Idas y venidas a la misión

El verano siempre nos ofrece la oportunidad perfecta para viajar, y este año ha sido el momento ideal para darle la bienvenida a Giulia, una misionera italiana que llegó el 23 de junio con la ilusión de comenzar su misión en Kenia. Nuestra comunidad de Laicos Misioneros Combonianos en Kenia sigue creciendo, y nos llena de alegría recibir a nuevos miembros como ella. Juntos, compartiremos el compromiso de construir una sociedad más justa y compasiva, guiados por el espíritu comboniano.

Por otro lado, nuestras queridas compañeras Tere (LMC de España) y Elia (LMC de Portugal) han regresado a sus países de origen desde Mongoumba (Rep. Centroafricana) para disfrutar de un merecido descanso y recargar energías.

¡Bienvenidas de nuevo, y gracias por todo lo que han aportado con su dedicación misionera!

Buenas noticias. Domingo 14 T.O. 06/07/2025

Lucas 10, 1-12. 17-20

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.

¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.

No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el reino de Dios.»

Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: «Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios.»

Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.»

Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»

Él les contestó: «Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.»

CON MEDIOS POBRES

Con frecuencia entendemos el acto evangelizador de manera excesivamente doctrinal. Llevar el Evangelio sería dar a conocer la doctrina de Jesús a quienes todavía no la conocen o la conocen de manera insuficiente.

Si entendemos las cosas así, las consecuencias son evidentes. Necesitaremos antes que nada «medios de poder» con los que asegurar la propagación de nuestro mensaje frente a otras ideologías, modas y corrientes de opinión.

Además serán necesarios cristianos bien formados, que conozcan bien la doctrina y sean capaces de transmitirla de manera persuasiva y convincente. Necesitaremos también estructuras, técnicas y pedagogías adecuadas para propagar el mensaje cristiano.

En definitiva, será importante el número de personas preparadas que, con los mejores medios, lleguen a convencer al mayor número de personas. Todo esto es muy razonable y encierra, sin duda, grandes valores. Pero, cuando se ahonda un poco en la actuación de Jesús y en su acción evangelizadora, las cosas cambian bastante.

El Evangelio no es solo ni sobre todo una doctrina. El Evangelio es la persona de Jesús: la experiencia humanizadora, salvadora, liberadora que comenzó con él. Por eso evangelizar no es solo propagar una doctrina, sino hacer presente en el corazón mismo de la sociedad y de la vida la fuerza salvadora de la persona de Jesucristo. Y esto no se puede hacer de cualquier manera.

Para hacer presente esa experiencia liberadora, los medios más adecuados no son los de poder, sino los medios pobres de los que se sirvió el mismo Jesús: amor solidario a los más abandonados, acogida a cada persona, ofrecimiento del perdón de Dios, creación de una comunidad fraterna, defensa de los últimos…

Entonces, lo importante es contar con testigos en cuya vida se pueda percibir la fuerza humanizadora que encierra la persona de Jesús cuando es acogida de manera responsable. La formación doctrinal es importante, pero solo cuando alimenta una vida más evangélica.

El testimonio tiene primacía absoluta. Las estructuras son necesarias precisamente para sostener la vida y el testimonio de los seguidores de Jesús. Por eso lo más importante no es tampoco el número, sino la calidad de vida evangélica que puede irradiar una comunidad.

Quizá debamos escuchar con más atención las palabras de Jesús a sus enviados: «No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias». Llevad con vosotros mi Espíritu.

José Antonio Pagola

Entre velas ecológicas, aniversarios y muchas actividades

Junio fue un mes lleno de bendiciones para los LMC de Guatemala, por la Gracia de Dios y bajo la intercesión de San Daniel Comboni, con diversas iniciativas que marcaron nuestra labor misionera.

El 7 de junio llevamos a cabo nuestra actividad misionera en la Comunidad de León El Manzanillo. Durante nuestra visita, además de convivir con los miembros de la comunidad, ofrecimos una charla sobre el Espíritu Santo y Pentecostés. Como parte de la jornada, realizamos un taller de elaboración de velas ecológicas y quienes participaron quedaron muy entusiasmados y satisfechos con la experiencia.

Esa misma fecha, celebramos el 8º aniversario del Programa Chispuditos. Este proyecto nutricional ha estado enfocado en los niños de las aldeas La Salvadora I y II, en el Municipio de Santa Catarina Pinula, así como en sus madres, llevándoles la Palabra y promoviendo su desarrollo como líderes. Cabe resaltar que el año pasado el programa fue entregado a la comunidad; desde entonces, las madres han estado liderando el programa.

El domingo 8 de junio participamos en la Expo Vocacional organizada por la Vicaría del Centro: Nuestra Señora de la Asunción, llevada a cabo en el gimnasio del Colegio Don Bosco. Este evento permitió compartir con jóvenes interesados en las diferentes congregaciones presentes. Además de los stands informativos, hubo momentos de alabanza, adoración eucarística y Santa Misa. Fue una oportunidad valiosa para transmitir y vivir el carisma propio de la Familia Comboniana junto a los asistentes.

Una semana más tarde, el domingo 15 de junio, realizamos nuestra convivencia mensual en comunidad, iniciando con la celebración de la Santa Eucaristía, seguida de un desayuno compartido. Durante la convivencia, reflexionamos sobre el Carisma Comboniano y trabajamos en un tema especial sobre los elementos clave que fortalecen la autoestima. Abordamos aspectos como el autocontrol, las metas personales, las habilidades de comunicación y la percepción de la imagen corporal. Como grata sorpresa, tuvimos la visita de una pareja de esposos interesada en conocer más sobre nuestra comunidad.

En cada actividad del mes, reafirmamos nuestro compromiso de servir y acompañar a las comunidades, siempre impulsados por nuestra fe y misión evangelizadora.

LMC Guatemala

LA ESPERANZA ES UN CORAZÓN TRASPASADO

«El mundo puede cambiar desde el corazón–
Nuestras comunidades sólo desde el corazón lograrán unir sus inteligencias y voluntades diversas y pacificarlas para que el Espíritu nos guíe como red de hermanos, ya que pacificar también es tarea del corazón. El Corazón de Cristo es éxtasis, es salida, es donación, es encuentro. En él nos volvemos capaces de relacionarnos de un modo sano y feliz, y de construir en este mundo el Reino de amor y de justicia. Nuestro corazón unido al de Cristo es capaz de este milagro social»
(Dilexit nos, 28).

Queridos hermanos,
En la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús de este año, queremos hacernos “peregrinos de la esperanza”: un título que resume el corazón de nuestra vocación comboniana.
El Corazón de Jesús -del que nos enorgullecemos de ser ”hijos” – nos habla de un amor que es a la vez don gratuito y fuerza dinámica, capaz de transformar nuestra vida y nuestras comunidades.
La Palabra de Dios nos dice que el amor de Dios es derramado en nuestros corazones
por el Espíritu Santo (Rom 5,5). La esperanza – que es también el mensaje central del Jubileo 2025 –
nace del amor y se basa en el amor que brota del Corazón de Jesús traspasado en la Cruz: «Porque si
siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más ahora que
estamos reconciliados, seremos salvados por su vida» (Rom 5,10).

Es este amor el que nos hace misioneros: no una opción externa, sino una fuerza interior que
sostiene nuestro servicio. Estamos llamados a tomarnos a pecho el sufrimiento de los demás, a compartir el pan de la esperanza con los pobres, los enfermos, los excluidos. Cuando el mundo parece
abrumado por la guerra, la injusticia, el cambio climático o la indiferencia, el Corazón de Jesús nos
recuerda que la verdadera revolución parte del corazón de los que creen.

San Daniel Comboni vio en el Corazón traspasado de Cristo la fuente de su compromiso por
África. En la «llama divina» que calienta el corazón del apóstol encontramos el modelo del misionero:
humilde en acoger la guía del Espíritu, valiente en proponer la Buena Nueva, generoso en dejar todo
«miserable interés humano» para abrazar a toda la humanidad y hacer «causa común» con toda persona marginada (cf. Escritos, 2742-2753).

Ser “peregrinos de la esperanza” no es un título de apariencia, sino un camino permanente. La
esperanza que no quedará defraudada (cf. Rm 5,5) se renueva cada día en la mirada de quien encuentra
al Señor en los hermanos. Incluso en las grandes crisis – guerras que no terminan, hambre, migraciones forzosas, crisis medioambiental – podemos cultivar ternura, construir puentes, acoger al otro como
un don.

Los símbolos del agua y de la sangre que brotan del costado de Cristo (Jn 19,34) recuerdan el
Bautismo y la Eucaristía, los sacramentos que dan forma a la Iglesia. De este Corazón traspasado
nace una más amplia familia a la que estamos unidos. En el misterio pascual encontramos la fuerza
para renovar nuestro compromiso: «El que tenga sed, que venga a mí y beba… de su seno brotarán
manantiales de agua viva» (Jn 7,37-39).

Como Santo Tomás, que al tocar las llagas de Cristo exclamó: «¡Señor mío y Dios mío!» (Jn
20,28), también nosotros estamos llamados a ir más allá de nuestra capacidad humana. La debilidad
se convierte en fuerza cuando es atravesada por el amor redentor. Esta experiencia kerigmática – primera, única y fundante – es la raíz del anuncio comboniano.

Vivimos en una época marcada por las divisiones y los miedos. Crecen los nacionalismos, se
construyen muros, se criminaliza a los emigrantes. Sin embargo, el Corazón de Jesús nos enseña a
tejer lazos fraternos, a reconocer la dignidad de cada persona y a cuidar la creación. Esto no es una
utopía: es el camino concreto de la caridad que transforma.

Este Corazón no es un concepto abstracto, sino una realidad que hay que vivir. Nos invita a
opciones radicales en favor de los «más pobres y abandonados», a la corresponsabilidad, a una fraternidad que se convierte en signo de una nueva humanidad. Cada gesto de acogida, cada proyecto
de desarrollo integral, cada oración de intercesión parte de ese Corazón y vuelve a él.

Dejémonos guiar por las “razones de esperanza” que brotan del Corazón de Jesús para aceptar
con confianza la tarea de “peregrinos de la esperanza”, capaces de vivir el futuro como promesa y de
realizarlo como nueva fraternidad.

El gran poeta y ensayista francés Charles Péguy escribió: «La fe que amo más – dice Dios – es la
esperanza. La esperanza es desacostumbrarse… no caer en la costumbre». Estamos llamados a mantener vivo el asombro, a no dar por sentado el camino de la fe. Animadas por el Espíritu, nuestras
comunidades se convierten en lugares de renacimiento, donde cada uno encuentra un nuevo sentido
a su vida. Nuestra esperanza está en el Corazón de Jesús. De Él aprendemos a construir relaciones
sanas y felices, y a contribuir al nacimiento de un Reino de amor y justicia.

Queridos hermanos, el Corazón de Jesús es fuente inagotable de amor y de esperanza. Seamos
sus custodios, testigos y trabajadores incansables. Que esta fiesta reavive en nosotros el deseo de ser
peregrinos de esperanza, capaces de construir la fraternidad y la justicia, hasta que podamos celebrar
juntos el banquete del Reino.
¡Feliz fiesta del Sagrado Corazón!

Unidos en la oración y el servicio,
El Consejo General
Roma, 1 de junio de 2025, 158º Aniversario de la Fundación del Instituto

A la escucha de Comboni

En cada paso de su vida misionera, Comboni se dejó cautivar por un amor que lo trascendía todo: el amor del Corazón de Jesús. Un amor tan profundo que no sólo transforma, sino que impulsa a la entrega total, a la donación sin reservas. Comboni entendió que seguir a Cristo era un compromiso radical de ser uno con Él.