Lucía Fonts, misionera entre los pigmeos

Compartimos el testimonio de Lucía Fonts, misionera comboniana española que está compartiendo su vida entre los pigmeos de la República Centroafricana. Ella nos cuenta cómo es evangelizar en medio de conflictos, sus alegrías y dolores y sobre todo las enseñanzas que recibe de los pigmeos.

Gracias Lucía por tu entrega y generosidad y por seguir haciendo realidad el sueño de Comboni de «Salvar África con África».

Os dejamos con la temática de la entrevista y el minuto exacto donde comienza cada tema.

00:00 Introducción

02:15 El horno de la vocación

24:28 La misión en Centroáfrica

26:05 Enfermera de los pigmeos

35:16 Acompañándolos en la muerte

38:00 Niños, educación y promoción de la mujer

44:51 Lo que ellos me dan es mucho más

49:15 Ser misionera en medio de una guerra

53:07 Si hay que dar la vida, la damos

Extra: 47:40 ¿Cómo se saluda en Centroáfrica?

El DOMUND continúa

El DOMUND ha pasado, pero la invitación de invitar a todos/as al banquete del Reino continúa.

Hoy queremos compartir este vídeo de OMP internacional, inspirado en el mensaje del Papa Francisco para el Domingo Mundial de las Misiones: “Id e invitad a todos al banquete”.

Seamos portadores de la buena noticia de Jesús y hagamos de nuestra Iglesia local una iglesia misionera.

Una aventura con Jesús en Arequipa

Estimados LMC y amigos de la misión que nos leen.

Deseándoles abundantes bendiciones en su vida misionera les saludamos Mercedes y Carolina Laicas Misioneras Combonianas de Guatemala.

Queremos compartir con ustedes, un poco de nuestra historia personal.

Mi nombre es Mercedes, soy viuda y tengo 80 años, soy madre de 3 hijos, 6 nietos y 3 bisnietos.

Antes de ser misionera trabajé en comunidades pastorales en preparación de lectores, acólitos, infancia misionera, y fui instituida como ministra de la eucaristía, también formando cenáculos abiertos en casa; a pesar de todo este trabajo realizado para el Señor, me surgió la inquietud de conocer la misión y comencé a misionar con los Laicos Misioneros Combonianos de Guatemala viajando a San Luis Peten, una vez por año, durante cuatro años. Dentro de las actividades que realizábamos era visitar aldeas marginales en la profundidad de las montañas, sin acceso a luz ni agua. Misionaba escuchando las necesidades de la gente, compartiendo y conviviendo con ellos.  

Ya tengo catorce años de estar en el camino  misión y del carisma comboniano, en diversas situaciones y proyectos, así como en Santa Cruz Chinautla, municipio con alta población indígena evangelizando niños y mujeres de escasos recursos, trabajando en el programa de evangelización, formación y nutrición de niños en Santa Catarina Pinula en unas aldeas de periferia y haciendo algunas experiencia de vida comunitaria, tanto en el Salvador en un barrio de periferia como en Santo Domingo Xenacoj, en aldeas indígenas marginales. Cada vez ha sido mayor mi deseo de salir de misión fuera de Guatemala.

Mi nombre es Carolina, soy soltera y tengo 68 años, madre de 2 hijos y 3 nietos. Antes de estar en la misión, trabaje por muchos años en un grupo católico Cristocéntrico, en retiros abiertos y cerrados de primera evangelización, también dando platicas de crecimiento personal a personas adultas que se incorporaban de los retiros al grupo, al mismo tiempo a los niños que se reunían los viernes en la reunión de asamblea de grupo.

Durante cuatro años Mercedes me compartió sobre la misión y su experiencia en ella, hasta que un día accedí ir a los Laicos Misioneros Combonianos y me quedé, tengo ocho años de estar en la misión y en el camino del carisma comboniano. Estuve en formación por dos años, luego fui al visiteo a una aldea llamada la Salvadora en Santa Catarina Pinula y he trabajado con la gente del lugar, he visto sus necesidades y he sentido ese llamado fuerte de querer salir a misionar fuera de Guatemala. 

Al igual que Mercedes, estuve con ella en Santa Cruz Chinautla y En la experiencia de vida comunitaria en el Salvador.

EN ESTE MOMENTO nos encontramos viviendo nuestra experiencia de vida comunitaria y preparación específica, para poder partir, en unos días a Villa Ecológica en Arequipa, Perú.

Esta experiencia la estamos viviendo en un Hogar Para Ancianas ubicado en Quetzaltenango a cinco horas de la ciudad de Guatemala, que es donde vivimos, hemos dejado nuestro hogar, familias, seres queridos y todo nuestro trabajo habitual para prepararnos a la misión Ad Gentes.  

Esta experiencia que estamos viviendo nos ha permitido convivir juntas, conocernos mejor. Nuestro día lo hemos organizado con un horario diario de estudio, ayuda en el hogar en lo que se nos solicite, Alberto de la Portilla nos ha dado formación, que han sido muy enriquecedora para discernir nuestra vocación, hemos orado juntas y nos hemos hechos preguntas si realmente queremos salir afuera de Guatemala por todos los problemas que conlleva llegar a un lugar de diferente cultura y costumbres, pero la respuesta ha sido siempre SÍ, confiando en la providencia divina que va adelante de nosotras.  No ha sido fácil adaptarnos al clima, pues aquí es muy frío y ha llovido mucho, por lo demás, hemos sido acogidas con mucho cariño por las hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, de las que hemos aprendido mucho sobre la organización del Asilo, la forma en la que cosechan sus propios alimentos y atienden a las 32 ancianas que tiene a su cargo. Siempre el misionero debe aprende todo lo que pueda para poder servir en el camino de misión.

Reciban un cordial saludo, Mercedes y Carolina

LMC Guatemala

Jubileo, Misión y Esperanza

El primer encuentro de ComboJoven del curso 2024-2025 tuvo lugar los días 12 y 13 de octubre de 2024 en Madrid. Los jóvenes abordaron la cuestión del jubileo, entendido como un tiempo de renovación y esperanza. A lo largo del Antiguo y del Nuevo Testamento, el jubileo marca una oportunidad para restablecer la justicia, restaurar las relaciones y experimentar el perdón, tanto con Dios como con el prójimo. Este concepto fue central en las reflexiones del encuentro porque ayudó a los participantes a comprender la Misión como una peregrinación de esperanza, donde la renovación personal y comunitaria es esencial.

Durante el encuentro se realizó también una evaluación de la reciente experiencia misionera en Kenia. Los testimonios y análisis que se intercambiaron destacaron los desafíos que enfrentaron los jóvenes misioneros, así como las soluciones encontradas. A su vez, se puso de relieve la fuerza transformadora que tuvo para los jóvenes la experiencia vivida en Kenia. Los participantes subrayaron la necesidad de un apoyo continuo y una fe resiliente para superar las dificultades, al tiempo que se enfatizó la importancia del trabajo en conjunto y la solidaridad como pilares fundamentales de la experiencia misionera vivida.

La figura de San Daniel Comboni, con su esperanza inquebrantable en la regeneración de África, tuvo un lugar destacado en el encuentro. Se resaltó su visión profética sobre el pueblo africano, su confianza en la Providencia divina y su convicción de que la Misión no solo es espiritual, sino también social. Comboni veía en la misión una oportunidad de redención y transformación humana, lo que inspiró a los participantes a continuar su discernimiento y sus compromisos misioneros con una renovada esperanza.

Texto & Fotografía: P. Justus Oseko, MCCJ.

Buenas noticias Domingo 30 T.O. 27/10/2024

Marcos 10, 46-52

Maestro, haz que pueda ver.

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.» Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.» Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.» Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.» Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

SENTADOS JUNTO AL CAMINO

En sus comienzos, al cristianismo se le conocía como «el Camino» (Hechos de los Apóstoles 18,25-26). Más que entrar en una nueva religión, «hacerse cristiano» era encontrar el camino acertado de la vida, caminando tras las huellas de Jesús. Ser cristiano significa para ellos «seguir» a Cristo. Esto es lo fundamental, lo decisivo.

Hoy las cosas han cambiado. El cristianismo ha conocido durante estos veinte siglos un desarrollo doctrinal muy importante y ha generado una liturgia y un culto muy elaborados. Hace ya mucho tiempo que el cristianismo es considerado como una religión.

Por eso no es extraño encontrarse con personas que se sienten cristianas sencillamente porque están bautizadas y cumplen sus deberes religiosos, aunque nunca se hayan planteado la vida como un seguimiento de Jesucristo. Este hecho, hoy bastante generalizado, hubiera sido inimaginable en los primeros tiempos del cristianismo.

Hemos olvidado que ser cristianos es «seguir» a Jesucristo: movernos, dar pasos, caminar, construir nuestra vida siguiendo sus huellas. Nuestro cristianismo se queda a veces en una fe teórica e inoperante o en una práctica religiosa rutinaria. No transforma nuestra vida en seguimiento a Jesús.

Después de veinte siglos, la mayor contradicción de los cristianos es pretender serlo sin seguir a Jesús. Se acepta la religión cristiana (como se podría aceptar otra), pues da seguridad y tranquilidad ante «lo desconocido», pero no se entra en la dinámica del seguimiento fiel a Cristo.

Estamos ciegos y no vemos dónde está lo esencial de la fe cristiana. El episodio de la curación del ciego de Jericó es una invitación a salir de nuestra ceguera. Al comienzo del relato, Bartimeo «está sentado al borde del camino». Es un hombre ciego y desorientado, fuera del camino, sin capacidad de seguir a Jesús. Curado de su ceguera por Jesús, el ciego no solo recobra la luz, sino que se convierte en un verdadero «seguidor» de su Maestro, pues, desde aquel día, «le seguía por el camino». Es la curación que necesitamos.

José Antonio Pagola