El encuentro ha empezado, como no podía ser de otra manera alrededor de una mesa, el viernes por la noche, al llegar de Madrid, después de un viaje largo y lluvioso, con muchas ganas de encontrarnos con las que venían de Granada y las que estaban en Murcia. Es cierto que el estar tan lejos de todos, ha dificultado la asistencia a algunos jóvenes, pero bueno, los que hemos ido lo hemos aprovechado mucho. Entre todos éramos nueve, y el domingo se unieron cuatro jóvenes más.
Hemos tenido la suerte de disfrutar de un fin de semana estupendo en cuanto a climatología, y compañía, ya que hemos podido correr, descansar y compartir bajo un sol radiante lo que Silvia y Omaira, hermanas combonianas, habían preparado para la mañana del sábado. Una gincana con citas bíblicas y con alguna nota relacionada con Daniel Comboni. Una vez que tenías las pistas en la mano que te llevaban a la “parada” siguiente, había que resolver también un enigma cuya respuesta había que buscar en la Biblia. Con la intención de hacerlo más emocionante, las respuestas acertadas tenían su puntuación y al final las dos que más puntuaran obtenían un premio. Las ganadoras fueron Melinda y María José.
Por la tarde el padre Juan Antonio dio el taller sobre la lectio divina, iluminando con acertadas reflexiones cada paso y lo que conlleva el prepararse e interiorizar la Palabra de Dios. No puede haber prisas, ni “encajar” a Dios en un momento residual del día, hay que tener una actitud que acompañe, buscar el lugar adecuado y dedicar el tiempo que una lectura pausada requiera.
Eso dio lugar a un espacio (el sábado tarde) para “practicar” lo recién aprendido, para estar en oración, cada uno por su cuenta, y para poner en común lo que ese tiempo de silencio nos había dejado. El texto escogido fue el Evangelio del domingo, Lucas 20, 27-38. Texto que a todos nos pareció complicado al inicio, pero que cada uno supo llevar a su vida, pudiendo compartir cosas interesantes al final de la tarde. Destacaría sobre todo lo bonito que es comprobar como Dios va hablando de diferente manera a cada uno, según el momento en el que se encuentre. Siempre es la parte más rica de los encuentros, cuando cada uno desde lo que ha experimentado y desde lo que es, saca unas palabras, un sentimiento de su interior y lo regala a los demás.
El sábado terminó con una cena riquísima y con una película de dibujos animados muy interesante: “Los Croods. Una aventura prehistórica” Como suele pasar con muchas de ellas, el hecho de ser para niños no significa que no tenga contenido a analizar, así que dio lugar para mucho comentario al terminar, porque tiene bastantes cosas que se pueden interpretar perfectamente desde lo espiritual. A todos nos gustó mucho, y de nuevo, el compartir impresiones, enriqueció lo que habíamos visto cada uno.
El domingo el plan nos llevaba directamente a ir a desayunar con la comunidad de Dominicas del Monasterio de Santa Ana en Murcia. Ellas siempre nos esperan con una sonrisa enorme y unas riquísimas magdalenas y bollos de fabricación casera que nos dieron las fuerzas para afrontar toda la jornada.
“Viajamos” a Mozambique de la mano de Palmira (Laica Secular Comboniana) y tuvimos la oportunidad de conocer las particularidades del instituto secular, además de la experiencia de esta portuguesa en tierra de misión como enfermera. Nos acercó un poco a las problemáticas y también a la riqueza personal de una población con la que ella convivió durante dos años.
Brevemente también comenté yo como laica comboniana, lo que estaba significando este periodo de preparación y de formación misionera que Palmira y yo estamos viviendo en Madrid, para explicar lo que estamos haciendo y lo que estamos experimentando en este tiempo fuerte e intenso.
Ambas respondimos a las preguntas que fueron surgiendo.
Tras ella nos marchamos hacia el Congo con el padre Juan Antonio que expuso de una forma amena toda su experiencia en una tierra tan castigada por las guerras como es el país del coltán. Fue un testimonio duro, pero que a todos nos tuvo con la boca abierta durante la intervención. Con la población africana que sufre, en el corazón nos dirigimos hacia el coro de la iglesia para celebrar en la intimidad, con las religiosas, la Eucaristía. No sin antes agradecer de corazón la compañía y el desayuno tan bueno que nos habían preparado.
A la Eucaristía vinieron más jóvenes y mis padres y mis hermanos, y mi sobrino. Estuvimos muy a gusto todos juntos con una celebración que nos volvió a recordar a los que están lejos, a los que no pueden celebrar su fe en libertad, a los que están solos, a todos nuestros hermanos que tienen que afrontar situaciones difíciles. También estabais conmigo todos los laicos combonianos y especialmente Gonzalo y su familia.
Juntos nos marchamos a dar un paseo por Murcia y a comer cerca de la catedral un pastel de carne con una cerveza fresca, que puso el punto y final a un fin de semana que nos ha servido para cargar pilas y para confirmar el por qué estamos haciendo este camino.
Y es que seguir a Jesús es lo único que da respuesta a muchos de nosotros a esta vida que se presenta llena de interrogantes. En mi caso, preguntas siempre relacionadas con la injusticia…..”¿por qué ellos no y nosotros si?” “¿por qué los últimos siempre son los mismos?”
Carmen Aranda Arnao
Laica Misionera Comboniana
