La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”

“La paz esté con todos ustedes. Hacia una paz desarmada y desarmante” es el tema del Mensaje del Papa León XIV para la 59.ª Jornada Mundial de la Paz que se celebra hoy.
En su mensaje, el Santo Padre invita a todos a recibir la paz y a ser testigos porque la paz “existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno”.
En esta línea, el Papa cita a San Agustin para recordar que los cristianos deben ser testigos de la paz y alentó “a entablar una amistad indisoluble con la paz”. Todos estamos invitados a recorrer este camino trazado por el Resucitado. Él mismo encarnó una paz desarmada porque “desarmada fue su lucha”.
De hecho, la paz es un don que va custodiado, “no es una realidad experimentada, para custodiar y cultivar, la agresividad se di- funde en la vida doméstica y en la vida pública” y se puede caer en el engaño de que para conseguirla hay que prepararse para la guerra encarnando “la irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza”.
Para lograr una paz desarmante, debemos encarnar la mansedumbre porque “La bondad es desarmante. Quizás por eso Dios se hizo niño”. De la humildad evangélica nace la paz. Un niño, en su fragilidad, tiene la posibilidad de cambiar los corazones, cuestionar nuestras decisiones y deponer las armas.
Por último, el Papa señala que la paz es posible, no es una utopía, y que el diálogo ecuménico e interreligioso son vías privilegiadas para alcanzarla. Tampoco debemos olvidar emprender «el camino desarmador de la diplomacia, de la mediación, del derecho internacional», que requieren confianza mutua, lealtad y responsabilidad en los compromisos asumidos.
El mensaje de León XIV concluye pidiendo para que la paz «sea un fruto del Jubileo de la Esperanza, que ha impulsado a millones de seres humanos a redescubrirse peregrinos y a comenzar en sí mismos ese desarme del corazón, de la mente y de la vida al que Dios no tardará en responder cumpliendo sus promesas».

