Escenarios de la Pasión: El Camino
Terminamos nuestro recorrido por los escenarios de La Pasión. Se abre ahora un nuevo horizonte y nuevos caminos. Busquemos al Señor resucitado en medio de la vida y anunciémoslo a todos.
Terminamos nuestro recorrido por los escenarios de La Pasión. Se abre ahora un nuevo horizonte y nuevos caminos. Busquemos al Señor resucitado en medio de la vida y anunciémoslo a todos.
Hoy al despertar he mirado por la ventana:
Las calles no han cambiado
Las personas son las mismas
El mundo parece igual de loco
hay desigualdad e injusticia
y las guerras no terminan.
¿Qué ha pasado, Señor, de ayer a hoy?
He cerrado la ventana
y he mirado frente a frente mis preguntas.
Esta noche, el tiempo se ha roto
y se ha abierto la eternidad al ser humano.
El mal, en su imparable ascenso,
ha perdido una batalla clave.
Los que lloran han visto sus lágrimas enjugadas
Y un abrazo inmenso les cobija.
Hoy, una luz nueva baña el mundo
Una voz distinta habla de paz y de amor
Y, sin darme cuenta, hay resurrección a cada paso.
Óscar Cala
Tenemos que darnos permiso para pasar por escenarios de derrota, de cansancio, de cierto desfonde, de sepulcro.
Tenemos que darnos permiso a tener días de «sábado Santo». Las crisis, los sepulcros, son también parte de la vida.
Es fácil mirar para otro lado, alejarse, no querer saber, quizás porque uno es consciente de no poder hacer mucho. Pero hay que atreverse a mirar al Calvario. Para no olvidar. Mirar a los «calvarios» de nuestro mundo para aprender lo que es amar sin condiciones, responder al mal con bien, y dar la vida por otros.
Tu vida se veía destruida,
pero tú alcanzabas la plenitud.
Aparecías clavado como un esclavo,
pero llegabas a toda la libertad.
Habías sido reducido al silencio,
pero eras la palabra más grande del amor.
La muerte exhibía su victoria,
pero la derrotabas para todos.
El reino parecía desangrarse contigo,
pero lo edificabas con entrega absoluta.
Creían los jefes que te habían quitado todo,
pero tú te entregabas para la vida de todos.
Morías como un abandonado por el Padre,
pero él te acogía en un abrazo sin distancias.
Desaparecías para siempre en el sepulcro,
pero estrenabas una presencia universal.
¿No es sólo apariencia de fracaso
la muerte del que se entrega a tu designio?
¿No somos más radicalmente libres,
cuando nos abandonamos en tu proyecto?
¿No está más cerca nuestra plenitud,
cuando vamos siendo despojados en tu misterio?
¿No es la alegría tu última palabra,
en medio de las cruces de los justos?
Benjamín González Buelta, sj