Somos Juan y Carmen, matrimonio de Laicos Misioneros Combonianos de Murcia, y estuvimos en el Carmen, una pequeña ciudad situada al Oeste de Ecuador cerca de la costa del Pacífico.
La ciudad del Carmen es una zona rural costera de terreno irregular salpicado de riachuelos. El clima es caluroso tropical con alto grado de humedad en la atmósfera, las lluvias son casi a diario que aparecen al caer el sol por lo que el terreno generalmente arcilloso es farragoso en la mayor parte pero se seca rápidamente con el nuevo día.
Esta es una zona totalmente agrícola y ganadera. El comercio prácticamente es local, basándose en la venta de los productos de la zona y los que traen los indígenas de la sierra, no obstante también se encuentran pequeños comercios con productos variados, incluso de importación. La industria se limita a pequeños talleres de reparación, ferreterías, pequeñas carpinterías y algún que otro taller.
La situación económica en general es de un poder adquisitivo bajo, hay pobreza pero no inanición, aunque la alimentación básica se fundamenta en el arroz el plátano la yuca y algo de fruta.
Nosotros nos marchamos a Ecuador sin un proyecto definido pero con una mentalidad abierta a acoplarnos y a aceptar cualquier trabajo que nos fuera asignado según las necesidades de la misión. Los Combonianos nos dijeron: «aquí hay mucho trabajo, así que ustedes trabajen en lo que más les guste».
Ante esta perspectiva, decidimos estudiar la situación real tanto de la parroquia como de las necesidades del pueblo, así que hicimos un primer estudio anotando casi diariamente todas las necesidades que observamos a la vez que un sondeo entre las personas con las que íbamos contactando. Indagamos también sobre los trabajos que hicieron otros laicos antes que nosotros así como los padres que habían pasado por la misión. Cuando teníamos una gran cantidad de datos sobre las necesidades existentes, observamos en cuantas de aquellas coincidía el mayor numero de las personas encuestadas. Una vez separadas las más demandadas estudiamos cuales de aquellas estaríamos en condiciones de acometer según nuestras posibilidades y capacidades. Escogimos tres proyectos principales: El dispensario medico, la universidad y la pastoral después hicimos un balance de lo que necesitábamos para llevarlo a cabo y con qué ayuda contábamos. No obtuvimos ningún tipo de ayuda ni apoyo, vimos que todo lo teníamos que hacer nosotros casi en soledad con la ayuda de Dios, por lo que nos pusimos a trabajar.
Ante la situación sanitaria existente y la demanda popular por una asistencia medica sanitaria eficaz y económica, decidimos emprender la creación de un consultorio medico que diera respuesta sobre todo a los más pobres.
Empezamos sin recursos económicos, una mesa y dos sillas, un pequeño equipo de otorrino, una unidad de corrientes galvánicas y algunos utensilios más que llevamos nosotros de España. Los primeros medicamentos que recetábamos eran naturales (plantas medicinales) por lo que nos pusimos en contacto con un grupo misionero de una parroquia en Valencia que nos proporcionaron una gran cantidad de medicamentos así que esto nos facilito crear una farmacia. Atendíamos por las mañanas de lunes a viernes, pronto la clientela fue desbordante, tuve que buscar ayuda de un medico el cual me ayudaba tan solo por un pequeño sueldo.
Dada la gran cantidad de jóvenes que había en la universidad, decidimos elaborar un proyecto de pastoral universitaria, conseguimos tener 164 alumnos en un curso de formación llamado formación cultural religiosa. Este curso fue reconocido por la universidad como uno de los dos cursos complementarios que todos los alumnos tienen que realizar para poder obtener sus titulaciones, siendo desde luego de libre elección entre una amplia oferta dentro del plan de estudios. Las clases eran los martes durante toda la tarde unas cuatro horas.
Dada la gran cantidad de jóvenes existentes en la población, decidimos trabajar la pastoral juvenil con orientación misionera. Creamos tres grupos juveniles que seguían un programa de formación y actividades grupales misioneras en los campos con periodos de una semana de duración cada uno. Me reunía una vez por semana con cada grupo especialmente los domingos por la tarde.
Yo, me encargaba de la catequesis de adultos, los miércoles y jueves por la tarde. Eran innumerables las personas que asistían.
Nos ocupábamos de la formación y animación de un movimiento cristiano de adultos llamado movimiento Juan XXIII el cual empezó en el Carmen con nosotros, era una especie de movimiento de cursillistas de cristiandad, para lo cual elaboramos un programa de formación adaptado, empezamos con una seis o siete personas, cuando nos marchamos eran unas doscientas personas, en estos momentos nos comunican que pasan de las 1.000 personas. La reunión con este grupo era los sábados por la tarde-noche terminando con la animación de la misa de la parroquia preparada con estilo propio del grupo.
Nos ocupábamos de la formación y animación de un movimiento cristiano de adultos llamado movimiento Juan XXIII el cual empezó en el Carmen con nosotros, era una especie de movimiento de cursillistas de cristiandad, para lo cual elaboramos un programa de formación adaptado, empezamos con una seis o siete personas, cuando nos marchamos eran unas doscientas personas, en estos momentos nos comunican que pasan de las 1.000 personas. La reunión con este grupo era los sábados por la tarde-noche terminando con la animación de la misa de la parroquia preparada con estilo propio del grupo.
Atendíamos dos capillas celebrando la palabra y repatriamos la comunión, la capilla llamada del 40 que distaba unos 50 km los domingos en la mañana, siempre que los padres no podían atenderla, lo que sucedía con frecuencia. La capilla de San Antonio A unos 10 km, los lunes en la noche cuando el P. Antonio no podía atenderla.
Carmen junto con la comboniana María Antonieta (italiana) hacían pastoral de enfermos, visitando los enfermos pobres en sus casas para después pasarme las necesidades y si fuese preciso les atendiera en consulta domiciliaria, gestionar la hospitalización, buscar los recursos económicos o en su defecto animarlos a venir al consultorio. Esto lo hacían en los huecos libres, generalmente los lunes o si lo precisaban en cualquier momento.
También organizaban un ropero con ropas que mandaban de Italia así como un pequeño banco de alimentos, eran como algo parecido a cáritas parroquial.
