Estuvimos en el corazón de Africa, en la República Centroafricana, desde junio de 1999 hasta mayo de 2002. Nuestra misión se encuentra en un pueblo de unos 3.000 habitantes, Mongoumba, donde hicimos comunidad cuatro LMC: Tere Monzón, Montse Benajes y nosotros dos.
Esta misión depende de una comunidad de combonianos que está a unos 37 km de distancia, pero en su funcionamiento cotidiano es autónoma a todos los niveles, lo cual no es ninguna tontería, pues el mantenimiento de la casa en sí con sus almacenes y su parcela da mucho trabajo y reclama tiempo, lo cual no ocurre en donde la comunidad LMC está acogida o integrada en una misión comboniana.
A cargo de nuestra misión está la parroquia de «St. Georges», que incluye Mongoumba y otras quince capillas dispersas. El párroco es un comboniano, de la comunidad antes citada, cuya comunidad se encuentra a unos 37 km de distancia y los laicos colaboramos en pastoral con los grupos de jóvenes, Comisión Justicia y Paz, grupos de preparación al matrimonio, grupo de catequistas y otros. Sin embargo, nuestra tarea no es sólo en pastoral. Durante nuestra estancia, Mª Dolores estuvo muy implicada como Asistente Técnico en el Centro de desarrollo «CARFAM», perteneciente a Caritas Diocesana y que tiene varios campos de trabajo como escuelas de integración de pigmeos junto con niños bantús, farmacias populares, pequeñas cooperativas, promoción de la mujer,…
Nacho sí se dedicó más a la pastoral, pero también hizo varias colaboraciones con CARFAM como formador, y una colaboración más especial cuando a partir de julio de 2000 empezaron a llegar a las poblaciones de nuestra parroquia miles de refugiados congoleños (Mongoumba es fronterizo con la República Democrática del Congo). Fueron las ONG Médicos sin Fronteras y COOPI (italiana), quienes organizaron la atención de urgencia a los refugiados. Nosotros pudimos acogerles en la misión gracias a que ésta cuenta con suficiente espacio y habitaciones. Al principio nos limitamos a acogerles, pero cuando necesitaron personal propusieron a Nacho que colaborara en la coordinación del reparto de alimentos. Aunque debía ser una «acción de urgencia», la tarea se prolongó hasta diciembre. Esta actividad resultó dura, pero también gratificante.
El último año tuvimos una mayor carga de trabajo por la partida de Montse en enero y de Tere en marzo, nuestras compañeras de comunidad. Por diversas circunstancias no fueron reemplazadas enseguida y nos quedamos solos el resto del año.

Mª Dolores se hizo cargo especialmente de la farmacia-dispensario de la misión, que atiende preferentemente a los pigmeos y a los pobres, y Nacho se hizo cargo del Centro de Reeducación Funcional «Da ti Ndoye», coordinando las actividades en el Centro con las salidas a los poblados, sesiones de educación sanitaria primaria, urgencias, registro de datos,…
