CAMPAÑA ELECTORAL… EN PERÚ

Algunos de ustedes habrán seguido en la prensa las noticias de la campaña electoral peruana. En abril se celebró la primera vuelta, de la que salieron adelante los candidatos Ollanta Humala y Keiko Fujimory.

El primero lidera un partido nacionalista, que promueve que el uso de los recursos sirva primero a los peruanos y luego a la exportación, en contra del modelo imperante que favorece sobre todo la inversión de las multinacionales exportadoras. En las anteriores elecciones estuvo a punto de salir presidente, pero todas las demás fuerzas se unieron en torno a Alan García, que triunfó. Ollanta es un personaje conflictivo, protagonizó un intento de alzamiento armado contra el presidente Toledo hace unos 8 años. Se le vincula siempre a Hugo Chávez y eso acá (y allá) es muy malo. Sus detractores afirman que si pierde no respetará el resultado y que si gana cambiará la constitución al estilo de Venezuela. Él insiste que no será así y que respetará todos los tratados internacionales suscritos por el Perú. Pero la inmensa mayoría de la prensa está contra él y lo acosan, porque tienen motivos razonables.

La segunda necesita menos presentación. Es la hija del expresidente Alberto Fujimory, hoy detenido por su responsabilidad en dos matanzas de civiles en Lima en el contexto de la lucha antiterrorista de los 90. No sólo es su hija, sino que ejerció de primera dama cuando la exesposa de Alberto se marchó del hogar por sufrir maltrato físico. Ahora se empeñan en desmarcarse de su padre, pero es muy difícil de creer. El gobierno Fujimory fue populista, hizo muchas obras civiles, pantanos y carreteras y, sobre todo, terminó con la amenaza terrorista de Sendero a golpe de represión. Por eso mucha gente sencilla lo quiere todavía.

A ellos no les importan las terribles violaciones de derechos humanos que cometió, como la esterilización de poblaciones enteras o las 35000 víctimas atribuidas a las fuerzas de seguridad según la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Una vecina le decía a Isabel que en los peores momentos los senderistas hicieron arder el símbolo de la hoz y el martillo en las faldas de nuestro Misti, para amedrentar a la población. No puedo juzgar las decisiones electorales de estos vecinos todavía traumados. Al parecer un periodista del diario español “El mundo” consiguió las declaraciones de un asesor de Keiko en las que reconocía que de llegar al poder sacarían a Fujimory de la cárcel a cualquier precio.

Entre estos dos males deben elegir nuestros vecinos el próximo domingo. Vargas Llosa los comparó con el cáncer y el sida. Ahora se ha decantado por Ollanta. Nosotros al principio simpatizábamos también con él, pero después de ir sabiendo lo que ha hecho en el pasado ya no sabemos qué pensar. Algunos sectores algo acomodados, con cierta cultura, abogan por el voto nulo (del voto blanco no se fían porque los interventores podrían marcar fraudulentamente la casilla de su candidato).

En este contexto la región Puno lleva 3 semanas de movilizaciones en oposición a cualquier explotación minera en la zona. Ha habido varios muertos y la turba, supuestamente, ha asaltado las aduanas, saqueando mercancías por valor de 3 millones de euros. La situación amenaza el libre desarrollo de la jornada electoral en esa región. De vez en cuando la tensión social se acumula en uno u otro punto del país y estalla una revuelta, habitualmente con muertos en los enfrentamientos con la policía. Recordarán el año pasado la matanza de Baguas, en la selva del norte, donde murieron 24 personas.

La pobreza es muy mala. Es la falta de oportunidades, económicas y culturales. Es muy difícil instruir a un pueblo que vive en la inmediatez de salir cada día a buscar curro para sacar unas monedas y alimentar a los hijos. Esa es la realidad verdadera de la gran mayoría de este país. La pobreza estadística afecta a más del 30 % de la población. En el alto Piura hay 60% de desnutrición infantil. Mientras, estos últimos años los precios de los metales han estado tan altos que las empresas mineras han obtenido enormes beneficios. Las cifras dicen que eso ha permitido también que unos dos millones de peruanos salgan del umbral de la pobreza. Todos coinciden en que algo se ha mejorado. Muchos de nuestros vecinos empiezan a poder mandar a sus hijos a la universidad, pero hasta ahora los licenciados se encuentran el terminar sin oportunidades de trabajo digno.

Es muy difícil confiar en este país. Soñar que las cosas pueden de verdad mejorar de forma estable y sostenida. La autoestima social y personal es muy baja. Muchos sueñan todavía con salir a trabajar al extranjero, para afrontar la siempre dramática situación del emigrante. Por eso también entendemos que cuando alguien logra cierto bienestar busca aislarse de alguna manera de sus orígenes humildes viviendo en urbanizaciones de lujo con vigilancia privada, comprando en centros comerciales en los que encuentras los mismos productos que en Madrid y tratando con discriminación a sus compatriotas.

Y acá estamos nosotros como misioneros gringos. ¿Cómo transmitiremos ilusión y confianza? ¿Cómo acompañaremos su camino, aunque sea estos pocos años? Por lo pronto, compartiendo con vosotros estas informaciones para dar voz a estos luchadores más allá de sus propias fuerzas.

Gonzalo Violero desde Arequipa, Perú

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