Celebramos la fiesta de S. Daniel Comboni

El próximo 10 de octubre celebramos la fiesta de San Daniel Comboni.

Es una ocasión especial para volver a las raíces de nuestra vocación misionera, renovar nuestro compromiso y seguir haciendo realidad el sueño de Comboni.

Como Laicos Misioneros Combonianos, queremos unirnos a esta celebración invitando a nuestros grupos, comunidades y a todas las personas que comparten el espíritu misionero a dedicar un momento a la oración.

Por eso, hemos preparado una breve oración para realizar en nuestros grupos misioneros, sencilla y pensada para ayudarnos a encontrarnos, agradecer el camino recorrido y dejarnos interpelar nuevamente por el sueño misionero de Comboni.

Os invitamos a celebrarlo juntos/as, allí donde cada uno se encuentre, sintiéndonos parte de una misma familia y de una misma misión.

Que San Daniel Comboni nos ayude a mantener el corazón abierto y la mirada puesta en la misión.

¡Feliz fiesta de San Daniel Comboni!

San Daniel Comboni, ruega por nosotros y acompáñanos en nuestra misión.

Descargar Oración

1ª Semana Octubre Misionero: Semana de la Oración

Iniciamos este Octubre Misionero dedicando la primera semana a aquello que sostiene y da sentido a toda misión: la oración.

Orar es poner la misión en manos de Dios, dejarnos transformar por Él y sentirnos unidos a tantos misioneros/as que, en diferentes lugares del mundo, entregan su vida al servicio del Evangelio y de los demás.

Por eso, esta semana queremos asumir un compromiso sencillo pero importante: rezar por la misión y por los misioneros.

Por quienes anuncian.
Por quienes sirven.
Por quienes acompañan.
Por quienes entregan su vida en favor de los últimos.
Por quienes necesitan nuestra oración para seguir adelante.

Esta semana, hagamos un espacio especial en nuestra oración por todos los misioneros y misioneras del mundo.

Buenas noticias. Domingo 27 T.O. 04/10/2026

Mateo 21,33-43

Arrendará la viña a otros labradores

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.» Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.» Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

EL PELIGRO DE AHOGAR LA VOZ DE LOS PROFETAS

Cuando el año 70 las tropas romanas destruyeron Jerusalén y el pueblo judío desapareció como nación, los cristianos hicieron una lectura terrible de este trágico hecho. Israel, aquel pueblo tan querido por Dios, no ha sabido responder a sus llamadas. Sus dirigentes religiosos han ido matando a los profetas enviados por él; han crucificado, por último, a su propio Hijo. Ahora, Dios los abandona y permite su destrucción: Israel será sustituido por la Iglesia cristiana.

Así leían los primeros cristianos la parábola de los «viñadores homicidas», dirigida por Jesús a los sumos sacerdotes de Israel. Los labradores encargados de cuidar la «viña del Señor» van matando uno tras otro a los criados que él les envía para recoger los frutos. Por último matan también al hijo del propietario, con la intención de suprimir al heredero y quedarse con la viña. El señor no puede hacer otra cosa que darles muerte y entregar su viña a otros labradores más fieles.

Esta parábola no fue recogida por los evangelistas para alimentar el orgullo de la Iglesia, nuevo Israel, frente al pueblo judío, derrotado por Roma y dispersado por todo el mundo. La preocupación era otra: ¿le puede suceder a la Iglesia cristiana lo mismo que le sucedió al antiguo Israel? ¿Puede defraudar las expectativas de Dios? Y si la Iglesia no produce los frutos que él espera, ¿qué caminos seguirá Dios para llevar a cabo sus planes de salvación?

El peligro siempre es el mismo. Israel se sentía seguro: tenían las Escrituras Sagradas; poseían el templo; se celebraba escrupulosamente el culto; se predicaba la Ley; se defendían las instituciones. No parecía necesario nada nuevo. Bastaba conservarlo todo en orden. Es lo más peligroso que le puede suceder a una religión: que se ahogue la voz de los profetas y que los sacerdotes, sintiéndose los dueños de la «viña del señor», quieran administrarla como propiedad suya.

Es también nuestro peligro. Pensar que la fidelidad de la Iglesia está garantizada por pertenecer a la Nueva Alianza. Sentirnos seguros por tener a Cristo en propiedad. Sin embargo, Dios no es propiedad de nadie. Su viña le pertenece solo a él. Y si la Iglesia no produce los frutos que él espera, Dios seguirá abriendo nuevos caminos de salvación.

José Antonio Pagola

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Revistas Mundo Negro y Aguiluchos. Octubre 2026

Con el número de este mes, la revista Mundo Negro publica un amplio dossier sobre la celebración del 𝐃𝐎𝐌𝐔𝐍𝐃, que tiene lugar el tercer domingo de octubre.

Este dossier acerca a los lectores a la realidad de la misión y de quienes entregan su vida al servicio del Evangelio, recordando que la misión es una tarea compartida por toda la Iglesia. Sus páginas invitan también a conocer mejor las situaciones y desafíos que viven los pueblos de África, así como los signos de esperanza que nacen del compromiso, la fe y la solidaridad.

Con este número, la revista quiere renovar su invitación a vivir la misión como camino de encuentro, fraternidad y servicio, acompañando a quienes anuncian el Evangelio y trabajan por la dignidad de las personas, especialmente de los más vulnerables.

Además del DOMUND como tema central, el número incluye artículos de actualidad, sociedad, Iglesia, misión y desarrollo, cultura y pensamiento, junto con las secciones fijas habituales.

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Octubre misionero 2026

Comienza octubre, y con él llega uno de los meses más especiales para toda la Iglesia: el Mes Misionero. Este año lo vivimos con una alegría particular, porque en 2026 el DOMUND cumple 100 años.

Cien años de una obra que ha unido a millones de corazones en todo el mundo bajo un mismo latido: el deseo de que el Evangelio llegue a cada rincón de la Tierra.

100 años contigo

Contigo, que cada año haces un gesto de generosidad y te haces partícipe de la misión. Contigo, que abres tu corazón hasta los confines de la Tierra, aunque nunca hayas pisado esas fronteras. La misión también se hace desde casa, desde la oración, desde la ofrenda, desde la mirada puesta en quienes están lejos.

100 años por ellos

Por los miles de hombres y mujeres que viven en los territorios de misión, y que gracias al DOMUND han podido recibir la Buena Noticia. Comunidades enteras, escuelas, hospitales, catequistas, misioneros y misioneras que sostienen su labor gracias a esta cadena de solidaridad que no se ha roto en un siglo.

100 años para Él

Para Cristo, el primer misionero, que quiso que todos los hombres se salven y que, para lograrlo, cuenta con cada uno de nosotros, los bautizados. La misión no es una tarea de unos pocos: es la vocación de todo bautizado, y el DOMUND nos lo recuerda cada octubre.

Como Laicos Misioneros Combonianos, nos unimos a esta celebración centenaria renovando nuestro compromiso: seguir siendo, allí donde estemos, testigos y servidores de la misión.