Jubileo, Misión y Esperanza

El primer encuentro de ComboJoven del curso 2024-2025 tuvo lugar los días 12 y 13 de octubre de 2024 en Madrid. Los jóvenes abordaron la cuestión del jubileo, entendido como un tiempo de renovación y esperanza. A lo largo del Antiguo y del Nuevo Testamento, el jubileo marca una oportunidad para restablecer la justicia, restaurar las relaciones y experimentar el perdón, tanto con Dios como con el prójimo. Este concepto fue central en las reflexiones del encuentro porque ayudó a los participantes a comprender la Misión como una peregrinación de esperanza, donde la renovación personal y comunitaria es esencial.

Durante el encuentro se realizó también una evaluación de la reciente experiencia misionera en Kenia. Los testimonios y análisis que se intercambiaron destacaron los desafíos que enfrentaron los jóvenes misioneros, así como las soluciones encontradas. A su vez, se puso de relieve la fuerza transformadora que tuvo para los jóvenes la experiencia vivida en Kenia. Los participantes subrayaron la necesidad de un apoyo continuo y una fe resiliente para superar las dificultades, al tiempo que se enfatizó la importancia del trabajo en conjunto y la solidaridad como pilares fundamentales de la experiencia misionera vivida.

La figura de San Daniel Comboni, con su esperanza inquebrantable en la regeneración de África, tuvo un lugar destacado en el encuentro. Se resaltó su visión profética sobre el pueblo africano, su confianza en la Providencia divina y su convicción de que la Misión no solo es espiritual, sino también social. Comboni veía en la misión una oportunidad de redención y transformación humana, lo que inspiró a los participantes a continuar su discernimiento y sus compromisos misioneros con una renovada esperanza.

Texto & Fotografía: P. Justus Oseko, MCCJ.

Buenas noticias Domingo 30 T.O. 27/10/2024

Marcos 10, 46-52

Maestro, haz que pueda ver.

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.» Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.» Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.» Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?» El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.» Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

SENTADOS JUNTO AL CAMINO

En sus comienzos, al cristianismo se le conocía como «el Camino» (Hechos de los Apóstoles 18,25-26). Más que entrar en una nueva religión, «hacerse cristiano» era encontrar el camino acertado de la vida, caminando tras las huellas de Jesús. Ser cristiano significa para ellos «seguir» a Cristo. Esto es lo fundamental, lo decisivo.

Hoy las cosas han cambiado. El cristianismo ha conocido durante estos veinte siglos un desarrollo doctrinal muy importante y ha generado una liturgia y un culto muy elaborados. Hace ya mucho tiempo que el cristianismo es considerado como una religión.

Por eso no es extraño encontrarse con personas que se sienten cristianas sencillamente porque están bautizadas y cumplen sus deberes religiosos, aunque nunca se hayan planteado la vida como un seguimiento de Jesucristo. Este hecho, hoy bastante generalizado, hubiera sido inimaginable en los primeros tiempos del cristianismo.

Hemos olvidado que ser cristianos es «seguir» a Jesucristo: movernos, dar pasos, caminar, construir nuestra vida siguiendo sus huellas. Nuestro cristianismo se queda a veces en una fe teórica e inoperante o en una práctica religiosa rutinaria. No transforma nuestra vida en seguimiento a Jesús.

Después de veinte siglos, la mayor contradicción de los cristianos es pretender serlo sin seguir a Jesús. Se acepta la religión cristiana (como se podría aceptar otra), pues da seguridad y tranquilidad ante «lo desconocido», pero no se entra en la dinámica del seguimiento fiel a Cristo.

Estamos ciegos y no vemos dónde está lo esencial de la fe cristiana. El episodio de la curación del ciego de Jericó es una invitación a salir de nuestra ceguera. Al comienzo del relato, Bartimeo «está sentado al borde del camino». Es un hombre ciego y desorientado, fuera del camino, sin capacidad de seguir a Jesús. Curado de su ceguera por Jesús, el ciego no solo recobra la luz, sino que se convierte en un verdadero «seguidor» de su Maestro, pues, desde aquel día, «le seguía por el camino». Es la curación que necesitamos.

José Antonio Pagola

Sudán, una guerra más contra las mujeres

La guerra de Sudán, que ha dado lugar a la mayor crisis de desplazados internos del mundo, tiene efectos catastróficos para las mujeres y las niñas, según informó recientemente ONU Mujeres en una alerta de género titulada: Mujeres y niñas de Sudán: Fortalezas en medio de las llamas de la guerra.

De acuerdo con la agencia de Naciones Unidas, el número de personas que necesitan servicios relacionados con la violencia de género ha aumentado en un 100% desde que estallaron los enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF, por sus siglas en inglés) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) a mediados de abril de 2023. En los últimos meses, un nuevo grupo se ha unido a los combates contra las RSF, the Armed Struggle Movements (Join Forces) que defiende los intereses de los grupos zaghawa en Darfur Norte. Lo que ha provocado nuevas olas de civiles desplazados internos y refugiados.

Unos 6,7 millones de mujeres y niñas están afectadas por este conflicto. Pero se estima que la cifra sea mayor. Si bien los hombres y los niños también son víctimas de la violencia de género, la mayoría de estos casos involucran a mujeres y niñas. La violencia registrada, en particular en los estados de Jartum, Darfur y Kordofán, ha exacerbado los riesgos a los que se enfrentan las mujeres y las niñas: explotación sexual y abuso se han convertido en un arma más de guerra en esta situación.

Como siempre, las guerras son cosa de hombres y las mujeres y los niños son sus principales víctimas. Las desigualdades de género se incrementan durante los conflictos y por ello las mujeres sufren más durante ellos. Según Naciones Unidas, las niñas tienen un 90% menos de posibilidades de tener acceso a la educación que los niños en zonas de conflicto. También son víctimas de matrimonios infantiles, de trabajo esclavo o, incluso, pueden ser reclutadas como niñas soldados.

Las labores domésticas, las normas sociales, normalmente restrictivas de la movilidad, y otros factores pueden hacer que las mujeres tengan, por lo general, menos capacidad de huida cuando la población civil es atacada, afirma Amnistía Internacional. Si lo consiguen, muchas se convierten en desplazadas internas o refugiadas, lo que las puede exponer a peligros como el tráfico de personas y la trata con fines de explotación sexual. Además, las mujeres detenidas o encarceladas pueden ser recluidas en instalaciones inadecuadas y, a menudo, corren el riesgo de ser sometidas a torturas basadas en el género, como la violación y otras formas de abuso sexual, a manos de sus carceleros o incluso otros reclusos.

Al partir muchos hombres al frente a luchar, durante los conflictos son las mujeres las que tienen que hacerse cargo de la familia. La alimentación y el cuidado básico de niños y ancianos recae, mucho más, sobre ellas, que se convierten en cabezas de familias monoparentales.

En Sudán, casi 5.8 millones (54%) de los desplazados internos sudaneses, son mujeres y niñas. Y, aproximadamente 3 millones de ellas son menores de 18 años que enfrentan riesgos de protección específicos. Ellas son particularmente vulnerables. Y muchos casos de abuso no se denuncian debido a la falta de apoyo adecuado y al temor al estigma y las represalias.

Además, Sudán se enfrenta a los peores niveles de inseguridad alimentaria jamás registrados en el país. El 84% de las mujeres en Sudán no pueden satisfacer la dieta mínima aceptable, lo que supone un aumento del 5% con los números del año pasado. Al menos el 80% de las mujeres desplazadas internamente en Sudán tienen dificultades para acceder a agua potable segura debido a razones de seguridad, de calidad y de distancia de las fuentes.

ONU Mujeres también alerta de que 1.2 millones de mujeres embarazadas y lactantes en los estados de Jartum, Darfur y Kordofán sufrirán desnutrición este año y se enfrentarán a graves complicaciones de salud durante el parto y después de él. Y más de 7.000 nuevas madres y 220.000 niños gravemente desnutridos, en las mismas zonas, corren el riesgo de morir en las próximas semanas y meses si no pueden acceder a servicios de salud materna y apoyo nutricional.

Igualmente, la crisis de la educación en Sudán es otro de los resultados devastadores del conflicto. Más de 2,5 millones de niñas, lo que representa el 74% de las menores en edad escolar, no asisten a la escuela. Circunstancia que aumenta el riesgo de que sean sometidas a prácticas nocivas como el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina.

Por todo esto, ONU Mujeres demanda que se tomen medidas urgentes para garantizar la protección física de las mujeres y las niñas, así como el acceso seguro a alimentos, agua potable y servicios de salud sexual y reproductiva.

Estas acciones deberían realizarse en colaboración con grupos locales y organizaciones dirigidas por mujeres, con el fin de fortalecer la resiliencia y garantizar el acceso a servicios humanitarios esenciales para mujeres y niñas, pero también para hombres y niños afectados por la crisis. No se puede dejar a estos fuera si se quiere atender a la población.

Sin embargo, para poner en marcha estas medidas y paliar la situación de los sudaneses, hace falta dinero. Y el conflicto de Sudán es una más de esas guerras olvidadas y solapadas por otras crisis que no dejan de copar las primeras páginas de los medios de comunicación, como puede ser la de Ucrania, la invasión de Gaza por Israel o la creciente tensión en Oriente Próximo. De ahí que a las agencias internacionales les sea difícil recaudar fondos. En consecuencia, poco variará la situación actual de las mujeres y las niñas de Sudán. Es un conflicto que queda lejos y a nadie parece importar.

Publicado por Chema Caballero en Mundo Negro| octubre 2024

La atención a la salud en Mongoumba

Un saludo a todos y todas

Queremos compartir con vosotros un video sobre la atención sanitaria que nuestra comunidad internacional de Laicos Misioneros Combonianos desarrolla en Mongoumba, República Centroafricana.

En el Cristina nos cuenta las diferentes actividades que realizan y nos presenta la realidad de atención sanitaria y en especial la dedicación a la población Aka.

Gracias a todos por vuestras oraciones y el apoyo a nuestro servicio LMC en los lugares donde estamos presentes.