En el pesebre, Dios nos enseñó que el amor verdadero se hace servicio, cercanía y entrega.
Cada gesto de compasión, cada palabra de aliento, cada paso hacia el otro… hace presente el mismo amor que nació en Belén.
Vivamos este mes con un corazón misionero, dispuesto a amar como Jesús amó: con sencillez y esperanza.

