LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI


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MISIONEROS DE FRONTERA

Programa Pueblo de Dios  en el que recordamos las misiones combonianas de Mongoumba (República Centroafricana), Toko-Toko y Manigrí (Benín) con el trabajo impagable por el desarrollo de los pueblos y la dignidad de las personas llevado a cabo por combonianos españoles: Jesús Ruiz, Juan José Tenías y José Girau.

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El Corazón de Jesús: misión de la compasión

Compartimos  con todos vosotros la carta, que con motivo de la celebración de la fiesta del Corazón de Jesús el próximo 8 de junio, envía el Consejo General de los Misioneros Combonianos. Que la  contemplación del Corazón de Jesús nos anime a vivir nuestra vida desde la compasión hacia los más pobres y abandonados de nuestro mundo.

 

EL CORAZÓN DE JESÚS: MISIÓN DE LA COMPASIÓN

Compadecido, extendió su mano y lo tocó diciendo: “Quiero, queda limpio” (Mc 1,41)

Esta acción simple de Jesús está llena de significado y expresa fuertemente su actitud hacia los marginados. Es también un acto de rebelión contra la injusticia basada en un sistema socio-religioso de exclusión. Así, el Padre se revela a nosotros (Col 1,5), en un hijo que, a lo largo de los caminos de Palestina, es capaz de tocar a un leproso para curarlo. Marcos, ya en el primer capítulo, nos revela a Cristo que es capaz de amar, con un corazón que rebosa compasión, la cara visible de Dios que lo ha enviado (Mc 1,1).

La devoción al Corazón de Jesús es, desde los inicios de nuestro Instituto, una fuente de espiritualidad donde nuestra misión está firmemente arraigada. En ella entramos en la intimidad de la persona de Jesús, en sus actitudes, en sus deseos y en la visión del mundo nuevo que anuncian las Bienaventuranzas. Por lo tanto, su contemplación nos revela el núcleo de nuestra vida consagrada: la centralidad del amor de Dios como clave para la lectura de la historia de la salvación. Un amor que se encarna y se define como pasión total por la humanidad (AC 2015, no. 22). Para profundizar este misterio la oración personal es un espacio cualificado porque es un encuentro íntimo con Jesús en la humildad. Se convierte así en una experiencia de perdón, de acogida y de gratuidad, que nos transforma y nos moldea según su Corazón.

El Corazón traspasado del Buen Pastor nos llama a la donación constante de nosotros mismos, con todo lo que somos. La misión es donarse sin esperar nada a cambio, para vaciar nuestra vida por los otros. Esta es nuestra consagración: hacer de nuestra vida un instrumento de la misericordia del Padre encarnado en el carisma dado a Comboni. Nuestra historia, con todas sus limitaciones e inconsistencias, nos deja testimonios imborrables de hermanos que han consumido sus vidas hasta el fin por el Evangelio. Hombres que se han dejado modelar en un ciclo de conversión permanente a través de la experiencia de la relación con el amor del Padre, se convierten en pan para los hambrientos y esperanza para los desesperados (AC 2015, no. 14).

Marcos nos habla de la vida de un hombre que tiene como característica principal la compasión, porque este es el rostro que el Padre ha querido mostrarnos. Su atención a los más pobres se convierte así en un elemento constitutivo de la misión de la Iglesia. Un aspecto claramente presente en Comboni (S 2647). La contemplación del Corazón de Jesús nos empuja a una proximidad particular con los excluidos y nos llama a buscarlos en nuevos ámbitos, donde la vida es marginada. Al mismo tiempo, nuestro estilo de vida, que puede ser un obstáculo para el dinamismo y la flexibilidad de la misión actual, está siendo puesto en discusión. Toda nuestra actividad y reflexión debe venir desde abajo, del contacto con la humanidad crucificada. Esta es la expresión más radical de la donación total del Hijo y todavía está muy presente en algunos de los países donde trabajamos que sufren guerra u otras formas de violencia. Nuestra presencia misionera es un signo del amor que fluye del Corazón de Jesús (RV 3,3).

Comboni, hombre marcado por la experiencia religiosa de su tiempo, ha desarrollado su propia dimensión misionera de la espiritualidad del Corazón de Jesús. El don total del Padre en el Hijo es un signo de amor que nos abre a una nueva esperanza. El Reino es un programa para la liberación de la vida en plenitud (S 3323). Esta profunda convicción lo llevó a recorrer miles de kilómetros a través del Nilo y el desierto, poniendo en peligro su vida porque el Cristo traspasado es también una fuente de vida para los más alejados. La audacia de nuestro Fundador al abrir nuevas fronteras a la evangelización es parte de nuestra espiritualidad y misión. La re-visitación de la Regla de Vida es también una oportunidad para crecer en la pasión por el evangelio en busca de los olvidados.

Los desafíos mundiales actuales hacen que nuestra misión sea urgente. Vivimos tiempos llenos de expectativas y deseos de nuevas estructuras políticas, económicas o sociales. Hay una búsqueda profunda y sincera de sentido, pero fácilmente puede caer en respuestas efímeras que conducen sólo a la alienación o al nihilismo. La locura del Evangelio (1 Cor 1,25) transforma el corazón y el mundo; nuestro Instituto sigue siendo llamado a caminar, con la compasión de Jesús, a tocar a los leprosos de hoy.

La fiesta del sagrado corazón nos de la gracia de seguir creciendo en el amor.

El Consejo General, mccj


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Desde la mitad del mundo

En este día en el que celebramos la Jornada Mundial de las Vocaciones, compartimos con todos vosotros el testimonio de Lucía desde el noviciado de las misioneras combonianas en Quito (Ecuador).

Gracias, Lucía por contagiarnos tu amor y pasión por la misión.

Queridos amigos/as, familia y familia extensa que me ha regalado Dios, ¡Feliz Pascua de Resurrección!

Como ya sabéis algunos (otros quizá todavía no) estoy en el primer año de noviciado de las Religiosas Misioneras Combonianas, en Quito, donde entré oficialmente en el mes de septiembre de 2017. Aquí estaré, si Dios lo quiere (y yo también) hasta septiembre de 2019 más o menos, que es cuando realizaría los votos de consagración al Señor para la misión ad-gentes, dentro de esta Congregación. 

Tengo muchas cosas en mi corazón que quisiera compartir con ustedes, pero voy a detenerme en la reciente experiencia de Semana Santa que viví en la zona noreste del Ecuador, concretamente en un pueblo llamado Sta. Elena. En este pueblo no es común la presencia del sacerdote y solo hay una catequista comprometida, las familias en su mayoría viven del cuidado de grandes fincas y ganado de vacas (un trabajo muy precario y exigente), es una zona rodeada de bellas montañas verdes, clima tropical y algunos mosquitos. Esta ha sido la primera experiencia “misionera” desde que llegué a Ecuador ya que tenemos todos los contenidos de formación en la capital, así como nuestros apostolados.

Habiendo ya regresado de mi experiencia me doy cuenta de nuevo, de lo extensa y grande que es la mies… y sí, los obreros son pocos. Por eso quiero hacer un llamamiento que me surge desde lo profundo: Se necesitan misioneros/as…

– que sean la Iglesia abierta: En el momento que llegamos a Sta. Elena la iglesia que solía permanecer  cerrada, se abrió. Cada mañana, la hermana Elvira se ocupaba de que antes de la oración de laudes, la puerta de la iglesia, bien temprano, se abriera. Se necesitan misioneros que quieran una iglesia abierta que invite a entrar, que atraiga al encuentro de quien en ella mora.

– que sean la Iglesia que se embarra: En las visitas a las casas me di cuenta que hace falta que estemos dispuestos/as a meternos de lleno en la realidad a la que somos enviados/as, sin miedo a perder el lustre de nuestros zapatos. Que soportemos el temporal de un anuncio que no es acogido y acojamos el barro del sufrimiento y el dolor de un pueblo que lucha por el pan de cada día con su sudor y no encuentra en la Iglesia una respuesta a su clamor.

– que apoyen la Iglesia de las mujeres: ¿Quién sostiene la fe en lugares donde no llega el sacerdote ni hay labor pastoral? Las mujeres, que sin mucha teoría se ponen al servicio del Evangelio con lo que tienen y lo que son.

– que sean la Iglesia de los jóvenes y de los niños: En este tiempo en Sta. Elena nos encontramos con muchos niños y jóvenes sedientos de Dios y de conocerle mejor. ¡Cuánto se necesitan misioneros que jueguen! Que se acerquen sin prejuicios a los jóvenes de la cancha, que crean en ellos y les hagan entender que tienen un papel decisivo en la construcción de su comunidad

 – que sean la Iglesia exploradora de la Resurrección: En medio de tanto dolor de familias rotas, explotación laboral, drogadicción, apropiación de tierras, destrucción del medio ambiente, abandono pastoral… Existe la tentación de pensar “¿Hay lugar para la esperanza?” Se necesitan misioneros/as que crean férreamente en el poder transformador de la Resurrección que no obra a lo espectacular ni con grandes signos, sino desde la humildad de gestos cotidianos de solidaridad, perdón, ternura, fuerza de superación, confianza en Dios y en la vida; los cuales están ya presentes en medio del pueblo. Depende de nosotros: ¿Estamos dispuestos a encontrar esa vida escondida que brota como un germen?

Espero que este grito de auxilio desde el otro lado del océano haya podido llegar, aunque sea con interferencias. 

¡Seamos esa Iglesia en salida! Que busque las periferias, ya sea en nuestras propias ciudades o más allá de nuestras fronteras no importa, lo que importa es que escuchemos la llamada y no pongamos más excusas, el Señor vive y nos espera en Galilea. ¡Aleluya!

Os abrazo a todos/as y espero recibir pronto noticias vuestras, ¡Ojalá que también sean de haber visto al Resucitado!

Con inmenso cariño y alegría,

Lucía.


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Día de las familias 2018

El pasado fin de semana celebramos en Granada el día de las Familias. En medio de un ambiente festivo y de encuentro tuvimos la oportunidad de compartir el testimonio misionero  de Julio Ocaña, misionero en Etiopía,  para después celebrar juntos la Eucaristía y un buen rato de sobremesa.

Gracias a todos por participar.

 

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Encuentro Misionero de Jóvenes 2018

El pasado fin de semana unos 150 jóvenes, venidos de 31 diócesis españolas, se encontraron en El Escorial (Madrid)en el XV  Encuentro Misionero de Jóvenes, organizado por Obras Misionales Pontificias.

Desde el viernes por la noche, los asistentes pudieron disfrutar de diferentes experiencias, testimonios y celebraciones que les animaron a reflexionar sobre su vocación misionera y su pasión por la Misión.

Como Familia comboniana también estuvimos presentes con algunos jóvenes del grupo de “combojoven”.

 

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