El próximo domingo 26 de abril de 2026, la Iglesia celebrará la Jornada de Vocaciones Nativas, una iniciativa promovida por las Obras Misionales Pontificias (OMP) que tiene como objetivo principal apoyar, mediante la oración y la colaboración económica, a los jóvenes que han sido llamados al sacerdocio o a la vida consagrada en los territorios de misión.
Esta jornada coincide con el cuarto domingo de Pascua, conocido como el Domingo del Buen Pastor, y se celebra conjuntamente con la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones bajo el lema «Todos oramos por todos».
Una llamada universal a la oración
La Jornada de Vocaciones Nativas es, ante todo, una invitación a toda la comunidad cristiana a rezar por las vocaciones en todo el mundo, especialmente en aquellos lugares donde la Iglesia está en crecimiento y cuenta con menos recursos.
En estos territorios, muchas vocaciones surgen con fuerza, pero encuentran dificultades económicas para completar su formación. Por ello, esta jornada busca sensibilizar sobre la importancia de sostener estas vocaciones, que son fundamentales para el futuro de las Iglesias locales.
El papel de las Obras Misionales Pontificias
Las OMP, a través de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, canalizan la ayuda económica que permite sostener seminarios y noviciados en los países de misión. Estas aportaciones se integran en un fondo universal de solidaridad que garantiza una distribución equitativa de los recursos.
Gracias a esta colaboración, miles de jóvenes pueden continuar su camino vocacional y convertirse en sacerdotes, religiosos o religiosas al servicio de sus propias comunidades.
Celebramos hoy el Día Internacional de la Tierra. Un día que nos invita a reflexionar hasta qué unto estamos comprometidos en el cuidado de nuestra Casa Común.
Desde la voz profética del Papa Francisco hasta el camino que hoy continúa el Papa León XIV, la invitación permanece intacta: escuchar el clamor de la Tierra y el de quienes más sufren sus heridas.
Como cristianos, estamos llamados a cuidar, proteger y transformar.
El planeta nos habla. La fe nos mueve. Y cuando ambas voces se encuentran, nace una responsabilidad que no podemos ignorar.
Cuidar la creación es cuidar la vida. Y hoy, más que nunca, la Tierra nos pide que respondamos.
Hoy se cumple un año desde la partida a la casa del Padre del Papa Francisco. Su pontificado ha marcado un antes y un después en la Iglesia y en el modo de entender su papel en el mundo, caracterizándose por un giro hacia lo pastoral, lo social y lo ambiental.
Recordamos hoy algunos puntos clave que definen su legado y los elementos fundamentales de su tiempo como sucesor de Pedro:
1. Una «Iglesia para los Pobres» y las Periferias
Francisco rompió con el protocolo desde el primer día. Su mayor legado es haber desplazado el centro de atención del Vaticano hacia las «periferias» del mundo.
Sencillez personal: Optó por vivir en la Casa Santa Marta en lugar del Palacio Apostólico y utilizó vehículos modestos.
Atención a los marginados: Sus viajes no siempre fueron a grandes potencias, sino a lugares golpeados por la guerra, la pobreza o la migración (Lampedusa, República Centroafricana, Irak).
Prioridad social: Puso la dignidad humana por encima de las estructuras burocráticas, centrando su discurso en los refugiados, los ancianos y los desempleados.
2. Ecología Integral: Laudato si’
Fue el primer Papa en dedicar una encíclica entera al cuidado del medio ambiente.
El «Cuidado de la Casa Común»: Introdujo el concepto de que el cambio climático no es solo un problema científico, sino una crisis moral y social que afecta principalmente a los más vulnerables.
Conexión espiritual con la creación: Inspirado en San Francisco de Asís, promovió un estilo de vida más austero y consciente frente al consumismo.
3. Fraternidad Universal y Diálogo
A través de su encíclica Fratelli tutti y sus gestos ecuménicos, buscó unir a una humanidad dividida.
Diálogo con el Islam: Su histórica firma del Documento sobre la Fraternidad Humana en Abu Dabi sentó las bases para una nueva era de paz entre católicos y musulmanes.
Cultura del encuentro: Constantemente pidió construir puentes en lugar de muros, enfrentando el auge del nacionalismo y el individualismo.
4. Reformas Estructurales y la «Sinodalidad»
Francisco inició un proceso de transformación interna en la Iglesia que aún resuena:
Reforma de la Curia: Mediante la constitución Praedicate Evangelium, buscó una administración vaticana más eficiente y menos «palaciega».
Transparencia financiera: Creó mecanismos para fiscalizar las finanzas del Vaticano, buscando erradicar la corrupción histórica.
Sinodalidad: Promovió una Iglesia donde los laicos (especialmente las mujeres) y los obispos locales tuvieran más voz en la toma de decisiones.
5. La Misericordia como Eje Central
Su lema Miserando atque eligendo se reflejó en el Jubileo de la Misericordia (2016).
Enfocó la doctrina en el perdón y la acogida, más que en la condena moral estricta, lo que a menudo generó debates con los sectores más conservadores de la Iglesia.
Su legado se resume en su propia frase: «¡Cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!»
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?» Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replico: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les pregunto: «¿Qué?» Ellos le contestaron: «Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»
Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?» Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.» Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.» Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
RECORDAR MÁS A JESÚS
El relato de los discípulos de Emaús nos describe la experiencia vivida por dos seguidores de Jesús mientras caminan desde Jerusalén hacia la pequeña aldea de Emaús, a ocho kilómetros de distancia de la capital. El narrador lo hace con tal maestría que nos ayuda a reavivar también hoy nuestra fe en Cristo resucitado.
Dos discípulos de Jesús se alejan de Jerusalén abandonando el grupo de seguidores que se ha ido formando en torno a él. Muerto Jesús, el grupo se va deshaciendo. Sin él no tiene sentido seguir reunidos. El sueño se ha desvanecido. Al morir Jesús muere también la esperanza que había despertado en sus corazones. ¿No está sucediendo algo de esto en nuestras comunidades? ¿No estamos dejando morir la fe en Jesús?
Sin embargo, estos discípulos siguen hablando de Jesús. No lo pueden olvidar. Comentan lo sucedido. Tratan de buscar algún sentido a lo que han vivido junto a él. «Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos. ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a tantos creyentes que abandonan la Iglesia, pero lo siguen recordando?
La intención del narrador es clara: Jesús se acerca cuando los discípulos lo recuerdan y hablan de él. Se hace presente allí donde se comenta su Evangelio, donde hay interés por su mensaje, donde se conversa sobre su estilo de vida y su proyecto. ¿No está Jesús tan ausente entre nosotros porque hablamos poco de él?
Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Conversando con él irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior. Es así. Si en la Iglesia hablamos más de Jesús y conversamos más con él, nuestra fe revivirá.
Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel «desconocido» se quede con ellos. Al celebrar la cena eucarística se les abren los ojos y lo reconocen: ¡Jesús está con ellos alimentando su fe!
Los cristianos hemos de recordar más a Jesús: citar sus palabras, comentar su estilo de vida, ahondar en su proyecto. Hemos de abrir más los ojos de nuestra fe y descubrirlo lleno de vida en nuestras eucaristías. Jesús no está ausente. Camina junto a nosotros.
Compartimos el programa Pueblo de Dios, emitido el pasado domingo, sobre la presencia y el testimonio de los Misioneros Combonianos en Perú. Un reportaje que nos permite descubrir la enorme labor y entrega de tantos misioneros que, con su vida, anuncian la alegría del Evangelio.