LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI


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Coronavirus o Hambre, la alternativa que tendrán muchos en África y América.

Aunque somos conscientes de que el confinamiento que estamos viviendo, si bien hay personas que por circunstancias particulares está siendo duro, no deja de ser una opción llevadera y pasajera que traerá beneficios a la comunidad. En la comparación con la situación en otros lugares del planeta quizá sea difícil alcanzar el abismo que nos separa. Mientras para nosotros la alternativa puede ser entre quedarse en casa o una multa, para otros es morir de coronavirus o de hambre.

A través de los ojos de dos compatriotas he querido acercarme a conocer cómo está afectando la pandemia en África y en América.

Jesús Ruiz, obispo auxiliar de Bagassou, Centroáfrica. La casualidad hizo que tenga que estar viviendo la pandemia de su gente en la distancia, confinado al sur de España pero en permanente contacto con ese rincón del corazón de África. Esto es lo que ha compartido para varios medios: “En Centroáfrica, el primer caso se detectó el 14 de marzo traído por un misionero que llegaba de Italia. Al día de hoy se conocen tan solo 8 casos positivos en la capital, casi todos importados de Europa; aunque los tres últimos han sido ya por transmisión local. El gobierno ha decretado las mismas medidas de protección que se están dando en todo el mundo cerrando las fronteras y el tráfico aéreo, aunque las fronteras terrestres (más de 3.000 km) son completamente permeables; se han cerrado escuelas, la universidad, iglesias, mezquitas, bares, discotecas; se ha prohibido reuniones de más de 15 personas y se ha decretado la cuarentena.”

Pero, se pregunta el mismo Jesús Ruiz. “¿cómo vivir la cuarentena en un país donde más del 85% no tienen agua corriente? En África se vive en la calle y a la casa se va solo para dormir, ¿cómo confinarse 8-10 personas en la misma habitación durante días y días? Tradicionalmente se come todos en el mismo plato, y se come con las manos, chupándose los dedos y volviendo a meter la mano en el plato común… ¿cómo guardar las normas de higiene? En la tradición, cada vez que te encuentras con alguien hay que saludarlo con un apretón de manos… Los transportes públicos acogen a decenas de pasajeros enlatados como sardinas… Los mercados son un hervidero de gente…”

La República Centroafricana es un país con escasamente 5 millones de habitantes, donde la esperanza de vida no llega a los 50 años; con casi un 20% de mortalidad infantil, y tan solo un 35% de gente alfabetizada. Donde la gente vive con menos de un euro al día.

Suficiente estado de alarma es el que vive la población de este país como para alarmarse por algo de lo que ni siquiera saben de qué se trata. “la gente vive ajena a esta pandemia pues la verdadera preocupación es sobrevivir cada día. La alarma internacional no ha sonado como en otros continentes pues el acceso a los medios de comunicación social son muy limitados y no se siente esta pandemia como una amenaza. La gente vive el día a día. Cada jornada hay que salir a buscar algo para comer; la gente no tiene agua corriente, ni luz, ni frigoríficos para conservar alimentos; no hay grandes supermercados… Si uno no sale de casa a buscar comida cada día se muere de hambre. O coronavirus o hambre.”

El gran “virus” que asola este país es el conflicto armado que viven desde hace 7 años. La situación sociopolítica: “el gobierno sólo controla el 20% del territorio nacional; el resto está en manos de los grupos guerrilleros… ¿Cómo llevar entonces a cabo con eficacia una cuarentena? Han cerrado los bares, sí, pero la gente está abarrotada en el interior. Un párroco de la capital me contaba cómo, a pesar de la cuarentena decretada por el gobierno, el domingo pasado eran cientos y cientos los que acudieron a la Misa dominical… Ante la insistencia del párroco que no se podía celebrar, ellos respondía, “a nosotros nos protege Dios”. Expresiones de quien sólo ve como salida agarrarse a un clavo ardiendo o acogerse a una fe ciega. “A pesar de las consignas de la Conferencia Episcopal de suprimir todo acto religioso, sensibilizar a la población y ayudar a las autoridades para evitar el contagio, la conciencia de la población está muy lejos de ver en esto una real amenaza para ellos. La real amenaza es el hambre, la pobreza, la miseria, y la violencia armada” insiste el obispo.

El posible colapso de nuestra sanidad pública ha hecho sonar las alarmas, las críticas, los reproches por políticas que hoy han demostrado ser un error, sí. Pero nada comparable a lo que se vive allí: “El sistema sanitario nacional, según el responsable de la OMS en Centroáfrica, es el más vulnerable del mundo, por ello nuestro gobierno ha pedido ayuda a Francia y China que han enviado algunos paquetes de mascarillas, guantes y test…;  y así, tememos que los ricos recursos nacionales mineros servirán para cubrir una hipoteca que empobrecerá aún más si cabe el país.”

El obispo de Bangassou ha vivido en primera persona esa precariedad, y relata su experiencia: “Hace unos cuatro años acudimos con un hermano misionero muy grave a todos los hospitales de la capital buscando oxígeno pues se ahogaba… No encontramos oxígeno en ningún sitio, ni en un hospital privado. Nuestro compañero falleció.”

En Centroáfrica no hay Seguridad social y el acceso a cuidados médicos es algo reservado a una pequeña elite. Caer enfermo de malaria, de fiebres tifoideas o de SIDA es la ruina de toda una familia. En estos últimos 7 años de guerra, las ONG han difundido un poco el sistema de salud, pero, señala Ruiz: “una gran parte de la población nunca, nunca, ha visto a un médico… La superstición y la medicina tradicional suplen el inexistente sistema sanitario.”

En todo caso se están haciendo esfuerzos para concienciar a la población de extremar medidas preventivas: “La higiene de lavarse las manos es una práctica que se ha incrementado estas semanas en la capital, pero fuera de la capital, y con casi un millón y medio de desplazados, muchas veces una bola de jabón es un bien preciado que no está al alcance de todos. Y no hablemos del agua corriente que es un lujo para más del 95% de la gente. El resto tienen que ir cada día al río o al pozo a sacar agua. La mayor parte de los sanitarios son letrinas excavadas en el suelo.”

Otro elemento importante a tener en cuenta es el contexto cultural de cada lugar, monseñor Ruiz  lo tiene muy claro: “No se puede cambiar de la noche a la mañana toda una tradición. En nuestra África se come con la mano, chupándose los dedos… en la mayor parte de las familias no hay ni cucharas ni tenedores…; se vive en la calle…; es una cultura del contacto.”

Monseñor Ruiz reconoce haberse hecho esta pregunta: ¿Y si esta amenaza del coronavirus fuera una oportunidad para la paz? y él mismo se responde: “En Centroáfrica el demonio vírico es una pandemia que se llama violencia, guerra, pobreza, muerte…”

Centroáfrica es un país donde están viviendo una convivencia ecuménica e interreligiosa que lleva años dando sus frutos: “A raíz de la pandemia, la Plataforma interreligiosa (católicos, protestantes y musulmanes) que lleva 7 años batiéndose por conseguir la paz, ha lanzado una jornada de oración y ayuno. Incluso el gobierno ha invitado oficialmente a que toda la población participe en esta expresión religiosa, cada uno desde su credo.  Quizás – confiesa el obispo -esta actitud de los pobres inspire algo a nuestra sociedad donde queremos desplazar a Dios de nuestras vidas, de nuestras instituciones, de nuestra vida política, y muchas veces, pareciera como que Dios es enemigo del hombre o al menos sospechoso. Somos animales espirituales… y el coronavirus, como toda prueba, se afronta mejor desde nuestro ser espiritual, y más si partimos de un Dios que nos ama y que nos urge al amor: dar de comer, vestir, curar, liberar…”

Non solum sed etiam

Es impresionante la ventana al mundo que podemos abrir desde nuestra habitación de casa. Y desde ahí cada cual sabe luego hasta dónde puede llegar.

Vicente Luis García Corres (Txenti). Religión Digital.


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Visita al nuevo grupo LMC de Kenia

¡Hola a todos y todas!

Siguiendo con la crónica de mi viaje a Kenia quiero compartir como ha sido la visita al nuevo grupo de candidatos LMC que está naciendo en Kenia.

Este grupo se reúne desde hace más de un año en Nairobi. Aprovechan el primer fin de semana del mes para encontrarse. Muchos de ellos provienen del grupo de Amigos de Comboni, pero de alguna manera ellos querían dar un paso al frente y seguir esta vocación LMC.

Lo primero es agradecer la acogida que he tenido durante todos estos días. Empezando por la acogida en el aeropuerto el primer día. Cuatro de ellas buscaron un hueco para poder estar allá para recibirme. Del aeropuerto a casa de una de ellas para poder almorzar juntos. Una muy buena acogida para sentirme en familia. En la comida también nos acompañó el P Maciek que acompaña el este grupo junto con la ayuda del p Claudio (al que más tarde vería en Embakasi).

Compartimos la tarde juntos y algo pudimos conversar aunque reconozco que estaba cansado del largo viaje. Después me acompañaron hasta la casa provincial de las misioneras combonianas del Sur Sudan que está en la otra punta de la ciudad. Allí ya pude ver el caos que supone la circulación en una capital tan grande como Nairobi y que me acompañaría muchos de los días que estuve en Kenia.

Cuando llegó el viernes de la primera semana de mes nos trasladamos a Embakasi, junto al aeropuerto a las afueras de Nairobi, que es la casa comboniana que sirve de referencia al grupo y donde se reúnen cada mes.

Pudimos cenar juntos y compartir cómo había sido la semana para todos y cada uno. Un tiempo de convivencia y puesta al día de las vidas de cada uno. De esta manera el sábado en la mañana pudimos empezar temprano nuestro encuentro.

La idea de este encuentro era conocernos mejor. Presentar toda la realidad a nivel internacional de los LMC, algo de nuestra historia y los acuerdos tomados en nuestras últimas asambleas internacionales. Todo ello para poder pensar juntos como se va desarrollando el grupo, que retos tiene por delante y poder compartir con ellos largos momentos de charlas, de resolver las dudas normales de un nuevo grupo que nace y los desafíos que les vienen por delante.

Están en su segundo año de formación y pronto llegará un momento importante. Momento de tomar decisiones y opciones misioneras a nivel personal y como grupo. Toda esta formación que están recibiendo debe servir para ayudarles a discernir su vocación misionera personal pero también a discernir como grupo las opciones misioneras que van a tomar. Es algo de lo que conversamos mucho. El Señor les ha llamado a cada uno y cada una para ser misioneros. Y esta formación les debe servir para decidir cómo será el reto de sus vidas. Si toman la opción de entrar en los LMC deberán ver si el Señor les llama a partir fuera de Kenia a alguna de nuestras comunidades misioneras. Pero también deberán discernir si son llamados a abrir una presencia misionera ya sea en algún lugar alejado de Kenia como en algún suburbio de Nairobi. Por ejemplo para ellos Amakuriat y la zona Turkana son lugares de referencia importante donde algunos ya han visitado y ahora el próximo mes un par de ellas estarán haciendo una pequeña experiencia misionera apoyando en el centro de salud y en el trabajo con los jóvenes y la comunidad en general.

Cada vez que el Señor suscita nuevas vocaciones lo hace llamando a dar una respuesta a las muchas necesidades que el mundo tiene. ¿A qué les está llamando el Señor concretamente a ellos? Es algo que deberán discernir. También viendo las necesidades y casos particulares que como cada LMC en nuestra condición de laicos, solteros o casado debemos afrontar.

Quiero también comentaros el proyecto de venta de miel que llevan adelante para sacar recursos. Es algo que ya nos presentaron en el blog hace poco y en el cual están muy empeñados. Compran miel a los guerreros Pokot (con lo que ayudan a esa comunidad necesitada) y después la envasan para vender y tener algunos fondos con los que mantenerse, comprar lo necesario para el grupo y también colaborar a nivel internacional con el Fondo común. En un trabajo duro que requiere de muchas horas, de trasnochar el sábado o madrugar el domingo para entre todos rellenar los botes de kilo y medio kilo, lavar los depósitos u servirán para comprar nueva miel. Etiquetar, ver cómo se venderán y hacer las cuentas de lo que se va vendiendo. Esto después también les lleva a hacer animaciones en las parroquias así como a vender durante la semana entre familiares, compañeros de trabajo y amigos para así ir consiguiendo esos recursos. Un grupo que desde el inicio no solo comparte mensualmente las actas de sus encuentros sino que quiere contribuir como uno más a nuestra misión común.

Los últimos días en Kenia también tuve tiempo para conversar algo más con algunos de ellos, conocer a sus familias y sus inquietudes personales.

Es maravilloso ver como el Señor continua llamando. Un nuevo grupo en África es sin duda un gran reto para nosotros como LMC. Pedimos a San Daniel Comboni que les acompañe, anime y los llene de su pasión en la entrega por al misión. Salvar África con África es un lema que sigue llamando a muchos africanos para servir a sus hermanos más necesitados allá donde se encuentren.

Que el Señor les dé mucha fuerza y ánimo en el camino que se les presenta por delante.

Un saludo

Alberto de la Portilla. LMC


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Ezequiel Ramin, comboniano mártir de la Amazonía: “Mi trabajo aquí es de anuncio y denuncia”

Mucho se habla en este Sínodo sobre cómo el martirio de tantos religiosos, misioneros y laicos, ha dado frutos en las tierras de la Amazonía: una región inmensa fecundada por el sacrificio de tantas vidas arrebatadas por odio a la fe. A lo largo de décadas, muchos cristianos valientes han aceptado con coraje la misión del anuncio del Evangelio sin renegar de su amor por Cristo.

El martirio del padre Ezequiel Ramin

Un ejemplo de ello es  el martirio del padre Ezequiel Ramin, “Lele para los amigos”, asesinado en Rondônia, Brasil en 1985 cuando tenía tan solo 32 años a instancias de los propietarios locales de las tierras, debido a que el misionero comboniano defendía los derechos de los campesinos de la Amazonía brasileña, cada vez más explotados, mientras que sus jefes latifundistas se enriquecían a costa de esta deplorable situación de injusticia social.

El joven sacerdote se posicionó valientemente en defensa de los indígenas y de los agricultores pobres, en la lucha por el derecho a la tierra y a la vida digna.

Hizo causa común con los más indefensos de la Amazonía. Comprendió que ser misionero era servir a los que más sufrían: “Mi trabajo aquí es de anuncio y denuncia. No podría ser diferente considerando la situación del pueblo. Necesitamos apoyar decididamente los movimientos populares y las asociaciones sindicales. La fe necesita caminar junto con la vida…”, decía.

Luchando por los derechos de “los últimos”

No tardaron en llegarle amenazas de muerte. Había quien se sentía incómodo por su solidaridad con las familias pobres sin tierra. Para algunos, su amistad y apoyo a los indígenas Suruí se había convertido en una amenaza.

Se trata, por tanto, del “testimonio vivo” de un hombre que no fue indiferente ante el grito desesperado de los más olvidados de la sociedad y de su loable opción por “los últimos”.

Su fe y su martirio han dejado un gran legado para la Iglesia universal llegando a inspirar a muchos otros que han seguido sus pasos.

La pasión del misionero por el arte del dibujo

El padre Lele tenía varias aficiones como el deporte, la montaña, el fútbol, la poesía y también el arte del dibujo, siendo la técnica del carboncillo su especialidad. Es por ello que en el marco de este Sínodo que se lleva a cabo en Roma del 6 al 27 de octubre, se ha organizado en el Centro Internacional Juvenil San Lorenzo una exposición con algunas de las obras más representativas del padre Ramin que lleva como título “Iglesia que da la vida por la Amazonía”.

A través  de la composición y las hermosas formas trazadas con el carboncillo de ramas carbonizadas, el misionero plasmó en sus diseños aspectos cotidianos y a la vez “extraordinarios” de las tradiciones de las comunidades indígenas con las que vivía: rostros, miradas, costrumbres y paisajes que vencieron al tiempo por medio del arte y del talento del joven mártir.

 


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Comienzo Sínodo Amazónico

Esta mañana ha tenido lugar la Misa de apertura del Sínodo Amazónico en la Basílica de S. Pedro.  El Sínodo se celebrará en Roma del 6 al 27 de octubre, con el tema, “Amazonía: nuevos caminos para la iglesia y para la ecología integral”. Durante  esta tres semanas, los Padres sinodales, reflexionarán sobre la misión de la Iglesia en la Amazonía, la evangelización y la promoción de una ecología integral.

Con el fin de ayudarnos a alcanzar este objetivo,  desde la plataforma Enlázate por la justicia han preparado unos materiales de sensibilización: un díptico y una presentación digital, que adjuntamos, junto con una propuesta de gesto que nos enlaza con nuestros hermanos y hermanas de la Amazonía y que visibiliza nuestra implicación en el Sínodo.

El gesto, titulado “Descálzate que estás en tierra sagrada“, lo podréis realizar a lo largo del tiempo del Sínodo, cuando os venga mejor. Lo importante es realizarlo con sentido y divulgarlo al máximo en las redes sociales.

GESTO Sínodo Amazonía

Díptico Sínodo Amazónico

Presentación Sínodo


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Misión en Etiopía:GILGEL-BELES

Muy querida familia (para todos los que así nos consideramos).
Resulta providencial que, precisamente cuando nuestro gran Papa Francisco quiere hacer presente más que nunca nuestro ser misioneros como parte fundamental de nuestro ser cristianos, a través del Mes Misionero Extraordinario, yo me encuentre en Etiopía, poniendo todo lo que soy al servicio de este proyecto. Y que el día que comienzo este blog para abriros el corazón desde estas tierras, sea el primer día de este mes tan especial. ¿Casualidad, o Diosalidad?
Precisamente por eso, hoy quería compartir con vosotros esta reflexión, que llevo tiempo orando, pensando y escribiendo…
 Desde la cuna prácticamente he creído en la necesidad de ser testigos del Evangelio en aquellos lugares donde la presencia parece estar difuminada por muchas injusticias, ya sea en el barrio de al lado, ya sea cruzando el océano. Sin embargo, la progresiva experiencia personal en distintos lugares me ha llevado a estar convencido de ello desde lo más profundo de mi ser.
Estamos caminando hacia una sociedad que parece tenerlo todo por sí sola, en la que el motor es el interés personal y la apetencia de cada momento, sin mirar las consecuencias personales y sociales más allá de cada día. Puesto que el compromiso de cada uno es con cada uno, el otro me sobra, o incluso es un obstáculo para alcanzar mis metas personales. No parece que queramos a propósito olvidar al prójimo; simplemente, no pensamos en él, vivimos ajenos a lo que nos rodea, y no sólo lo más lejano, sino también lo que nos podemos encontrar en nuestra propia calle.
En este proceso de deshumanización, el Dios que Jesucristo nos presentó con sus palabras y obras, hasta la última consecuencia, el Dios del amor, la fraternidad, el perdón y la misericordia, parece ser para algunos (o para muchos) realmente el mayor obstáculo. Esto es así porque la experiencia personal de Dios nos toca profundamente, no nos deja nunca indiferentes, y, sobre todo, nos lleva a comprometernos con los demás; y cuanto más crece esa experiencia, mayor compromiso necesito tener (porque nace de los más profundo de lo que cada uno somos, y por tanto, llega a ser una necesidad, pero no una necesidad que nos agobia, sino una necesidad que nos empuja con mucha alegría y positivismo a poner nuestro día a día al servicio de los hermanos y de las hermanas).
Este compromiso en el mundo nos haría vivir en él como casa común: sin embargo, en muchas ocasiones parece que prefiera verse como lugar de explotación privada y de enriquecimiento personal. Es este sistema alienante de la esencia de humanidad, el egoísmo nos convierte en herramientas a su servicio, por lo que éste necesita que aparquemos el compromiso por los demás, y por ende, que nos alejemos de la propia experiencia de Dios.
Este prescindir de Dios acaba vaciándonos por dentro, y vaciando de significado la palabra fraternidad. Fruto de todo ello, surge un mundo fragmentado, con mucho sufrimiento, y cada vez más exclusión. La vida sencilla y humilde se va transformando en pobreza material, marginación y falta total de oportunidades. Por supuesto, son los más débiles los que sufren con mayor crudeza estas consecuencias. De esta manera, he podido ver cómo crece a diario el número de niños y niñas que no tienen más recurso que vivir en las sucias y muy peligrosas calles, a merced de todo tipo de explotación; ancianos y enfermos viviendo de la mendicidad (de un modo tal que en nuestros países no se desearía ni a los animales), olvidados realmente por una sociedad que, bajo la excusa de no tener recursos para acogerlos, esconde la realidad de que son un estorbo para la producción y la mal llamada “creación de riqueza”. Millones de personas condenadas a sufrir permanentemente, generación tras generación, el ciclo de la más absoluta pobreza, por no poder formar parte del sistema imperante, y por tanto, estar totalmente excluidas de las oportunidades a las que supuestamente todos tenemos acceso.
Por esa razón, más que nunca es vital buscar incesantemente al Dios que nos hace recuperar la confianza en nosotros y en la humanidad (como Jesús nos enseñó a orar en el Padre Nuestro, buscando a diario que “venga a nosotros su Reino”, pero no como una promesa de futuro, sino como un propósito de cada día). Ese Dios que nunca se ha ido, y que de hecho, ha estado sufriendo al lado de sus hijos; pero al que nosotros le hemos dado la espalda, o, incluso, lo hemos querido sustituir por otros valores que no han traído más que sufrimiento a toda la humanidad, en uno o en otro sentido. Porque el reconocerse Hijos e Hijas de Dios (y por ende, completamente amados) restaura la dignidad arrebatada, cura las heridas que las diferentes situaciones van haciendo en nuestro interior, y le quita la razón a la desesperanza, al egoísmo, al materialismo y a los enfrentamientos de cualquier tipo. De esta manera, las relaciones se vuelven más fraternales, y comienza a nacer un compromiso con las situaciones que nos rodean, fruto de dejar de reconocernos rivales o instrumentos al servicio de diversos intereses, para sabernos Hermanos y Hermanas.
Es esa alegría del Evangelio, de sentirnos plenamente Hijos de Dios y Hermanos de todos, la que los misioneros pretenden llevar por todo el mundo. Bien sea para provocar cambios que ayuden a paliar las injusticias, caminando hombro con hombro con las personas de los lugares a donde van; bien para atender urgencias que reclaman una mayor sensibilidad por parte de todos; bien para reconstruir vidas truncadas por diversas injusticias, o bien para evitar que vidas que están en severo riesgo acaben truncándose. Pero, sobre todo, para aprender a vivir en comunidad, donde todos seamos responsables y cuidadores de todos.
 Jesucristo caminaba por los pueblos y ciudades de su época anunciando la BUENA NUEVA de que Dios nos ama de manera perfecta, y por tanto, nuestro ser Hijos e Hijas de Dios tiene que llevarnos a imitar su ejemplo. Pero no de una manera cómoda y relajada, sino con un compromiso verdadero de vida. Porque siguiendo ese ejemplo, construiremos paso a paso el Reino de Dios y estaremos acercándonos a la alegría del Evangelio, la plenitud personal y social.
Por tanto, estés donde estés, y sea cual sea tu situación, Jesús te invita a diario a buscar a Dios en lo más profundo de tu ser, a saberte amado; y desde ahí, a comprometerte con tus Hermanos, empezando por tu prójimo (aquellos que te rodean en tus círculos diarios).
Los misioneros recibieron (y reciben cada día) una llamada para llevar esa Buena Nueva y trabajar por el Reino de Dios a los lugares donde más falta hace, algunos muy lejanos. Seguro que tú, desde la cercanía, también conoces muchas circunstancias que precisan de esa alegría y acompañamiento.
Yo te animo a que seas también misionero: si tu vocación es a salir de tu tierra, hazlo sin miedo; si tu vocación está en tu tierra, ponla también en práctica. Dios nos llama a todos a diario a construir, aquí y allí, cerca y lejos, en lo grande y en lo pequeño.
El Papa Francisco nos anima de manera muy especial este mes de octubre, el Mes Misionero Extraordinario, a pararnos, a detener el incesante ritmo de nuestras agitadas vidas, y en profunda y sincera oración, buscarnos. Sí, buscarnos; porque al acercarnos a nuestro verdadero ser, porque al poner lo que somos con humildad ante Dios, nos encontramos a nosotros y lo encontramos a Él, recibiéndonos con los brazos abiertos, como el Padre Bueno al Hijo Pródigo.
Es en este contexto, sintiendo el caluroso abrazo de Padre y de Madre, podemos revisar nuestra vida, y preguntarnos si estamos siendo testigos de la alegría del Evangelio, y si estamos poniéndolo en práctica, desde las pequeñas decisiones a las decisiones más trascendentales.
El Papa nos invita a revisar sinceramente si estamos abriendo el corazón al Prójimo, si somos Misión donde cada uno estamos, y misioneros de su ejemplo.
Además, y de manera más especial, nos anima a reflexionar sobre nuestra vocación. La vocación entendida como esa llamada que Dios nos hace a la felicidad, y, por tanto, a llevar a cabo eso que Él ha puesto en nuestros corazones, y que cada uno de nosotros conoce mejor que nadie. Vocaciones hay múltiples; todas requieren valentía para seguirlas y perseverar en ellas: vocación profesional, vocación sacerdotal, vocación laical, vocación matrimonial y familiar, etc. Y, entre ellas, la vocación misionera.
La vocación misionera, en el sentido más estricto, puede venir acompañada por otras llamadas especiales o vocaciones (vocación sacerdotal, vocación religiosa, vocación laical, vocación de familia, vocación a una profesión concreta, etc.). Pero todas ellas pueden estar al servicio de dicha vocación misionera.
Tengamos siempre una actitud de oración y reflexión sincera, humilde, muy cercana y constante para discernir aquello que nos hace plenamente felices. Y este mes, de manera muy especial, nuestra vocación misionera. ¿A qué te sientes llamado?
Dios nos llama a ser luz, especialmente donde las sombras están ganando terreno; a ser sal, donde la vida y el amor no se conserva; y a ser esperanza, allí donde las distintas situaciones la anulan.
Os deseo que este mes os acerque más a tantas misioneras y tantos misioneros que en el mundo han dejado sus casas, a sus familias y amigos, sus seguridades temporales, para aventurarse de la mano del Dios de la confianza a lugares insospechados. Ellos y ellas se levantan cada día procurando ser reflejo del Amor de Dios, principalmente donde Dios sufre con sus Hijos e Hijas. Que nunca dejemos de tenerlos presentes, de incluirlos en nuestras oraciones, y de hacernos sensibles (con la sensibilidad no del que da limosna, sino del que comparte con el Hermano) a las necesidades del mundo.
Feliz y dichoso Mes Misionero Extraordinario.
DAVID AGUILERA PÉREZ,
Laico Misionero Comboniano en Gumuz, Etiopía.