciar este sentido pleno y verdadero. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de Cristo y de su Iglesia. En ellos se encuentra el tesoro que llena de alegría la vida. Os lo digo por experiencia: gracias a la fe he encontrado el fundamento de mis anhelos y la fuerza para realizarlos. He visto mucho sufrimiento, mucha pobreza, desfigurar el rostro de tantos hermanos y hermanas. Sin embargo, para quien está con Jesús, el mal es un estímulo para amar cada vez más. Por amor al Evangelio, muchos hombres y mujeres, y muchos jóvenes, se han entregado generosamente a sí mismos, a veces hasta el martirio, al servicio de los hermanos. De la cruz de Jesús aprendemos la lógica divina del ofrecimiento de nosotros mismos (cf. 1 Co 1,17-25), como anuncio del Evangelio para la vida del mundo (cf. Jn 3,16). Estar inflamados por el amor de Cristo consume a quien arde y hace crecer, ilumina y vivifica a quien se ama (cf. 2 Co 5,14). Siguiendo el ejemplo de los santos, que nos descubren los amplios horizontes de Dios, os invito a preguntaros en todo momento: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?».

 

 Transmitir la fe hasta los confines de la tierra

También vosotros, jóvenes, por el Bautismo sois miembros vivos de la Iglesia, y juntos tenemos la misión de llevar a todos el Evangelio. Vosotros estáis abriéndoos a la vida. Crecer en la gracia de la fe, que se nos transmite en los sacramentos de la Iglesia, nos sumerge en una corriente de multitud de generaciones de testigos, donde la sabiduría del que tiene experiencia se convierte en testimonio y aliento para quien se abre al futuro. Y la novedad de los jóvenes se convierte, a su vez, en apoyo y esperanza para quien está cerca de la meta de su camino. En la convivencia entre los hombres de distintas edades, la misión de la Iglesia construye puentes inter-generacionales, en los cuales la fe en Dios y el amor al prójimo constituyen factores de unión profunda.

Esta transmisión de la fe, corazón de la misión de la Iglesia, se realiza por el “contagio” del amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento del sentido y la plenitud de la vida. La propagación de la fe por atracción exige corazones abiertos, dilatados por el amor. No se puede poner límites al amor: fuerte como la muerte es el amor (cf. Ct 8,6). Y esa expansión crea el encuentro, el testimonio, el anuncio; produce la participación en la caridad con todos los que están alejados de la fe y se muestran ante ella indiferentes, a veces opuestos y contrarios. Ambientes humanos, culturales y religiosos todavía ajenos al Evangelio de Jesús y a la presencia sacramental de la Iglesia representan las extremas periferias, “los confines de la tierra”, hacia donde sus discípulos misioneros son enviados, desde la Pascua de Jesús, con la certeza de tener siempre con ellos a su Señor (cf. Mt 28,20; Hch 1,8). En esto consiste lo que llamamos missio ad gentes. La periferia más desolada de la humanidad necesitada de Cristo es la indiferencia hacia la fe o incluso el odio contra la plenitud divina de la vida. Cualquier pobreza material y espiritual, cualquier discriminación de hermanos y hermanas es siempre consecuencia del rechazo a Dios y a su amor.

Los confines de la tierra, queridos jóvenes, son para vosotros hoy muy relativos y siempre fácilmente “navegables”. El mundo digital, las redes sociales que nos invaden y traspasan, difuminan fronteras, borran límites y distancias, reducen las diferencias. Parece todo al alcance de la mano, todo tan cercano e inmediato. Sin embargo, sin el don comprometido de nuestras vidas, podremos tener miles de contactos pero no estaremos nunca inmersos en una verdadera comunión de vida. La misión hasta los confines de la tierra exige el don de sí en la vocación que nos ha dado quien nos ha puesto en esta tierra (cf. Lc9,23-25). Me atrevería a decir que, para un joven que quiere seguir a Cristo, lo esencial es la búsqueda y la adhesión a la propia vocación.

 Testimoniar el amor

Agradezco a todas las realidades eclesiales que os permiten encontrar personalmente a Cristo vivo en su Iglesia: las parroquias, asociaciones, movimientos, las comunidades religiosas, las distintas expresiones de servicio misionero. Muchos jóvenes encuentran en el voluntariado misionero una forma para servir a los “más pequeños” (cf. Mt 25,40), promoviendo la dignidad humana y testimoniando la alegría de amar y de ser cristianos. Estas experiencias eclesiales hacen que la formación de cada uno no sea solo una preparación para el propio éxito profesional, sino el desarrollo y el cuidado de un don del Señor para servir mejor a los demás. Estas formas loables de servicio misionero temporal son un comienzo fecundo y, en el discernimiento vocacional, pueden ayudaros a decidir el don total de vosotros mismos como misioneros.

Las Obras Misionales Pontificias nacieron de corazones jóvenes, con la finalidad de animar el anuncio del Evangelio a todas las gentes, contribuyendo al crecimiento cultural y humano de tanta gente sedienta de Verdad. La oración y la ayuda material, que generosamente son dadas y distribuidas por las OMP, sirven a la Santa Sede para procurar que quienes las reciben para su propia necesidad puedan, a su vez, ser capaces de dar testimonio en su entorno. Nadie es tan pobre que no pueda dar lo que tiene, y antes incluso lo que es. Me gusta repetir la exhortación que dirigí a los jóvenes chilenos: «Nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie: Le haces falta a mucha gente y esto piénsalo. Cada uno de vosotros piénselo en su corazón: Yo le hago falta a mucha gente» (Encuentro con los jóvenes, Santuario de Maipú, 17 de enero de 2018).

Queridos jóvenes: el próximo octubre misionero, en el que se desarrollará el Sínodo que está dedicado a vosotros, será una nueva oportunidad para hacernos discípulos misioneros, cada vez más apasionados por Jesús y su misión, hasta los confines de la tierra. A María, Reina de los Apóstoles, a los santos Francisco Javier y Teresa del Niño Jesús, al beato Pablo Manna, les pido que intercedan por todos nosotros y nos acompañen siempre.

Francisco
Vaticano, 20 de mayo de 2018,
Solemnidad de Pentecostés