Comboni Connected: la actualidad de la misión comboniana, también en una app

Con motivo de la fiesta de San Daniel Comboni, llega a Google Play Comboni Connected, una nueva aplicación pensada para llevar la actualidad de comboni.org directamente a tu smartphone.

Disponible para dispositivos Android, la aplicación permite seguir de forma sencilla e inmediata las noticias, iniciativas y testimonios que dan a conocer la vida y la misión de los Misioneros Combonianos en todo el mundo.

Comboni Connected ofrece una selección de los contenidos publicados en el sitio web oficial, disponibles en tres idiomas: italiano, inglés y español. Es una herramienta práctica para mantenerse al día sobre las actividades misioneras, conocer las experiencias de las comunidades y descubrir los numerosos lugares donde el carisma de San Daniel Comboni sigue vivo y dando frutos.

Entre las funciones de la aplicación se encuentra también la posibilidad de compartir fácilmente las publicaciones, contribuyendo así a difundir noticias, historias y experiencias misioneras. Además, al activar las notificaciones, se recibe un aviso cada vez que se publica un nuevo contenido, para no perderse las últimas novedades.

Con Comboni Connected, la comunicación misionera se vuelve aún más accesible y cercana a las personas. Es una manera de permanecer en contacto con la familia comboniana, seguir su compromiso en los distintos continentes y sentirse parte de una misión que continúa construyendo puentes de solidaridad, fraternidad y esperanza.

Lleva contigo la actualidad de la misión comboniana.

¡Descarga Comboni Connected en Google Play y mantente conectado con la misión!

Para descargar la aplicación para Android desde Google Play, haz clic aquí.

Nuevo Equipo Coordinador LMC España

Con ilusión y espíritu misionero, presentamos al nuevo equipo coordinador de los Laicos Misioneros Combonianos de España para los próximos dos años.

Un equipo que, desde la diversidad de dones, experiencias y comunidades, asume el servicio de animar, acompañar e impulsar nuestra misión como LMC en España.

Damos gracias por su disponibilidad y generosidad y les acompañamos con nuestra oración para que el Espíritu siga guiando cada paso de nuestro Movimiento en esta nueva etapa.

De izquierda a derecha: M Carmen Tomás (Sevilla), Faina Toledo (Gran Canaria), Esther Nieto (Granada) y José Mejías (Marbella)

En el día de S. Daniel Comboni, «Pidamos al Buen Pastor que mantenga vivo en nosotros el fuego de la misión»

Mensaje del Consejo General para la fiesta de San Daniel Comboni

Queridos cohermanos:
En la solemnidad de san Daniel Comboni, volvemos a la fuente de nuestra vocación misionera y nos dejamos interpelar nuevamente por el testimonio de nuestro Fundador.

En el Evangelio elegido para la Eucaristía de la Solemnidad de San Daniel Comboni, Jesús nos dice: «Yo soy el buen pastor. El Buen Pastor da la vida por las ovejas» (Jn 10,11). En estas palabras encontramos la clave para comprender la vida de Comboni: una existencia enteramente entregada a Cristo y a la misión, sostenida por una pasión que no se apagó ante las enfermedades, las privaciones, las incomprensiones y las dificultades.

Comboni no vio en África solamente un continente que había que evangelizar, sino hombres y mujeres amados por Dios, rostros concretos con los que encontrarse y vidas a las que servir. Su corazón, conquistado por Cristo, se abrió a los sufrimientos y a las esperanzas de los demás, hasta hacer de ellos la razón de su compromiso misionero. Esta es la pasión que estamos llamados a custodiar y renovar.

No ignoramos las dificultades del presente: somos pocos, nuestras comunidades cambian, las vocaciones escasean y, a veces, el futuro se nos presenta incierto. No debemos ocultar nuestras fragilidades ni fingir que todo es fácil. Pero no podemos olvidar que «la misión es más grande que nuestras fuerzas». La misión no se fundamenta ante todo en nuestros números, nuestras capacidades o nuestros proyectos, sino en el Corazón de Cristo, el Buen Pastor, que sigue buscando, llamando y reuniendo.

Jesús nos recuerda: «Tengo otras ovejas que no son de este redil» (Jn 10,16). Son las personas que esperan una palabra de esperanza, los pobres y los excluidos, quienes viven al margen, los que se han alejado de la Iglesia y cuantos todavía no conocen la ternura del amor de Dios. Ya están en el Corazón de Cristo. ¿Estamos dispuestos a dejarnos alcanzar por sus historias y a hacer espacio a sus expectativas?

La vida de Comboni no es solamente una memoria gloriosa que hay que conservar, sino una llamada que debemos acoger. Nos invita a no resignarnos, a no dejarnos dominar por el miedo, a seguir soñando, arriesgándonos y comenzando de nuevo. No importa cuán fuertes seamos ni cuán numerosos: lo que importa es que permanezcamos disponibles para el Señor y para la misión que nos confía.

En esta fiesta, pidamos a san Daniel Comboni un corazón grande como el suyo: capaz de ver, escuchar y amar; un corazón que no se cierra ante las dificultades ni pierde la esperanza cuando los frutos tardan en llegar. Y pidamos al Buen Pastor que mantenga vivo en nosotros el fuego de la misión, para que cada uno, en su edad, situación y responsabilidad, pueda renovar con sencillez y confianza su propia disponibilidad:

«Señor, mi vida es tuya.
Toma lo que soy
y continúa, a través de mí,
haciendo conocer tu amor».

¡Feliz fiesta de san Daniel Comboni a todos!

Que nuestro Fundador interceda por nosotros y nos ayude a vivir, con renovada pasión, la gracia y la responsabilidad de la vocación misionera comboniana.

El Consejo General
Roma, 10 de octubre de 2026
Solemnidad de San Daniel Comboni,

Celebramos la fiesta de S. Daniel Comboni

El próximo 10 de octubre celebramos la fiesta de San Daniel Comboni.

Es una ocasión especial para volver a las raíces de nuestra vocación misionera, renovar nuestro compromiso y seguir haciendo realidad el sueño de Comboni.

Como Laicos Misioneros Combonianos, queremos unirnos a esta celebración invitando a nuestros grupos, comunidades y a todas las personas que comparten el espíritu misionero a dedicar un momento a la oración.

Por eso, hemos preparado una breve oración para realizar en nuestros grupos misioneros, sencilla y pensada para ayudarnos a encontrarnos, agradecer el camino recorrido y dejarnos interpelar nuevamente por el sueño misionero de Comboni.

Os invitamos a celebrarlo juntos/as, allí donde cada uno se encuentre, sintiéndonos parte de una misma familia y de una misma misión.

Que San Daniel Comboni nos ayude a mantener el corazón abierto y la mirada puesta en la misión.

¡Feliz fiesta de San Daniel Comboni!

San Daniel Comboni, ruega por nosotros y acompáñanos en nuestra misión.

Descargar Oración

Mensaje de los Obispos Combonianos: «Es del corazón de donde nace la misión»

Dieciséis de los 23 obispos combonianos al servicio de las Iglesias locales en África y América Latina se reunieron en Roma, del 16 al 21 de septiembre, para un encuentro de formación y compartir, dejando también un mensaje a la Familia Comboniana en este tiempo de reconfiguración.

«Al ver a las multitudes, sintió compasión de ellas» Mt 9,36

Queridos hermanos y hermanas,
nosotros, los obispos combonianos, nos reunimos en la Casa General de los Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús para un momento de formación permanente y diálogo. Con esta carta queremos, ante todo, expresar nuestra profunda gratitud por esta oportunidad de encuentro y por la acogida en la Casa General. Estar aquí, en la casa que custodia la memoria y el camino del Instituto, nos permite compartir no solo un momento institucional, sino sobre todo una fraternidad comboniana que nace de la misma llamada misionera.

Queremos dar gracias por el don de la vocación misionera en nuestros Institutos, por el servicio que tantos hermanos y hermanas ofrecen a la Iglesia en los diferentes continentes y, sobre todo, por el testimonio de tantos misioneros y misioneras que, a menudo en silencio y en situaciones difíciles, continúan viviendo con fidelidad el carisma de Comboni, participando en la misión de Cristo allí donde la Iglesia está llamada a hacerse presencia, escucha, reconciliación y esperanza.

Quisiéramos compartir con vosotros una palabra que nos parece particularmente importante para este momento de nuestros Institutos y de la misión: el corazón. El papa Francisco, en Dilexit nos, nos invitó a volver al corazón. No como refugio intimista, sino como el lugar en el que la persona recupera su unidad, reconoce lo que verdaderamente importa y se abre al encuentro con Dios y con los demás. El papa León, con Dilexi te, ha profundizado este tema hablando de la necesidad del amor hacia los pobres. El mundo necesita hoy, como siempre, una Iglesia que no pone límites al amor, que no conoce enemigos a los que combatir, sino sólo hombres y mujeres a los que amar (DT 120). El amor a los pobres es la garantía evangélica de una Iglesia fiel al corazón de Dios (DT 103).

Es del corazón de donde nace la misión. Y quizá precisamente aquí se encuentra uno de los desafíos más profundos que hoy tenemos ante nosotros: renovar la misión significa, ante todo, dejarnos renovar el corazón. En un tiempo de cambios epocales, también nuestros Institutos están atravesando profundas transformaciones y sienten la necesidad de repensar las estructuras y las modalidades de acción. La misión nos pide decisiones valientes. Pero toda reorganización adquiere su verdadero significado cuando nace de la escucha de la llamada de Dios y permanece orientada al bien de la misión, sin perder nunca de vista el bien de cada persona.

Por eso no debemos preguntarnos simplemente: ¿cómo podemos seguir haciendo lo que siempre hemos hecho con menos personas y menos recursos? La pregunta más profunda es: ¿qué está pidiendo hoy el Espíritu Santo al carisma comboniano? ¿Qué nueva forma de misión? ¿Qué comprensión renovada de nuestro modo de ser Iglesia? ¿Qué estructuras están realmente al servicio del Evangelio y cuáles, en cambio, corren el riesgo de convertirse en fines en sí mismas? La reorganización de nuestros Institutos es, pues, un camino necesario que debemos afrontar sin miedo y que también puede convertirse en una gracia: la oportunidad de volver a lo esencial y permitir que el carisma recibido de Comboni encuentre nuevas formas, adecuadas a las realidades en las que hoy estamos llamados a vivir. Deseamos que este camino se realice en un estilo de sinodalidad, mediante una relación renovada entre las Iglesias locales y los Institutos de vida consagrada, entre presbíteros y laicos, mujeres y hombres, mayores y jóvenes.

La misión es participación en la misión de Cristo. Y una Iglesia misionera es una Iglesia que no vive para sí misma, sino para los demás. Por eso necesitamos una comprensión renovada de nuestro modo de ser Iglesia. No podemos anunciar la reconciliación si nuestras comunidades no se convierten en lugares de reconciliación. No podemos hablar de paz si no aprendemos a custodiar la paz en nuestras relaciones. No podemos anunciar la fraternidad a un mundo dividido si nosotros mismos no nos convertimos en hermanos capaces de escucharnos, perdonarnos y sostenernos mutuamente.

Por eso quisiéramos también renovar juntos un llamamiento a la paz, al desarme y a la reconciliación. Vivimos en un mundo marcado por guerras, violencia, rearme, polarizaciones y miedo. En muchos de los lugares donde están presentes los misioneros, las poblaciones llevan en el cuerpo y en la memoria las heridas de los conflictos. Como Iglesia no podemos resignarnos a la lógica de la violencia. Y nosotros, los misioneros, estamos llamados a ser artesanos de paz. El desarme no se refiere únicamente a las decisiones políticas e internacionales: también interpela a la conversión del corazón y favorece una disposición no violenta y pacífica en las relaciones. Significa desarmar las manos, pero también las palabras, los juicios, los miedos y las desconfianzas. Una misión reconciliada puede convertirse en semilla de reconciliación.

Durante nuestro encuentro encontramos otra palabra que nos parece decisiva: el cuidado. El cuidado de nosotros mismos, del hermano, de las comunidades eclesiales a las que somos enviados, junto con el cuidado de nuestra casa común. El cuidado no es debilidad ni repliegue sobre nosotros mismos, sino atención amorosa a la vida. Somos conscientes de que el cuidado es parte esencial del ministerio del obispo; por eso pedimos al Señor la sabiduría y la delicadeza necesarias para ser padres acogedores y compañeros de camino de nuestras comunidades. La Iglesia también necesita misioneros que sepan cuidar su vida espiritual, su humanidad, su formación, la profundización de la espiritualidad comboniana, su salud, sus relaciones y su vocación. Un misionero que no se cuida a sí mismo corre el riesgo, con el tiempo, de perder la capacidad de cuidar a los demás. Necesitamos construir comunidades en las que cada uno pueda sentirse acogido, escuchado y acompañado. Necesitamos aprender nuevamente que el hermano no es un obstáculo para la misión: es parte de la misión misma. Y necesitamos cuidar la creación, porque en la belleza de la tierra podemos todavía reconocer algo de la belleza del amor de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, mirando el mundo con el corazón de Cristo, ya no vemos solamente problemas que resolver, sino personas a quienes amar, comunidades a las que acompañar en la fe, heridas que vendar y belleza que custodiar. Los tiempos que vivimos no son fáciles, pero si nuestro corazón permanece encendido por el amor de Cristo, entonces, aun en nuestra pobreza, seremos esperanza para el mundo. Pidamos, pues, al Señor que renueve en nosotros el corazón misionero de Comboni. Un corazón capaz de ver, de escuchar, de hacer causa común con quienes sufren y con quienes se alegran, compartiendo sus heridas y sus esperanzas.

Os aseguramos nuestra oración y os pedimos que también recéis por nosotros, para que juntos podamos servir al Pueblo de Dios con humildad y valentía.

Los obispos combonianos