¿Dónde estoy?

Hola amigos,
Muchas veces os hablo de mi confusión, en la fe y en la vida. Hoy hay un hecho muy representativo. Me ha llegado la carta de la oficina del censo electoral de Madrid donde me dice, en letra pequeña, que según la nueva ley electoral, ya no tengo derecho a votar en las elecciones municipales, y si quiero votar en las autonómicas, tengo que solicitarlo por carta. Así que no puedo votar acá (el próximo fin de semana hay comicios presidenciales) ni allá. Porque solicitarlo por carta es ciencia ficción, quién sabe cuando llegará la carta de solicitud. Es verdad que desde acá no tengo tanto conocimiento de lo que está pasando ahí como para votar, y que acá en el fondo soy un recién llegado.
Así estamos. Ya sabemos que los misioneros, como los emigrantes, ya no son de ningún sitio. Yo soy de allá, claro, pero ya no tanto. Cuando llegué a Brasil le veía a Félix tan en su salsa que le pregunté si sentía de allá, pero él no dudo en rechazarlo. Siempre hay un mundo entre una historia, un carácter, una mentalidad y otra.
Me enfada esta noticia de no poder votar a “mi alcalde”. Pero por lo menos me ayuda a entender mi situación. He salido de mi casa. Había que salir. En el curso de preparación misionera nos decían lo importante que es el lugar geográfico desde el que se ve el mundo. Y lo estamos comprobando. Podía leer todos los libros sobre la pobreza y el compromiso por los pobres, orar, ver películas realizadas en los países del Sur. Ahora ya no quiero (aunque lo sigo necesitando, para entender precisamente lo que veo). Lo que quiero es estar con la gente, escucharles y tratar de acercarme a su vivencia de Dios. Aprender cómo es Dios. Siento que mucho tiempo me he preparado, más inconsciente que conscientemente, para esto. Mucho tiempo me ha preparado el Señor para esto, para ¡este tiempo de gracia! Y ojalá esté dispuesto para lo que me proponga mañana.
Y ¿por qué he salido de mi casa? Por seguir a Jesús. Es Él quien me ha traído acá, y por eso debo estar cerca de Él. He puesto tanto en el asador por su culpa, que sería absurdo perder ahora ese horizonte. Jesús es el sentido de mi vida cada día, desde que me levanto y miro a una montaña majestuosa e impensable en Castilla, que se llama Chachani, hasta que me acuesto escuchando a los perros del vecindario desierto. Quiera o no quiera, es el sentido de mi vida. No es un discurso o un deseo, sino una experiencia. Puedo olvidarlo, pero es así.
Tres años no son nada. Me choca a cada rato estar acá. Es muy curioso cuando voy al locutorio a ver Internet. Estoy un rato escribiendo y leyendo a gente amiga de España y durante ese tiempo estoy viviendo allá. Y salgo y me sorprendo al ver las caras de la gente, sus colores, las construcciones… Y digo “¡Estoy en el Perú…!”

Gonzalo Violero, Arequipa-Perú


Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.