En el silencio del Viernes Santo descubrimos un amor que no se rinde.
En la cruz, Jesús abraza el dolor del mundo y lo transforma en entrega. Allí, donde todo parece perdido, Él permanece fiel.
El Viernes Santo es una invitación a quedarnos junto a Jesús en nuestras propias sombras, confiando en que su amor nos sostiene incluso cuando no entendemos nada.

