LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI


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Día mundial del Medio Ambiente

Mañana 5 de junio celebramos el  Día del Medio Ambiente. Y desde REDES nos animan a las entidades miembro y a las redes territoriales a que este día no pase desapercibido y sea una nueva oportunidad para seguir impulsando la toma de conciencia sobre la necesidad de promover el Cuidado de la Creación. Para ello, os ofrecemos varias propuestas que nos ayuden a trabajar en este sentido.

Además, esta efeméride coincide con los dos años de la campaña de Enlázate por la Justicia ‘Si Cuidas el Planeta, Combates la Pobreza’ así como con la culminación de la primera de las etapas que nos marcamos en 2016.  Queremos, desde la realidad de cada territorio, seguir impulsando esta conversión ecológica a la que nos anima el Papa Francisco en la Encíclica ‘Laudato Si’.

 Para ello, os proponemos:

Pedid la movilización global de todos los agentes sociales y de la ciudadanía ante la próxima celebración en Polonia de la COP24. Lo podéis hacer a través de una nota de prensa(disponible a partir del lunes 4 de junio) que os proponemos difundir en los medios que estén a vuestro alcance, integrando las actividades que vayáis a realizar. En este documento, se hace un llamamiento a combatir los efectos del cambio climático y a evitar todas aquellas prácticas y hábitos que ahora mismo promueven ese calentamiento global y cuyos peores impactos recaerán en las próximas décadas sobre las comunidades más empobrecidas del planeta.

El documental de Leonardo Di Caprio nos permite seguir al actor analizando la situación del planeta y entrevistando a grandes expertos y personajes, entre ellos el Papa Francisco. Podéis organizar la proyección de la cinta y, a continuación, utilizar los materiales de sensibilización propuestos por nuestra entidad socia FISC en el marco de la campaña ‘Si Cuidas el Planeta, combates la Pobreza’.  En la carta adjunta se explica cómo proyectar la película con todos los derechos y el acceso a los materiales. Incluso puede ser un buen momento para presentar la campaña.

Celebrad nuestra tradicional Vigilia. Siempre es buen momento de juntarnos para orar y celebrar como comunidad animada por la ‘Laudato Si’. 

Descargar materiales:

Guión Vigilia EpJ 2018

Nota Prensa Día Medio Ambiente

Película Antes que sea tarde


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MISIONEROS DE FRONTERA

Programa Pueblo de Dios  en el que recordamos las misiones combonianas de Mongoumba (República Centroafricana), Toko-Toko y Manigrí (Benín) con el trabajo impagable por el desarrollo de los pueblos y la dignidad de las personas llevado a cabo por combonianos españoles: Jesús Ruiz, Juan José Tenías y José Girau.

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Muchos pasos en una sola mirada

Son muchas las veces que dejamos nuestra casa y nos aventuramos por los caminos tortuosos y las colinas de Villa Ecológica. Son tantas las veces que por los caminos encontramos historias de vida que se comparten en la sencillez del umbral de la puerta. En la calle es donde más nos gusta pasar nuestro tiempo. En la sencillez de cada encuentro nos conocemos y compartimos los valores de una vida. Cada rostro que llega hasta nosotras nos habla de una cultura, nos habla de un pueblo del que estamos cada vez más enamoradas. La visita significa muchas veces la esperanza y la alegría del saber que no estamos solos. Nos dejan a menudo entrar en sus casas y comparten con nosotros el pan de cada día. Es a través de todas las personas con quienes nos cruzamos cada día que sentimos la llamada a la misión.

Misión es un caminar juntos, es aceptarnos con todo lo que somos y traemos dentro de un pecho cargado de experiencias de vida. Recorreremos juntos, muchas veces en silencio, el camino de la liberación. Somos todos los días signos de una Pascua que se construye cada día.

Crecemos de la mano en el Amor de Aquel que nos llama a ser más. Crecemos juntos con la certeza de que nunca estamos solas. Aquí es donde estamos llamadas a estar. Junto a los más pobres. Junto al milagro de la vida. Y, como dice la canción “Es Cristo quien te llama, se acerca más a ti. Sonriendo Él te dice, ven a Mí. Cierra los ojos ya y déjate llevar. Sí, él te escogió a ti y tú debes decir: “Sí, Señor. Estoy aquí. Estás en mí”.

Es maravilloso ser vida junto con todas estas familias que se unen a nosotras para vivir la plenitud del Proyecto Ayllu. Y con la ayuda de muchos y también de todos vosotros que logramos ser diferencia en esta tierra que ahora llamamos casa. Somos con ellos. Compartimos sus luchas y celebramos juntos sus victorias. Vivimos juntos estos momentos de gran alegría.

Comunidad Ayllu,

Neuza y Paula, LMC


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El Corazón de Jesús: misión de la compasión

Compartimos  con todos vosotros la carta, que con motivo de la celebración de la fiesta del Corazón de Jesús el próximo 8 de junio, envía el Consejo General de los Misioneros Combonianos. Que la  contemplación del Corazón de Jesús nos anime a vivir nuestra vida desde la compasión hacia los más pobres y abandonados de nuestro mundo.

 

EL CORAZÓN DE JESÚS: MISIÓN DE LA COMPASIÓN

Compadecido, extendió su mano y lo tocó diciendo: “Quiero, queda limpio” (Mc 1,41)

Esta acción simple de Jesús está llena de significado y expresa fuertemente su actitud hacia los marginados. Es también un acto de rebelión contra la injusticia basada en un sistema socio-religioso de exclusión. Así, el Padre se revela a nosotros (Col 1,5), en un hijo que, a lo largo de los caminos de Palestina, es capaz de tocar a un leproso para curarlo. Marcos, ya en el primer capítulo, nos revela a Cristo que es capaz de amar, con un corazón que rebosa compasión, la cara visible de Dios que lo ha enviado (Mc 1,1).

La devoción al Corazón de Jesús es, desde los inicios de nuestro Instituto, una fuente de espiritualidad donde nuestra misión está firmemente arraigada. En ella entramos en la intimidad de la persona de Jesús, en sus actitudes, en sus deseos y en la visión del mundo nuevo que anuncian las Bienaventuranzas. Por lo tanto, su contemplación nos revela el núcleo de nuestra vida consagrada: la centralidad del amor de Dios como clave para la lectura de la historia de la salvación. Un amor que se encarna y se define como pasión total por la humanidad (AC 2015, no. 22). Para profundizar este misterio la oración personal es un espacio cualificado porque es un encuentro íntimo con Jesús en la humildad. Se convierte así en una experiencia de perdón, de acogida y de gratuidad, que nos transforma y nos moldea según su Corazón.

El Corazón traspasado del Buen Pastor nos llama a la donación constante de nosotros mismos, con todo lo que somos. La misión es donarse sin esperar nada a cambio, para vaciar nuestra vida por los otros. Esta es nuestra consagración: hacer de nuestra vida un instrumento de la misericordia del Padre encarnado en el carisma dado a Comboni. Nuestra historia, con todas sus limitaciones e inconsistencias, nos deja testimonios imborrables de hermanos que han consumido sus vidas hasta el fin por el Evangelio. Hombres que se han dejado modelar en un ciclo de conversión permanente a través de la experiencia de la relación con el amor del Padre, se convierten en pan para los hambrientos y esperanza para los desesperados (AC 2015, no. 14).

Marcos nos habla de la vida de un hombre que tiene como característica principal la compasión, porque este es el rostro que el Padre ha querido mostrarnos. Su atención a los más pobres se convierte así en un elemento constitutivo de la misión de la Iglesia. Un aspecto claramente presente en Comboni (S 2647). La contemplación del Corazón de Jesús nos empuja a una proximidad particular con los excluidos y nos llama a buscarlos en nuevos ámbitos, donde la vida es marginada. Al mismo tiempo, nuestro estilo de vida, que puede ser un obstáculo para el dinamismo y la flexibilidad de la misión actual, está siendo puesto en discusión. Toda nuestra actividad y reflexión debe venir desde abajo, del contacto con la humanidad crucificada. Esta es la expresión más radical de la donación total del Hijo y todavía está muy presente en algunos de los países donde trabajamos que sufren guerra u otras formas de violencia. Nuestra presencia misionera es un signo del amor que fluye del Corazón de Jesús (RV 3,3).

Comboni, hombre marcado por la experiencia religiosa de su tiempo, ha desarrollado su propia dimensión misionera de la espiritualidad del Corazón de Jesús. El don total del Padre en el Hijo es un signo de amor que nos abre a una nueva esperanza. El Reino es un programa para la liberación de la vida en plenitud (S 3323). Esta profunda convicción lo llevó a recorrer miles de kilómetros a través del Nilo y el desierto, poniendo en peligro su vida porque el Cristo traspasado es también una fuente de vida para los más alejados. La audacia de nuestro Fundador al abrir nuevas fronteras a la evangelización es parte de nuestra espiritualidad y misión. La re-visitación de la Regla de Vida es también una oportunidad para crecer en la pasión por el evangelio en busca de los olvidados.

Los desafíos mundiales actuales hacen que nuestra misión sea urgente. Vivimos tiempos llenos de expectativas y deseos de nuevas estructuras políticas, económicas o sociales. Hay una búsqueda profunda y sincera de sentido, pero fácilmente puede caer en respuestas efímeras que conducen sólo a la alienación o al nihilismo. La locura del Evangelio (1 Cor 1,25) transforma el corazón y el mundo; nuestro Instituto sigue siendo llamado a caminar, con la compasión de Jesús, a tocar a los leprosos de hoy.

La fiesta del sagrado corazón nos de la gracia de seguir creciendo en el amor.

El Consejo General, mccj


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Fiesta del Cuerpo de Cristo (B). 3 de junio de 2018

Marcos 14,12-16.22-26
El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?” Él envió a dos discípulos, diciéndoles: “Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?” Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.” Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: “Tomad, esto es mi cuerpo.” Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo: “Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.” Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

EUCARISTÍA Y CRISIS

Todos los cristianos lo sabemos. La eucaristía dominical se puede convertir fácilmente en un «refugio religioso» que nos protege de la vida conflictiva en la que nos movemos a lo largo de la semana. Es tentador ir a misa para compartir una experiencia religiosa que nos permite descansar de los problemas, tensiones y malas noticias que nos presionan por todas partes.

A veces somos sensibles a lo que afecta a la dignidad de la celebración, pero nos preocupa menos olvidarnos de las exigencias que entraña celebrar la cena del Señor. Nos molesta que un sacerdote no se atenga estrictamente a la normativa ritual, pero podemos seguir celebrando rutinariamente la misa sin escuchar las llamadas del Evangelio.

El riesgo siempre es el mismo: comulgar con Cristo en lo íntimo del corazón sin preocuparnos de comulgar con los hermanos que sufren. Compartir el pan de la eucaristía e ignorar el hambre de millones de hermanos privados de pan, de justicia y de futuro.

En los próximos años se pueden ir agravando los efectos de la crisis mucho más de lo que nos temíamos. La cascada de medidas que se dictan irán haciendo crecer entre nosotros una desigualdad injusta. Iremos viendo cómo personas de nuestro entorno más o menos cercano se van quedando a merced de un futuro incierto e imprevisible.

Conoceremos de cerca inmigrantes privados de una asistencia sanitaria adecuada, enfermos sin saber cómo resolver sus problemas de salud o medicación, familias obligadas a vivir de la caridad, personas amenazadas por el desahucio, gente desasistida, jóvenes sin un futuro claro… No lo podremos evitar. O endurecemos nuestros hábitos egoístas de siempre o nos hacemos más solidarios.

La celebración de la eucaristía en medio de esta sociedad en crisis puede ser un lugar de concienciación. Necesitamos liberarnos de una cultura individualista que nos ha acostumbrado a vivir pensando solo en nuestros propios intereses, para aprender sencillamente a ser más humanos. Toda la eucaristía está orientada a crear fraternidad.

No es normal escuchar todos los domingos a lo largo del año el Evangelio de Jesús sin reaccionar ante sus llamadas. No podemos pedir al Padre «el pan nuestro de cada día» sin pensar en aquellos que tienen dificultades para obtenerlo. No podemos comulgar con Jesús sin hacernos más generosos y solidarios. No podemos darnos la paz unos a otros sin estar dispuestos a tender una mano a quienes están más solos e indefensos ante la crisis.

José Antonio Pagola

El cuerpo y la sangre, el pan y el vino, la entrega y el compromiso… nos liberan, nos llenan de vida, nos hacen experimentar el amor, y vivir alegres y esperanzados.