Lucía Fonts, misionera entre los pigmeos

Compartimos el testimonio de Lucía Fonts, misionera comboniana española que está compartiendo su vida entre los pigmeos de la República Centroafricana. Ella nos cuenta cómo es evangelizar en medio de conflictos, sus alegrías y dolores y sobre todo las enseñanzas que recibe de los pigmeos.

Gracias Lucía por tu entrega y generosidad y por seguir haciendo realidad el sueño de Comboni de «Salvar África con África».

Os dejamos con la temática de la entrevista y el minuto exacto donde comienza cada tema.

00:00 Introducción

02:15 El horno de la vocación

24:28 La misión en Centroáfrica

26:05 Enfermera de los pigmeos

35:16 Acompañándolos en la muerte

38:00 Niños, educación y promoción de la mujer

44:51 Lo que ellos me dan es mucho más

49:15 Ser misionera en medio de una guerra

53:07 Si hay que dar la vida, la damos

Extra: 47:40 ¿Cómo se saluda en Centroáfrica?

Proyecto de Salud Mental y Educación en Kitelakapel (Kenia)

Un saludo para todos.

Os dejamos un video que nos han enviado desde Kenia contándonos el proyecto que la comunidad LMC de Kitelakapel-Kenia está realizando en temas de Salud Mental en colaboración con Hani (LMC de Egipto).

En él podréis escuchar de primera voz cómo se está desarrollando y la continuidad que se quiere dar. Es un bonito ejemplo de colaboración con la presencia de Hani y después la segunda vez con la llegada de Mira (candidata de Egipto) y donde se ha recibido ayuda económica por parte de España.

Gracias a todos por vuestras oraciones y el apoyo a nuestro servicio LMC en los lugares donde estamos presentes.

En el centro estaba Dios. Experiencia misionera entre los turkana

Combojoven es el grupo juvenil misionero que animamos desde la Familia Comboniana en España. Además de compartir momentos de reflexión y de oración, cada año vivimos juntos la Pascua y organizamos una experiencia misionera para que puedan tocar con las manos y sentir con el corazón la realidad de la Misión.

Este año, del 2 al 30 de julio, 13 jóvenes del grupo viajaron a la región Turkana (Kenia). Aunque dedicaron los primeros días a empaparse de la realidad que los envolvía, la última semana quisieron poner en práctica varios proyectos solidarios para responder a algunas de las necesidades que habían identificado. Regresaron a España renovados y enriquecidos por todo lo vivido entre sus hermanos de Kenia, distintos en tantas cosas pero unidos en la humanidad y una misma fe. Son ellos quienes nos cuentan cómo vivieron su experiencia misionera.

La pasión por la Misión, vivir la fe en grupo y saciar la curiosidad por conocer y entender otras culturas conforman el espíritu del grupo Combojoven. Somos chicos y chicas que nos reunimos todos los meses para compartir nuestra pasión misionera. En nuestros encuentros reflexionamos, oramos y escuchamos testimonios misioneros de miembros de la Familia Comboniana.

Además, cuando llega el verano, estamos invitados a poner en práctica nuestro dinamismo misionero en algún lugar de África. Este año tuvimos la oportunidad de convivir con la comunidad comboniana presente en Turkana, región situada al norte de Kenia. Lo llamamos «experiencia de misión», porque el objetivo es acercarnos a las realidades, la vida y los trabajos que se llevan a cabo en las misiones.

Ha sido realmente emocionante y rico poder vivir en primera persona todo lo que reflexionamos y trabajamos en nuestras convivencias en España. Fue una experiencia vital completa. Por un lado, estuvo presente la alegría de poder convivir con el pueblo turkana y acercarnos, al menos un poquito, a su cultura y sus tradiciones. También pudimos llevar a cabo pequeños proyectos de apoyo a la comunidad, colaborando con los misioneros allí presentes. Por último, la experiencia también nos sirvió para fortalecer nuestros lazos de amistad dentro del grupo Combojoven.

No faltaron las dificultades, el cansancio de los viajes, los malentendidos en la convivencia y alguna frustración por no haber podido cumplir todas las expectativas con las que partíamos, pero sabemos que ello forma parte de la misión y tuvimos la oportunidad de vivirlo y sentirlo.

Varios fieles durante una celebración en la parroquia San Daniel Comboni, de Lokori. Fotografía: Hna. Lilia Karina Navarrete / MN

Primeras impresiones

Siempre es emocionante conocer otros países, otras culturas y otras formas de vivir. Suena muy bonito, pero también es chocante porque aterrizar en un lugar donde la gente vive de manera tan distinta exige un esfuerzo de adaptación. Durante nuestros primeros días en Kenia tuvimos la oportunidad de descubrir la ajetreada realidad de Nairobi, además de visitar la catedral católica y el Museo Nacional. Pensábamos que estos días nos servirían de calentamiento, pero después de un largo viaje hasta Lokichar en matatu, las furgonetillas que hacen de autobuses, descubrimos que Turkana tiene muy poco que ver con la capital de Kenia. Se trata de una región amplia, extremadamente seca y con temperaturas muy altas, lo que dificulta más la labor de los misioneros.

En la casa de los combonianos de Lokichar establecimos nuestra residencia y fuimos muy bien acogidos. Dentro de la parcela de la parroquia hay una escuela y un centro para el cuidado de niños y niñas con alguna discapacidad. Pudimos conocer la labor de los padres y de las hermanas en la misión, visitar a los enfermos y repartir comida a algunas de las familias más necesitadas de la comunidad. También asistimos al colegio y participamos en algunas clases en las que se trataron temas como la violencia de género. Por las tardes pasábamos el tiempo con los niños del centro y con otros de los barrios vecinos, que siempre estaban interesados en venir a curiosear para ver lo que estábamos haciendo y a qué estábamos jugando.

Durante la segunda semana acompañamos al P. Daniel Villaverde, misionero comboniano, en su recorrido por las comunidades más alejadas de Lokichar y asistimos con él a algunas eucaristías. En todos los lugares nos recibieron con mucho entusiasmo y cariño, haciéndonos sentir parte de la misma familia. En estas visitas conocimos los colegios de la zona y el centro de salud de Lokori, lo que nos permitió hacernos una idea de los enormes desafíos que suponen la educación y la sanidad en estos lugares remotos de Kenia. 


Proyectos

Nos sentimos muy afortunados de haber podido conocer de cerca a tantas personas y de haber participado en sus celebraciones. Además, a pesar de la brevedad de nuestro viaje, la última semana pusimos en marcha varios proyectos que respondían a las necesidades detectadas y las posibilidades reales que vimos para darles respuesta. Uno de ellos fue la recogida de medicamentos y material sanitario.

Antes de llegar a Lokichar ya estábamos informados de la precariedad de algunos centros sanitarios en la zona, por lo que llevamos desde España algunos medicamentos, sobre todo analgésicos, antisépticos, apósitos, pomadas o gasas, material de inmovilización, como vendas, yeso y esparadrapo, guantes, mascarillas, gel hidroalcohólico… Durante nuestra estancia en Lokori, algunos miembros del grupo que han estudiado ciencias médicas estuvieron viendo las instalaciones del centro de salud y los procedimientos y protocolos de tratamiento. Fueron conscientes de que había un brote de malaria y de que el centro no disponía de suficiente material para hacer frente a ello. Algunos de nosotros enviamos un mensaje a través de las redes sociales para la recogida de aportaciones económicas que nos permitieran comprar medicamentos y donarlos al centro. Inicialmente, la prioridad era la adquisición de antimaláricos, pero la participación de la gente fue tan abrumadora que pudimos hacernos con una gran cantidad de medicamentos, siempre siguiendo la orientación del personal del centro: antimaláricos de varios tipos, analgésicos más potentes, antibióticos específicos, corticoides, broncodilatadores o medicamentos para el tratamiento de la anemia. Fue una gran satisfacción poder conseguirlos de una forma relativamente sencilla, incluso aquellos que en España solo se pueden adquirir con receta médica.

Desarrollamos otro proyecto en un colegio de primaria, donde las aulas no estaban pintadas y carecían de pizarra. Después de reunir el dinero para la compra de los materiales, comenzamos las labores de limpieza para después pintar las paredes y las pizarras. Aunque ninguno teníamos demasiada experiencia en este tipo de tareas, descubrimos que trabajando en equipo pudimos obtener un buen resultado.

Otros componentes del grupo prepararon un pequeño taller de costura. El objetivo era aportar nociones básicas sobre el uso de la máquina de coser y la costura a mano. La idea era dejar habilitado un lugar para que las mujeres que participaran pudieran hacer uso de las máquinas de coser cuando lo necesitaran e incluso enseñar a otras personas. Uno de los misioneros combonianos reunió a un grupo de mujeres que acudió durante una semana al centro de discapacitados de la parroquia, en el que se habilitó el taller. Tras unas nociones básicas, cada alumna comenzó a coser un vestido básico con la ayuda de varias chicas del grupo. Todas ellas pudieron acabar el trabajo y pudimos ver la alegría al enseñárselo unas a otras. Fue precioso.

Uno de los niños que fueron a jugar con los miembros de Combojoven en esta ciudad. Fotografía: Borja Vitón García

Enriquecidos

A nivel espiritual, en Kenia hemos tenido la oportunidad de compartir nuestra fe. No solo entre nosotros, los miembros de Combojoven, sino con una gran variedad de personas que hemos conocido durante nuestra estancia, desde catequistas laicos que trabajaban en comunidades aisladas de la región, hasta hermanas misioneras y sacerdotes. De todos hemos aprendido mucho sobre la Misión. Nos han enseñado que ser cristiano no es solo rezar y tener a Dios presente en tu día a día, sino también dedicar tu vida a los demás, servir y a amar siguiendo el ejemplo de Jesús. Ambos aspectos son complementarios y deben estar presentes en la vida de un cristiano.

No nos olvidamos de tantos cristianos que han compartido con nosotros muchos momentos, nos han permitido formar parte de sus comunidades y nos han enseñado sus tradiciones. Compartiendo la eucaristía con las comunidades te das cuenta de la forma tan especial con la que viven su fe. Sus misas son auténticas celebraciones en las que cantan a pleno pulmón, dan gritos de alegría y bailan cogidos de la mano. 

Dios está en el centro de sus vidas y es impactante darse cuenta de cómo estas personas, muchas de las cuales viven en condiciones de extrema pobreza y aislamiento, pueden agradecer a Dios por aquello que tienen, mientras que muchos de nosotros, cristianos españoles o europeos, aun teniendo todo lo necesario, muchas veces no somos conscientes de la presencia de Dios en nuestras vidas y apenas le dedicamos atención. Ha sido un privilegio poder conocer la manera en que los cristianos viven su fe en este país, lo que nos ha servido de inspiración para dar testimonio de ello en medio de nuestras familias, amigos y comunidades de España.

Queremos animar a todos los jóvenes con inquietudes misioneras a participar en el grupo Combojoven. Quien le dice sí a Dios, aunque solo sea para vivir una pequeña «experiencia misionera», recibe mil veces más de lo que piensa dar. El papa Francisco repite constantemente que «los jóvenes somos el presente de la Iglesia». ¿A qué estás esperando para dar el paso?   

Fuente: Mundo Negro

Chad: testimonio de Alejandro Canales

En esta segunda semana del Domund, compartimos el reciente testimonio de Alejandro Canales, misionero comboniano que ha pasado el verano por su tierra de Cantabria, donde ha celebrado sus 50 años de sacerdote. Su lengua, su mirada, habla siempre de Chad, donde acaba de regresar, con «licencia» de su médico que preferiría que estuviera más tiempo por acá.

Dos días antes del viaje, los LMC de la zona centro compartimos un rato en la casa comboniana de Madrid. Alejandro fue el formador de los LMC en su último ciclo en España, allá por 2008. Después de haber participado como formador también con los religiosos en Chad, ahora está de nuevo en una parroquia. Ya es el comboniano de mayor edad del país, y eso significa experiencia y profundidad.

Cuando le preguntamos por su país lo primero que cuenta es que están preocupados por las lluvias anómalas, que están causando muchas muertes, daños y la pérdida de cosechas. «El cambio climático está arruinando la agricultura». Y nos habla de los jóvenes de sus comunidades, que tienen la tentación de abandonar sus pueblos seducidos por el espejismo de las minas al norte del país. Es fácil ganar dinero allá, y es fácil perder la vida, pues las explotaciones forman parte de un negocio oscuro y sin ley, que no deja testigos.

Precisamente la semana anterior habíamos conversado con Railson, joven indígena brasileño de la zona de Maranhão donde vive nuestro compañero LMC Xoán Carlos Sánchez. Railson forma parte de la III Caravana por la Ecología Integral que en estos días concluye su paso por Europa. Junto a 8 compañeros han venido a denunciar la situación de sus comunidades, afectadas por la contaminación a causa de la minería, que promete «desarrollo», pero deja contaminación, muerte, y gran des beneficios para los inversores internacionales.

La Casa Común y sus habitantes está sufriendo, en África, en la Amazonía… en todo el mundo. Y los misioneros, como Alejandro, nos lo recuerdan.

Una gota y el mar

A las puertas de comenzar el octubre misionero de este año, compartimos el testimonio de vida de la hermana María del Amor Más Puche, misionera comboniana que se encuentra en Balama (Mozambique). Todo un testimonio de una vida entregada a la misión.

«Vivo en Balama, que pertenece a la diócesis de Pemba, en la provincia de Cabo Delgado. La parroquia tiene unas 75 comunidades que visitamos regularmente. El párroco es un sacerdote diocesano y en nuestra comunidad somos cinco hermanas. En estas comunidades, los catequistas reúnen los domingos a la gente para la catequesis o para la celebración de la Palabra, y a veces, cuando el sacerdote puede desplazarse hasta allí, celebran la eucaristía.

A pocos kilómetros de la misión está activo un grupo guerrillero que, desde hace cinco años, está provocando numerosos desplazamientos internos y han matado a mucha gente, por lo que todos vivimos con miedo. En la diócesis han saqueado, destruido y quemado unas ocho misiones, que tuvieron que cerrarse. Hace dos años mataron a una de nuestras hermanas combonianas (ver MN 685, pp. 42-45), y el año pasado en esta zona raptaron a otras dos religiosas. Aunque luego las liberaron, el susto fue enorme. Todo esto supone gran inestabilidad y sufrimiento para el pueblo. Se trata, realmente, de una Iglesia perseguida.

En torno a la misión y algunas de las aldeas cercanas tenemos tres campos de refugiados en los que malvive mucha gente. Cada campo tiene capacidad para unas 300 familias, compuestas por 13 o 14 miembros como media. La situación allí es horrorosa: no hay comida ni agua. Tampoco hay escuelas ni nada parecido a un hospital. Las personas viven como si estuvieran en un desierto y mantienen su tienda en pie apenas con dos palos. Antes teníamos ayuda humanitaria de algunas organizaciones que trabajaban aquí, pero hace poco que se fueron. Procuramos hacer lo que está en nuestras manos, que es muy poco. Es una gota de agua en un mar de sufrimiento.

En medio de este dolor, como misioneras combonianas trabajamos con mujeres desplazadas. Tenemos grupos de costura, escucha, alfabetización… Sirven de gran ayuda a las mujeres porque, además de lo que aprenden, allí pueden expresar todo el dolor que llevan dentro. Hay mucho sufrimiento en sus vidas y esas pequeñas comunidades les permiten una escucha serena y sin juicios.

Acompañamos algunas iniciativas impulsadas con microcréditos durante cuatro o cinco meses. Les ofrecemos un pequeño capital con el que inician una actividad generadora de recursos. Durante los encuentros les ofrecemos una formación básica y sencilla sobre economía doméstica para que se sientan apoyadas y comprendidas. Es algo muy sencillo, pero para ellas es muy importante porque les permite disponer de un dinero y, sobre todo, ganar en autoestima. Después de este impulso inicial, son capaces de independizarse y continuar con esta actividad, que les ayuda de modo muy concreto para sacar adelante sus familias. Son mujeres luchadoras y muy fuertes que se apoyan y se sostienen entre ellas.

Tenemos muchas otras actividades a nivel pastoral, sobre todo la formación de los jóvenes. Se te encoge el corazón al ver tanta gente en esta situación de inseguridad, sin formación y sin escuelas. Algunos jóvenes se han ido fuera de la zona, mientras que los que se han quedado se organizan en pequeños colectivos. Estamos convencidas de que la educación puede cambiar las cosas, porque la formación pone las bases para que haya hombres y mujeres con otra mentalidad y un futuro diferente, con gente capaz de trabajar por su pueblo.

En este trabajo no estamos solas, siempre hay gente colaborando con nosotras, seglares que nos ayudan, que se vuelcan con el prójimo para aliviar el dolor. Estas personas son las que nos hacen seguir adelante a pesar de la inseguridad y el miedo».

Hna. María del Amor Más Puche, desde Balama (Mozambique)

Fuente: revista Mundo Negro. Septiembre 2024