Seguimos aquí

Este Octubre Misionero va llegando a su fin, y queremos terminarlo con este vídeo de OMP internacional Dice el Papa Francisco que “todos tenemos una misión”. Todos estamos llamados a ser testigos del amor, de la compasión y de la unidad. Somos gente corriente, pero nuestros corazones arden con una pasión extraordinaria, una llama para Dios, para la humanidad, para nuestro futuro en común. Por eso, ¡queremos decir un año más que #SeguimosAquí!

Buenas Noticias domingo 30 T.O. 29/10/2023

Mateo 22,34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?» Él le dijo: «»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.»

PASIÓN POR DIOS Y COMPASIÓN POR EL SER HUMANO

Cuando olvidan lo esencial, fácilmente se adentran las religiones por caminos de mediocridad piadosa o de casuística moral, que no solo incapacitan para una relación sana con Dios, sino que pueden dañar gravemente a las personas. Ninguna religión escapa a este riesgo.

La escena que se narra en los evangelios tiene como trasfondo una atmósfera religiosa en que sacerdotes y maestros de la ley clasifican cientos de mandatos de la Ley divina en «fáciles» y «difíciles», «graves» y «leves», «pequeños» y «grandes». Casi imposible moverse con un corazón sano en esta red.

La pregunta que plantean a Jesús busca recuperar lo esencial, descubrir el «espíritu perdido»: ¿cuál es el mandato principal?, ¿qué es lo esencial?, ¿dónde está el núcleo de todo? La respuesta de Jesús, como la de Hillel y otros maestros judíos, recoge la fe básica de Israel: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

Que nadie piense que, al hablar del amor a Dios, se está hablando de emociones o sentimientos hacia un Ser imaginario, ni de invitaciones a rezos y devociones. «Amar a Dios con todo el corazón» es reconocer humildemente el Misterio último de la vida; orientar confiadamente la existencia de acuerdo con su voluntad: amar a Dios como Padre, que es bueno y nos quiere bien.

Todo esto marca decisivamente la vida, pues significa alabar la existencia desde su raíz; tomar parte en la vida con gratitud; optar siempre por lo bueno y lo bello; vivir con corazón de carne y no de piedra; resistirnos a todo lo que traiciona la voluntad de Dios negando la vida y la dignidad de sus hijos e hijas.

Por eso el amor a Dios es inseparable del amor a los hermanos. Así lo recuerda Jesús: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». No es posible el amor real a Dios sin escuchar el sufrimiento de sus hijos e hijas. ¿Qué religión sería aquella en la que el hambre de los desnutridos o el exceso de los satisfechos no planteara pregunta ni inquietud alguna a los creyentes? No están descaminados quienes resumen la religión de Jesús como «pasión por Dios y compasión por la humanidad».

José Antonio Pagola

Víctor Zabala, un misionero de corazón ardiente

Cuando aún resuena entre nosotros los ecos de la celebración del DOMUND, ayer nos llegaba la noticia del fallecimiento del P. Víctor Zabala, misionero comboniano español que se encontraba desde hace algunos años en la casa de Moncada (valencia).

Víctor ha regresado al Padre después de una vida dedicada a la misión, a la que no escatimó esfuerzos. Durante años trabajó en la República Centroafricana y en sus periodos en España fue un animador misionero incansable haciendo un trabajo excepcional en el Museo Africano de Madrid y de difusión de las revistas de Aguiluchos entre los más pequeños. ¡Gracias Víctor y descansa en paz!

FORMACIÓN PARA LA MISIÓN: «PLAN PARA LA REGENERACIÓN DE ÁFRICA»

Para todos aquellos que entran en contacto con la vida y visión de Daniel Comboni, el Plan para la regeneración de África es una buena herramienta para iluminar nuestro camino misionero ya que nos ayuda a resituarnos ante el desafío misionero y la manera en la que desarrollamos nuestra vocación misionera.

La visión de fondo del Plan es verdaderamente profética y conserva toda su relevancia e importancia en la actualidad.

En 1864 Comboni empezó a escribir su plan para la regeneración de África desde la inspiración de Dios:

El 18 de septiembre de 1864, mientras me hallaba en Roma y asistía en la basílica de San Pedro a la beatificación  de Margarita María de Alacoque, se me ocurrió como un relámpago el pensamiento de formar un nuevo Plan para la cristianización de los pobres pueblos negros; cada una de sus partes me vinieron de lo alto como una inspiración.”
“Lo que sé de cierto es que el «Plan» es voluntad de DiosDios lo quiere para preparar otras obras para su Gloria”.
“El Plan se me ocurrió en la hora de mis más ardientes suspiros por aquellas infelices regiones. Al traducirse en su realización práctica, si no tiene la ventaja de lograr el objetivo con la rapidez con que en otras misiones los operarios evangélicos cosechan los frutos de sus sudores, ciertamente tiende de modo indefectible hacia ella. Su completa puesta en marcha sólo pediría que se abreviasen los días que Dios… ha fijado para ello”.


Algunas claves para comprender el plan de Comboni

La misión está vista desde el prisma de la Fe y desde el considerar a toda la humanidad como «familia de Dios» donde todos tenemos al mismo Padre. Por tanto el africano ha de ser considerado como un hermano: un igual al que amar

La misión comienza en Dios y nos lleva hacia el otro, hacia el hermano. El lenguaje de Comboni es el lenguaje de la ternura: «abrazar a toda la familia humana» haciendo causa común con los africanos, compartiendo sus alegrías y sus penas.

La metodología del Plan no de una eficacia inmediata, sino que es más bien un proceso largo, difícil…donde los frutos se recogen después de mucho tiempo y dificultades.

El eje central del Plan de Comboni siempre fue: “Salvar África mediante África”. Comboni pone a los africanos como futuros líderes de la sociedad y de sus propias comunidades eclesiales.

La misión no se construye individualmente sino en Comunidad. La misión africana es de toda la Iglesia. Laicos, sacerdotes, religiosas, africanos, europeos…, todos están llamados a trabajar juntos en la regeneración de África.

Para profundizar más en el Plan de Comboni: