LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI


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Ciclón Gombe en Mozambique

Vía LMC Internacional-Alberto de la Portilla

Comparto una triste noticia del norte de Mozambique, de la misión de Carapira, enviada por Regimar y Tito:

“Hola. Estamos bien. Pero la situación aquí es muy complicada. Un ciclón devastó Carapira el pasado viernes. El 90% de las casas destruidas, todos los campos desaparecidos. 10 muertos y 3 heridos graves. Eso es lo que sé. Seguro que hay más. No tenemos noticias de muchas comunidades.

Faltan alimentos y ropa. El hambre es ya una realidad.

Estamos buscando ayuda. El mundo no sabe lo que pasó aquí.

Incluso nuestra ropa la donamos.

No tenemos red de telefonía móvil ni electricidad.  Ahora es cuando conseguimos señal.

Estoy intentando conseguir ayuda de Cáritas, a través de Helena. Hemos concertado una conversación.

El viernes albergamos a 46 familias, 150 personas, en el centro de Carapira. Hay otros en el centro catequético. No sé cuántos, porque la gente está llegando todo el tiempo. Hay familias con 30 personas alojadas sin comida”.

¡Pongámoslos en nuestras oraciones y veamos qué podemos hacer concretamente juntos!

Un abrazo fraternal.


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MÁS DOLOR EN CENTROÁFRICA

 OMPRESS-REPÚBLICA CENTROAFRICANA (26-01-22)

RCA

 “Hay que decirlo y escribirlo y hacerlo saber a todo el mundo, aunque en verdad todo el mundo ya lo sepa pero nadie actúe: en África Central la gente se juega la vida todos los días, la gente es asesinada en la calle”, dice la misionera Elvira Tutolo desde la capital, Bangui. La religiosa pertenece a la Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret, y ha hablado con Popoli e Missione, la revista de las Obras Misionales Pontificias de Italia, de la dura situación que se vive en la República Centroafricana. Hace 7 años, con el lanzamiento del Año de la Misericordia por el Papa Francisco desde la capital del país, durante su visita apostólica, parecía haber esperanzas de paz y fin de la violencia, pero el panorama es negro.

Centroáfrica es un país especialmente querido para los LMC internacionales. En Mongoumba, al sur de la capital, fronteriza con Congo, los LMC abrimos nuestra primera misión, hace más de 20 años. En ella han servido varias laicas y fanmilias españolas. Hoy mantenemos la presencia a través de las compañeras LMC Mónika y Marcelina, de Polonia. Además, las diócesis de Bangassou y M’Baïki están encomendadas a los obispos combonianos españoles Mons. Aguirre y Mons. Ruíz respectivamente.

La hermana Elivira cuenta: “Por un lado están los rebeldes antigubernamentales de las milicias armadas (14 grupos nacidos de la escisión de la antigua Seleka y los anti-Balaka) y por el otro los contratistas rusos, es decir, los soldados mercenarios aliados con el gobierno, que no respetan las reglas de combate y disparan al montón”. Sor Tutolo habla con Popoli e Missione justo antes de tomar un avión que la llevará a Berberati, uno de sus lugares de misión, partiendo de Bangui, la capital. La preocupación de la misionera, en este momento, está centrada no tanto en la violencia de los rebeldes, ya habitual, cuanto en la presencia de los rusos del Wagner group (objeto en los últimos meses de una investigación lanzada por CNN y por The Sentry, la institución que sigue el dinero sucio que paga tantas guerras en África) y que ha estado hace unos días en el centro de una nueva masacre. La ONU habla de más de 30 civiles muertos, por balas perdidas, en una operación que tuvo lugar del 16 al 17 de enero, hace diez días, cerca de la ciudad de Bria. “Los mercenarios rusos -dice- se están volviendo cada vez más presentes y también se han apoderado del ejército del gobierno: cuando los vemos en la calle cambiamos de dirección, no queremos tratar con ellos porque a menudo son muy violentos, no tienen medias tintas, están aquí para apoyar al presidente Touadera y luchar contra las milicias armadas”.

La Conferencia Episcopal Centroafricana del 14 de enero, pocos días antes de la enésima violencia, hizo público un mensaje denunciando la presencia de “fuerzas extranjeras” sin escrúpulos. “La corrupción, el enriquecimiento ilícito, la mala gestión, la incompetencia y la falta de ética profesional en algunos servicios del Estado, el abuso de autoridad y la injusticia, son síntomas que evidencian la crisis de los valores morales”, escribían los obispos.

Las imágenes que envía la hermana Tutolo a Popoli e Missione son espantosas: niños, jóvenes mutilados y asesinados en la calle, dejados morir en un charco de sangre. “Lo sé, son imágenes impactantes, pero es lo que está ocurriendo y es necesario que se tenga en cuenta”, dice. La misionera se queja también de que la Minusca, la misión de Naciones Unidas que debe defender al pueblo, llegada al país en 2014, no actúa, muchas veces se esconde. Como una maldición, el país es riquísimo en oro, diamantes, manganeso, cobre, hierro y las famosas “tierras raras”. Una atracción para los depredadores.


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Sostener la Esperanza en Etiopía

Compartimos el testimonio misionero del P. Marco, desde Etiopía, enviado hace dos semanas. Nuestro compañero David ha participado en la misión de Gilgel Beles, pero ha retornado a España por la situación de violencia abierta, que se describe en el texto.

Queridos amigos, familiares y benefactores todos. Pido disculpas por esta larga ausencia debido, en primer lugar, a la pandemia, que bloqueó las comunicaciones postales entre Etiopía e Italia, y, después, a la guerra civil que se desarrolla desde hace un año, no sólo en la región norte, sino también en gran parte del país, que está siendo desgarrado por diversos grupos étnicos de liberación, o supuestos grupos de liberación. También en nuestra zona Gumuz, las consecuencias del odio étnico hacia la población negra e indígena, que tratamos de atender particularmente han dado lugar a la formación de una guerrilla de rebeldes gumuz que están sembrando el terror y la muerte en el campo. Mientras que hace unos años estaban equipados con los «infames arcos y flechas» para defender sus tierras, ahora disponen de municiones y armas más potentes. ¿Armas suministradas por quién? Fácil de imaginar, en esta compleja batalla por conseguir el poder en Etiopía o el control de nuestra zona, muy rica en recursos minerales y donde fluye toda el agua de la cuenca del Nilo.

Como saben, nuestra segunda misión entre los Gemer, Gublak, fue evacuada hace un año, y ahora el ejército federal también ha abandonado la ciudad. También estamos asediados en la misión de Gilgel Beles. Sin posibilidad de poder visitar los 27 pueblos donde teníamos escuelas, capillas y otros atractivos sociales. Los propios habitantes, por miedo a los rebeldes, han abandonado estos pueblos y se han refugiado en el bosque. Para salir de Gilgel y llegar a las tierras altas de Amara, necesitamos una escolta armada de soldados. Las hermanas combonianas también han estado refugiadas con nosotros durante dos meses, pero ahora han regresado a su misión en Mandura, a 10 km de nosotros, porque algunas personas han vuelto al pueblo. Probablemente no podrán reabrir la escuela y la clínica este año porque los profesores y las enfermeras no son gumuz y arriesgarían sus vidas, al igual que los gumuz que se aventuran en las ciudades vecinas.

En cambio, en Gilgel Beles, al estar protegida por soldados, hemos reabierto la escuela y este año tenemos muchos más niños gumuz que de costumbre, porque se han desplazado en los ataques desde sus aldeas destruidas por el conflicto étnico. Otro pueblo, en el que teníamos una escuela, fue arrasado hace unos meses. Los supervivientes se han instalado en casas a las afueras de nuestra misión.

Cuando regresé de Italia, en marzo, me centré en proporcionar asistencia inmediata a los innumerables refugiados gumuz que huyeron de sus pueblos destruidos por las incursiones de las milicias de las tierras altas. Alimentamos a miles de personas, mujeres, niños, jóvenes, distribuyendo también ropa y jabón a los que no tenían, especialmente a los menores y a los más débiles

Hemos abierto una clase especial para niños con dificultades auditivas en nuestra escuela. También atendemos a personas gravemente enfermas que llegan a la misión sin ningún tipo de apoyo y que proceden de zonas de la guerrilla donde no hay asistencia médica y escasea la comida. Hemos puesto en marcha una especie de albergue para estudiantes refugiados a los que pagamos el alquiler de la casa, la comida y la escuela, sin apoyo de sus familias, que también se encuentran en situaciones difíciles.

No hay agua y a menudo no hay electricidad en la ciudad. Suministramos agua de nuestro pozo, bombeada con nuestro generador a todo aquel que la necesite, sin importar la raza o la religión.  Al principio, venían las mujeres gumuz, porque nos conocían. Ahora, incluso los no gumuz, ortodoxos y musulmanes, se han animado a venir por agua. El ecumenismo del agua. La Iglesia católica se muestra como la única institución no étnica, sino verdaderamente universal, abierta a las necesidades de todos. Son pequeños gestos, esenciales para la supervivencia de las personas.

¡Cuántos muertos incluso entre nuestros jóvenes católicos! Algunos de ellos son gumuz que creyeron correcto defender su tierra o sus derechos con las armas, enviados al frente sin ninguna experiencia, asesinados por rebeldes de su propia raza, o por rebeldes del Frente de Liberación Oromo. Seguimos llorando nuestras a todos los muertos de esta guerra insensata y fratricida.

A pesar de este clima de tensión, hemos continuado nuestras actividades pastorales y sociales en la ciudad, en Gilgel Beles, junto a las Hermanas Combonianas. Preparación de matrimonios, sacramentos… A pesar del luto, la vida sigue, porque nadie debe perder la esperanza en un futuro mejor, cuando los gumuz puedan vivir en paz en su tierra, cuando todos los pueblos de Etiopía puedan abandonar los rencores del pasado, finalmente como verdaderos hermanos.

¡Y esta es la esperanza de la Navidad! La esperanza que el niño de Belén nos regala cada año, para recordarnos que el Amor de Dios triunfa al final.


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Pequeños milagros

SELAM (paz, en Amhárico) desde Etiopía, un precioso país que realmente necesita de paz hoy día . 

Entre tanto conflicto, sinrazón y enfrentamiento hay siempre noticias que son reflejo de que el Espíritu nunca deja de soplar, y de que Dios nunca abandona, sobre todo a los más débiles. 

Creo que todos conocéis el trabajo que realizamos con algunos niños de la calle, buscándoles familia con los que alojarlos. Creo que también conocéis el caso de Fasika y Wadem, dos hermanos que desde que el menor tenía un año vivían en la calle, robando y mendigando, sin que nadie pudiera acogerlos (ya que la madre de ellos murió en el parto del segundo, y ese hecho estigmatizó a los propios niños). De cómo el pequeño tenía una enfermedad en los riñones que hacía que se hinchara todo el cuerpo cada cierto tiempo, y se le llenara de heridas. 

De cómo intentamos con varios parientes, incluso ayudándoles económicamente, pero más que cuidarlos los maltrataban. 

Y de cómo durante el peor momento de la guerra los niños desaparecieron con otros familiares que huyeron al bosque, y los encontramos a los meses completamente desnutridos. 

Pues bien, nuestro trabajo y nuestra oración han dado sus frutos, cuando tenían que darlos. 

Ambos han sido acogidos por una familia de parroquianos muy comprometida, oficialmente por uno de los hijos de dicha familia, que está recién casado y con un bebé (digo por la familia entera porque aquí se vive en clan, y toda la familia debe aceptarlo, y así ha sido; Bewa, la matriarca, reunió a todos, expuso el problema y aceptaron acogerlos de por vida). El gobierno local ha firmado ya los papeles. 

Antes de venir a Addis fui a visitarlos. Viven en una casa sencilla pero muy limpia, se duchan a diario y se cambian de ropa. Van calzados. Comen varias veces al día (y pican otras tantas 😄). Han engordado (aquí eso es salud).

Viven rodeados de otros niños y niñas, con los que juegan, cantan y disfrutan; el mayor va a la escuela (a lo que aquí sería Educación Infantil). 

Os adjunto una foto mía con ellos (para que podáis apreciar su sonrisa despreocupada, al fin), y un video del más pequeño cantando una canción tradicional (hasta que fue acogido sólo lloraba y lloraba).

Está claro que nosotros trabajamos hasta donde humanamente podemos. Y Dios hace todo el resto, valiéndose de nosotros para que seamos sus manos aquí, y Él pueda obrar el milagro a través de nosotros. 

David Aguilera, LMC en la zona Gumuz de Etiopía.