Legal no es igual a justo

Ana y Eduardo cometieron hace meses el error de confiar inocentemente en un comercial de unos grandes almacenes que les vendió a crédito una tele de 500 soles. El error fue de Eduardo, y Ana no se lo perdona.

Como el trabajo de Eduardo es eventual, pronto llegó una letra que no pudieron pagar y los intereses pegaron un subidón, de modo que ahora necesitarían 2500 soles para cancelar el crédito. Les daría igual devolver la tele porque su valor es muy inferior al del monto completo de los intereses. Esta deuda es motivo para muchas disputas. Ella le echa la culpa a él, y él se disculpa pero no puede hacer ya otra cosa que agachar la cabeza ante el financiero de los almacenes. La última vez que estuvieron, dicen que casi tuvieron que llamar a la policía, porque ellos pensaban que les faltaban solo 1500 soles, pero no habían entendido bien y eran unos 2200.

Si los préstamos financieros son siempre cuestionables, en este país con tanta inseguridad laboral, son destructivos. La familia de Ana y Eduardo se tambalea. Ella sufre de vesícula, y los enfados la agravan. El se la quitó hace tiempo, pero ahora le molesta el hígado. Los chicos sufren porque no tienen lo que otros amigos.

Hay personas que se están enriqueciendo injustamente con las letras que Eduardo va entregando cada mes. Para él y su familia son causa de enorme sufrimiento, que está deteriorando su relación y puede llegar a malograr su convivencia. Para el explotador son un caso más, una cifra. Nada de esto es ilegal, todo es injusto. Una injusticia que clama al cielo.

Isabel y yo vamos a empeñarnos en subvertir esta historia. Que el pecado económico no devore a esta familia. Que no triunfen los explotadores. Será un parchecito en su frágil supervivencia, que no va a tapar el resto de incertidumbres, pero queremos que sea un signo de que el mal no va a triunfar. Como los milagros de Jesús, signos de salvación, signos del Reino.

El sábado participamos con ellos en una charla para parejas. Fue una alegría verles a los dos, usando todos los medios para recomponer su relación. Luego estuvimos en casa, tratando de animarles para valorar todas las riquezas que tienen, más allá de su pobreza material. Animándoles a que no dejen de participar en la Eucaristía, donde Jesús se les ofrece para fortalecerles en estos combates.

Espíritu y vida, alma y cuerpo, anuncio y denuncia, palabra y pan, dimensiones unidas todas en Jesús de Nazaret, el Cristo.

Ellos tendrán que seguir su lucha de cada día, por seguir haciendo real el sueño que tuvieron cuando empezaron su relación, hace doce años.


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