Buenas noticias 1 er Domingo de Adviento

Marcos 13,33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»


CUANDO EL HORIZONTE SE VUELVE SOMBRÍO

La falta de esperanza está generando entre nosotros cambios profundos que no siempre sabemos captar. Casi sin darnos cuenta van desapareciendo del horizonte políticas orientadas hacia una vida más humana. Cada vez se habla menos de programas de liberación o de proyectos que busquen mayor justicia y solidaridad entre los pueblos.

Cuando el futuro se vuelve sombrío, todos buscamos seguridad. Que nada cambie, a nosotros nos va bien. Que nadie ponga en peligro nuestro bienestar. No es el momento de pensar en grandes ideales de justicia para todos, sino de defender el orden y la tranquilidad.

Al parecer no sabemos ir más allá de esta reacción casi instintiva. Los expertos nos dicen que los graves problemas medioambientales, el fenómeno del terrorismo desesperado o el acoso creciente de los hambrientos penetrando en las sociedades del bienestar no están provocando, al parecer, ningún cambio profundo en la vida personal de los individuos. Solo miedo y búsqueda de seguridad. Cada uno trata de disfrutar al máximo de su pequeño bienestar.

Sin duda, muchos sentimos una extraña sensación de culpa, vergüenza y tristeza. Sentimos, además, una especie de complicidad por nuestra indiferencia y nuestra incapacidad de reacción. En el fondo no queremos saber nada de un mundo nuevo, solo pensamos en nuestra seguridad.

Las fuentes cristianas han conservado una llamada de Jesús para momentos catastróficos: «Despertad, vivid vigilantes». ¿Qué significan hoy estas palabras? ¿Despertar de una vida que discurre suavemente en el egoísmo? ¿Despertar de la frivolidad que nos rodea en todo instante impidiéndonos escuchar la voz de la conciencia? ¿Liberarnos de la indiferencia y la resignación?

¿No deberían ser las comunidades cristianas un lugar privilegiado para aprender a vivir despiertos, sin cerrar los ojos, sin escapar del mundo, sin pretender amar a Dios de espaldas a los que sufren?

José Antonio Pagola

Calendario de Adviento a la Misión

Un año más las Obras Misionales Pontificias proponen un Calendario de Adviento que ayudará a los más pequeños –y, a través de ellos, a los que no lo son tanto– a prepararse para la llegada de Jesús… con un toque de fútbol y que hace realidad el lema de la Obra Pontificia de Infancia Misionera, “Comparto lo que soy”.

Por un lado de este Calendario de Adviento a la Misión hay una cancha de fútbol con la “ruta” día a día hasta la meta de la llegada de Jesús. En cada fecha hay una superficie para rascar que desvelará el “secreto” del día y con varios QR que llevarán a un vídeo con testimonios, actividades y otras sorpresas de la revista de los niños misioneros, Gesto.

Por el otro lado del calendario, están las cuatro semanas y la explicación del lema de la campaña de Infancia Misionera de este año, “Comparto lo que soy”. Cada semana de Adviento tiene su reto y también un “díselo a Él”, para que cada niño comente y comparta con Jesús que llega el reto y también sus inquietudes y aspiraciones.

El lema de Infancia Misionera de esta campaña del próximo 14 de enero, “Comparto lo que soy”, deja claro que un Calendario misionero no se acaba con el encuentro con Jesús el 25 de noviembre. “El nacimiento de Jesús, en la historia como en la vida, es el principio de la alegría”, decía el Papa Francisco hace unos días. Y la alegría, la mayor alegría, se comparte, “Jesús está con nosotros”.

Espiritualidad Misionera Comboniana

La semana pasada pudimos disfrutar de una formación sobre Espiritualidad Misionera Comboniana a cargo del misionero Comboniano, padre Vittorio Moretto.

Una formación que recorre los aspectos centrales de esta espiritualidad misionera y nos da pistas de como vivir nuestra vocación misionera como Laicos Misioneros combonianos.

Os animamos a verla en comunidad.

Buenas noticias Domingo 26/11/23

Mateo 25,31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: «Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.» Entonces los justos le contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?» Y el rey les dirá: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.»

Y entonces dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de deber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.» Entonces también éstos contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?» Y él replicará: «Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.» Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

UN JUICIO EXTRAÑO

Las fuentes no admiten dudas. Jesús vive volcado hacia aquellos que ve necesitados de ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desvalidos y hace por ellos todo lo que puede. Para él, la compasión es lo primero. El único modo de parecernos a Dios: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».

No nos debería extrañar que, al hablar del Juicio final, Jesús presente la compasión como el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas y nuestra identificación con él. ¿Cómo nos va a sorprender que se presente identificado con todos los pobres y desgraciados de la historia?

Según el relato de Mateo, «todas las naciones» comparecen ante el Hijo del hombre, es decir, ante Jesús el compasivo. No se hace diferencia alguna entre «pueblo elegido» y «pueblos paganos». Nada se dice de las diferentes religiones y cultos. Se habla de algo muy humano y que todos entienden: ¿qué hemos hecho con los que han vivido sufriendo junto a nosotros?

El evangelista no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos o nos desentendemos y los abandonamos.

El que habla es un juez que está identificado con todos los pobres y necesitados: «Cada vez que ayudasteis a uno de estos mis pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis». Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado se han acercado a él. Por eso han de estar junto a él en el reino: «Venid, benditos de mi Padre».

Luego se dirige a quienes han vivido sin compasión: «Cada vez que no ayudasteis a uno de estos pequeños, lo dejasteis de hacer conmigo». Quienes se han apartado de los que sufren se han apartado de Jesús. Es lógico que ahora les diga: «Apartaos de mí». Seguid vuestro camino.

Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida.

José Antonio Pagola

Cómo empezó todo

PODCAST 1 – Empieza con la canción de la Ciranda.

Esta es la canción de la ciranda, bailada en círculo, cada miembro abrazando a sus compañeros y moviéndose al ritmo zapateando. Esta canción es una danza vinculada a la tradición folclórica brasileña.

Hola, somos Anna y Gabriele, y esto es ciranda, el podcast sobre nuestra experiencia misionera en Brasil. En el que intentamos acercaros a las experiencias cotidianas de quienes viven en esta parte del mundo.

Partimos de una pregunta que nos han hecho en varias ocasiones a lo largo del último año: ¿qué significa partir con los laicos misioneros combonianos? ¿Quiénes son ellos? ¿Y por qué precisamente a Brasil?

Conocimos la realidad de los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) después de algunos contactos de boca en boca en la zona de Venegono. Los LMC fueron creados siguiendo el carisma de San Daniel Comboni. Un sacerdote, de la primera mitad del siglo XIX, que dedicó su vida a la misión de una manera nueva para la época y probablemente también para hoy, con el objetivo, como él decía, de “salvar África con África”. 

Los misioneros laicos combonianos continúan este espíritu en las diversas misiones del mundo, acompañando la presencia comboniana sobre el terreno. 

Para comprender mejor esta nueva forma de hacer y ser misión, diferente de la que habíamos conocido en el pasado, emprendimos un camino de dos años de conocimiento de los LMC, al final del cual, junto con nuestro grupo de referencia, se nos propuso hacer un período de experiencia en una realidad internacional. Nos habíamos propuesto para las áreas de misión de América Latina, y al mismo tiempo en la misión de Brasil, había surgido la urgencia de encontrar un par de voluntarios que pudieran continuar la presencia de los Laicos, que ya estaban insertos desde hacía varios años en la realidad de Piquià. Así, en mayo de 2022, dejamos nuestra casita de Cuneo para ir a Brasil, en el estado de Maranhão, municipio de Acailândia, concretamente en el pequeño distrito de Piquià. Esta experiencia de 3 meses nos permitió experimentar el modo de vida comboniano, aprender portugués y observar la realidad de los diversos proyectos en los que la familia comboniana está implicada. Se trata principalmente de tres realidades: la casa familiar rural (una escuela para niños de zonas rurales), la realidad de Piquià de Baixo (una comunidad afectada por la contaminación de las industrias siderúrgicas) y las familias del interior que viven en el campo, aisladas y afectadas por el agronegocio (es decir, la deforestación y el monocultivo de soja y eucalipto).

El tiempo que pasamos en Piquià fue corto, pero suficiente para darnos cuenta de que ése sería nuestro hogar durante los tres años siguientes.

La particularidad de esta experiencia es también la elección de convivir con los combonianos, que viven en la casa contigua a la nuestra. Por lo tanto, no sólo estamos incluidos en la parroquia y participamos en las diversas actividades pastorales, sino que también compartimos con ellos los momentos de oración, las cenas y otros momentos de la vida cotidiana, tomando decisiones en común. Esta es la familia comboniana, donde laicos y padres combonianos hacen misión juntos.

Diálogo

QUÉ SIGNIFICA SALVAR ÁFRICA CON ÁFRICA…

LO QUE NOS LLAMA LA ATENCIÓN DE ESTE ESTILO…

¿POR QUÉ TRES AÑOS?…