Jueves Santo: a su Mesa en su pecho

Podría haber sido de otra manera. Podría haber dicho otras tantas cosas. Podría haberse derramado en otros tantos gestos. Y sin embargo, fue en una cena. Fue grabado a fuego en el corazón su testamento. Fue derramado en la mesa, en el Pan y en el Vino.
Y desde entonces, para siempre.
Para ti.
Para nosotros.
Para que vivas.

   

JUEVES SANTO
Todo tu hacer me tiene pensativa;
pensándote me paso el llanto entero.

Para pasar el hambre, toma el pecho,
el mío, que te doy para que vivas.

Blanco mantel he puesto almidonado
por el llanto tardío de mi culpa
para la cena mística del dueño.

Dame el pan de tu cuerpo en una carta,
bébete mis palabras con el mío,
junta ahora tus palmas con mis palmas,
que ellas quieren rezar de cuatro en cuatro.

Gloria Fuertes

Miércoles Santo: en su deseada esperanza

 Preparar la mesa. Saborear el encuentro. Acallar los rencores y dejar paso a lo que una tarde les unió entre redes y barcas. Y en medio, el deseo de que quisieras celebrar la Pascua, tu Pascua, con ellos… con nosotros. No inútilmente esquivaron tu discurso. No inútilmente se hallaron dormidos. Pues «haber llevado el fuego un solo instante razón nos da de la esperanza».

   NO INÚTILMENTE

   Contemplo yo a mi vez la diferencia
   entre el hombre y su sueño de más vida,
   la solidez gremial de la injusticia,
   la candidez azul de las palabras.
   No hemos llegado lejos, pues con razón me dices
   que no son suficientes las palabras
   para hacernos más libres.
Te respondo
   que todavía no sabemos
   hasta cuándo o hasta dónde
   puede llegar una palabra.
   Quién la recogerá ni de qué boca
   con suficiente fe
   para darle su forma verdadera.
 Haber llevado el fuego un solo instante
   razón nos da de la esperanza.
   Pues más allá de nuestro sueño
   las palabras, que no nos pertenecen,
   se asocian como nubes
   que un día el viento precipita
   sobre la tierra
   para cambiar, no inútilmente, el mundo.
                                                          José Ángel Valente