El 3 de agosto, Marzena Gibek concluyó su servicio misionero de tres años en Kitelakapel, en West Pokot, y regresó a Polonia.
Durante estos tres años, Marzena se ha dedicado en cuerpo y alma a servir a la gente de West Pokot. Como fisioterapeuta en el dispensario de Kitelakapel, ha atendido a innumerables pacientes con compasión, profesionalidad y amor, llevando sanación, esperanza y consuelo a muchas familias.
Su misión fue mucho más allá de la asistencia sanitaria. Marzena también se ocupó fielmente de la capilla de Kitelakapel, contribuyendo a convertirla en un lugar acogedor de oración y culto. Empoderó a las mujeres locales organizando talleres de costura y enseñándoles a confeccionar bonitas pulseras, lo que les proporcionó habilidades prácticas, confianza y nuevas oportunidades.
Despedirse no fue fácil. La gente de Kitelakapel se reunió para expresar su profunda gratitud por su servicio desinteresado, su amabilidad y su amistad. Nuestra comunidad misionera en Kenia también le dio una despedida cálida y emotiva. Fue un momento precioso, lleno de agradecimiento, amor y muchos recuerdos entrañables.
Querida Marzena, gracias por tus tres años de fiel servicio misionero. Gracias por compartir tus dones y talentos, tu tiempo y tu corazón con la gente de Kitelakapel. Que Dios te bendiga abundantemente al comenzar este nuevo capítulo de tu vida, y que el amor y la esperanza que has sembrado aquí sigan dando fruto durante muchos años más.
Te echaremos de menos y siempre ocuparás un lugar especial en nuestros corazones.
El obispo de Nacala anunció su intención de iniciar el proceso de beatificación de la hermana María De Coppi, misionera comboniana asesinada hace cuatro años durante un ataque terrorista contra la misión en Chipene, en el norte de Mozambique.
En una entrevista telefónica, el arzobispo Alberto Vera Aréjula confirmó a Comboni Press su intención de iniciar el proceso diocesano para la beatificación de la hermana María De Coppi en 2027 .
El prelado explicó que el proceso no se inició antes porque la legislación de la Iglesia Católica establece que deben transcurrir al menos cinco años desde el fallecimiento de la persona.
“Comenzaremos recién en 2027”, dijo el obispo misionero de origen español.
El obispo Alberto Vera Aréjula también anunció la formación de un equipo mixto, integrado por sacerdotes, religiosas y laicos, encargado de preparar el camino para la apertura del proceso.
La hermana María De Coppi fue asesinada el 6 de septiembre de 2022 durante un ataque terrorista nocturno contra la misión de Chipene, que fue incendiada.
La misionera italiana tenía 83 años y había dedicado 60 años de su vida al servicio del pueblo mozambiqueño.
Para conmemorar el cuarto aniversario de su muerte, el padre Davide De Guidi, misionero comboniano, celebró una misa en Chipene en memoria de la hermana Maria De Coppi y de las demás personas de las comunidades de Namitico, Natuto y Micula, que también perdieron la vida durante el ataque.
El testimonio de la hermana María De Coppi perdura en la memoria del pueblo mozambiqueño, que la recuerda como una mujer que dedicó su vida a la misión.
Cada año, la misión de Chipene organiza una peregrinación para conmemorar al misionero y a las demás víctimas del ataque.
El pasado sábado celebramos como familia comboniana la ordenación diaconal de Saúl y Etienne, dos de los escolásticos que en los últimos años han formado parte de la comunidad de misioneros combonianos de Granada. La celebración tuvo lugar el la parroquia Virgen de las Mercedes y fue presidida por el Sr. Arzobispo de Granada, D. José María Gil Tamayo.
Fue un día de fiesta, de encuentro y, sobre todo, de acción de gracias por la vida y la vocación que Dios sigue suscitando entre nosotros.
La celebración nos recordó que la vocación misionera no se vive en solitario. Caminamos juntos, acompañándonos, compartiendo la fe y celebrando como familia los pasos que cada hermano va dando en su camino.
D. José Mª en su homilía nos invitó a recordar a san Daniel Comboni, que soñó con una misión vivida desde la entrega, la confianza en Dios y el deseo de anunciar el Evangelio junto a otros. Su lema «Salvar África con África» sigue invitándonos hoy a ser una familia misionera abierta, disponible y comprometida con la realidad de nuestro mundo.
Terminamos la jornada con el corazón agradecido y con la certeza de que la misión continúa. Damos gracias por estos Saúl y Etienne y pedimos que el Señor siga acompañando sus pasos. Que, como Comboni, sepan poner su vida al servicio de la misión y de las personas, allí donde sean enviados.
No te digo que le perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.» El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes.» El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.» Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»
APOLOGÍA DEL PERDÓN
Casi siempre que he escrito sobre el perdón he recibido cartas, por lo general anónimas, en que se me acusaba de olvidar el sufrimiento de las víctimas del terrorismo, de no entender la humillación de quien ha sido traicionado por su cónyuge, de no «tener los pies sobre el suelo» y cosas semejantes.
No me resulta difícil comprender esta resistencia al perdón. ¿Cómo no voy a intuir la rabia, impotencia y dolor de quien ha sido víctima de la violencia, el desprecio o la traición? Pero, precisamente, el resentimiento y la agresividad que se advierten tras esas líneas me hacen ver con mayor claridad qué sería de un mundo en que se suprimiera el perdón.
Hay un mecanismo de defensa bien conocido por los psicólogos. En virtud de un «mimetismo misterioso», quien ha sido víctima de una agresión tiende a su vez a imitar de alguna manera a su agresor. Se trata de una reacción casi instintiva que se desata en el inconsciente individual o colectivo y puede incluso transmitirse de generación en generación.
Si, en algún momento, no se produce una reacción de signo contrario, el mal tiende a perpetuarse. Cuando la víctima no quiere o no puede perdonar, queda en ella una «herida mal curada» que le hace daño, pues la encadena negativamente al pasado. De la misma manera, el resentimiento instalado en una sociedad hace más difícil la lucidez para buscar caminos de convivencia, y puede bloquear todo esfuerzo por encontrar solución a los conflictos.
El deseo de revancha es, sin duda, la respuesta más instintiva ante la ofensa. La persona necesita defenderse de la herida recibida, pero, como advierte el conocido experto Jacques Pohier, quien pretenda curar su herida infligiendo sufrimiento al agresor, se equivoca. El sufrimiento no posee un poder mágico para curar de la humillación o la agresión recibidas. Puede producir una breve satisfacción, pero la persona necesita algo más para volver a vivir de forma sana. Lo decía hace mucho tiempo Henri Lacordaire: «¿Quieres ser feliz un momento? Véngate. ¿Quieres ser feliz siempre? Perdona».
A veces se olvida que el proceso del perdón a quien más bien hace es al ofendido, pues lo libera del mal, hace crecer su dignidad y nobleza, le da fuerzas para recrear su vida, le permite iniciar nuevos proyectos. Cuando Jesús invita a perdonar «hasta setenta veces siete», está invitando a seguir el camino más sano y eficaz para erradicar de nuestra vida el mal. Sus palabras adquieren una hondura todavía mayor para quien cree en Dios como fuente última de perdón: «Perdonad y seréis perdonados».
Tu vida tiene una misión. Dios te llama por tu nombre y cuenta contigo para transformar el mundo desde aquello que eres y los dones que has recibido.
COMBOJOVEN es una invitación a parar, escuchar y discernir. Un espacio para descubrir qué quiere Dios de ti, cuál es tu vocación y cómo puedes poner tu vida al servicio de los demás.
Durante estos fines de semana podrás profundizar en tu fe, conocerte mejor, compartir con otros jóvenes y abrirte a la llamada de Dios. Porque descubrir tu vocación no es solo preguntarte «¿qué quiero hacer con mi vida?», sino también «Señor, ¿qué quieres hacer Tú con mi vida?».