Queremos compartir con vosotros/as el encuentro de la Familia Comboniana, que hemos tenido en Madrid, con motivo del 150 aniversario del Plan de Comboni.
Debo deciros que se han superado todas mis expectativas. En principio iba con la idea de que seria una formalidad más, dentro de las actividades programadas para dicho evento. La verdad es que ha sido un tiempo precioso y rico en todos los sentidos, se notaba que el espíritu de Comboni estaba allí actualizando su Plan, recordándonos que teníamos que unir todos nuestros esfuerzos y poner nuestro corazón al servicio de los más pobres y abandonados; que con diferentes características continúan estando hoy en las “africas” de nuestro mundo. Todo esto sin perder la perspectiva de Cristo crucificado que sigue sufriendo en todos nuestros hermanos a causa del egoísmo y de la injusticia.
El P. Joaquim Valente nos fue desgranando poco a poco el PLAN DE COMBONI PARA LA REGENERACIÓN DE AFRICA. Dicha exposición nos iluminó y nos ayudó a ver cual es nuestra misión hoy como familia comboniana. Fruto de la escucha reflexión y el compartir, surgieron un montón de ideas para trabajar como familia comboniana al servicio de la misión en los diferentes campos como: inmigración, animación misionera, lugares de presencia, comunidades mixtas, la misión hoy en España… además de lo que ya estamos compartiendo como la PVJ, asambleas y celebraciones.
Para finalizar: Empezamos y terminamos el encuentro celebrando el Amor alrededor de la Mesa del Banquete como una verdadera familia, donde no podían faltar los niños/as. Toda una bendición de Dios. Salimos con el corazón renovado dispuestos a trabajar con ganas y pasión por la misión.
Creo que cuanto más nos sentimos desafiados, mayor puede ser el convencimiento para aceptar tal desafío.
Siempre hemos sabido que la presencia de los laicos en la misión evangelizadora de Daniel Comboni fue una realidad desde los inicios de su apostolado. Sin embargo, sentir decir al ponente del “work shop” sobre el PLAN PARA LA REGENERACIÓN DE AFRICA, Joaquín Valente (misionero comboniano) que siendo una intuición fundamental del Plan la Familia Comboniana: Religiosas(os) y Laicos (as) el CARISMA es como un árbol con sus ramas que si alguna de éstas se separa de dicho árbol, deja de tener vida y el árbol entero es afectado.
La fidelidad a nuestro Carisma Comboniano no deja de cuestionarnos e invitarnos a vivirlo cada vez más profundamente y el deseo de crecer en la unión entre las diferentes RAMAS de la Familia Comboniana nos lo vamos despertando mutuamente a través del conocimiento mutuo.
Personalmente, y no he sido la única, he constatado con gran gozo que en este encuentro ya conocía a todos los Laicos (as) Combonianos, cosa impensable solo hace unos años. Este conocimiento crea lazos de amistad, cariño y comprensión de los diferentes estilos de vida que vive la Familia Comboniana.
Con gran alegría he vivido este encuentro; los 20 años vividos en Uganda me han enriquecido a nivel de colaboración con las demás fuerzas apostólicas y he experimentado la alegría de la unión. En la actual realidad española puede ser más fatigoso este camino de colaboración y unión, pero si en otros Continentes y contextos se puede colaborar aún sin tener el mismo CARISMA, ¿no vamos a conseguirlo entre los miembros de esta Familia Comboniana?
Creo que la unidad nos desafía, tanto a las Misioneras Combonianas, como a los Misioneros Combonianos y a los Laicos(as) Misioneros Combonianos. Creo también que el camino a seguir sea la escucha de la Palabra de Dios, la escucha de la grandeza del legado de Comboni (Carisma) y la escucha de cada uno de nosotros, para comprender como debemos ser fieles y enriquecernos con la novedad que cada uno aportamos en el momento actual de nuestra historia.
El orgullo de tener un Fundador con intuiciones (PLAN) tan divinas y humanas, lo hemos experimentado y esto ha aumentado nuestros deseos de crecer en unidad. Lógicamente, primero siendo “EL CENÁCULO DE APOSTÓLES” que comboni quería de nosotros.
Personalmente creo que tenemos que enfrentarnos a un gran desafío: ¿Estamos llamadas (os) a abarcar todos los campos de apostolado que encontramos a nuestro alrededor? Hemos escuchado con satisfacción, que siendo el CARISMA un DON para implementación de un aspecto concreto de el Reino de Dio, cada Carisma tiene su tarea que complementa el TODO. Por lo tanto debemos seguir reflexionando para no querer abarcar todo cuanto hay que hacer en la Iglesia y en la Sociedad y así también dejar espacio a los demás Carisma.
Encarnita Cámara Liébana. Misionera Comboniana
(Actualmente en España para el ministerio de la animación Misionera)
En el año 1864, el 18 de septiembre, cuando me encontraba en Roma y en la basílica de San Pedro asistía a la beatificación de Margarita María Alacoque, como un relámpago me iluminó la idea de proponer para la cristianización de los pobres negros un nuevo Plan, cuyos diferentes puntos me vinieron de lo alto como una inspiración…Fue traducido a varias lenguas y se hicieron de él varias ediciones. Sobre la base de este Plan, yo intentaba dar a la misión entre los pobres negros de África Central una organización dotada de mayor vitalidad y solidez. Por eso propuse que en un lugar adecuado de Europa se fundasen dos Institutos, uno masculino y otro femenino, con objeto de formar personal para la dirección de estas misiones de África Central, tanto misioneros como misioneras… (E4799)
El fin de semana del 5 y 6 de abril, se celebró en Madrid el primer encuentro de toda la familia comboniana presente en España: Religiosos. Religiosas, Laicos y Seculares todos unidos en torno a un mismo Carisma y a la figura de S. Daniel Comboni, en el marco de la celebración del 150 aniversario del Plan para la regeneración de África escrito por Comboni en 1864.
Sin duda, ha sido una oportunidad para reflexionar juntos sobre las intuiciones, presencias y formas de vivir la misión hoy como familia comboniana a la luz del Plan de Comboni, al mismo tiempo que nos ha brindado la oportunidad de estrechar lazos entre nosotros e ir creciendo como familia.
Como Familia Comboniana somos herederos-as del gran “sueño de Comboni” que no escatimó esfuerzos para que su obra de evangelización del África central saliese adelante y damos gracias a Dios por la oportunidad que hemos tenido de compartir experiencias, estar juntos, y por habernos llamado a la vocación misionera.
Gracias a todos-as los que habéis hecho posible este encuentro. A lo largo de estos días iremos haciendo eco de este encuentro a través de una serie de testimonios. Mientras tanto, os dejamos con una canción de Migueli….
Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles:
— Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto.
Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta: «Decid a la hija de Sión: ‘Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila’.»
Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba:
— ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!
Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada:
— ¿Quién es éste?
La gente que venía con él decía:
— Es Jesús, el Profeta de Nazaret de Galilea.
NADA LO PUDO DETENER
La ejecución del Bautista no fue algo casual. Según una idea muy extendida en el pueblo judío, el destino que espera al profeta es la incomprensión, el rechazo y, en muchos casos, la muerte. Probablemente, Jesús contó desde muy pronto con la posibilidad de un final violento. Jesús no fue un suicida ni buscaba el martirio. Nunca quiso el sufrimiento ni para él ni para nadie. Dedicó su vida a combatirlo en la enfermedad, las injusticias, la marginación o la desesperanza. Vivió entregado a “buscar el reino de Dios y su justicia”: ese mundo más digno y dichoso para todos, que busca su Padre.
Si acepta la persecución y el martirio es por fidelidad a ese proyecto de Dios que no quiere ver sufrir a sus hijos e hijas. Por eso, no corre hacia la muerte, pero tampoco se echa atrás. No huye ante las amenazas, tampoco modifica ni suaviza su mensaje.
Le habría sido fácil evitar la ejecución. Habría bastado con callarse y no insistir en lo que podía irritar en el templo o en el palacio del prefecto romano. No lo hizo. Siguió su camino. Prefirió ser ejecutado antes que traicionar su conciencia y ser infiel al proyecto de Dios, su Padre.
Aprendió a vivir en un clima de inseguridad, conflictos y acusaciones. Día a día se fue reafirmando en su misión y siguió anunciando con claridad su mensaje. Se atrevió a difundirlo no solo en las aldeas retiradas de Galilea, sino en el entorno peligroso del templo. Nada lo detuvo.
Morirá fiel al Dios en el que ha confiado siempre. Seguirá acogiendo a todos, incluso a pecadores e indeseables. Si terminan rechazándolo, morirá como un “excluido” pero con su muerte confirmará lo que ha sido su vida entera: confianza total en un Dios que no rechaza ni excluye a nadie de su perdón.
Seguirá buscando el reino de Dios y su justicia, identificándose con los más pobres y despreciados. Si un día lo ejecutan en el suplicio de la cruz, reservado para esclavos, morirá como el más pobre y despreciado, pero con su muerte sellará para siempre su fe en un Dios que quiere la salvación del ser humano de todo lo que lo esclaviza.
Los seguidores de Jesús descubrimos el Misterio último de la realidad, encarnado en su amor y entrega extrema al ser humano. En el amor de ese crucificado está Dios mismo identificado con todos los que sufren, gritando contra todas las injusticias y perdonando a los verdugos de todos los tiempos. En este Dios se puede creer o no creer, pero no es posible burlarse de él. En él confiamos los cristianos. Nada lo detendrá en su empeño de salvar a sus hijos.
Os quiero contar una de Comboni, una de África en Madrid con su Cibeles y sus barrios llenos de todo tipo de «gentes» con las que paseamos sin darnos cuenta unos junto a otros.
A esto que un día un trocito de África se coló en esta tierra llena de oportunidades para los que están acostumbrados a ninguna.
Un buen día dijeron de juntarse para alabar al Señor con sus cantos, que como dicen ellos, es más que rezar porque llegan más al Señor.
El grupo Africano «Comboni» va a realizar próximamente una visita a un centro educativo donde realizará un mini-teatro africano que cuenta la vida de dos familias en su continente, luego continuarán cantando alabanzas a Dios para terminar contestando las preguntas de los jóvenes.
Los africanos son nuestra vocación, somos suyos allí donde estemos, les pertenecemos desde el día que elegimos seguir a Jesús como Comboni con su «África o muerte».
Somos la obra de Comboni: parte de la respuesta de Dios a este pueblo, por eso, cerca de la próxima reunión de nuestra familia comboniana os digo: No nos refugiemos en los formalismos salgamos juntos por las calles a buscarlos y así: No dejar ni uno a la indiferencia.