25 mayo: Día de África

El Día de África es ocasión para reafirmar nuestro compromiso misionero por África y sus pueblos. El mensaje de San Daniel Comboni sigue siendo hoy necesario, porque la vida está encadenada en África, por falta de oportunidades, de derechos, por los intereses mercantilistas globales.

Frente a esto, los laicos misioneros combonianos somos testigos, junto el resto de la familia comboniana, de los avances de liberación en tantas comunidades. Especialmente en Mongumba (R. Centroafricana), donde nuestra compañera Teresa Monzón se encuentra estos meses dando el relevo a otras compañeras LMC de otros países. Mantenemos allí una presencia misionera de más de 20 años acompañando al pueblo pigmeo. Presentes también en la Escuela Técnica de Carapira (Mozambique) a través de una comunidad LMC internacional, fortaleciendo los sueños de la juventud que se forma para tomar las riendas de su destino. Y en la incipiente comunidad LMC de Kenya, que acaba de recibir a Marzena, compañera LMC de Polonia.

Y en España, celebramos esta fecha con las personas migrantes y afrodescendientes presentes aquí, difundiendo toda la vida que impulsan en diversos proyectos culturales y sociales. En Madrid, celebraremos el 2 de junio la mesa redonda La Mujer africana teje la vida, para compartir con cuatro lideresas sociales de enorme nivel como son la periodista Lucía Mbomío, la artista e investigadora Angélica Dass (creadora del premiado Proyecto Humanae) y Carme Diaby, activista contra los abusos y formadora, junto a Nicole N’Dongala, directora de Karibu y reciente impulsora de la Red de Mujeres Lideresas Africanas en Acción (REMLAA). Para concluir, la actriz Beatriz Mbula nos presentará su cortometraje Asunto Casting. Será a las 18h en CaixaForum-Madrid.

Lucía Mbomío, Nicole Ndongala, Carme Diaby y Angélica Dass (de arriba a abajo e izquierda a derecha)

Evangelio del Domingo de Pentecostés

Jn 20,19-23

AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos»

Comentario de J. A. Pagola

NUEVO INICIO

Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero ya no está Jesús con ellos. En la comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. No pueden escuchar sus palabras llenas de fuego. No pueden verlo bendiciendo con ternura a los desgraciados. ¿A quién seguirán ahora?

Está anocheciendo en Jerusalén y también en su corazón. Nadie los puede consolar de su tristeza. Poco a poco, el miedo se va apoderando de todos, pero no tienen a Jesús para que fortalezca su ánimo. Lo único que les da cierta seguridad es «cerrar las puertas». Ya nadie piensa en salir por los caminos a anunciar el reino de Dios y curar la vida. Sin Jesús, ¿cómo van a contagiar su Buena Noticia?

El evangelista Juan describe de manera insuperable la transformación que se produce en los discípulos cuando Jesús, lleno de vida, se hace presente en medio de ellos. El Resucitado está de nuevo en el centro de su comunidad. Así ha de ser para siempre. Con él todo es posible: liberarnos del miedo, abrir las puertas y poner en marcha la evangelización.

Según el relato, lo primero que infunde Jesús a su comunidad es su paz. Ningún reproche por haberlo abandonado, ninguna queja ni reprobación. Solo paz y alegría. Los discípulos sienten su aliento creador. Todo comienza de nuevo. Impulsados por su Espíritu, seguirán colaborando a lo largo de los siglos en el mismo proyecto salvador que el Padre ha encomendado a Jesús.

Lo que necesita hoy la Iglesia no es solo reformas religiosas y llamadas a la comunión. Necesitamos experimentar en nuestras comunidades un «nuevo inicio» a partir de la presencia viva de Jesús en medio de nosotros. Solo él ha de ocupar el centro de la Iglesia. Solo él puede impulsar la comunión. Solo él puede renovar nuestros corazones.

No bastan nuestros esfuerzos y trabajos. Es Jesús quien puede desencadenar el cambio de horizonte, la liberación del miedo y los recelos, el clima nuevo de paz y serenidad que tanto necesitamos para abrir las puertas y ser capaces de compartir el evangelio con los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Pero hemos de aprender a acoger con fe su presencia en medio de nosotros. Cuando Jesús vuelve a presentarse a los ocho días, el narrador nos dice que todavía las puertas siguen cerradas. No es solo Tomás quien ha de aprender a creer con confianza en el Resucitado. También los demás discípulos han de ir superando poco a poco las dudas y miedos que todavía les hacen vivir con las puertas cerradas a la evangelización.

Foro Comboniano de Ecología Integral

Al inicio de la Semana Laudato Si’, hemos participado en el Foro de la Ecología Integral de la Familia Comboniana en América: Hacia la conversión ecológica misionera. Más de 75 personas, hermanos, sacerdotes, hermanas y laicos combonianos hemos compartido la tarde on line para concienciarnos sobre el trabajo en Ecología Integral como parte de la llamada misionera. Una jornada de intercambio de trabajos, desafíos, propuestas y estrategias para crear conciencia frente a la emergencia y urgencia planetaria por la grave degradación ambiental, así como las grandes desigualdades que afectan a la humanidad entera.

Animados por el Pacto por la Casa Común realizado durante el Sínodo de la Amazonía 2019, la Familia Comboniana promueve el Pacto Comboniano por la Casa Común, que Dario Bossi (comboniano participante en el Sínodo Amazónico) pone en contexto en este artículo. Este pacto nos invita como misioneros a cultivar dos dimensiones complementarias: la reflexión (estudio, oración…) y las actitudes y gestos concretos, y recibió un fuerte impulso durante el Foro Social Comboniano en Belém (Brasil) de 2022, en el que se destacó la resistencia de indígenas, mujeres y jóvenes ante el acoso a la Casa Común en diversas modalidades.

Durante el encuentro, Juan Goicoechea nos presentó el trabajo del centro Laudato Si‘ de Lima, como centro de formación, investigación y proyectos. Se está organizando una Escuela de formación en Ecología Integral para los agentes de pastoral, tanto combonianas como diocesanas. Se ha elaborado el libro Esta tierra está en tus manos para formación de jóvenes. Dos proyectos de producción sostenible están en marcha: el de apicultura (que protege la biodiversidad frente al monocultivo industrial), y la exportación a Europa de café orgánico.

M. Odile presentó por su parte el Centro Misionero Laudato Si‘ de Kinsasha, que busca interiorizar los planteamientos de Laudato Si’ y poner en común iniciativas para promover el Cuidado de la Casa Común. Entre sus actividades destacan los encuentros anuales, que suponen un intercambio entre instituciones civiles y la administración. Estuvieron presentes en el X Fospa (Foro social panamazónico). Odile destacó que este centro es oportunidad de cuestionar la pastoral eclesial y promover el trabajo conjunto entre laicos y religiosos, promoviendo la ciudadanía ecológica crítica en defensa de la casa común. Se encarga de divulgar los contenidos de la encíclica en un lenguaje sencillo, y llevar la educación ecológica a los centros educativos públicos y privados.

En la comisión organizadora de este evento participa Flavio Schmidt, LMC brasileño que ha trabajado los últimos años en Piquiá (Maranhao) junto al LMC español Xoan Carlos Sánchez. Esta comunidad continúa sufriendo la contaminación minera y es símbolo de resistencia y defensa de la Casa Común y los Derechos Humanos.

Ascensión del Señor… ¡fiesta misionera!

Evangelio según san Mateo 28, 16-20: Un cierto día, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.

Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

JESÚS ESTÁ CON NOSOTROS

Mateo no ha querido terminar su narración evangélica con el relato de la Ascensión. Su evangelio, redactado en condiciones difíciles y críticas para las comunidades creyentes, pedía un final diferente al de Lucas.

Una lectura ingenua y equivocada de la Ascensión podía crear en aquellas comunidades la sensación de orfandad y abandono ante la partida definitiva de Jesús. Por eso Mateo termina su evangelio con una frase inolvidable de Jesús resucitado: «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

Esta es la fe que ha animado siempre a las comunidades cristianas. No estamos solos, perdidos en medio de la historia, abandonados a nuestras propias fuerzas y a nuestro pecado. Cristo está con nosotros. En momentos como los que estamos viviendo hoy los creyentes es fácil caer en lamentaciones, desalientos y derrotismo. Se diría que hemos olvidado algo que necesitamos urgentemente recordar: él está con nosotros.

Los obispos, reunidos con ocasión del Concilio Vaticano II, constataban la falta de una verdadera teología de la presencia de Cristo en su Iglesia. La preocupación por defender y precisar la presencia del Cuerpo y la Sangre de Cristo en la eucaristía ha podido llevarnos inconscientemente a olvidar la presencia viva del Señor resucitado en el corazón de toda la comunidad cristiana.

Sin embargo, para los primeros creyentes, Jesús no es un personaje del pasado, un difunto a quien se venera y se da culto, sino alguien vivo, que anima, vivifica y llena con su espíritu a la comunidad creyente.

Cuando dos o tres creyentes se reúnen en su nombre, allí esta él en medio de ellos. Los encuentros de los creyentes no son asambleas de hombres huérfanos que tratan de alentarse unos a otros. En medio de ellos está el Resucitado, con su aliento y fuerza dinamizadora. Olvidarlo es arriesgarnos a debilitar de raíz nuestra esperanza.

Todavía hay algo más. Cuando nos encontramos con un hombre necesitado, despreciado o abandonado, nos estamos encontrando con aquel que quiso solidarizarse con ellos de manera radical. Por eso nuestra adhesión actual a Cristo en ningún lugar se verifica mejor que en la ayuda y solidaridad con el necesitado. «Cuanto hicisteis a uno de estos pequeños, a mí me lo hicisteis».

El Señor resucitado está en la eucaristía alimentando nuestra fe. Está en la comunidad cristiana infundiendo su Espíritu e impulsando la misión. Está en los pobres moviendo nuestros corazones a la compasión. Está todos los días, hasta el fin del mundo.

José Antonio Pagola (www.gruposdejesus.com)

Sexto Domingo de Pascua

Jn 14, 15-21

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque. no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Comentario de J. A. Pagola

TENEMOS UN DEFENSOR

La verdad es que los seres humanos somos bastante complejos. Cada individuo es un mundo de deseos y frustraciones, ambiciones y miedos, dudas e interrogantes. Con frecuencia no sabemos quiénes somos ni qué queremos. Desconocemos hacia dónde se está moviendo nuestra vida. ¿Quién nos puede enseñar a vivir de manera acertada?

Aquí no sirven los planteamientos abstractos ni las teorías. No basta aclarar las cosas de manera racional. Es insuficiente tener ante nuestros ojos normas y directrices correctas. Lo decisivo es el arte de actuar día a día de manera positiva, sana y creadora.

Para un cristiano, Jesús es siempre su gran maestro de vida, pero ya no le tenemos a nuestro lado. Por eso cobran tanta importancia estas palabras del evangelio: «Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad».

Necesitamos que alguien nos recuerde la verdad de Jesús. Si la olvidamos, no sabremos quiénes somos ni qué estamos llamados a ser. Nos desviaremos del evangelio una y otra vez. Defenderemos en su nombre causas e intereses que tienen poco que ver con él. Nos creeremos en posesión de la verdad al mismo tiempo que la vamos desfigurando.

Necesitamos que el Espíritu Santo active en nosotros la memoria de Jesús, su presencia viva, su imaginación creadora. No se trata de despertar un recuerdo del pasado: sublime, conmovedor, entrañable, pero recuerdo. Lo que el Espíritu del Resucitado hace con nosotros es abrir nuestro corazón al encuentro personal con Jesús como alguien vivo. Solo esta relación afectiva y cordial con Jesucristo es capaz de transformarnos y generar en nosotros una manera nueva de ser y de vivir.

Al Espíritu se le llama en el cuarto evangelio «defensor» o «paráclito», porque nos defiende de lo que nos puede destruir. Hay muchas cosas en la vida de las que no sabemos defendernos por nosotros mismos. Necesitamos luz, fortaleza, aliento sostenido. Por eso invocamos al Espíritu. Es la mejor manera de ponernos en contacto con Jesús y vivir defendidos de cuanto nos puede desviar de él.