EMPIEZA EL MES MISIONERO

El mes de octubre está caracterizado por el recuerdo de nuestra vocación misionera. El DOMUND es el día principal, pero todo el mes tiene un carácter extraordinario. Desde las comunidades de referencia de los laicos misioneros combonianos (LMC), comenzamos un nuevo año impulsados por este mes de la misión.
Nos reunimos mensualmente en tres puntos del país: las islas Canarias, Madrid y Granada. Cualquier persona que quiera conocernos mejor, puede venir a visitarnos, estamos de puertas abiertas y, como dice el lema del DOMUND de este año, de “corazones ardientes y pies en camino”.
Si el seguimiento de Jesús no te deja tranquilo, si la misión es fuerte en ti, si notas que tu corazón arde y tus pies se mueven sin cesar buscando la plenitud de la vida, ponte en contacto con nosotros: ¡te esperamos!

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Buenas Noticias. Domingo 26 T.O. 01/10/2023

Mateo 21,28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acerco al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.» Él le contestó: «No quiero.» Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: «Voy, señor.» Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?» Contestaron: «El primero.» Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

OS LLEVAN LA DELANTERA

La parábola es tan simple que parece poco digna de un gran profeta como Jesús. Sin embargo, no está dirigida al grupo de niños que corretea a su alrededor, sino a «los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo», que lo acosan cuando se acerca al templo.

Según el relato, un padre pide a dos de sus hijos que vayan a trabajar a su viña. El primero le responde bruscamente: «No quiero», pero no se olvida de la llamada del padre y termina trabajando en la viña. El segundo reacciona con una disponibilidad admirable: «Por supuesto que voy, señor», pero todo se queda en palabras. Nadie lo verá trabajando en la viña.

El mensaje de la parábola es claro. También los dirigentes religiosos que escuchan a Jesús están de acuerdo. Ante Dios, lo importante no es «hablar», sino «hacer». Para cumplir la voluntad del Padre del cielo, lo decisivo no son las palabras, promesas y rezos, sino los hechos y la vida cotidiana.

Lo sorprendente es la aplicación de Jesús. Sus palabras no pueden ser más duras. Solo las recoge el evangelista Mateo, pero no hay duda de que provienen de Jesús. Solo él tenía esa libertad frente a los dirigentes religiosos: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios».

Jesús está hablando desde su propia experiencia. Los dirigentes religiosos han dicho «sí» a Dios. Son los primeros en hablar de él, de su ley y de su templo. Pero, cuando Jesús los llama a «buscar el reino de Dios y su justicia», se cierran a su mensaje y no entran por ese camino. Dicen «no» a Dios con su resistencia a Jesús.

Los recaudadores y prostitutas han dicho «no» a Dios. Viven fuera de la ley, están excluidos del templo. Sin embargo, cuando Jesús les ofrece la amistad de Dios, escuchan su llamada y dan pasos hacia la conversión. Para Jesús no hay duda: el publicano Zaqueo, la prostituta que ha regado con lágrimas sus pies y tantos otros… van por delante en «el camino del reino de Dios».

En este camino van por delante no quienes hacen solemnes profesiones de fe, sino los que se abren a Jesús dando pasos concretos de conversión al proyecto del Padre.

José Antonio Pagola

Formación para la misión

Para el discípulo misionero la formación es una herramienta fundamental para poder actualizar el mensaje del Evangelio y anunciarlo por todo el mundo. Es por ello que a lo largo de este año iremos compartiendo algunos materiales en clave de formación humana, cristiana y misionera que nos ayudarán a profundizar en nuestro ser misionero.

Comenzamos compartiendo el último cuaderno de Cristianismo y Justicia de José Ignacio González Faus. En él nos ofrece una breve y desafiadora reflexión de lo que el Nuevo Testamento nos dice sobre los ricos y los pobres junto a algunos textos de San Juan Crisóstomo.

Lo podemos encontrar en https://www.cristianismeijusticia.net/…/pdf/es234.pdf

GEC EN ACCIÓN: ‘corazones ardientes, pies en camino

Balsas, en Maranhão, acogió el 2º Encuentro Regional de los Grupos de Espiritualidad Comboniana, también conocidos como GECs. Participaron representantes de los GECs de Piquiá, Timon, São Luís y Balsas. También estuvo presente el P. Raimundo Rocha, provincial de los Misioneros Combonianos de Brasil. El encuentro tuvo lugar en el Centro de Formación Nuestra Señora de Guadalupe, los días 16 y 17 de septiembre.

Los Grupos de Espiritualidad Comboniana, o GEC, son grupos de laicos y laicas que se identifican con el carisma y la espiritualidad de San Daniel Comboni y que, inspirados en ese mismo carisma, buscan realizar actividades pastorales, sociales y de animación misionera y apoyo a la misión comboniana.

El encuentro de dos días en Balsas proporcionó a los CEGs momentos de espiritualidad y formación misionera, socializando y renovando su compromiso misionero. Los participantes también se unieron a las parroquias de Balsas para celebrar el triduo en memoria de Mons. Franco Masserdotti, fallecido hace 17 años.

Actualmente existen 14 Grupos de Espiritualidad Comboniana en todo Brasil. En Maranhão, los GEC están presentes en Balsas, Pastos Bons, Timon, São Luís y Piquiá. Cada grupo se reúne regularmente en su territorio y juntos organizan un encuentro regional cada dos años. Esta vez se reunieron en Balsas. El próximo encuentro será en julio de 2025, en Piquiá, en el municipio de Açailândia.

Contamos con las oraciones de todos vosotros, por intercesión de San Daniel Comboni.

P. Raimundo Rocha, provincial mccj Brasil y equipo del encuentro regional

Catequesis del papa sobre Daniel Comboni, profeta de la misión

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! En el camino de la catequesis sobre la pasión evangelizadora, nos detenemos hoy en el testimonio de San Daniel Comboni. Fue un apóstol lleno de celo por África. De aquellos pueblos escribió: “se han apoderado de mi corazón que sólo vive para ellos” (Escritos, 941), “moriré con África en los labios” (Escritos, 1441).

Y a ellos se dirigió así: “el más feliz de mis días será cuando pueda dar mi vida por vosotros” (Escritos, 3159). Es la expresión de una persona enamorada de Dios y de los hermanos y hermanas a los que servía en la misión, de los que no se cansaba de recordar que “Jesucristo sufrió y murió también por ellos” (Escritos, 2499; 4801).

Lo afirmaba en un contexto caracterizado por el horror de la esclavitud, de la que fue testigo. La esclavitud “cosignifica” al hombre, cuyo valor se reduce a ser útil a alguien o a algo. Pero Jesús, Dios hecho hombre, elevó la dignidad de todo ser humano y denunció la falsedad de la esclavitud. Comboni, a la luz de Cristo, tomó conciencia del mal de la esclavitud; comprendió también que la esclavitud social tiene sus raíces en una esclavitud más profunda, la del corazón, la del pecado, de la que el Señor nos libera. Por eso, como cristianos, estamos llamados a luchar contra todas las formas de esclavitud. Por desgracia, la esclavitud, como el colonialismo, no es cosa del pasado. En el África tan amada por Comboni, hoy desgarrada por numerosos conflictos, “después del político, se ha desencadenado un ‘colonialismo económico’ igualmente esclavizante (…). Es un drama ante el que el mundo económicamente más avanzado cierra a menudo los ojos, los oídos y la boca”. Por ello, renuevo mi llamamiento: “Dejad de asfixiar a África: no es una mina que explotar ni una tierra que saquear” (Reunión con las autoridades, Kinshasa, 31 de enero de 2023).

Volvamos a la historia de San Daniel. Tras un primer periodo en África, tuvo que abandonar la misión por motivos de salud. Demasiados misioneros habían muerto tras contraer enfermedades, debido al desconocimiento de la realidad local. Sin embargo, si otros abandonaban África, no así Comboni. Tras un tiempo de discernimiento, sintió que el Señor le inspiraba un nuevo modo de evangelizar, que resumió en estas palabras: “Salvar África con África” (Escritos, 2741s). Era una intuición poderosa que ayudaba a renovar el compromiso misionero: las personas evangelizadas no eran sólo “objetos”, sino “sujetos” de la misión. San Daniel deseaba que todos los cristianos fueran protagonistas de la acción evangelizadora. Con este espíritu pensó y actuó de forma integral, implicando al clero local y promoviendo el servicio laico de los catequistas. Así concibió también el desarrollo humano, cuidando las artes y las profesiones, y fomentando el papel de la familia y de la mujer en la transformación de la cultura y de la sociedad. ¡Qué importante es, también hoy, hacer avanzar la fe y el desarrollo humano desde dentro de los contextos de misión, en lugar de trasplantar modelos externos o limitarse a un asistencialismo estéril!

La gran pasión misionera de Comboni, sin embargo, no fue en primer lugar el resultado de un esfuerzo humano: no fue impulsado por su coraje o motivado sólo por valores importantes, como la libertad, la justicia y la paz; ¡su celo nació de la alegría del Evangelio, se inspiró en el amor de Cristo y condujo al amor por Cristo! San Daniel escribió: “Una misión tan ardua y laboriosa como la nuestra no puede vivir de pátinas, de sujetos de cuello torcido, llenos de egoísmo y egocentrismo, que no se preocupan como debieran por la salud y la conversión de las almas”. Y añadía: “Debemos encenderlas con la caridad, que tiene su fuente en Dios y en el amor de Cristo; y cuando se ama verdaderamente a Cristo, entonces las privaciones, los sufrimientos y el martirio son dulzura” (Escritos, 6656). Su deseo era ver misioneros ardientes, alegres, comprometidos: misioneros -escribía- “santos y capaces. […] Primero: santos, es decir, libres de pecado y humildes. Pero esto no basta: hace falta la caridad que hace capaces a los sujetos” (Escritos, 6655). La fuente de la capacidad misionera, para Comboni, es por tanto la caridad, en particular el celo de hacer propios los sufrimientos de los demás, de sentirlos en la propia piel y saber aliviarlos, como buenos administradores de la humanidad.

Su pasión evangelizadora, además, nunca le llevó a actuar en solitario, sino siempre en comunión, en la Iglesia. “No tengo más que una vida para consagrarla a la salud de esas almas”, escribió, “ojalá tuviera mil para dedicarlas a ese fin” (Escritos, 2271). Una vida o mil vidas: ¿quiénes somos nosotros solos con nuestra corta vida, si no es toda la Iglesia haciendo misión? ¿Cuál es el celo de nuestro trabajo -parece preguntarnos Comboni- si no es eclesial?

Hermanos y hermanas, San Daniel da testimonio del amor del Buen Pastor, que sale a buscar a los perdidos y da su vida por el rebaño. Su celo fue enérgico y profético para oponerse a la indiferencia y a la exclusión. En sus cartas recordaba de corazón a su amada Iglesia, que había olvidado África durante demasiado tiempo. El sueño de Comboni es una Iglesia que hace causa común con los crucificados de la historia, para vivir con ellos la resurrección. Su testimonio parece repetirse a todos nosotros, hombres y mujeres de Iglesia: “No olvidéis a los pobres, amadlos, porque en ellos está Jesús crucificado, esperando resucitar”.