XII Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas: La paz comienza con la dignidad

Cada año, el 8 de febrero, comunidades de todo el mundo se unen en oración, reflexión y acción con motivo de la Jornada Mundial de Oración y Reflexión Contra la Trata de Personas.

Este día coincide con la memoria litúrgica de Santa Josefina Bakhita, una religiosa sudanesa que fue secuestrada y esclavizada cuando era niña y que más tarde se convirtió en el símbolo universal del compromiso de la Iglesia para poner fin a la trata de personas.

El tema de la 12ª edición, “La paz comienza con la dignidad: Un llamamiento mundial para poner fin a la trata de personas”, está inspirado en el poderoso recordatorio del Papa León XIV de que la verdadera paz es suave y humilde, nace del amor y se sostiene allí donde se respeta la dignidad humana.

La trata de personas es una herida mundial que niega la dignidad humana y destruye la paz de las comunidades en todas partes.

Este año renovamos nuestro llamado a defender la dignidad y la libertad de toda persona, especialmente de mujeres, niños, migrantes y de todos aquellos que se encuentran en mayor riesgo de explotación.

En esta edición compartimos una Guía para la Vigilia de Oración como recurso para que prepares un momento de oración el 8 de febrero. Te invitamos a utilizar y adaptar la guía de la manera que mejor se adapte a tu comunidad local, ya sea en una parroquia, escuela, espacio comunitario o en casa

Guía Vigilia de oración

También te invitamos a visitar el sitio web oficial, donde encontrarás materiales promocionales descargables que pueden utilizarse y compartirse en tu página web, redes sociales, boletines o tablones de anuncios, lo que ayudará a crear conciencia y fomentar la participación.

Buenas noticias. V Domingo T.O. 08/02/2026

Mateo 5,13-16

Vosotros sois la luz del mundo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

DAR SABOR A LA VIDA

Una de las tareas más urgentes de la Iglesia de hoy y de siempre es conseguir que la fe llegue a los hombres como «buena noticia».

Con frecuencia entendemos la evangelización como una tarea casi exclusivamente doctrinal. Evangelizar sería llevar la doctrina de Jesucristo a aquellos que todavía no la conocen o la conocen de manera insuficiente.

Entonces nos preocupamos de asegurar la enseñanza religiosa y la propagación de la fe frente a otras ideologías y corrientes de opinión. Buscamos hombres y mujeres bien formados, que conozcan perfectamente el mensaje cristiano y lo transmitan de manera correcta. Tratamos de mejorar nuestras técnicas y organización pastoral.

Naturalmente, todo esto es importante, pues la evangelización implica anunciar el mensaje de Jesucristo. Pero no es esto lo único ni lo más decisivo. Evangelizar no significa solo anunciar verbalmente una doctrina, sino hacer presente en la vida de las gentes la fuerza humanizadora, liberadora y salvadora que se encierra en el acontecimiento y la persona de Jesucristo.

Entendida así la evangelización, lo más importante no es contar con medios poderosos y eficaces de propaganda religiosa, sino saber actuar con el estilo liberador de Jesús.

Lo decisivo no es tener hombres y mujeres bien formados doctrinalmente, sino poder contar con testigos vivientes del evangelio. Creyentes en cuya vida se pueda ver la fuerza humanizadora y salvadora que encierra el evangelio cuando es acogido con convicción y de manera responsable.

Los cristianos hemos confundido muchas veces la evangelización con el deseo de que se acepte socialmente «nuestro cristianismo». Las palabras de Jesús llamándonos a ser «sal de la tierra» y «luz del mundo» nos obligan a hacernos preguntas muy graves.

¿Somos los creyentes una «buena noticia» para alguien? Lo que se vive en nuestras comunidades cristianas, lo que se observa entre los creyentes, ¿es «buena noticia» para la gente de hoy?

¿Ponemos los cristianos en la actual sociedad algo que dé sabor a la vida, algo que purifique, sane y libere de la descomposición espiritual y del egoísmo brutal e insolidario? ¿Vivimos algo que pueda iluminar a las gentes en estos tiempos de incertidumbre, ofreciendo una esperanza y un horizonte nuevo a quienes buscan salvación?

José Antonio Pagola

XXXVIII Encuentro África: «¿Por qué se van los más formados?»

El pasado 31 de enero se celebró en Madrid el XXXVIII Encuentro África, una cita dedicada al análisis de los principales retos del continente africano. En esta edición, el encuentro se centró en el fenómeno de la «fuga de cerebros» en África y en sus consecuencias sociales, políticas y económicas.

La sesión inaugural corrió a cargo del periodista especializado en economía y relaciones internacionales, Jaume Portell Caño, quien ofreció la conferencia titulada «¿Por qué se van los más formados? Impactos sociales, políticos y económicos de la fuga de cerebros en África». Durante su intervención, Portell analizó las causas que impulsan la emigración de profesionales altamente cualificados, así como los efectos que este fenómeno tiene tanto en los países de origen como en los de destino.

Jaume Portell Caño es autor del ensayo ¿Por qué no se quedaron en África?, una obra en la que profundiza en las dinámicas migratorias del continente y en los factores estructurales que explican la salida de talento africano hacia otros países.

Buenas noticias. Domingo IV T.O. 01/02/2026

Mateo 5,1-12a

Dichosos los pobres en el espíritu

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»


ESCUCHAR DE CERCA LAS BIENAVENTURANZAS

Cuando Jesús sube a la montaña y se sienta para anunciar las bienaventuranzas, hay un gentío en aquel entorno, pero solo «los discípulos se acercan» a él para escuchar mejor su mensaje. ¿Qué escuchamos hoy los discípulos de Jesús si nos acercamos a él?

Dichosos «los pobres de espíritu», los que saben vivir con poco, confiando siempre en Dios. Dichosa una Iglesia con alma de pobre porque tendrá menos problemas, estará más atenta a los necesitados y vivirá el evangelio con más libertad. De ella es el reino de Dios.

Dichosos «los sufridos», los que viven con corazón benévolo y clemente. Dichosa una Iglesia llena de mansedumbre. Será un regalo para este mundo lleno de violencia. Ella heredará la tierra prometida.

Dichosos «los que lloran», porque padecen injustamente sufrimientos y marginación. Con ellos se puede crear un mundo mejor y más digno. Dichosa la Iglesia que sufre por ser fiel a Jesús. Un día será consolada por Dios.

Dichosos «los que tienen hambre y sed de justicia», los que no han perdido el deseo de ser más justos ni el afán de hacer un mundo más digno. Dichosa la Iglesia que busca con pasión el reino de Dios y su justicia. En ella alentará lo mejor del espíritu humano. Un día su anhelo será saciado.

Dichosos «los misericordiosos» que actúan, trabajan y viven movidos por la compasión. Son los que, en la tierra, más se parecen al Padre del cielo. Dichosa la Iglesia a la que Dios le arranca el corazón de piedra y le da un corazón de carne. Ella alcanzará misericordia.

Dichosos «los que trabajan por la paz» con paciencia y fe, buscando el bien para todos. Dichosa la Iglesia que introduce en el mundo paz y no discordia, reconciliación y no enfrentamiento. Ella será «hija de Dios».

Dichosos los que, «perseguidos a causa de la justicia», responden con mansedumbre a las injusticias y ofensas. Ellos nos ayudan a vencer el mal con el bien. Dichosa la Iglesia perseguida por seguir a Jesús. De ella es el reino de Dios.

José Antonio Pagola

Asamblea anual AMANI Laicos Combonianos por el Sur

Hoy hemos celebrado nuestra Asamblea Anual de AMANI-Laicos Combonianos por el Sur- un espacio de encuentro, escucha y compromiso compartido.


En este encuentro hemos hecho memoria agradecida de todo el camino recorrido durante el año 2025: los logros alcanzados, proyectos apoyados, actividades de sensibilización… todo ello gracias al apoyo y esfuerzo generoso de todos nuestros socios y colaboradores.


La asamblea también nos ha permitido mirar al futuro con esperanza. Juntos hemos planteado nuevos retos y objetivos para el próximo año, renovando nuestro compromiso de seguir creciendo, mejorando y respondiendo con responsabilidad e ilusión a los desafíos que tenemos por delante.


Una vez más queremos dar las gracias a todas las personas que nos apoyan y animan a seguir haciendo realidad el sueño de Comboni.