Caritas Internationalis: En Gaza no hay guerra sino aniquilación

La confederación internacional católica denuncia la hambruna provocada en la Franja de Gaza y hace un llamamiento para un alto el fuego inmediato. «La hambruna aquí —se lee en el documento— no es un desastre natural sino el resultado de una estrategia deliberada».

Stefano Leszczynski – Ciudad del Vaticano

Desde que las Naciones Unidas confirmaron el 22 de agosto que el hambre en Gaza es un fenómeno voluntario e inducido por el bloqueo de la ayuda humanitaria, al menos 273 personas, entre ellas 112 niños, han muerto de inanición. Caritas Internationalis vuelve a denunciar en un comunicado lo que ya han confirmado todas las organizaciones humanitarias: «En Gaza —escribe la organización humanitaria católica— no nos enfrentamos a una trágica fatalidad sino al resultado de decisiones deliberadas y calculadas. Todo un pueblo, privado de cualquier sustento, está siendo abandonado a su suerte ante los ojos del mundo entero».

Impunidad y complicidad

«Esto no es guerra», se lee en el documento, «es la destrucción sistemática de vidas civiles. El asedio de Gaza se ha convertido en una máquina de exterminio, respaldada por la impunidad y el silencio, o la complicidad, de las naciones más poderosas. La hambruna aquí no es un desastre natural, sino el resultado de una estrategia deliberada: bloquear la ayuda, bombardear los convoyes de alimentos, destruir las infraestructuras y negar los bienes de primera necesidad. Caritas Internationalis es testigo de este horror. Los civiles, en su mayoría niños y mujeres, son sometidos al hambre, bombardeados y aniquilados. Gobiernos influyentes, empresas y multinacionales han hecho posible esta catástrofe mediante el apoyo militar, la ayuda financiera y la cobertura diplomática. Su silencio no es neutralidad, es aprobación».

Un ataque a la dignidad humana

Recordando las palabras del Papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti: «O nos salvamos todos juntos o no se salva nadie», Caritas Internationalis considera que lo que está ocurriendo en Gaza es un ataque deliberado a la dignidad humana y el colapso de cualquier orden moral. «Lo que está ocurriendo no solo es contrario a los valores y principios fundamentales de la humanidad, sino que viola el derecho internacional y humanitario, incluida la Convención para la prevención y represión del genocidio».

El desplazamiento forzoso en Gaza es una condena a muerte

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En una nota conjunta, la Iglesia greco-ortodoxa y la Iglesia latina de Jerusalén expresan su preocupación por las consecuencias de la acción militar israelí

El llamamiento a no ser cómplices

Caritas Internationalis lanza, por tanto, un llamamiento urgente a todas las personas de fe y conciencia para que hagan oír su voz, ejerzan presión sobre los gobiernos y reclamen justicia. Gaza no espera palabras —se lee en el documento— sino salvación». Por lo tanto, la organización pide un inmediato y permanente alto el fuego, el acceso incondicional de la ayuda humanitaria, la liberación de todos los rehenes y el despliegue de una fuerza de mantenimiento de la paz liderada por la ONU. Entre las peticiones respaldadas por Caritas Internationalis se encuentran también el enjuiciamiento internacional de los responsables de crímenes y el fin de la presencia ilegal de Israel en los territorios palestinos ocupados.

fuente: Vatican News

Buenas noticias Domingo 21 T.O. 24/08/2025

Lucas 13, 22-30

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.

Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?»

Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos»;

y él os replicará: «No sé quiénes sois.»

Entonces comenzaréis a decir.

«Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.»

Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.»

Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»

¿QUÉ TOLERANCIA?

La tolerancia ocupa hoy un lugar eminente entre las virtudes más apreciadas en Occidente. Así lo confirman todas las encuestas. Ser tolerante es hoy un valor social cada vez más generalizado. Las jóvenes generaciones no soportan ya la intolerancia o la falta de respeto al otro.

Hemos de celebrar este nuevo clima social después de siglos de intolerancia y de violencia, perpetrada muchas veces en nombre de la religión o del dogma. Cómo se estremece hoy nuestra conciencia al leer obras como la excelente novela El hereje, de Miguel Delibes, y qué gozo experimenta nuestro corazón ante su canto apasionado a la tolerancia y a la libertad de pensamiento.

Todo ello no impide que seamos críticos con un tipo de «tolerancia» que más que virtud o ideal humano es desafección hacia los valores e indiferencia ante el sentido de cualquier proyecto humano: cada cual puede pensar lo que quiera y hacer lo que le dé la gana, pues poco importa lo que la persona haga con su vida. Esta «tolerancia» nace cuando faltan principios claros para distinguir el bien del mal o cuando las exigencias morales quedan diluidas o se mantienen bajo mínimos.

La verdadera tolerancia no es «nihilismo moral» ni cinismo o indiferencia ante la erosión actual de valores. Es respeto a la conciencia del otro, apertura a todo valor humano, interés por lo que hace al ser humano más digno de este nombre. La tolerancia es un gran valor no porque no haya verdad objetiva ni moral alguna, sino porque el mejor modo de acercarnos a ellas es el diálogo y la apertura mutua.

Cuando no es así, pronto queda desenmascarada. Se presume de tolerancia, pero se reproducen nuevas exclusiones y discriminaciones, se afirma el respeto a todos, pero se descalifica y ridiculiza a quien molesta. ¿Cómo explicar que, en una sociedad que se proclama tolerante, brote de nuevo la xenofobia o se alimente la burla de lo religioso?

En la dinámica de la verdadera tolerancia hay un deseo de buscar siempre lo mejor para el ser humano. Ser tolerante es dialogar, buscar juntos, construir un futuro mejor sin despreciar ni excluir a nadie, pero no es irresponsabilidad, abandono de valores, olvido de las exigencias morales. La llamada de Jesús a entrar por la «puerta estrecha» no tiene nada que ver con un rigorismo crispado y estéril. Es una llamada a vivir sin olvidar las exigencias, a veces apremiantes, de toda vida digna del ser humano.

José Antonio Pagola

Jubileo de los jóvenes de la familia comboniana

Unos 270 jóvenes procedentes de África, Europa, América y Timor Oriental se dieron cita en la sede de la Curia comboniana en Roma para celebrar como familia comboniana el Jubileo de los Jóvenes. Antes del encuentro con el Papa en Roma, los grupos participantes, realizaron una experiencia previa en comunidades combonianas de Milán, Verona y Florencia donde tuvieron la oportunidad de reflexionar sobre la justicia social, la ecología integral y la dignidad de cada persona, valores que están en el centro de la misión comboniana.

Buenas noticias. Domingo 20 T.O. 17/08/2025

Lucas 12, 49-53

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.

EL FUEGO DEL AMOR

Da miedo pronunciar la palabra «amor». Está tan prostituida que en ella cabe lo mejor y lo peor, lo más sublime y lo más mezquino. Sin embargo, el amor está siempre en la fuente de toda vida sana, despertando y haciendo crecer lo mejor que hay en nosotros.

Cuando falta el amor, falta el fuego que mueve la vida. Sin amor, la vida se apaga, vegeta y termina extinguiéndose. El que no ama se cierra y se aísla cada vez más. Gira alocadamente sobre sus problemas y ocupaciones, queda aprisionado en las trampas del sexo, cae en la rutina del trabajo diario: le falta el motor que mueve la vida.

El amor está en el centro del Evangelio, no como una ley que hay que cumplir disciplinadamente, sino como el «fuego» que Jesús desea ver «ardiendo» sobre la Tierra, más allá de la pasividad, la mediocridad o la rutina del buen orden. Según el Profeta de Galilea, Dios está cerca de nosotros buscando hacer germinar, crecer y fructificar el amor y la justicia del Padre. Esta presencia de un Dios que no habla de venganza, sino de amor apasionado y de justicia fraterna, es lo más esencial del Evangelio.

Jesús contempla el mundo como lleno de la gracia y del amor del Padre. Esa fuerza creadora es como un poco de levadura que ha de ir fermentando la masa, un fuego encendido que ha de hacer arder al mundo entero. Jesús sueña con una familia humana habitada por el amor y la sed de justicia. Una sociedad que busca apasionadamente una vida más digna y feliz para todos.

El gran pecado de los seguidores de Jesús será siempre dejar que el fuego se apague: sustituir el ardor del amor por la doctrina religiosa, el orden o el cuidado del culto; reducir el cristianismo a una abstracción revestida de ideología; dejar que se pierda su poder transformador. Sin embargo, Jesús no se preocupó primordialmente de organizar una nueva religión ni de inventar una nueva liturgia, sino que alentó un «nuevo ser» (P. Tillich), el alumbramiento de un hombre nuevo movido radicalmente por el fuego del amor y la justicia.

José Antonio Pagola

ASAMBLEA ANUAL LMC ESPAÑA

Del 2 al 7 de agosto, los Laicos Misioneros Combonianos nos hemos reunido en nuestra asamblea anual. Bajo el lema “La esperanza puesta en pie, un don inmerecido”, hemos compartido unos días intensos de oración, formación, fraternidad y renovación de nuestro compromiso misionero.

Ha sido una oportunidad para hacer memoria agradecida del camino recorrido, pero también para mirar hacia adelante con ilusión y responsabilidad.

Nuestro encuentro nos ha regalado muchos momentos importantes, tanto a nivel personal como comunitario: escucha de la Palabra, formación y espacios de encuentro a través de los cuales hemos podido revisar nuestro camino como LMC, discernir juntos las prioridades para el próximo año y abrirnos con disponibilidad a donde el Espíritu nos llame.

Salimos de este encuentro con el corazón lleno. Sabemos que la misión continúa, aquí y allá, en lo cotidiano y en lo extraordinario. Nos llevamos el compromiso renovado de seguir apostando por una vida sencilla, abierta al otro, en salida, como nos pide el Evangelio y como soñaba san Daniel Comboni.