LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI


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ASAMBLEA DE AMANI

El día 22 de enero, los laicos combonianos, y socios de Amani, hemos tenido ocasión de compartir y ver lo “caminado” en todo un año de trabajo y puesta en común de esfuerzos e ilusiones, para seguir siendo puente entre las personas.

El formato, el que “toca”: online… Pero no importa, este es el tiempo que nos toca vivir y lo hacemos con esperanza en nuestro seguimiento de Jesús. Bonito ver que siempre parece que es poco lo que se hace y sin embargo seguimos “estando”, seguimos enviando, y seguimos construyendo con las manos y fuerzas de los que están allí y las ganas y entusiasmo de los que estamos aquí. 

Cuentas claras y números que vuelan a Mozambique, Etiopía, Brasil y República Centroafricana. Dinero que se transforma, con amor y esperanza, en becas de estudio, en comida y asistencia sanitaria de emergencias en un país en guerra, en proyectos de energía y conexión en las zonas más olvidadas del planeta, en acompañar, asistir y escolarizar a niños de la calle, en reconstruir un vallado o iluminar zonas oscuras de una misión.

Estamos gracias a vosotros, y queremos seguir trabajando de la mano de todos los que soñáis con mundos sin “tantos escalones” y con más “llanuras” donde se pueda construir y caminar en igualdad.

Os invitamos a visitar la página web de Amani, y conocernos, a ver las memorias que hemos colgado en la página web y descubrir que el 98% del dinero que ingresamos es para proyectos. Os animamos a preguntar, a haceros socios, a buscar con nosotros formas nuevas para mejorar la vida de nuestros hermanos del sur.

Os queremos con nosotros en el apasionante camino que inició Jesús de Nazaret y que no queremos dejar de recorrer en lucha por la justicia y siempre al servicio de los últimos.

Amani. Laicos Combonianos


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BUENA NOTICIA (DOMINGO 23 ENERO 2022)

Del evangelio según san Lucas (1,1-4;4,14-21):

Ilustre Teófilo:
Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto escribírtelos por su orden, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque él me ha ungido.
Me ha enviado a evangelizar a los pobres,
a proclamar a los cautivos la libertad,
y a los ciegos, la vista;
a poner en libertad a los oprimidos;
a proclamar el año de gracia del Señor».
Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.
Y él comenzó a decirles:
«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

BUENA NOTICIA PARA LOS POBRES
Uno de los rasgos más escandalosos e insoportables de la conducta de Jesús es su defensa decidida de los pobres. Una y otra vez, los cristianos tratamos de escamotear algo que es esencial en su actuación.

No nos engañemos. Su mensaje no es una buena noticia para todos, de manera indiscriminada. Él ha sido enviado para dar una buena noticia a los pobres: el futuro proyectado y querido por Dios les pertenece a ellos.

Tienen suerte los pobres, los marginados por la sociedad, los privados de toda defensa, los que no encuentran sitio en la convivencia de los fuertes, los despojados por los poderosos, los humillados por la vida. Ellos son los destinatarios del reino de Dios, los que se alegrarán cuando Dios «reine» entre sus hijos e hijas.

Pero ¿por qué son ellos los privilegiados? ¿Es que los pobres son mejores que los demás para merecer de Dios un trato especial? La posición de Jesús es sencilla y clara. No afirma nunca que los pobres, por el hecho de serlo, sean mejores que los ricos. No defiende un «clasismo moral». La única razón de su privilegio consiste en que son pobres y oprimidos. Y Dios no puede «reinar» en el mundo sino haciéndoles justicia.

Dios no puede ser neutral ante un mundo desgarrado por las injusticias de los hombres. El pobre es un ser necesitado de justicia. Por eso la llegada de Dios es una buena noticia para él. Dios no puede reinar sino defendiendo la suerte de los injustamente maltratados.

Si el reinado de Dios se impone, los pobres serán felices. Porque donde Dios «reina» no podrán ya reinar los poderosos sobre los débiles ni los fuertes sobre los indefensos.

Pero no lo olvidemos. Lo que es buena noticia para los pobres resuena como amenaza y mala noticia para los intereses de los ricos. Tienen mala suerte los ricos. El futuro no les pertenece. Sus riquezas les impiden abrirse a un Dios Padre.

José Antonio Pagola (www.gruposdejesus.com)


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Evangelio del Domingo 16 Jornada de la Infancia Misionera

Jn 2, 1-11

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino».
Jesús le dice:
«Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dice a los sirvientes:
«Haced lo que él os diga».
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dice:
«Llenad las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les dice:
«Sacad ahora y llevadlo al mayordomo».
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice:
«Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

Comentario de Obras Misionales Pontificias

Todavía deslumbrados por la luz del Niño Dios, celebrado en esta reciente Navidad, se nos invita en este día a verlo como “¡Luz para el mundo!”. Un cristiano, en su familia, en su trabajo, en su ambiente, tiene que ser ejemplo de buenas obras; ser como una luz que anime a otros a seguir a Jesús y que ayude a hacer felices a los demás.
Hoy es la Jornada de la Infancia Misionera; una Obra que promueve la ayuda recíproca entre los niños del mundo. En ella los niños son pequeños misioneros. Pidamos por los niños y niñas de toda la Tierra, especialmente por los que más necesiten de nuestra oración.

¿Qué es la Infancia Misionera? ¿Qué se os pide a los niños cristianos en este día?
– Acompañar al Niño Jesús, este año fijándoos en lo que vivió en Jerusalén.
– Rezar por los misioneros, y por los niños y niñas a los que ellos atienden.
– Ayudarles donando algo de vuestros pequeños ahorros.
– Ser pequeños misioneros. “Atrévete a ser misionero”; “atrévete”, porque muchas veces los niños “os picáis” uno a otro diciendo: “¿A que no te atreves?”.
Las lecturas proclamadas hoy:
– “No callaré…, no descansaré, hasta que… su salvación llamee como antorcha” (primera lectura): queremos que la luz de Jesús ilumine todo el mundo.
– Contar a todos los pueblos las maravillas del Señor (salmo) es lo que hacen los misioneros, ¡y nosotros también podemos hacerlo!
– El Espíritu (segunda lectura) es quien nos mueve a todo esto.
– La Virgen María nos enseña el secreto para ser buenos misioneros: “Haced lo que Él os diga”
(Evangelio).


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Campaña LMC Navidad 2021

Proyecto “Carapira: Una gran familia”

Como todos los años por Navidad, los Laicos Misioneros Combonianos hemos realizado nuestra Campaña de Animación Misionera y sensibilización en diferentes parroquias de Granada con la venta de flores de Pascua. El objetivo de esta campaña es dar a conocer nuestro trabajo misionero al mismo tiempo que presentamos uno de los proyectos en los que estamos trabajando.

Los beneficios de la campaña de este año se han destinado a apoyar a nuestra comunidad LMC en el trabajo con los jóvenes desde la Escuela de Formación profesional donde se imparten especialidades de Cerrajería mecánica, Mecánica y automoción, Carpintería, Informática y gestión en la parroquia de Carapira (Mozambique).

Desde aquí agradecemos la acogida que hemos tenido en las diferentes parroquias así como el apoyo de todos los amigos/as y bienhechores/as que han hecho posible esta campaña.

Además de esto, otras ciudades han organizado actividades de animación misionera, como en Murcia, donde Carmen Aranda y su familia han instalado un mercadillo solidario con artesanía africana en su parroquia (Vistalegre, Murcia) para dar a conocer los proyectos de los laicos misioneros combonianos en el mundo. La gente ha acogido la iniciativa de forma espléndida.

En este enlace podéis encontrar un tríptico sobre nuestro proyecto misionero en Mozambique.


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Evangelio del domingo 9: Bautismo del Señor (Lucas 3,15-16.21-22)

Un cierto día, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.»
En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.»

¿PARA QUÉ CREER?
Son bastantes los hombres y mujeres que un día fueron bautizados por sus padres y hoy no sabrían definir exactamente cuál es su postura ante la fe. Quizá la primera pregunta que surge en su interior es muy sencilla: ¿para qué creer? ¿Cambia algo la vida por creer o no creer? ¿Sirve la fe realmente para algo?

Estas preguntas nacen de su propia experiencia. Son personas que poco a poco han arrinconado a Dios de su vida. Hoy Dios no cuenta en absoluto para ellas a la hora de orientar y dar sentido a su existencia.

Casi sin darse cuenta, un ateísmo práctico se ha ido instalando en el fondo de su ser. No les preocupa que Dios exista o deje de existir. Todo eso les parece un problema extraño que es mejor dejar de lado para asentar la vida sobre bases más realistas.

Dios no les dice nada. Se han acostumbrado a vivir sin él. No experimentan nostalgia o vacío alguno por su ausencia. Han abandonado la fe y todo marcha en su vida tan bien o mejor que antes. ¿Para qué creer?

Esta pregunta solo es posible cuando uno «ha sido bautizado con agua», pero no ha descubierto qué significa «ser bautizado con el Espíritu de Jesucristo». Cuando uno sigue pensando erróneamente que tener fe es creer una serie de cosas enormemente extrañas que nada tienen que ver con la vida, y no conoce todavía la experiencia viva de Dios.

Encontrarse con Dios significa sabernos acogidos por él en medio de la soledad; sentirnos consolados en el dolor y la depresión; reconocernos perdonados del pecado y la mediocridad; sentirnos fortalecidos en la impotencia y caducidad; vernos impulsados a amar y crear vida en medio de la fragilidad.

¿Para qué creer? Para vivir la vida con más plenitud; para situarlo todo en su verdadera perspectiva y dimensión; para vivir incluso los acontecimientos más triviales e insignificantes con más profundidad.

¿Para qué creer? Para atrevernos a ser humanos hasta el final; para no ahogar nuestro deseo de vida hasta el infinito; para defender nuestra libertad sin rendir nuestro ser a cualquier ídolo; para permanecer abiertos a todo el amor, la verdad, la ternura que hay en nosotros. Para no perder nunca la esperanza en el ser humano ni en la vida.

José Antonio Pagola (www.gruposdejesus.com)