Hoy 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua.
El agua es un bien esencial para el desarrollo, para la erradicación de la pobreza y para la lucha contra el hambre, por lo que millones de personas que no puedan acceder a este recurso vital se ven condenados una vida de privaciones. Según los datos recientes, alrededor de 2.000 millones de personas carecen de acceso a agua potable. Esta realidad pone en riesgo la salud, la economía y el bienestar de los más pobres.
La crisis del agua es un reflejo de las desigualdades globales, que se agravan por la crisis climática. Se prevé que, para 2050, más de 140 millones de personas migren dentro de sus propios países debido a la falta de agua.
La inseguridad hídrica afecta de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables, especialmente a mujeres y niños, quienes cargan con la responsabilidad de buscar agua en muchas comunidades. Esta situación perpetúa la pobreza y la falta de oportunidades educativas y laborales.
Manos Unidas, a través de su campaña «Compartir es nuestra mayor riqueza», subraya que la prosperidad compartida solo es posible si se garantiza, entre otros factores, el acceso equitativo al agua. «El agua no es un lujo, sino un derecho. Su distribución injusta nos recuerda que vivimos en un mundo donde la riqueza de unos pocos se cimienta en la pobreza de muchos».
Fuente: Religión Digital-Manos Unidas

