LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI

Domingo Ascensión del Señor. 28 de mayo de 2015

Mateo 28,16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, paro algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»


ABRIR EL HORIZONTE

Ocupados solo en el logro inmediato de un mayor bienestar y atraídos por pequeñas aspiraciones y esperanzas, corremos el riesgo de empobrecer el horizonte de nuestra existencia perdiendo el anhelo de eternidad. ¿Es un progreso? ¿Es un error?

Hay dos hechos que no es difícil comprobar en este nuevo milenio en el que vivimos desde hace unos años. Por una parte está creciendo en la comunidad humana la expectativa y el deseo de un mundo mejor. No nos contentamos con cualquier cosa: necesitamos progresar hacia un mundo más digno, más humano y dichoso.

Por otra está creciendo al mismo tiempo el desencanto, el escepticismo y la incertidumbre ante el futuro. Hay tanto sufrimiento absurdo en la vida de las personas y de los pueblos, tantos conflictos envenenados, tales abusos contra el planeta, que no es fácil mantener la fe en el ser humano.

Es cierto que el desarrollo de la ciencia y la tecnología están logrando resolver muchos males y sufrimientos. En el futuro se lograrán, sin duda, éxitos todavía más espectaculares. Aún no somos capaces de intuir la capacidad que se encierra en el ser humano para desarrollar un bienestar físico, psíquico y social.

Pero no sería honesto olvidar que este desarrollo prodigioso nos va «salvando» solo de algunos males y solo de manera limitada. Ahora precisamente que disfrutamos cada vez más del progreso humano empezamos a percibir mejor que el ser humano no puede darse a sí mismo todo lo que anhela y busca.

¿Quién nos salvará del envejecimiento, de la muerte inevitable o del poder extraño del mal? No nos ha de sorprender que muchos comiencen a sentir la necesidad de algo que no es ni técnica ni ciencia, tampoco ideología o doctrina religiosa. El ser humano se resiste a vivir encerrado para siempre en esta condición caduca y mortal. Busca un horizonte, necesita una esperanza más definitiva.

No pocos cristianos viven hoy mirando exclusivamente a la tierra. Al parecer no nos atrevemos a levantar la mirada más allá de lo inmediato de cada día. En esta fiesta cristiana de la Ascensión del Señor quiero recordar unas palabras de aquel gran científico y místico que fue P. Teilhard de Chardin: «Cristianos a solo veinte siglos de la Ascensión. ¿Qué habéis hecho de la esperanza cristiana?».

En medio de interrogantes e incertidumbres, los seguidores de Jesús seguimos caminando por la vida trabajados por una confianza y una convicción. Cuando parece que la vida se cierra o se extingue, Dios permanece. El misterio último de la realidad es un misterio de amor salvador. Dios es una puerta abierta a la vida eterna. Nadie la puede cerrar.

José Antonio Pagola

Jesús acompaña la misión de sus discípulos. Él estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Con María, Peregrinas del Amor

LMC comunidadAl igual que el que se pone en camino y sale de la comodidad de su casa, también nosotros, mochila a la espalda y con el corazón repleto de certezas y dudas, nos pusimos en camino… Peregrinas, en una carretera que no tiene inicio ni fin, por caminos ya recorridos y otros que jamás serán recorridos. Avanzamos por terrenos descubiertos, por suelos llenos de historia, por calles cubiertas de amor, avanzamos con Él, y plenas de María.

En el alma la certeza de que somos eternos peregrinos, de que somos a ejemplo de Jesús, simples refugiados en busca de Dios, en busca de plenitud y libertad…

Partimos y nacemos como comunidad en el mes de María, en el mes del centenario de las apariciones de Fátima. Nos sentimos enviados por María. Nos inspiramos en ella, misionera del sí. Buscamos seguir sus pasos. Ser misionero es sentirnos como María, embarazadas de Jesús, es ser sagrarios vivos de Jesús, es llevar a Jesús.

Estamos lejos pero nos sentimos peregrinos del Amor y nos sentimos en camino con todos los que se reúnen en Fátima festejando la gracia y la misericordia de las apariciones de Nuestra Señora junto al Papa. Sentimos que hoy, y tantos otros días, María aparece en nuestro corazón revistiéndonos de Gracia, Amor y Misericordia. Todos estamos llamados a seguirla. Todos estamos llamados a ser misioneros, como ella.

No tengas miedo. Pues hallaste gracia delante de Dios – dijo el ángel a María. Dios creándonos a su imagen nos mira constantemente con una ternura inmensurable, encuentra en cada uno de nosotros un refugio donde habitar. Nos llama. Nos envía continuamente ángeles para decirnos que no tengamos miedo, que Dios ha hallado gracia en nosotros y nos llama a ser misioneros del amor. Y nosotros le respondemos tantas veces con un ¿Yo? Pero… ¿yo, Señor? Nosotros, mirando a un lado y a otro lado, pensando que se equivocó. Nosotros, que tantas veces quedamos atrapados por las heridas que tenemos dentro, en nuestras angustias y en los caminos ya recorridos, prisioneros de las heridas e imperfecciones que tenemos. Nosotros que tantas veces dudamos de la llamada de Dios. Impidiendo recibir la llamada. ¡Confiemos! Seamos como María, respondamos SÍ, llevémoslo dentro de nosotros, donde quiera que vayamos.

La misión nos necesita. La misión nos convoca. La misión es difícil, pero si vamos juntos, cogidos de la mano, nos unimos a Dios, convirtiéndonos en instrumento de Dios, permitiendo que Él nos ame y trabaje en nosotros.

Digamos como María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador“.

Familia Comboniana
Comunidad “Lisanga”
Aitana, David, Neuza y Paula

Nueva comunidad de formación en Granada-España (entre LMC de Portugal y España

MISIÓN ENTRE LOS GUMUZ (ETIOPIA)

Basado en la entrevista y en los libros publicados por el padre Juan González Núñez, este documental muestra las claves de la misión comboniana entre los Gumuz de Etiopía, haciendo un repaso conciso y claro sobre lo que supone la misión en África, frecuentemente articulada en base al trípode de educación, sanidad y evangelización.

6º Domingo de Pascua (A). 21 de mayo de 2017

Juan 14,15-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.»

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD

Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos. Pronto no le tendrán a él. ¿Quién podrá llenar su vacío? Hasta ahora ha sido él quien ha cuidado de ellos, los ha defendido de los escribas y fariseos, ha sostenido su fe débil y vacilante, les ha ido descubriendo la verdad de Dios y los ha iniciado en su proyecto humanizador.

Jesús les habla apasionadamente del Espíritu. No los quiere dejar huérfanos. Él mismo pedirá al Padre que no los abandone, que les dé «otro Defensor» para que «esté siempre con ellos». Jesús lo llama «el Espíritu de la verdad». ¿Qué se esconde en estas palabras de Jesús?

Este «Espíritu de la verdad» no ha de ser confundido con una doctrina. Esta verdad no hay que buscarla en los libros de los teólogos ni en los documentos de la jerarquía. Es algo mucho más profundo. Jesús dice que «vive con nosotros y está en nosotros». Es aliento, fuerza, luz, amor… que nos llega del misterio último de Dios. Lo hemos de acoger con corazón sencillo y confiado.

Este «Espíritu de la verdad» no nos convierte en «propietarios» de la verdad. No viene para que impongamos a otros nuestra fe ni para que controlemos su ortodoxia. Viene para no dejarnos huérfanos de Jesús, y nos invita a abrirnos a su verdad escuchando, acogiendo y viviendo su Evangelio.

Este «Espíritu de la verdad» no nos hace tampoco «guardianes» de la verdad, sino testigos. Nuestro quehacer no es disputar, combatir ni derrotar adversarios, sino vivir la verdad del Evangelio y «amar a Jesús guardando sus preceptos».

Este «Espíritu de la verdad» está en el interior de cada uno de nosotros defendiéndonos de todo lo que nos pueda apartar de Jesús. Nos invita a abrirnos con sencillez al misterio de un Dios Amigo de la vida. Quien busca a este Dios con honradez y verdad no está lejos de él. Jesús dijo en cierta ocasión: «Todo el que es de la verdad escucha mi voz». Es cierto.

Este «Espíritu de la verdad» nos invita a vivir en la verdad de Jesús en medio de una sociedad donde con frecuencia a la mentira se la llama estrategia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia, orden establecido; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad…

¿Qué sentido puede tener la Iglesia de Jesús si dejamos que se pierda en nuestras comunidades el «Espíritu de la verdad»?

¿Quién podrá salvarla del autoengaño, las desviaciones y la mediocridad generalizada?

¿Quién anunciará la Buena Noticia de Jesús en una sociedad tan necesitada de aliento y esperanza?

J.A.Pagola

El Espíritu de la verdad, el Espíritu de Jesús, está presente entre nosotros. Se nos ofrece desde la gratuidad y el amor.

Puedes verlo, conocerlo, vivirlo, amarlo, compartirlo.

 

El obispo de Bangassou, tiroteado tras lograr salvar a miles de musulmanes, refugiándolos en la catedral y el seminario

Ocurrió el domingo 14 de mayo por la tarde. El obispo de Bangassou, el comboniano español Juan Jose Aguirre, salía de la mezquita del barrio musulmán de Tokoyo, donde había negociado el traslado de cerca de mil aterrorizadas personas que se habían refugiado en su interior a la misión católica.

De repente, varios de los milicianos que habían atacado la ciudad el dia antes abrieron fuego. Monseñor Aguirre resultó ileso, pero una persona que se encontraba a su lado cayó muerto al instante antes de que cesaran los disparos.

Pido disculpas de antemano, porque estas líneas las tenía que escribir el propio obispo, pero por lo que puedo seguir todos los días, sé que ahora mismo no tendrá tiempo porque lleva desde el sábado pasado sin tiempo ni para dormir intentando salvar vidas, y además las comunicaciones están cortadas desde el día 14.

El infierno descendió sobre Bangassou, una ciudad situada a 700 kilómetros al Este de Bangui, durante la madrugada del sábado 13, cuando unos 600 jóvenes bien armados atacaron la base de Naciones Unidas, cerca del aeródromo, y los barrios habitados por musulmanes. En el momento de escribir estas líneas aún no se conoce el número total de víctimas mortales porque la Cruz Roja no ha sido capaz de circular libremente, pero es muy probable que los muertos se cuenten por docenas. Algo mas de 3.000 habitantes de Bangassou han cruzado el rio para refugiarse en la vecina República Democrática del Congo. Un casco azul marroquí resulto muerto, y otro herido de gravedad.

Hacía varias semanas que la tragedia se venía gestando en los pueblos de los alrededores. La ciudad de Bangassou, desde finales de 2013, ha sido uno de los poquísimos lugares de la República Centroafricana que ha estado libre de la presión de los grupos armados, tanto los Selekas (de mayoría musulmana) como los anti-balaka.

La diócesis tuvo la sensatez de ponerse de acuerdo con la comunidad musulmana para poner en marcha un comité de mediación -presidido por el sacerdote que dirige Caritas- que ha desactivado tensiones antes de que los conflictos locales se desbordaran.

Pero las cosas empezaron a torcerse cuando la guerra que enfrenta actualmente a dos facciones de la Seleka: el UPC, de mayoría Peulh, y el FPRC, que agrupa a musulmanes de origen árabe junto con Gulas y Rungas del Noreste, que desde tiempo inmemorial no pueden ni ver a los Peulhs, se traslado mas al sur del pais. El FPRC ha hecho una alianza de conveniencia con los antibalakas y desde octubre del año pasado ha habido batallas con cientos de muertos en el centro del país, donde hay importantes comunidades Peulh y la paranoia se ha extendido por todas partes.

Ya el pasado 9 de mayo hubo un ataque de los antibalakas contra la ciudad de Alindao, que dejó 130 muertos. Al mismo tiempo, en muchos pueblos cercanos a Bangassou empezaban a formarse grupos de jóvenes que recibieron armas y entrenamiento. En un blog anterior conté como hace algo más de una semana atacaron un convoy de la MINUSCA, la misión de mantenimiento de la paz de la ONU, y tras matar a un casco azul marroquí secuestraron a cuatro más (tres camboyanos y otro marroquí), todos los cuales fueron asesinados cruelmente en sus bases.

Este grupo se niega a ser identificado con los anti-balaka y prefiere que se les llame «grupo de autodefensa». Cuando asaltaron Bangassou, el sábado pasado, fueron directamente a matar el mayor número de musulmanes en sus casas, demostrando cuál es su verdadera agenda.

El sábado pude hablar por teléfono con monseñor Aguirre, que me transmitió la indignación de la gente ante la falta de acción de los soldados marroquíes de la MINUSCA, que no tomaron las disposiciones necesarias para defender la ciudad de un ataque que hacía varios días se veía como inminente. Me conto también que en la catedral tenían refugiadas a 1500 personas, más otras 500 en el hospital. Pero lo que más le preocupaba era la suerte de 1000 musulmanes refugiados en la mezquita, que estaba rodeada de los furiosos milicianos, y en la que había numerosas personas heridas.

Tras pasar buena parte del sábado intentando calmar los ánimos y evitar una masacre, al día siguiente llego el Cardenal Nzapalainga (natural de la región) que venía de otra misión de paz en localidades del norte de la diócesis. Ambos religiosos consiguieron de los milicianos un acuerdo para dejar salir a los musulmanes hacia la misión católica.

Fue entonces cuando, inesperadamente, dispararon a monseñor Aguirre. No todo está claro sobre lo que sucedió después, porque las comunicaciones estaban cortadas, pero pocas horas después llegaron los cascos azules portugueses, que lograron asegurar la mezquita. Ayer lunes 15, tras mas arduas negociaciones por parte del Cardenal y del obispo de Bangassou, todos los musulmanes fueron trasladados al seminario menor de la diócesis, bajo escolta de los portugueses.

Mientras tanto, parece que los milicianos han aceptado retirarse de la ciudad y la situación empieza a calmarse. Sin embargo, surgen nuevos temores de otros ataques a ciudades mas al Este, donde hay importantes colonias de musulmanes. También podría ocurrir que el UPC y el FPRC se acercaran más a Bangassou, creando las condiciones para un conflicto a mucha mayor escala. Mientras tanto, la Iglesia Católica en Bangassou sigue utilizando las únicas armas que tiene: las de la palabra, el perdón, y la caridad hacia todos sin distinción.

(José Carlos Rodríguez,  Bangui).  www.religióndigital.com