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Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI


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Misioneras Combonianas atacadas y robadas en su comunidad en Rep. Centroafricana

Bangui (Agencia Fides) –

“El 5 de enero de 2019, la comunidad del Foyer de las Hermanas Misioneras Combonianas, en Bangui, República Centroafricana, sufrió un ataque y posterior robo perpetrado por una banda de unas 9 personas”, narra a la Agencia Fides la superiora general de las Hermanas Misioneras Combonianas, Sor Luigia Coccia. Las tres hermanas de la comunidad acababan de terminar la oración de vísperas alrededor de las siete de la tarde cuando fueron atacadas, inmovilizadas y amenazadas durante unas tres horas. Los ladrones buscaron por todas partes y robaron todo lo que pudieron. Las religiosas, conmocionadas, abandonaron momentáneamente la misión y se refugiaron en la casa provincial, siempre en Bangui.

Son innumerables los ataques contra comunidades católicas, parroquias o campos de refugiados, con casas e iglesias incendiadas y civiles brutalmente asesinados. Durante 2018 en la República Centroafricana fueron asesinados cinco sacerdotes: Joseph Désiré Angbabata, de la diócesis de Bambari, murió poco después de ser herido durante un asalto a su parroquia; Albert Toungoumale-Baba, asesinado en la parroquia de Notre Dame de Fátima durante una masacre perpetrada por un grupo armado que atacó la parroquia; Firmin Gbagoua, vicario general de la diócesis de Bambari, asesinado por criminales que entraron en el episcopado; Blaise Mada, vicario general de la diócesis de Alindao; y Celestine Ngoumbango, párroco de Mingala, asesinados durante el asalto al episcopado de Alindao, donde se habían refugiado con otras personas. En esta última ocasión, los ex rebeldes Seleka de las UPS (Unité pour la Paix en Centrafrique) mataron al menos a 60 personas, en su mayoría personas desplazadas alojadas en un campo de recepción cerca de la Catedral (ver Fides 17/11/2018).
(SL) (Agenzia Fides 7/1/2019)


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Epifanía del Señor (C). 6 de enero de 2019

Mateo 2, 1-12
Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel””.
Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: “Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo”. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

RELATO DESCONCERTANTE

Ante Jesús se pueden adoptar actitudes muy diferentes. El relato de los magos nos habla de la reacción de tres grupos de personas. Unos paganos que lo buscan, guiados por la pequeña luz de una estrella. Los representantes de la religión del Templo, que permanecen indiferentes. El poderoso rey Herodes que solo ve en él un peligro.

Los magos no pertenecen al pueblo elegido. No conocen al Dios vivo de Israel. Nada sabemos de su religión ni de su pueblo de origen. Solo que viven atentos al misterio que se encierra en el cosmos. Su corazón busca verdad.

En algún momento creen ver una pequeña luz que apunta hacia un Salvador. Necesitan saber quién es y dónde está. Rápidamente se ponen en camino. No conocen el itinerario preciso que han de seguir, pero en su interior arde la esperanza de encontrar una Luz para el mundo.

Su llegada a la ciudad santa de Jerusalén provoca el sobresalto general. Convocado por Herodes, se reúne el gran Consejo de «los sumos sacerdotes y los escribas del pueblo». Su actuación es decepcionante. Son los guardianes de la verdadera religión, pero no buscan la verdad. Representan al Dios del Templo, pero viven sordos a su llamada.

Su seguridad religiosa los ciega. Conocen dónde ha de nacer el Mesías, pero ninguno de ellos se acercará a Belén. Se dedican a dar culto a Dios, pero no sospechan que su Misterio es más grande que todas las religiones, y que tiene sus caminos para encontrarse con sus hijos e hijas. Nunca reconocerán a Jesús.

El rey Herodes, poderoso y brutal, solo ve en Jesús una amenaza para su poder y su crueldad. Hará todo lo posible por eliminarlo. Desde el poder opresor solo se puede «crucificar» a quien trae liberación.

Mientras tanto, los magos prosiguen su búsqueda. No caen de rodillas ante Herodes: no encuentran en él nada digno de adoración. No entran en el Templo grandioso de Jerusalén: tienen prohibido el acceso: La pequeña luz de la estrella los atrae hacia el pequeño pueblo de Belén, lejos de todo centro de poder.

Al llegar, lo único que ven es al «niño con María, su madre». Nada más. Un niño sin esplendor ni poder alguno. Una vida frágil que necesita el cuidado de una madre. Es suficiente para despertar en los magos la adoración.

El relato es desconcertante. A este Dios, escondido en la fragilidad humana, no lo encuentran los que viven instalados en el poder o encerrados en la seguridad religiosa. Se les revela a quienes, guiados por pequeñas luces, buscan incansablemente una esperanza para el ser humano en la ternura y la pobreza de la vida.

José Antonio Pagola

En medio de un mundo roto podemos descubrir la luz de Dios que nos ilumina. En ocasiones discreta, casi imperceptible, pero siempre presente. Nosotros hemos visto su luz y queremos multiplicarla.


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Una ventana abierta al mundo y a la realidad

ESCUELA DE FORMACIÓN MISIONERA de MADRID.

Una ventana  abierta al mundo y a la realidad

Familia combonianaEntrevista a dos alumnas de la Escuela de Formación Misionera de Madrid. El curso de misionología empezó el 17 de septiembre y acabará mañana, 14 de Diciembre de 2018. Carolina y Asmeret, fueron entrevistadas el 13 de diciembre de 2018.

 

Julián: ¿Quiénes sois? ¿De dónde sois? ¿Dónde  vais a trabajar como misioneras? ¿A qué institución pertenecéis?

Carolina: Soy Carolina Fiúza, de Portugal. Soy Laica Misionera Comboniana. Tengo 26 años. Soy fisioterapeuta. Si Dios quiere, iré a trabajar en Etiopia.

Asmeret: Hola, buen día. Me llamo Asmeret Aregay. Soy de Etiopía. Pertenezco a la congregación de las Misioneras Combonianas, y con la gracia de Dios trabajaré  aquí en España, concretamente  en Granada.

Julián: ¿Qué asignatura del curso os ha gustado más?

Carolina: a mí me gustó mucho la asignatura sobre “el análisis de la realidad” fue la primera semana, hablamos mucho, fue muy bueno empezar con ella para  así tener una mirada más profunda de las realidad. No sólo analizar el mundo, sino  mirarlo con una mirada  contemplativa, ya que eso lo cambia todo.  Me gusto también otra asignatura donde hablamos sobre misión y salud, este es mi campo, como he dicho soy fisioterapeuta; me dio ideas nuevas.  Sé  que cuando vaya a la misión no puedo llevar  ideas preconcebidas, aunque contradictoriamente vaya en la cabeza con proyectos de salud. Nuestros proyectos tienen que estar de acuerdo con lo que la gente quiere. Me gustó mucho esta clase de misión y salud.

Asmeret: veo el curso y  todas las asignaturas me parecen buenas. Me gusta el método usado “ver-juzgar-actuar”. Hemos visto la realidad de nuestro mundo desde diferentes perspectivas. Me interesó mucho el estudio sobre  la semana Europea, ayudándome a aterrizar en esta realidad. Soy etíope, y estoy destinada a trabajar en España; he venido a un mundo diferente, y  las cosas son más complejas de lo que yo imaginaba. Reflexionamos durante esos días sobre Europa, sobre sus retos y sobre la posibilidad de aportar nuestro pequeño grano de arena a esta sociedad. El curso con muchas más luces que sombras, me ha ayudado mucho. Doy gracias a Dios al haber tenido la oportunidad de hacerlo.

Julián: Habladme un poco de vosotras, el grupo de alumnos. ¿Cuántos sois? ¿De dónde? ¿Cómo es la convivencia?

Carolina: somos dieciocho. Pero unas veces somos más, otras veces menos, es algo que va cambiando porque hay personas que solo vienen a los bloques de temas que les interesan. Sorprendentemente  de España solo son cuatro, hay también una portuguesa –que soy yo- así que de  Europa solo somos cinco alumnos. Los otros alumnos vienen del Congo, Venezuela, Argentina, Perú, Camerún, Kenia, Vietnam, India, Etiopía…  Hay una multiculturalidad que es un gran regalo, al final esta realidad te va  cambiando la mente. Hay una actitud muy positiva de compartir con las otras personas lo que somos y lo que tenemos, como si ya nos conociésemos desde hace mucho de tiempo. Es un regalo del que estoy muy agradecida, de alguna manera esta realidad es como si me transportara a todo el mundo.

Julián: Y para ti, Asmeret, ¿cómo has visto la convivencia?

Asmeret: A mí me pareció muy buena, me encantó desde el principio del curso. Poco a poco nos hemos ido integrando, parecía que nos conocíamos desde hacía muchos años. Vine  con la ilusión de como situarme en este nuevo mundo  -Europa- había leído y escuchado muchas cosas y el curso me ha ayudado a este fin; algo bonito ha ocurrido, aquí en el curso,  encontré a un hermano y a una hermana europeos  que se preparaban para ir a mi país: Etiopía. Me animó y  me llenó de alegría, encontrarlos en el curso,  más aun pertenecían a mí misma familia religiosa, eran laicos combonianos. Los  hermanos y hermanas que estamos en la misma clase, pertenecemos a diferentes congregaciones; laicos, sacerdotes diocesanos… Esto es una gran riqueza, sin duda el curso ha sido un impulso para profundizar en la misión donde Dios me quiera. Estoy feliz, y muy contenta.

Julián: ¿Qué otras actividades hacéis los alumnos, además de las clases? ¿O sólo venís a las nueve, os vais a la una y media… y se acabó todo?

Asmeret: Hemos salido a diferentes lugares como Toledo, Javier en Navarra… Comemos juntos compartiendo lo que entre todos hemos traído y así se crea un gran clima de fraternidad, de familia.  La organización es muy buena. Si hay que improvisar, siempre estamos dispuestos a hacerlo juntos, y nadie se queja. Te preocupas por cualquier cosa que pasa a esa persona o a la otra. Algo muy hermoso.

Carolina: Siempre hay programas que compartimos. Por ejemplo si hay una exposición u otro evento, nos comunicamos normalmente vía  WhatsApp.

Julián: ¿Os está ayudando en algo este curso de formación misionera?

Asmeret: Me ha ayudado mucho más que lo que yo pudiera decir. Me abrió la mente, los ojos, porque escuchas a personas con experiencia de la misión. Me ha gustado el debate en la clase, porque cada uno aporta lo que es, desde su experiencia. Cuando toca África nos sentimos como si fuéramos de  un solo país, siendo como somos de  tres o cuatro  países africanos. No es solo la información que nos llega sobre el mundo: Europa, Asia… sino repito, el compartir entre nosotros nuestra experiencia. Muchos de este grupo, tienen experiencia misionera: si se habla de América Latina, tenemos a alguien que trabajó  allí, lo mismo ocurre cuando abordamos África o Asia. Ha sido un curso muy interesante y seguro que me ayudará en mi vida misionera Europa.

Julián: ¿Y a ti, Carolina, te ha ayudado en algo?

Carolina: A mí muchísimo, de verdad. Creo que el curso ha sido positivo, no solo para mi futuro trabajo en Etiopía, sino también me ha formado como persona.  Me cuestionó sobre mis capacidades, mis “seguridades” para mirarlo todo con ojos nuevos.  Tuvimos también un taller sobre afectividad, que me resultó muy interesante. En las clases los profesores siempre te  cuestionan lo que estamos haciendo en nuestra vida como cristianos; ¿cómo actuar ante nuevos retos? ¿Cómo afrontarlos? ¿Cómo  apasionarme más con la vida de Cristo? ¿Cómo quererlo e imitarlo más? Interesantes y enriquecedoras fueron también las clases de historia de la  evangelización, de Biblia, de teología…todo te ayuda a formarte un poco más, dándote pistas para cómo abordar la actualidad. Un regalo, de verdad.

Julián: Por último, ¿recomendaríais este curso a otros misioneros/as que vienen a España o que salen de España?

Asmeret: Sí, lo recomiendo mucho. Para los que vienen y para los que salen. También lo recomiendo para los que permanecen aquí, ya que uno se acostumbra a una cierta rutina… Al hacer este curso les ayudará a cambiar la mentalidad, porque la misión de hoy, no es la misión de ayer.  Los jóvenes, necesitamos renovar nuestra manera de aproximarnos a la realidad,  nuestra manera de pensar,  nuestra manera de estar con la gente, para ser sal y luz en este mundo. Lo recomiendo no solo a los que vienen después de tantos años de trabajo, y por supuesto a aquellos que van por primera vez. Las congragaciones así como las parroquias deberían apoyar a esta escuela de misionología.

Carolina: Si claro,  el curso ha insistido en la realidad de que por el bautismo todos somos misioneros y la misión es tarea de todos: los que vienen, los que salen, los que están aquí. El curso te ayuda a profundizar en la tarea misionera. Insisto lo recomendaría vivamente a todos.

Asmeret: Estamos muy agradecidas al equipo coordinador que siempre ha estado muy atento a todo lo que le hemos dicho,  hecho y necesitado. Se lo agradezco en mi nombre y el de toda la clase.

 Familia comboniana

(Nota: Asmeret y Carolina todavía están aprendiendo el castellano.)

Las entrevistó Julián Mansilla, alumno también de la Escuela.

 


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Abrazar toda humanidad, eso es Navidad

Cuando aún resuenan entre nosotros  los cantos de Navidad, compartimos con todos vosotros un fragmento del Diario de misión de Mons. Jesús Ruiz, obispo auxiliar de Bangassou en Rep. Centroafricana.

Desde este lugar olvidado de África, nos invita a vivir intensamente esta gran fiesta del Dios con nosotros que abraza abraza a toda la humanidad en su hijo Jesús.

Martes 25 de diciembre de 2018

Abrazar la ternura de un bebé sonriente que te hace carantoñas es un gusto y hasta te lo comerías a besos…; limpiar su caca, o aguantar sus berridos nocturnos sin parar es otra cosa… Esta Navidad mi oración y mi cabeza están invadidas por imágenes difíciles de digerir: Sandrina, los dos gemelos, la mamá de los mellizos. Cada día en mi oración, como suplicando un milagro, he interpelado a Dios.

Con el pasar del tiempo hemos edulcorado tanto la Navidad que la hemos desfigurado totalmente con un romanticismo de luces de colores en medio de la nieve y sentimientos ambiguos de fraternidad familiar… Nos hemos acostumbrado y hemos adulterado lo que fue Belen; muchos hasta han suprimido o escondido al niño. Es como si quisiéramos borrar del belén el frío de la noche, el sufrimiento del rechazo (no había sitio para ellos en la posada), el dolor de un parto, la persecución de un tirano, o la impotencia humana de José que no puede ofrecer nada mejor a su mujer y el niño que nace…

La verdadera Navidad me da que huele mal, como en todo establo de animales… y el frío come las carnes como en estos días en Obo donde el frío es insoportable pues la gente no tiene ropa de abrigo… Es esto lo que me ha ocurrido cuando el domingo me han traído a escondidas a Sandrine para que la administre el sacramento de la Confirmación pues por la mañana no se atrevió a venir con los 85 jóvenes que recibieron ese sacramento. Sandrine, tiene 18 años y medio pero parece que tuviera 14. Un ojo se le ha salido de orbita más de 10 centímetros y el miembro enfermo está podrido y supurando pus con un olor difícil de soportar. Así lleva cuatro años… Algunos doctores la han visitado pero no le han dado ninguna esperanza. Vive escondida en casa para que nadie la vea pues es un monstruo; todo el día sola, pensando no sé en qué, comiéndose su propio olor fétido y con unos dolores insoportables… ¡Cuánto me ha costado aceptar esa humanidad enferma que supura pus! He aguantado como he podido durante el sacramento de Confirmación que le he administrado, y he intentado torpemente comunicarle la predilección de Dios por la fragilidad humana… ¡Qué habrá comprendido! El pensamiento de Sandrine me persigue desde entonces.

Antes de llegar Sandrine, al salir de la Misa, veo acercarse a dos niños de unos doce años arrastrándose por el suelo como serpientes. Son dos gemelos que nacieron sin piernas. ¡Qué horror! Tristes se me acercan, les saludo, les bendigo y cuando les doy un caramelo se acerca una mujer de unos cincuenta años también arrastrándose por el suelo… ¿Pero en qué mundo vivimos?

Durante la Misa de Confirmaciones hemos bendecido a dos niños gemelos que acaban de nacer. En la comida me explican la historia de esta mama con apenas 16 años que frecuentaba la parroquia pero se quedó embarazada y el chico que la dejó en ese estado ha huido al Sudan como hacen todos los chicos aquí… Ha huido a la aventura dejando a esa chica sin futuro; la niña ha tenido que interrumpir la escuela para cargar con las dos criaturas… Una humanidad abandonada.

Fabrice, el párroco, me había preparado los casos especiales para la confesión. Toda la tarde del sábado la pasé confesando a la gente. ¡Cuántos abortos! Más de seis en una sola tarde. Una chica de apenas 20 años… tres abortos; una mujer con cara de bruja y que pertenece al grupo de santa Rita, se confiesa que ayuda a practicar el aborto a las jóvenes… Una humanidad que destruye y se destruye, una humanidad a abrazar.

Sí, creo que hemos edulcorado demasiado la Navidad. Navidad es ese Dios que abraza la humanidad, toda humanidad… Esa humanidad que se codea con la injusticia; esa humanidad donde los fuertes se ríen y pisotean a los pequeños… Esa humanidad desplazada como esos veinte seis mil refugiados en la catedral de Alindao que fueron agredidos, quemaron sus casas y todas sus posesiones y asesinaron a 82 personas… pero nadie les hará nunca justicia. Es esa la humanidad que Dios abraza en ese Niño de Navidad.

Abrazar la humanidad, toda humanidad: la bella, y la que repugna…, la humanidad que alaba al Criador y la que blasfema y destruye todo signo de vida…  Adorar al niño de Belén nos lleva a abrazar a Sandrine que no verá su sueño de ser querida por un hombre; abrazar a los dos gemelos sin piernas que tienen un futuro duro delante de ellos; abrazar a Eveline que se la llevaron como rehén sexual los tongo-tongo y cuánto habrá llorado estas Navidades; abrazar a esa otra joven que se ha quedado sola y con dos gemelos a cuestas…

Ayer noche celebré la Nochebuena en la capilla del Axe-Libua. En medio de la noche al finalizar la Misa me dediqué a repartir caramelos y globos a los niños. Donde hay niños hay Navidad les dije… No hagáis daño a los niños. Me dediqué en la noche a dar caramelos a los niños a pesar de que en este contexto esto se puede ser una actividad de alto riesgo, pues se agolpan cien, doscientos, trescientos niños y esto te desborda como nos desborda y nos desnorta un Dios bebé. Hoy he bautizado a 53 bebés. Aquí hay muchos niños, hay mucha Navidad… Dios sigue confiando en la humanidad a pesar de todo; nos ha dejado el volante para que hagamos participes a todos los hombres de su amor.  “… y paz a los hombres porque Dios les ama… Como signo encontrareis un niño acostado en un pesebre”

Id a buscar en un buen mapa de África dónde se encuentra esta localidad de Obo al este de la República Centroafricana haciendo frontera con el Sudán. Desde allí os digo con todos estos niños,

¡ FELIZ NAVIDAD DESDE OBO !

WENE FESTA NATALE FURIONI !

 

 

 

 

 

 

 


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Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz 2019

 “La buena política está al servicio de la paz”

1. “Paz a esta casa”
Jesús, al enviar a sus discípulos en misión, les dijo: «Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros» (Lc 10,5-6).

Dar la paz está en el centro de la misión de los discípulos de Cristo. Y este ofrecimiento está dirigido a todos los hombres y mujeres que esperan la paz en medio de las tragedias y la violencia de la historia humana.[1] La “casa” mencionada por Jesús es cada familia, cada comunidad, cada país, cada continente, con sus características propias y con su historia; es sobre todo cada persona, sin distinción ni discriminación. También es nuestra “casa común”: el planeta en el que Dios nos ha colocado para vivir y al que estamos llamados a cuidar con interés.

Por tanto, este es también mi deseo al comienzo del nuevo año: “Paz a esta casa”.

2. El desafío de una buena política
La paz es como la esperanza de la que habla el poeta Charles Péguy; [2] es como una flor frágil que trata de florecer entre las piedras de la violencia. Sabemos bien que la búsqueda de poder a cualquier precio lleva al abuso y a la injusticia. La política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción.

Dice Jesús: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35). Como subrayaba el Papa san Pablo VI: «Tomar en serio la política en sus diversos niveles ―local, regional, nacional y mundial― es afirmar el deber de cada persona, de toda persona, de conocer cuál es el contenido y el valor de la opción que se le presenta y según la cual se busca realizar colectivamente el bien de la ciudad, de la nación, de la humanidad».[3]

En efecto, la función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo. La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad.

3. Caridad y virtudes humanas para una política al servicio de los derechos humanos y de la paz
El Papa Benedicto XVI recordaba que «todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la pólis. […] El compromiso por el bien común, cuando está inspirado por la caridad, tiene una valencia superior al compromiso meramente secular y político. […] La acción del hombre sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificación de esa ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana».[4]Es un programa con el que pueden estar de acuerdo todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa que deseen trabajar juntos por el bien de la familia humana, practicando aquellas virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad.

A este respecto, merece la pena recordar las “bienaventuranzas del político”, propuestas por el cardenal vietnamita François-Xavier Nguyễn Vãn Thuận, fallecido en el año 2002, y que fue un fiel testigo del Evangelio:

Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel.
Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad.
Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés.
Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente.
Bienaventurado el político que realiza la unidad.
Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical.
Bienaventurado el político que sabe escuchar.
Bienaventurado el político que no tiene miedo.[5]

Cada renovación de las funciones electivas, cada cita electoral, cada etapa de la vida pública es una oportunidad para volver a la fuente y a los puntos de referencia que inspiran la justicia y el derecho. Estamos convencidos de que la buena política está al servicio de la paz; respeta y promueve los derechos humanos fundamentales, que son igualmente deberes recíprocos, de modo que se cree entre las generaciones presentes y futuras un vínculo de confianza y gratitud.

4. Los vicios de la política
En la política, desgraciadamente, junto a las virtudes no faltan los vicios, debidos tanto a la ineptitud personal como a distorsiones en el ambiente y en las instituciones. Es evidente para todos que los vicios de la vida política restan credibilidad a los sistemas en los que ella se ejercita, así como a la autoridad, a las decisiones y a las acciones de las personas que se dedican a ella. Estos vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social: la corrupción —en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas—, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la “razón de Estado”, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio.

5. La buena política promueve la participación de los jóvenes y la confianza en el otro
Cuando el ejercicio del poder político apunta únicamente a proteger los intereses de ciertos individuos privilegiados, el futuro está en peligro y los jóvenes pueden sentirse tentados por la desconfianza, porque se ven condenados a quedar al margen de la sociedad, sin la posibilidad de participar en un proyecto para el futuro. En cambio, cuando la política se traduce, concretamente, en un estímulo de los jóvenes talentos y de las vocaciones que quieren realizarse, la paz se propaga en las conciencias y sobre los rostros. Se llega a una confianza dinámica, que significa “yo confío en ti y creo contigo” en la posibilidad de trabajar juntos por el bien común. La política favorece la paz si se realiza, por lo tanto, reconociendo los carismas y las capacidades de cada persona. «¿Hay acaso algo más bello que una mano tendida? Esta ha sido querida por Dios para dar y recibir. Dios no la ha querido para que mate (cf. Gn 4,1ss) o haga sufrir, sino para que cuide y ayude a vivir. Junto con el corazón y la mente, también la mano puede hacerse un instrumento de diálogo».[6]

Cada uno puede aportar su propia piedra para la construcción de la casa común. La auténtica vida política, fundada en el derecho y en un diálogo leal entre los protagonistas, se renueva con la convicción de que cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales. Una confianza de ese tipo nunca es fácil de realizar porque las relaciones humanas son complejas. En particular, vivimos en estos tiempos en un clima de desconfianza que echa sus raíces en el miedo al otro o al extraño, en la ansiedad de perder beneficios personales y, lamentablemente, se manifiesta también a nivel político, a través de actitudes de clausura o nacionalismos que ponen en cuestión la fraternidad que tanto necesita nuestro mundo globalizado. Hoy más que nunca, nuestras sociedades necesitan “artesanos de la paz” que puedan ser auténticos mensajeros y testigos de Dios Padre que quiere el bien y la felicidad de la familia humana.

6. No a la guerra ni a la estrategia del miedo
Cien años después del fin de la Primera Guerra Mundial, y con el recuerdo de los jóvenes caídos durante aquellos combates y las poblaciones civiles devastadas, conocemos mejor que nunca la terrible enseñanza de las guerras fratricidas, es decir que la paz jamás puede reducirse al simple equilibrio de la fuerza y el miedo. Mantener al otro bajo amenaza significa reducirlo al estado de objeto y negarle la dignidad. Es la razón por la que reafirmamos que el incremento de la intimidación, así como la proliferación incontrolada de las armas son contrarios a la moral y a la búsqueda de una verdadera concordia. El terror ejercido sobre las personas más vulnerables contribuye al exilio de poblaciones enteras en busca de una tierra de paz. No son aceptables los discursos políticos que tienden a culpabilizar a los migrantes de todos los males y a privar a los pobres de la esperanza. En cambio, cabe subrayar que la paz se basa en el respeto de cada persona, independientemente de su historia, en el respeto del derecho y del bien común, de la creación que nos ha sido confiada y de la riqueza moral transmitida por las generaciones pasadas.

Asimismo, nuestro pensamiento se dirige de modo particular a los niños que viven en las zonas de conflicto, y a todos los que se esfuerzan para que sus vidas y sus derechos sean protegidos. En el mundo, uno de cada seis niños sufre a causa de la violencia de la guerra y de sus consecuencias, e incluso es reclutado para convertirse en soldado o rehén de grupos armados. El testimonio de cuantos se comprometen en la defensa de la dignidad y el respeto de los niños es sumamente precioso para el futuro de la humanidad.

7. Un gran proyecto de paz
Celebramos en estos días los setenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que fue adoptada después del segundo conflicto mundial. Recordamos a este respecto la observación del Papa san Juan XXIII: «Cuando en un hombre surge la conciencia de los propios derechos, es necesario que aflore también la de las propias obligaciones; de forma que aquel que posee determinados derechos tiene asimismo, como expresión de su dignidad, la obligación de exigirlos, mientras los demás tienen el deber de reconocerlos y respetarlos».[7]

La paz, en efecto, es fruto de un gran proyecto político que se funda en la responsabilidad recíproca y la interdependencia de los seres humanos, pero es también un desafío que exige ser acogido día tras día. La paz es una conversión del corazón y del alma, y es fácil reconocer tres dimensiones inseparables de esta paz interior y comunitaria:

– la paz con nosotros mismos, rechazando la intransigencia, la ira, la impaciencia y ―como aconsejaba san Francisco de Sales― teniendo “un poco de dulzura consigo mismo”, para ofrecer “un poco de dulzura a los demás”;

– la paz con el otro: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre, el que sufre…; atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo;

– la paz con la creación, redescubriendo la grandeza del don de Dios y la parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de nosotros, como habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro.

La política de la paz ―que conoce bien y se hace cargo de las fragilidades humanas― puede recurrir siempre al espíritu del Magníficat que María, Madre de Cristo salvador y Reina de la paz, canta en nombre de todos los hombres: «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; […] acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre» (Lc 1,50-55).

Vaticano, 8 de diciembre de 2018

FRANCISCO