Como todos los años, los LMC de España realizamos nuestra campaña de Navidad para apoyar el trabajo de nuestras comunidades en Misión.
El proyecto de este año se llama «Una historia de Esperanza» y con él queremos colaborar con el trabajo que nuestra Comunidad de LMC de Mongoumba en República Centroafricana viene realizando desde hace tiempo en el en el campo de la sanidad con la población pigmea: acceso a medicamentos y tratamientos, programas de desnutrición y campañas de vacunación…
El pasado mes de octubre celebramos como Iglesia el mes misionero, el mes del DOMUND, y desde la Diócesis de Canarias quisimos recordar a todos nuestros misioneros y misioneras que “con los corazones ardientes se pusieron en camino” para anunciar el Evangelio, con distintas actividades de animación misionera. Realizamos talleres sobre los cinco continentes con niños y adolescentes, incluso con sus familias, donde reflexionamos sobre la importancia de educar en la solidaridad y la generosidad desde casa. Participamos en varias parroquias dinamizando las eucaristías, rosarios misioneros y vigilias de oración. Como Laicos Misioneros Comboniamos hemos participado y dinamizado todas estas actividades, pero queremos hacer una mención especial a nuestra participación en el programa de radio de la Emisora Diocesana donde tuvimos la oportunidad de compartir con otros misioneros y voluntarios la experiencia de trabajar por la misión y difundir nuestro carisma comboniano. Fela , discerniente de la zona canarias participó en este programa dando su testimonio de fe y su proceso para discernir su vocación misionera desde nuestro carisma. Has sido un mes intenso, pero lo acabamos llenos de la gracia del Espíritu Santo que ha vuelto a hacer que nuestros corazones ardan y nuestros pies sigan en camino.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.» Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.» Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos.» Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco.» Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»
ESPERAR A JESÚS CON LAS LÁMPARAS ENCENDIDAS
Entre los primeros cristianos había, sin duda, discípulos «buenos» y discípulos «malos». Sin embargo, al escribir su evangelio, Mateo se preocupa sobre todo de recordar que, dentro de la comunidad cristiana, hay discípulos «sensatos» que están actuando de manera responsable y discípulos «necios» que actúan de manera frívola y descuidada. ¿Qué quiere decir esto?
Mateo recuerda dos parábolas de Jesús. La primera es muy clara. Hay algunos que «escuchan las palabras de Jesús» y «las ponen en práctica». Toman en serio el evangelio y lo traducen en vida. Son como el «hombre sensato» que construye su casa sobre roca. Es el sector más responsable: los que van construyendo su vida y la de la Iglesia sobre la verdad de Jesús.
Pero hay también quienes escuchan las palabras de Jesús y «no las ponen en práctica». Son tan «necios» como el hombre que «edifica su casa sobre arena». Su vida es un disparate. Si fuera solo por ellos, el cristianismo sería pura fachada, sin fundamento real en Jesús.
Esta parábola nos ayuda a captar el mensaje fundamental de otro relato en el que un grupo de jóvenes salen, llenas de alegría, a esperar al esposo para acompañarlo a la fiesta de su boda. Desde el comienzo se nos advierte que unas son «sensatas» y otras «necias».
Las «sensatas» llevan consigo aceite para mantener encendidas sus lámparas; las «necias» no piensan en nada de esto. El esposo tarda, pero llega a medianoche. Las «sensatas» salen con sus lámparas a iluminar el camino, acompañan al esposo y «entran con él» en la fiesta. Las «necias», por su parte, no saben cómo resolver su problema: «se les apagan las lámparas». Así no pueden acompañar al esposo. Cuando llegan es tarde. La puerta está cerrada.
El mensaje es claro y urgente. Es una insensatez seguir escuchando el evangelio sin hacer un esfuerzo mayor para convertirlo en vida: es construir un cristianismo sobre arena. Y es una necedad confesar a Jesucristo con una vida apagada, vacía de su espíritu y su verdad: es esperar a Jesús con las «lámparas apagadas». Jesús puede tardar, pero nosotros no podemos retrasar más nuestra conversión.
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Acabamos de terminar el mes de octubre, y os quiero contar lo que ha pasado en la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima en Murcia. Pensando que un día se nos quedaba corto, nos hemos embarcado en todo un mes misionero… y coincidiendo con los cinco domingos que nos regalaba el calendario, decidimos utilizar cada uno de ellos para visitar un continente. Ha sido especial, diferente y divertido, intentar decorar la iglesia con artesanía, mandalas, telas y otros objetos propios de cada rincón del mundo. La propuesta iba más allá….introducíamos la eucaristía, invitando a la comunidad a ponerse un “calzado cómodo para el camino y a abrir el corazón” para ir a conocer y acoger realidades de todo el mundo. Gracias a la generosidad de nuestro cura, las homilías quedaban a cargo de misioneros, y hemos tenido un laico de OCASHA, otro laico javeriano, una religiosa de la comunidad de las Hermanitas de Foucauld y una laica comboniana contándonos experiencias y otras cosas interesantes de sus andaduras lejos de nuestras fronteras. Buscamos que las ofrendas trajeran también cosas propias de los continentes, para poner delante del altar tanta riqueza, diversidad, la tradición y particularidad de tantos hermanos. Así, no pudieron faltar artesanías, productos, revistas e incluso alimentos que decoraron y colorearon el centro de la iglesia. Los niños eran los encargados de acercar todo al altar. Hicimos un trabajo importante, pensamos, en el momento de las peticiones, para recoger las dificultades, los sufrimientos, las guerras y tensiones de todos los rincones del mundo y pedir unidos y con fuerza por ellos. No descuidamos la creación y todo lo que se está haciendo con ella en nombre del “progreso” y de este consumismo exacerbado. Han sido celebraciones preciosas y emocionantes, donde los ritmos, los colores, las voces y la participación eran distintas a lo de siempre. En la semana del DOMUND también tuvimos la suerte de disfrutar de un concierto del grupo “Ngoma África” y de un día de Adoración en la iglesia dedicado a todos los misioneros del mundo. Se organizó todo por el grupo misionero, muy animado, que montó también un mercadillo fantástico, y toda la comunidad ha respondido de una forma que nos ha sorprendido. Ha sido un mes verdaderamente especial, estamos muy contentos y queremos seguir regando esta semilla misionera para el resto del año. Carmen Aranda. Laica misionera comboniana.