Era extranjero y no me acogísteis

inmigrantesHoy día 19, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de las Migraciones, con el objetivo de sensibilizar a nuestra sociedad ante la situación de los inmigrantes. Con el lema «Emigrantes y refugiados, hacia un mundo mejor», el obispo de Albacete, Ciriaco Benavent, presidente de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, ha denunciado la valla de Melilla, con las concertinas o cuchillas afiladas para impedir el paso de los inmigrantes.

El obispo Benavent también ha criticado, con valentía, los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) y la restricción de los derechos sanitarios de los inmigrantes.

En pleno siglo XXI, es escandalosa la situación en la que malviven los extranjeros recluidos, como en una prisión, en los CIEs. Sé, por un amigo sacerdote de València, asiduo al CIE de esta ciudad, que «es peor que una cárcel«. Y son también inmorales e inhumanos los recortes sanitarios aplicados a los inmigrantes.

Y todo eso provocado por un Gobierno, el de Madrid y también el del País Valenciano, que asiste a misas y a procesiones, e incluso con algún miembro que hace pregones de Semana Santa. O que reciben al papa, con reverencia, pero que después actúan con irreverencia en relación a los más débiles de la sociedad.

Seguramente que los miembros del Gobierno español y del valenciano han escuchado muchas veces el capítulo 25 de San Mateo: «tuve hambre, y no me disteis de comer, era extranjero, y no me acogisteis» (Mt 25:31-46). Y es que ante las necesidades de la gente más desvalida, podemos actuar desde la solidaridad o desde la indiferencia.

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