Noticias desde Brasil

Queridos LMC, Hace ya bastante tiempo que no os escribo. Os pido perdón por eso. A veces lo urgente nos hace dejar lo importante em segundo plano. La vida em Misión está llena de correrías. Nuestra angustia para hacer que las cosas avancen muchas veces hace que descuidemos compromisos que deberían ser mantenidos por encima de esas preocupaciones del día a día. Uno de esos compromisos que deberían sobreponerse es el de manteneros informados de lo que hacemos, sentimos y pensamos desde nuestro trabajo misionero. Aún así, os aseguro que tengo muy presente que estoy aquí gracias al soporte que el grupo LMC mantiene.

El inicio del año 2012 está siendo bastante difícil para la Casa Familiar Rural (CFR) de Açailândia, y para las otras 16 que funcionan en nuestro Estado de Maranhão, el más pobre de la federación brasileña. La verdad es que esto no es ninguna novedad. Es una vieja historia que se repite desde que abrimos las puertas, en 2005. Cada curso es un eterno recomienzo. El gobierno estadual («autonómico») nos anuncia cortes en la dotación presupuestaria, con lo cual no podemos pagar los profesores y recibir nuestros alumnos. Estoy estos días en Sáo Luís, la capital del Estado y sede de la Casa Provincial de los MCCJ Brasil Nordeste, para una serie de reuniones con las autoridades del Estado. Junto con representantes de las otras CFRs, ayer nos reunimos con un diputado autonómico que nos apoya, hoy con el vice-gobernador, que también nos apoya pero no tiene mucho poder real, y esperamos que dentro de dos días podamos reunirnos con el Consejero de Educación del Estado de Maranhão. Habíamos convocado a nuestros alumnos para empezar las clases el próximo día 27 de febrero, el primer lunes después del carnaval, que es cuando empieza realmente el año en Brasil. Pero tuvimos que cancelarlo todo porque a día de hoy no tenemos ni un solo profesor contratado. Pese a todo, este olvido del poder público ha sido un estímulo para fortalecer nuestro movimiento por una educación rural autogestionada por las familias del campo. Cada vez estamos más y mejor organizados y nuestras reclamaciones tienen mayor eco entre los otros movimientos sociales y, consecuentemente, entre las autoridades. Todavía no sé cómo lo vamos a conseguir, pero tengo el convencimiento personal de que saldremos victoriosos de esta disputa y el movimiento seguirá creciendo y consolidándose. Veo esta situación como una oportunidad, no como una amenaza.

Por otra parte, en lo que se refiere a la situación más concreta de la CFR de Açailândia, también estamos en un momento muy especial, un momento de cambios, que esperamos sean para mejor. Es en este punto que necesito de la ayuda de los LMC españoles, sea a través de la coordinadora, de los formadores, o de LMC individuales. Necesito vuestra ayuda para discernir mi futuro y la forma concreta de mi compromiso con esta gente, los jóvenes y las familias rurales de este pedacito de la amazonia marañense. Hace más de 12 años que realizo aquí mi trabajo misionero. Llegué en 1999, y desde el 2000 hicimos la opción por dedicarme a crear la CFR de Açailândia. En aquella época sólo existía una en nuestro Estado. Hasta 2005 el trabajo fue de animación de las comunidades rurales para crear un grupo de familias agricultoras que abrazasen esta idea y de sensibilizar a los poderes públicos para conseguir el apoyo fianciero para poder funcionar. En 2005 conseguimos empezar las clases, al principio sólo con un curso de enseñanza fundamental con orientación agrícola (una especie de EGB profesional). No lo hicimos del todo mal, porque en 2006 el Estado de Maranhão nos escogió, entre las ya siete CFRs en funcionamiento, para que fuésemos la primera en ofrecer el curso de formación profesional, ya de nivel medio (el equivalente a la FP española). Actualmente somos ya 17 CFRs funcionando en el Maranhão, apenas una sola todavía con enseñanza fundamental. De momento en Açailândia somos la única autorizada por el Consejo de Estado de Educación para emitir diplomas para nuestros alumnos. Con eso tenemos ya algunos ex-alumnos (jóvenes de nuestras comunidades rurales que antes no tenían ninguna perspectiva en la vida) estudiando en universidades, haciendo cursos de Ciencias Agrarias, Agronomía, Veterinaria, Química… que sin duda contribuirán al desarrollo rural de esta región. Otros están trabajando como profesores de escuelas rurales o prestando asistencia técnica de diversas formas a los agricultores familiares. La mayoría permanecen en el medio rural, aunque con muchas dificultades para llevar a la práctica las formas de producción sostenibles que aprendieron durante su período de estudio en la CFR. Me siento muy orgulloso de haber participado de todo esto, pero al mismo tiempo me siento cansado y siento que es el momento de que algunos de estos jóvenes que formamos en la CFR asuman responsabilidades en la gestión del proyecto. Al fin y al cabo, nada más comboniano que «salvar África por medio de los africanos». Hace unos años ya que nos preparamos para esto, por eso un joven que estudió aquí trabaja con nosotros (conmigo y con Dida) en la coordenación de la CFR, al mismo tiempo que estudia en la universidad un curso de Licenciatura en Educación del Campo – Ciencias Agrarias. Debe terminar su curso en octubre y la idea es que asuma la coordenación de la CFR a partir de entonces. Por eso, durante este año pretendo compaginar mi función de coordinador con la de profesor, que no podía ejercer desde 2006, como forma de dejarle cada vez más tareas a él, para que gradualmente vaya asumiendo las responsabilidades.

En cuanto a mí, todavía estoy discerniendo sobre mi futuro. Pero tengo varias ideas que me gustaría que me ayudáseis a madurar. También, al igual que cuando se decidió la creación de la CFR, me gustaría que al final pudiésemos tomar una decisión compartida y corresponsable entre mí, Dida (mi esposa, que no participó de aquella decisión del 2000 porque apareció en mi vida unos años después), los LMC y la provincia comboniana de aquí. Una de las limitaciones del trabajo de la CFR es que, por tratarse de una institución escolar, y más aún por funcionar como internato por alternancia, exige para quién la coordena dicación exclusiva al proceso educativo, al acompañamiento de los alumnos y a las atividades que se desarrollan en el espacio físico de la CFR. Esto es prácticamente incompatible con un trabajo más de campo, de presencia más próxima a las familias rurales, de una acción más política y organizativa de las comunidades. Por ese motivo pensé en la posibilidad de reciclarme durante un tiempo (incluso para con mi ausencia de Açailândia facilitar el relevo en la CFR) para regresar después para realizar ya otro trabajo, con el mismo público de nuestras comunidades rurales, pero de un cuño diferente, con más libertad para trabajar directamente en las comunidades, ofreciendo cursos en sus propias localidades, ayudándolos a construir proyectos productivos solidarios y contribuyendo con el fortalecimiento de organizaciones populares. Podría pensarse en la creación de una asociación o entidad, que podría trabajar de manos dadas con la propia CFR, aprovechando varios de los jóvenes que pasaron por ella para desarrollar ese trabajo. A principio, aunque las conversaciones con los combonianos, al igual que con vosotros, están todavía empezando, la acogida ha sido positiva, porque ellos mismos están organizando cursos de agroecología y economía solidaria en otros municipios vinculados a la campaña internacional «Justicia en los raíles», de enfrentamiento a la mineradora multinacional Vale. En diálogo con los combonianos de la comunidad de Açailândia, y con otros contactos que ellos mismos me facilitaron, se me presentan dos posibilidades de reciclaje, ambas en las universidades de aquí. Podría ser una master en agroecología (con un enfoque más agronómico), en la Universidad Estadual de Maranhão, en São Luís, ciudad donde hay combonianos y también podría ayudar a las CFR de este Estado en su coordinación y movilización, o un master en agriculturas familiares (con un enfoque más sociológico) en la Universidad Federal de Pará, en Belém, a la misma distancia de Açailândia que São Luís, pero donde no hay combonianos y no tendría muchas posibilidades de ayudar a las CFRs de mi Estado. Ambos tienen una duración variable entre 18 a 24 meses y piden dedicación exclusiva, aunque me permitirían frecuentemente (¿una vez al mes?) viajar a Açailândia por cuestiones familiares (la familia de Dida), para dar algun apoyo en la CFR, y para ir planeando y cimentando mi futuro trabajo junto a las comunidades rurales. La posibilidad de volver a España no es viable, porque yo no la siento y porque Dida tiene muy claro que Açailândia es la mejor ciudad del mundo para vivir (¿?, os garantizo que todavía no conozco a nadie que piense lo mismo, pero ella es muy tozuda).

 

Xoancar Sánchez, LMC en Açailandia-Brasil


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