Comboni entendió que la oración no solo era un momento de conexión personal con Dios, sino el corazón que sostenía su misión. En medio de las dificultades, la oración fue el faro que lo guiaba y lo mantenía firme en su propósito.
Como familia comboniana, nos sentimos llamados a seguir su ejemplo, haciendo de la oración el motor de nuestra vida misionera, de nuestras decisiones y de nuestro servicio a los demás. Que cada momento de oración, por breve que sea, nos recuerde la importancia de ser luz y esperanza para aquellos que más lo necesitan.

