Unos 270 jóvenes procedentes de África, Europa, América y Timor Oriental se dieron cita en la sede de la Curia comboniana en Roma para celebrar como familia comboniana el Jubileo de los Jóvenes. Antes del encuentro con el Papa en Roma, los grupos participantes, realizaron una experiencia previa en comunidades combonianas de Milán, Verona y Florencia donde tuvieron la oportunidad de reflexionar sobre la justicia social, la ecología integral y la dignidad de cada persona, valores que están en el centro de la misión comboniana.
Durante este fin de semana se está celebrando en Madrid el Congreso de vocaciones. Procedentes de diferentes realidades: diócesis, vida consagrada y movimientos, más de 3000 personas se han dado cita en el pabellón «Madrid-Arena», en el que tendrán lugar diferentes itinerarios y trabajo en grupos, que incluyen talleres, experiencias y testimonios.
En este contexto vocacional, compartimos el testimonio de Lucía Fonts, misionera comboniana en República Centroafricana que está compartiendo su vida y su fe con los pigmeos. Como estudiante de enfermería, inicialmente su deseo era ser cooperante, pero el Señor quería más, le pedía la vida entera, y ella se dejó llevar.
Puedes conocer más de cerca su experiencia vocacional y misionera en la siguiente entrevista que le hicieron en el programa «Eclesia al día»
el P. José Luis Román con un grupo de chicos en Acornhoek.
Compartimos el testimonio del P. José Luis Román, misionero comboniano que hasta hace pocos meses vivía en la comunidad de Granada y que hace unos meses fue destinado a Sudáfrica. Gracias, Pepelu por tu entusiasmo misionero y por tu entrega generosa a la misión. Que Dios te acompañe en esta nueva etapa de tu vida.
Después de mucho tiempo de ausencia, hace algunos meses dejé España para regresar a Sudáfrica con la misma ilusión y entusiasmo que cuando vine la primera vez. Sudáfrica, su gente y su cultura me cautivaron desde el inicio. Otra vez vuelvo a ver las estrellas en la oscuridad, las jirafas y los elefantes buscando comida en esta estación de sequía, los tambores de los hechiceros que llaman a los antepasados para consultarles algún agravio o desventura.
Regreso a mi primer amor, como solemos decir los misioneros cuando volvemos a la misión en la que empezamos nuestro andar evangélico. Estoy en la ciudad de Acornhoek, en la región de Mpumalanga, que significa ‘el lugar donde sale el sol’. Aunque no debería, porque corro el peligro de caer en la tentación de pensar que todo sigue igual, esperaba encontrar muchas cosas igual que las dejé. Pero me he dado cuenta de que no es así.
A medida que pasa el tiempo y voy yendo de un lugar a otro, me voy encontrando a gente conocida, a jóvenes que ya no lo son tanto y que entonces formaban parte del grupo parroquial. Unos están casados y tienen hijos, algunos se fueron a buscar trabajo y comenzar sus vidas en familia en Johannesburgo, Pretoria o Ciudad del Cabo, otros abandonaron la Iglesia y se convirtieron en pastores de Iglesias independientes, y otros ya no están con nosotros, se fueron a la casa del Padre.
Es bonito ver que en esta zona donde estoy la gente ha mejorado su nivel de vida. En mi primera etapa se construía con paja y barro, la típica choza redonda que todos asociamos a África. Gracias a Dios, las cosas han cambiando y ahora encontramos casi todas las casas construidas con cemento y ladrillo, con algún que otro jardín y algún que otro letrero en la pared que advierte de la presencia de un perro guardián. Por lo visto, el negocio de la construcción está en auge.
Lo que aún tiene que mejorar son los caminos, las calles y las carreteras. Aún tenemos muchos kilómetros de tierra y en las pocas carreteras alquitranadas de mi zona hay que conducir con mucho cuidado. La lluvia y los camiones las han estropeado de tal manera que, si vas despistado, pierdes las ruedas. Aunque el Gobierno se esfuerza por solucionar este problema, las vías de comunicación están en muy mal estado.
En otros tiempos, la parroquia gozaba de la presencia de niños, jóvenes, adultos y ancianos de los que brotaban la alegría y el entusiasmo cuando nos reuníamos. Las celebraciones litúrgicas eran vivas, había espontaneidad, cantos y danzas. En la misión había movimiento. Sin embargo, la corrupción, la violencia y el coronavirus han causado bastante daño a la comunidad parroquial. A la misión, que ahora está rodeada de vallas y puertas automáticas, viene muy poca gente. Si alguien quiere visitarnos tiene que llamarnos por teléfono para que abramos el portón. Algunas comunidades han desaparecido y en otras se nota cierto desánimo. Apenas hay niños y jóvenes, e incluso algunas de nuestras iglesias están vacías.
Pero en otras comunidades del interior hay vida y ganas de compartir la fe. Hay ganas de recuperar el espíritu de creatividad y empezar a hacer cosas nuevas. Creo que este va a ser nuestro principal trabajo misionero en la parroquia: la animación evangélica. Es verdad que en talleres, encuentros y conferencias a nivel arciprestal y diocesano se reúne un gran número de jóvenes y de confraternidades, sin embargo, a nivel parroquial se nota la disminución de fieles.
Y aquí estoy, intentando integrarme en esta nueva realidad y recuperar la lengua tsonga para poder comunicarme bien con esta gente querida. Me he embarcado en la aventura de aprender sepedi porque en nuestra parroquia se hablan tsonga, sepedi e inglés y quiero conocer las tres. Para animarme me acuerdo de María Dolores Ballesteros Morales, una señora mexicana que vi en Internet que se licenció en Derecho con 80 años. ¿Qué es aprender un idioma comparado con el mérito de esta señora? Así que, adelante, ¡a estudiar se ha dicho!
Estoy muy agradecido al Señor por hacerme volver a mi primera misión. Quizá esto sea un regalo y una manera de decirme: «Pepelu, estás abriendo un nuevo capítulo de tu vida misionera». Así que me pongo en sus manos y le digo: «Aquí estoy, Señor, con mis buenas intenciones y mi condición pecadora para hacer tu voluntad». Tomo la Biblia, me pongo la cruz, meto el rosario en el bolsillo y me preparo para llevar la comunión a los enfermos. Cuando regreso cojo a un joven que está haciendo autoestop y que se alegra de hablar con un mulungu, con una persona blanca. Está tan emocionado que quiere que le acompañe hasta su casa y salude a su familia. Una familia humilde que se sorprende al ver que un blanco hable su idioma. Sin buscarlo, puse un toque de alegría en aquel hogar. Me preguntaron quién era, de dónde venía y qué hacía aquí. Bromeamos, nos reímos y al final me pidieron la bendición. Esto también es una forma de evangelizar. Posiblemente el Señor quiso que fuera allí por alguna razón, ya que para Dios no hay casualidades.
Compartimos el testimonio de Lucía Fonts, misionera comboniana española que está compartiendo su vida entre los pigmeos de la República Centroafricana. Ella nos cuenta cómo es evangelizar en medio de conflictos, sus alegrías y dolores y sobre todo las enseñanzas que recibe de los pigmeos.
Gracias Lucía por tu entrega y generosidad y por seguir haciendo realidad el sueño de Comboni de «Salvar África con África».
Os dejamos con la temática de la entrevista y el minuto exacto donde comienza cada tema.
Os dejamos un video que nos han enviado desde Kenia contándonos el proyecto que la comunidad LMC de Kitelakapel-Kenia está realizando en temas de Salud Mental en colaboración con Hani (LMC de Egipto).
En él podréis escuchar de primera voz cómo se está desarrollando y la continuidad que se quiere dar. Es un bonito ejemplo de colaboración con la presencia de Hani y después la segunda vez con la llegada de Mira (candidata de Egipto) y donde se ha recibido ayuda económica por parte de España.
Gracias a todos por vuestras oraciones y el apoyo a nuestro servicio LMC en los lugares donde estamos presentes.