La cruz tiene dos caras

La señora Audona ha luchado dieciocho años por vencer su cruz. Ha denunciado a su esposo maltratador en muchas ocasiones. Ahora puede mirar con esperanza sintiéndose liberada, aunque sea por el momento; su maltratador podrá volver a acercarse a ella dentro de dos años.

La señora María lleva sólo cuatro años luchando con su cruz. Es la primera vez que ha denunciado a su maltratador. A los dos meses han acudido juntos a la fiscalía de familia para darse otra oportunidad. La intimidación, las trabas del sistema, la inseguridad económica, la costumbre… pueden haberla animado a tomar esa decisión.

La señora Audona, cuando tenía seis años, iba asustada a denunciar a su papá al puesto de policía de su pueblo, porque estaba golpeando a su mamá con puños, patadas, fierros o palos. Los vecinos decían que era como el mismo demonio. Como el policía decía que eran esposos y que ahora no podía salir y dejar el puesto sólo, Audona iba a buscar al tío Simón. Era un hombre grande y fuerte, que respetaba a su esposa. El tío Simón sí iba a la casa de Audona y golpeaba al papá mientras le decía que no podía dejarse llevar por el trago. Audona siempre tuvo un sentido fuerte de la justicia que la impedía callar no más.

Cuando el otro día llamamos a la comisaría para decir que el esposo maltratador estaba en la casa incumpliendo la sentencia judicial, la policía tampoco vino. Yo me jalé literalmente de los cabellos, pero Audona me miró con una sonrisa amarga: “¿No le dije que la policía nunca viene, profesor?” La historia pesa mucho, pero pesa más la historia de rebeldía de Audona.

Ante la cruz siempre injusta y clamando al cielo, podemos rebelarnos o darle otra oportunidad. No puedo juzgar ninguna de las actitudes. Son dos caras que podemos poner ante la cruz.

Puedo transigir con ella, dejarme vencer por la comodidad de sufrirla, siempre conocida, vieja conocida. La cruz de mi pecado de renunciar a soñarme como me sueña Dios. Me duele, pero ya conozco su dolor, aprendí a sobrevivir con él.

¿Cómo podría vencer esa cruz? Desear vencerla, necesitar vencerla, soñar vencerla. Caminar despacio, venciéndola. Audona ha caminado treinta y ocho años venciéndola cada día.

 

Gonzalo, Arequipa


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