LMC España

Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI

Presencia Comboniana en la JMJ de Cracovia

 Los misioneros combonian13873031_1059913760764271_6100231482766587638_nos estuvieron presentes en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) 2016 en Cracovia, con miembros de otros institutos religiosos, con este motivo, se organizó una exposición misionera de carácter vocacional para los miles de jóvenes de todos los continentes, que llegaron esa ciudad. El P. Guillermo Aguiñaga, mexicano, que trabaja en Varsovia (Polonia), y el P. Rafael Pérez, español, que trabaja en Valencia (España) han sido los misioneros combonianos que se inscribieron como voluntarios para colaboraren en la JMJ 2016.

Rafael Pérez, secretario de la Evangelización de los combonianos en España nos comparte su experiencia:

“Mi participación en la JMJ  ha sido como voluntario. Toda una experiencia maravillosa para poner en práctica la gran misión del servicio, la disponibilidad y la ayuda. Han sido unos días muy intensos en los que los jóvenes de multitud de países de mundo entero han compartido con el Papa Francisco momentos intensos de oración, de testimonios de entrega generosa al servicio del Evangelio, junto a la alegría de sentirse llamados a ser valientes discípulos de Jesús. La presencia y los mensajes de Papa Francisco, siempre han animado a los jóvenes a renovar su vocación y fortalecerla cuando están comprometidos en la cercanía del necesitado. Así es como los jóvenes se convierten en un futuro de esperanza para el mundo de hoy en el nombre de Jesús. Desde la fe y la respuesta vocacional, muchas necesidades de nuestro mundo están siendo respondidas.’’

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También Sergio y Dori, LMC de Chiclana, acompañaron a un grupo de jóvenes de su diócesis de Cádiz y Ceuta a la JMJ de Cracovia . Allí, junto a miles de jóvenes  peregrinos celebraron la fe  y la alegría de ser testigos de la esperanza, seguidores de Jesús y misioneros de su mensaje.

 

 

 

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Una historia de familia en Villa Ecológica

LMC ArequipaAndrea es una niña cariñosa y bonita de 3 años.  Vive en una casa muy pequeña y pobre en Arequipa, Perú, con sus padres y dos hermanos mayores. Su vida siempre fue difícil porque sus padres son muy pobres y su casa tiene sólo una bombilla, sin agua corriente, dos camas para dormir todos y ventanas rotas en toda la casa. La casa es muy fría, especialmente en las noches.

Sin embargo las cosas para esta familia han empeorado desde que su padre se cayó y se golpeó la cabeza aproximadamente hace seis semanas. El ya tenía una historia de convulsiones crónicas y necesitaba hospitalización por causa de un hematoma después de la caída. La familia, que tiene poco dinero, tuvo que usarlo para asumir los costes médicos.

La casa tiene una cociLMC Arequipana a gas pero no tienen dinero para comprar gas. Una letrina en la tierra para sus necesidades personales, y la familia comparte una manguera con la comunidad de donde tomar el agua. Las primeras palabras que me dijo Andrea no fueron “Tengo hambre” sino “Mi papa está en el hospital”. Esto me conmovió al ser consciente como ella estaba más preocupada por su padre que por ella misma.

A través de la vida de Andrea yo puedo escuchar las palabras de Jesús (Mt 5: 3, 6)

Bienaventurados los pobres de espíritu: porque de ellos es el Reino de los cielos.

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el Reino de los cielos.

Andrea y su familia no están buscando lástima, sino cubrir algunas de las necesidades básicas que todos deberíamos tener cubiertas: el agua y la comida. Karissa, yo, la hermana Yanibell, y nuestros amigos estamos usando una parte del dinero que nos dio la doctora Barbara De Lateur- muchísimas gracias por su ayuda. Con ella queremos construir a la familia una pequeña cocina, con el fin de proporcionar mejores comidas y llevar agua más cerca de la casa. También esperamos poder hacer más por estas personas maravillosas en el futuro, por ejemplo con la construcción de un cuarto de baño propio, si nuestros fondos lo permiten. También hemos pedido permiso a sus padres, con el fin de que Andera nos pueda visitar los fines de semana para que, también, puede compartir la comodidad de un ambiente seguro y cálido.

Dios los bendiga a todos por sus oraciones por Andrea y su familia. Y por favor recuerden la igualdad comienza con el primer paso de compartir.

LMC Arequipa

Matt, Karissa, Lidia, y Violet Misner

Domingo 19 T.O.(C) 07 de agosto de 2016

Lucas 12, 32-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.» Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?» El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

LOS NECESITAMOS MÁS QUE NUNCA

Las primeras generaciones cristianas se vieron muy pronto obligadas a plantearse una cuestión decisiva. La venida de Cristo resucitado se retrasaba más de lo que habían pensado en un comienzo. La espera se les hacía larga.¿Cómo mantener viva la esperanza? ¿Cómo no caer en la frustración, el cansancio o el desaliento?

En los evangelios encontramos diversas exhortaciones, parábolas y llamadas que solo tienen un objetivo: mantener viva la responsabilidad de las comunidades cristianas. Una de las llamadas más conocidas dice así: «Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas». ¿Qué sentido pueden tener estas palabras para nosotros, después de veinte siglos de cristianismo?

Las dos imágenes son muy expresivas. Indican la actitud que han de tener los criados que están esperando de noche a que regrese su señor, para abrirle el portón de la casa en cuanto llame. Han de estar con «la cintura ceñida», es decir, con la túnica arremangada para poder moverse y actuar con agilidad. Han de estar con «las lámparas encendidas» para tener la casa iluminada y mantenerse despiertos.

Estas palabras de Jesús son también hoy una llamada a vivir con lucidez y responsabilidad, sin caer en la pasividad o el letargo. En la historia de la Iglesia hay momentos en que se hace de noche. Sin embargo, no es la hora de apagar las luces y echarnos a dormir. Es la hora de reaccionar, despertar nuestra fe y seguir caminando hacia el futuro, incluso en una Iglesia vieja y cansada.

Uno de los obstáculos más importantes para impulsar la transformación que necesita hoy la Iglesia es la pasividad generalizada de los cristianos. Desgraciadamente, durante muchos siglos los hemos educado, sobre todo, para la sumisión y la pasividad. Todavía hoy, a veces parece que no los necesitamos para pensar, proyectar y promover caminos nuevos de fidelidad hacia Jesucristo.

Por eso, hemos de valorar, cuidar y agradecer tanto el despertar de una nueva conciencia en muchos laicos y laicas que viven hoy su adhesión a Cristo y su pertenencia a la Iglesia de un modo lúcido y responsable. Es, sin duda, uno de los frutos más valiosos del Vaticano II, primer concilio que se ha ocupado directa y explícitamente de ellos.

Estos creyentes pueden ser hoy el fermento de unas parroquias y comunidades renovadas en torno al seguimiento fiel a Jesús. Son el mayor potencial del cristianismo. Los necesitamos más que nunca para construir una Iglesia abierta a los problemas del mundo actual, y cercana a los hombres y mujeres de hoy.

José Antonio Pagola

Nuestro amigo Héctor

LMC Arequipa¡Saludos a todos!

La familia está bien en Arequipa y estamos ayudando a varios miembros en nuestra comunidad.

En primer lugar me gustaría presentarles a un amigo de Villa Ecológica se llama “Héctor”. Héctor tiene ochenta seis años y es un paciente frecuente en nuestra posta médica. Él es está fuerte para su edad y no tiene demasiados problemas.  Sin embargo no tiene un lugar para dormir, comer, o realizar las necesidades básicas que necesita para vivir.

Aunque alguien pueda pensar que Héctor “es pobre” porque no tiene mucho dinero, él no está limitado en sus actividades. Está sembrando un hermoso jardín cerca de su casa y le gusta venir a compartir tiempo en la clínica y con sus amigos. Es muy agradable y su amor por la vida es muy contagioso, nosotros le visitamos con frecuencia. Él hace vida las palabras del Evangelio de la misa de hoy, de la carta de San Pablo a los Colosenses 3, 1-5. 9-11: “Aspiren a los bienes de arriba, no a los de la tierra”. Ojala nosotros también estemos demostrando la misma fe que Héctor.

Ahora él no tiene casa pues se cayó después de un fuerte viento meses atrás y está durmiendo en una barraca estos días. Está arriba de la casa a su sobrina, y cuando hace mucho frío duerme en un carro viejo por las noches. No puede dormir en la casa de su sobrina porque es muy pequeña y tiene poquito espacio para los cinco miembros de su familia. Tenemos algo de dinero que hemos recibido de algunos amigos de nuestros de Estados Unidos que se llaman Ralph y Polly Winburn. ¡Muchísimas gracias por su ayuda!  Y vamos a construir una casa pequeña para Héctor y ojala podamos ampliar algo más en el futuro si conseguimos recoger algo más de dinero. Enviaré algunas fotos después de la construcción.

Gracias a todos por sus oraciones para Héctor y nuestro trabajo. Estamos muy agradecidos por todo su apoyo y les enviamos la paz y el amor de Jesús.

¡Volveremos a contactar pronto!

Matt, Karissa, Lydia, y Violet Misner. LMC LMC Arequipa

Experiencia misionera en Gulu

IMG-20160711-WA0000Ya han pasado unos veinte días desde que aterricé en tierras ugandesas, y la experiencia está siendo enriquecedora en todos los sentidos (social, cultural, emocional y espiritualmente).

Mi destino ha sido St. Jude Children´s Home, donde tres Laicas Misioneras Combonianas, dos polacas, Ewa y Joana, y una española, nuestra todoterreno Carmen Aranda, están desarrollando una labor encomiable.

Ewa se encarga de la gestión humana, es decir, de la labor diaria de todo el personal del Orphanage, tarea muy necesaria para que los niños perciban esa familiaridad y ese cariño en el quehacer diario de su “Mummy” y de todos los que velan por su cuidado. Es una lideresa nata, pero con toda la apertura de una misionera de su talante.

Joana acaba de volver de sus vacaciones, y ha renovado otros dos años de misión, cosa que los niños y las mummies agradecerán seguro, por su condición tan bondadosa y afable. Al parecer, su cometido va a empezar a ser la gestión del colegio de St. Jude, que nació como parte del Orphanage, pero que al que actualmente van niños y niñas sobre todo de Gulu y alrededores, y que pretenden se separe del  Orphanage y pase a depender de la Diócesis.

Y nuestra querida Carmen, como no podía ser menos, se encarga del “Hard-working”, es decir, de la gestión de los almacenes de alimentos (qué cantidad se recoge de la “farm”, el terreno cultivado que el propio St. Jude tiene con maíz, trigo, cereales, berenjenas, alubias, etc.; qué cantidad debe ser repartida para cada casa del Orphanage, en función de las necesidades de cada una y del número de niños; cuánto debe ser vendido al exterior y a qué precio, así como de venderlo y recoger el beneficio). Además, ha creado un taller de artesanía local (Hand-craft), con el fin de venderlo y poder remunerar a los chicos y chicas que se implican en este trabajo (un valor fundamental que se adquiere, el esfuerzo y la constancia en el trabajo, así como la necesaria recompensa por el mismo).

St. Jude Orphanage nació como una obra surgida de la misericordia y la entrega de una hermana (Sister Bernardeta), que durante la época de la guerra y las masacres genocidas que se produjeron en Uganda, a partir de los años noventa, fue consciente de la apremiante necesidad de ayudar a los niños huérfanos del conflicto, así como de la reinserción de los llamados “niños de la guerra”.

Actualmente, es el Hermano Elio, Comboniano italiano, el que organiza, dirige y gestiona St. Jude, en una incansable entrega, y siempre con la única preocupación de cómo hacer para un mejor crecer de los niños y niñas, qué será de ellos en el futuro, y cómo mantener esa obra que crece cada año providencialmente.

La expeIMG-20160731-WA0000riencia misionera está consistiendo en todo aquello que necesitan de nosotros desde St. Jude (principalmente por las tardes, clases de repaso con los niños de primaria; por las mañanas, labores de contabilidad, pintura de alguna clase, cuidado de algún tipo, etc.). No obstante, más que un hacer, está siendo un acompañar a la Comunidad y al Orphanage en la vida diaria, en las oraciones (comunitarias, con jóvenes y con madres) y en la eucaristía.

El día a día aquí transcurre con bastante organización, aunque no se podría hablar de monotonía, puesto que cada día tiene su “lucha” y su conseguir cambiar alguna situación, su pequeño reto (a veces no tan pequeño) y su preocupación.

Aquí en Gulu, tener siempre un mismo horario no implica para nada regularidad. El día comienza con fuerza temprano: a las 8 de la mañana salen por la puerta para la labor encomendada; tras un descanso a las 1 de la tarde para comer y reponer fuerzas, el día sigue hasta las 7 o 7:30 de la tarde (aquí ya casi noche). En ese transcurso, como no puede ser de otra manera, tienen muy presente la oración comunitaria y la eucaristía: los miércoles y los viernes comienzan el día con una eucaristía en Acholi en la Chapela las 6:30 de la mañana. Los mismos días, aprovechando la presencia de los padres, que tras la misa exponen el Santísimo, a las 11 de la mañana tenemos Adoración comunitaria. Los martes, a las 6:30 de la tarde, hay una catequesis con los jóvenes de St. Jude en la Capilla, con lectura de la Palabra, explicación y oración conjunta. A diario, a las 6:00 de la tarde aproximadamente se reza el Rosario, al que acuden tanto madres como niños (una gran experiencia rezar el Rosario en Acholi). Los domingos, la Eucaristía suele ser comunitaria, en alguna de las iglesias de Gulu, o bien en la Catedral.

La oración comunitaria es a las 7 o 7:30 de la tarde, dependiendo del día, después de todo el día de servicio y trabajo, en la pequeña capillita de la casa, cada día prepara la oración una persona diferente.

Los fines de semana, principalmente los domingos (porque los sábados siguen teniendo trabajo, aunque un poco más liviano), tenemos la oportunidad de acercarnos a conocer otras casas y misiones Combonianas de Uganda, bien sea de hermanas (Comboni sisters), hermanos (Comboni brothers) o padres Combonianos (Comboni fathers). Hasta ahora, hemos estado en la iglesia del Santo Rosario (Holy Rosary Church), fundada por Combonianos, pero llevada principalmente por ugandeses hoy día, y donde las misas suelen ser en Acholi.

IMG-20160731-WA0002Por otro lado, junto con la Comboni sister Encarnita, una mujer buena y entregada donde las haya, visitamos el Santuario de Iceme, consagrado a la Virgen, en la provincia de Lira, creado durante el conflicto ugandés, para que los católicos tuvieran presente a nuestra señora y mantuviesen la esperanza; en él, tuvimos la oportunidad de asistir a una eucaristía africana festiva (con canciones, instrumentos y bailes ugandeses) entrañable, y en la que el sacerdote, el padre Comboniano John, de Ecuador, nos presentó como Laicos Combonianos a la comunidad de fieles durante la misa, explicó nuestra labor, y nos hizo sentirnos realmente acogidos (aplausos, gritos de alegría africanos, saludos… momentos que guardaré en el corazón). Otro día, fuimos a la Catedral, también construida por los Combonianos, y visitamos la casa de las ComboniSister en Uganda, donde la sister Claudia, italiana, nos acogió con cariño, nos explicó la situación de las hermanas en Sudán del Sur; a ella se unieron después dos sister más, una italiana y otra ugandesa, un encanto las dos (la última incluso nos hizo una visita a St. Jude para conocer de cerca el Orphanage).

Por último, hacer mención del padre Comboniano Ramón, que vive en el Centro Misionero de Laibi, muy cerca de Gulu: este centro Comboniano, al lado del St. Joseph School, es el postulantado de Uganda y un centro de espiritualidad donde hacer retiros, ejercicios espirituales, etc. Allí, cada vez que hemos ido de visita, el padre Ramón nos ha acogido como en nuestra propia casa. Este buen hombre es un gran apoyo para la comunidad laica de St. Jude, tanto en el ámbito espiritual (oraciones, eucaristías, formación) como en el ámbito personal y más humano, acompañándolas en la vida diaria con su alegría, su personalidad y su cercanía.

En definitiva, no puedo más que dar gracias a Dios por este regalo que está siendo esta experiencia de comunidad y misión;  gracias por Ewa, Joana y principalmente por Carmen, que tanto me está acompañando personalmente este verano; gracias por la gente con la convivo en esta casa (Fulgen o Diana), por los voluntarios españoles o italianos con los que aquí trabajamos y por los trabajadores ugandeses; por los padres Combonianos, los hermanos Combonianos y las hermanas Combonianas que estoy teniendo la oportunidad de conocer, y que están siendo un ejemplo para mí; por los Laicos Combonianos de España, que tanto fuerza me envían, y que han sido el soporte para esta experiencia; a la iglesia ugandesa, que tanto bien está haciendo por la esperanza y el servicio a su pueblo; a mi familia, por dejarme sentir su incondicional apoyo y su amor en la distancia; gracias por los niños que aquí en St. Jude viven, que son una bendición del Cielo; y a ti Padre por el don de la Fe y la vocación misionera.

David Aguilera. LMC