Comenzamos el mes de agosto compartiendo una lectura que invita a detenerse, escuchar y dejarse iluminar.
En medio del ritmo más pausado del verano, Como las luciérnagas (Editorial Claret) es una de esas lecturas que refrescan el alma, como un vaso de agua fresca en los días de más calor, y nos ayudan a mirar la Iglesia con esperanza y profundidad.
En este libro, mujeres de distintos lugares, vocaciones y experiencias reflexionan sobre el presente y el futuro de la Iglesia. Sus testimonios dibujan el horizonte de una comunidad que quiere caminar de una manera más sinodal, abierta a la escucha, corresponsable y fiel al Evangelio.
Sus páginas nacen de la vida compartida, de la fe vivida en comunidad, de la misión cotidiana y del servicio a los demás. Son mujeres que acompañan personas y procesos, sostienen comunidades, hacen teología, anuncian la Palabra y contribuyen, con discreción y perseverancia, a iluminar el camino de la Iglesia.
Porque, como las luciérnagas, también las luces más pequeñas son capaces de iluminar la noche y señalar caminos de esperanza.
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.» Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.» Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.» Les dijo: «Traédmelos.» Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
¿CÓMO BENDECIR LA MESA?
Casi sin darnos cuenta y empujados por diversos factores, hemos ido deshumanizando poco a poco ese gesto tan entrañable y humano que es sentarse a la mesa a comer juntos.
La comida se ha convertido para muchos en algo puramente funcional que es necesario organizar de manera rápida y precisa dentro de la jornada laboral. Cada vez es más raro ese momento privilegiado de encuentro familiar en torno a la mesa. En muchos hogares, esa mesa hecha para ser rodeada ya no sirve para que padres e hijos se encuentren, compartan sus vidas, conversen y descansen juntos.
Otros se van habituando a «alimentar su organismo» en esas comidas impersonales de los restaurantes o en el rincón del self-service de turno. No pocos se ven obligados a participar en comidas protocolarias o de trabajo, donde el gesto amistoso del comer juntos es sustituido por el interés, el pragmatismo o la ostentación.
El gesto de Jesús invitando a las gentes a recostarse para compartir juntos una comida sencilla, bendiciendo a Dios por el pan que recibimos, puede ser una llamada para nosotros. Como expone jugosamente Xabier Basurko en su estudio Compartir el pan, comer es mucho más que «introducir una determinada ración de calorías en el organismo».
La necesidad de alimentarnos es, antes que nada, signo de nuestra indigencia radical. Oscuramente, los seres humanos percibimos que no nos fundamentamos a nosotros mismos. En realidad, vivimos recibiendo, nutriéndonos de una vida que, a través de la tierra, se nos regala día a día a cada uno. Por eso es un gesto profundamente humano recogerse antes de comer para agradecer a Dios esos alimentos, fruto del esfuerzo y trabajo del hombre, pero, al mismo tiempo, regalo originario del Dios creador que sustenta la vida.
Pero, además, comer no es solo un acto individualista de carácter biológico. El ser humano está hecho para comer con otros, compartiendo su mesa con familiares y amigos. Comer juntos es confraternizar, dialogar, crecer en amistad, compartir el regalo de la vida.
Por eso es tan difícil dar gracias a Dios cuando uno tiene más comida que la que necesita mientras otros sufren miseria y hambre. Nos sentimos acusados por aquellas palabras de Gandhi: «Todo lo que comes sin necesidad lo estás robando al estómago de los pobres». Tal vez en los países del bienestar hemos de aprender a bendecir la mesa de otra manera: dando gracias a Dios, pero, al mismo tiempo, pidiendo perdón por nuestra insolidaridad y tomando conciencia de nuestra responsabilidad ante los hambrientos de la Tierra.
Llega el verano y con él un nuevo número de las revistas Mundo Negro y Aguiluchos.
En esta ocasión s verano y la revista esta vez es bimestral, correspondiendo a los meses de julio y agosto. Abrimos portada con Sudán del Sur, el país más joven del mundo que en 2026 alcanza los 15 años de independencia.
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La crisis humanitaria en Ceuta es un escenario de extrema gravedad con más de 40 mil personas en situación vulnerable en una ciudad de 70 mil habitantes. La Diócesis de Ceuta y Cádiz afirmó enseguida en su comunicado la voluntad de colaborar en la respuesta humanitaria, mientras se concreta la resolución de la crisis desde la colaboración de las autoridades marroquís y españolas.
Patuca Fernández, abogada experta en migraciones vinculada a distintas entidades de Iglesia, planteó en la Cadena SER que no se trata de una crisis migratoria, no es un flujo normal de personas migrantes. La acción se enmarca en la estrategia del gobierno de Marruecos, especialmente en su celebración del Día del Trono, como presión hacia el gobierno de España. Este flujo supone además para el país vecino librarse de jóvenes potencialmente contestatarios frente a la situación interna. Señalaba la abogada que, después de un hecho similar aunque de menor envergadura en 2021, España no se ha dotado de un plan de contingencia.
Aún siendo una situación muy exigente para la población ceutí, Patuca recordaba la necesidad de garantizar los derechos humanos en la frontera, que no contemplan la devolución directa, sino a través del correspondiente proceso administrativo descrito en la ley.
En la misma línea su manifestó Pep Buades, del Servicio Jesuíta de Migraciones en la Frontera Sur, anoche en COPE (minuto 38). “Lo que funciona (la devolución en caliente) no tiene porqué ser legal, porque no garantiza los derechos de las personas”. Insistía Pep en que esta crisis no es un fenómeno espontáneo, apuntando al rol de la administración marroquí, con la que no obstante hay que negociar la salida de la crisis.
Por otra parte, desde la Fundación Cruz Blanca, socia de REDES presente con diversos recursos sociales en Ceuta, se suman al comunicado de la Diócesis, haciendo una llamada a responder con solidaridad, coordinación institucional y apoyo material a las personas más vulnerables.
Una vez más las personas vulnerables son utilizadas por gobiernos sin escrúpulos para obtener ventajas en sus relaciones “diplomáticas”.
Con motivo del Día Mundial contra la Trata de Personas, que se conmemora cada 30 de julio, desde AMANI,LAICOS COMBONIANOS POR EL SUR, nos sumamos a la campaña impulsada por el Grupo de Feminismos de REDES ONGD.
La Trata de personas constituye una de las violaciones más graves de los derechos humanos. Se sostiene sobre desigualdades como la pobreza, los conflictos, el racismo, las políticas migratorias restrictivas y, especialmente, la desigualdad de género.
Mujeres y niñas continúan siendo las principales víctimas de la trata con fines de explotación sexual. Combatir esta realidad supone prevenir, proteger a las víctimas, garantizar sus derechos y evitar que sean penalizadas por acciones que fueron obligadas a realizar durante su explotación.
Os invitamos a leer y compartir el boletín completo de REDES ONGD