Mensaje del Papa para la jornada del DOMUND 2026

El Papa León XIV ha hecho público su Mensaje para el Domund, que este año 2026 cumple 100 años. El tema de este Domund, el del centenario, es “Uno en Cristo, unidos en la misión”, que hace referencia al propio lema del Papa “En el Uno (Cristo), somos uno”.

El mensaje está organizado en tres partes. El Papa justifica que “después del Año jubilar, deseo exhortar a toda la Iglesia a continuar con alegría y celo en el Espíritu Santo el camino misionero, que requiere corazones unificados en Cristo, comunidades reconciliadas y, en todos, disponibilidad para colaborar con generosidad y confianza”.

En la primera parte, “Uno en Cristo. Discípulos misioneros unidos en Él y con los hermanos y hermanas”, destaca que “en el centro de la misión está el misterio de la unión con Cristo”. La Iglesia es “una comunión que nace de la Trinidad y que vive de y en la Trinidad, al servicio de la fraternidad entre todos los seres humanos y de la armonía con todas las criaturas”, destaca el Papa ya que “ser cristianos no es ante todo un conjunto de prácticas o ideas; es una vida en unión con Cristo, en la que participamos de la relación filial que Él vive con el Padre en el Espíritu Santo”. Por ello, León XIV pide un enfoque ecuménico o vivir los sacramentos para desarrollar “la misión evangelizadora, que Cristo confió a sus discípulos, requiere ante todo corazones reconciliados y deseosos de comunión”.

“Unidos en la misión. Para que el mundo crea en Cristo Señor” es la segunda parte.  Destaca la fuerza “del testimonio de una comunidad reconciliada, fraterna y solidaria donde el anuncio del Evangelio encuentra toda su fuerza comunicativa”. A los 110 años de la creación de la ‘Pontificia Unión Misional’ reivindica que “ningún bautizado es ajeno o indiferente a la misión; todos, cada uno según su vocación y condición de vida, participan en la gran obra que Cristo confía a su Iglesia”. Por ello pide “estar unidos en la misión significa custodiar y alimentar la espiritualidad de comunión y colaboración misionera”. “La unidad misionera, obviamente, no debe entenderse como uniformidad, sino como convergencia de los diferentes carismas con el mismo objetivo: hacer visible el amor de Cristo e invitar a todos al encuentro con Él”.

En la tercera parte, “Misión de amor. Anunciar, vivir y compartir el amor fiel de Dios”,  destaca que “si la unidad es la condición de la misión, el amor es su esencia”. “La misión de los discípulos y de toda la Iglesia es la prolongación, en el Espíritu Santo, de la misión de Cristo; una misión que nace del amor, se vive en el amor y conduce al amor”, explica destacando la labor de tantos misioneros en la historia que “siguen entregándose con alegría a pesar de las adversidades y las limitaciones humanas, porque saben que Cristo mismo, con su Evangelio”. “El mundo sigue necesitando estos valientes testigos de Cristo, y las comunidades eclesiales siguen necesitando nuevas vocaciones misioneras, que debemos tener siempre en el corazón y por las que debemos rogar continuamente al Padre”, además, invita: “comprometámonos todos a contribuir, cada uno según su vocación y los dones recibidos, a la gran misión evangelizadora, que es siempre obra del amor” a través de la oración.

Por último, el mensaje el mensaje de este año, “para favorecer la comunión espiritual”, se cierra con una sencilla oración de León XIV:

Padre santo, concédenos ser uno en Cristo, arraigados en su amor que une y renueva. Haz que todos los miembros de la Iglesia estén unidos en la misión, dóciles al Espíritu Santo, valientes en dar testimonio del Evangelio, anunciando y encarnando cada día tu amor fiel por cada criatura. Bendice a los misioneros y misioneras, apóyalos en su esfuerzo, presérvalos en la esperanza.

texto completo del mensaje para el DOMUND 2026

Buenas noticias. Domingo 20º T.O. 16/08/2026

Mateo 15,21-28

Mujer, qué grande es tu fe

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.» Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.» Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.» Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.» Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.» Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija.

EL GRITO DE LA MUJER

Cuando en los años ochenta del siglo I Mateo escribe su evangelio, la Iglesia tiene planteada una grave cuestión: ¿qué han de hacer los seguidores de Jesús? ¿Encerrarse en el marco del pueblo judío o abrirse también a los paganos?

Jesús solo había actuado dentro de las fronteras de Israel. Eliminado rápidamente por el representante de Roma y los dirigentes del templo, no había podido hacer nada más. Sin embargo, rastreando en su vida, los discípulos recordaron dos cosas muy iluminadoras. Primero, Jesús era capaz de descubrir entre los paganos una fe más grande que entre sus propios seguidores. Segundo, Jesús no había reservado su compasión solo para los judíos. El Dios de la compasión es de todos.

La escena es conmovedora. Una mujer sale al encuentro de Jesús. No pertenece al pueblo elegido. Es pagana. Proviene del maldito pueblo de los cananeos, que tanto había luchado contra Israel. Es una mujer sola y sin nombre. Tal vez es madre soltera, viuda o ha sido abandonada por los suyos.

Mateo solo destaca su fe. Toda su vida se resume en un grito que expresa lo profundo de su desgracia. Viene detrás de los discípulos «gritando». No se detiene ante el silencio de Jesús ni ante el malestar de sus discípulos. La desgracia de su hija, poseída por «un demonio muy malo», se ha convertido en su propio dolor: «Señor, ten compasión de mí».

En un momento determinado, la mujer alcanza al grupo, detiene a Jesús, se postra ante él y de rodillas le dice: «Señor, socórreme». No acepta las explicaciones de Jesús, dedicado a su quehacer en Israel. No acepta la exclusión étnica, política, religiosa y de sexos en que se encuentran tantas mujeres, sufriendo soledad y marginación.

Es entonces cuando Jesús se manifiesta en toda su humildad y grandeza: «Mujer, ¡qué grande es tu fe!, que se cumpla lo que deseas». La mujer tiene razón. De nada sirven otras explicaciones. Lo primero es aliviar el sufrimiento. Su petición coincide con la voluntad de Dios.

¿Qué hacemos los cristianos de hoy ante los gritos de tantas mujeres solas, marginadas, maltratadas y olvidadas por la Iglesia? ¿Las dejamos de lado justificando nuestro abandono por exigencias de otros quehaceres? Jesús no lo hizo.

José Antonio Pagola

La crisis ecológica, ¿solo un problema ambiental?

Cuando hablamos de crisis ecológica, solemos pensar en el cambio climático, la contaminación o la pérdida de biodiversidad. Sin embargo, esta realidad va mucho más allá. También es una crisis espiritual, relacional y civilizatoria, que cuestiona nuestra manera de vivir, de relacionarnos con la creación y de entender nuestra misión en el mundo.

La Revista CLAR No. 2 de 2026, dedicada a la Ecoteología, nos invita a profundizar en esta mirada integral desde la fe. Sus artículos proponen una reflexión que une el compromiso cristiano con la justicia socioambiental, la defensa de la Casa Común y el cuidado de toda la creación, en sintonía con el llamado de la Iglesia a una conversión ecológica.

Como LMC, esta lectura puede ayudarnos a renovar nuestro compromiso con una misión que no solo anuncia el Evangelio, sino que también promueve el cuidado de la vida en todas sus expresiones.

Consulta la revista completa aquí: Revista CLAR No. 2 de 2026 – Ecoteología

ASAMBLEA LMC ESPAÑA 2026

Del 2 al 8 de agosto hemos vivido nuestra Asamblea Anual en Becerril de la Sierra, unos días de encuentro, oración, reflexión y convivencia que nos han ayudado a detenernos, orar y, sobre todo, renovar nuestra mirada hacia la misión que estamos llamados a vivir como LMC.

El lema que nos ha acompañado durante estos días “El amor del alfarero y la docilidad del barro”nos ha invitado a contemplar nuestra propia vida desde la imagen del alfarero que, con paciencia y ternura, toma el barro entre sus manos y le va dando forma.

Durante la Asamblea nos hemos regalado tiempo para escucharnos, para reconocer lo que vivimos y para abrir juntos nuevos caminos. De manera especial, hemos escuchado a nuestros compañeros que están en misión, cuyas experiencias nos han acercado a la realidad de Centroáfrica, Brasil y Kenia. Sus testimonios nos han recordado que la misión nace del encuentro y se alimenta de la comunidad.

Concluimos nuestro encuentro con la certeza de que todavía queda mucho por construir y también con la confianza de que no caminamos solos. Queremos seguir siendo barro en las manos del Alfarero: disponibles para dejarnos moldear, para cambiar cuando sea necesario y para poner nuestros dones al servicio de los demás. Con la mirada puesta en la misión, queremos continuar haciendo realidad aquello que hemos descubierto juntos: que cuando nos dejamos tocar por el amor de Dios, nuestra vida puede convertirse también en instrumento de ese amor para el mundo.

Regresamos a Manzanillo para seguir remando en la Barca de Pedro

El pasado 4 de julio, como Laicos Misioneros Combonianos, tuvimos la alegría de regresar nuevamente a la comunidad de Manzanillo, para continuar compartiendo la misión, la fe y la cercanía con nuestros hermanos y hermanas.

Durante la mañana realizamos una jornada médica pediátrica, en la cual pudimos recibir a los más pequeños de la comunidad. Fue un espacio de servicio, escucha y acompañamiento, donde se brindó atención médica, diagnóstico y entrega de medicamentos. Cada niño atendido nos recordó la importancia de una misión que no solo anuncia con palabras, sino también con gestos concretos de amor y cuidado.

Ver llegar a las familias con confianza y esperanza nos llenó el corazón. Como comunidad misionera, comprendemos que servir es también una forma de evangelizar, especialmente cuando el amor de Dios se hace presente en la atención a quienes más lo necesitan.

Por la tarde compartimos una convivencia con los adultos de la comunidad, reflexionando juntos sobre el tema “La Barca de Pedro”. Este momento nos invitó a reconocer que todos estamos llamados a subirnos a esa barca que es la Iglesia, una barca que a veces enfrenta vientos fuertes, cansancio o incertidumbre, pero que sigue avanzando porque Cristo va con nosotros.

En medio de la reflexión, también vivimos un momento muy especial y fraterno: preparamos juntos un pastel imposible. Más que una receta, fue una experiencia de encuentro, trabajo en equipo y alegría compartida. Al final, el pastel se repartió entre las personas de la comunidad, convirtiéndose en un signo sencillo pero profundo de comunión.

Esta visita nos recordó que la misión se construye paso a paso, con presencia constante, con escucha, con servicio y con pequeños detalles que hablan del amor de Dios. Manzanillo sigue siendo para nosotros un lugar de encuentro, aprendizaje y esperanza.

Damos gracias a Dios por permitirnos regresar, por cada niño atendido, por cada familia recibida, por cada sonrisa compartida y por la oportunidad de seguir caminando junto a esta comunidad.

Como decía San Daniel Comboni: “La misión se hace de rodillas.”

Que cada visita, cada servicio y cada gesto fraterno nos ayude a seguir remando juntos en la Barca de Pedro, confiando siempre en que Cristo guía nuestra misión.

LMC Guatemala