Fiesta del Corazón de Jesús

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“Ante la cercanía de la fiesta del Sagrado Corazón –viernes, 27 de junio–, deseo compartir con vosotros esta pequeña reflexión que nos ayude a prepararnos para esta celebración clavando nuestra mirada en ese Corazón abierto del que brota nuestra vocación misionera para adquirir la fuerza que necesitamos en este momento de nuestro viaje como herederos de san Daniel Comboni.”

P. Enrique Sánchez G. mccj . Feliz fiesta a todos.

CON EL CORAZÓN EN LA MISIÓN

“No quiero ocultarle que, cuando la Santa Sede me confió esta vasta y laboriosa Misión, mi conciencia estaba un poco titubeante, porque conocía mi pequeñez ante esta tarea enorme que Dios me había confiado por medio de su augusto Vicario Pío IX, y pensaba que con nuestras fuerzas nunca conseguiríamos establecer el catolicismo en estas inmensas regiones, donde la Iglesia, a pesar de los esfuerzos de tantos siglos, jamás lo había logrado. Entonces puse toda mi confianza en el Sagrado Corazón de Jesús y decidí consagrarle todo el Vicariato el 14 de septiembre próximo. Al objeto de llevar a cabo esta gran solemnidad mandé una circular, y rogué al admirable apóstol del Sdo. Corazón, el P. Ramière, que redactara el acto de consagración solemne, lo cual ha hecho” (Escritos3318).

 

El 31 de julio de 1873, san Daniel Comboni escribió una carta al obispo Joseph De Girardin, de la que tomé el texto con el que comienzo mi reflexión. Lo elegí porque creo que contiene algunos elementos que se corresponden con la realidad con la que nos enfrentamos en este momento de nuestra vida y de nuestra misión y que merecen una reflexión por nuestra parte.

Igual que en aquel tiempo, también hoy se puede decir que la misión que nos es confiada sigue siendo extensa y laboriosa; a menudo parece mucho más exigente y más allá de nuestras fuerzas. Y esto – lo digo sin rodeos – no es una ayuda para vivir de manera responsable y eficaz.

Durante los últimos treinta años, el Instituto ha crecido considerablemente en su proceso de crecimiento y se ha involucrado en muchas áreas, en muchos frentes y en muchas diferentes realidades misioneras cuya magnitud es evidente. El inmenso Vicariato de África Central se ha convertido para nosotros en más inmenso todavía, con presencia en cuatro continentes y una diversidad de compromisos misioneros de tal envergadura que nos hace creer que estamos presentes en todos los frentes de la misión. Esta realidad, para algunos de nosotros, es un bien, parece responder a la necesidad de hacer valer el propio ego, nos hace creer que somos grandes misioneros porque llevamos el Evangelio a todos los rincones del planeta y a todas las periferias de la humanidad, para usar una expresión querida por el Papa Francisco.

A la inmensidad, hay que añadir el trabajo arduo, la complejidad de una misión que demanda, desafía, pasa por un cambio profundo debido a una transformación de ritmo frenético del mundo y de la sociedad. La misión está cambiando sin darnos tiempo para averiguar qué dirección hemos de tomar y, parece haber una incapacidad de nuestra parte, para anticiparnos a estos cambios.

Pero el trabajo duro que requiere la misión hoy se convierte en un desafío para nuestra creatividad, nuestra capacidad para cuestionarnos a nosotros mismos, a soñar para emprender nuevos caminos que nos pueden obligar a caminar sobre tierra desconocida, inédita – como se nos ha dicho hace algún tiempo – que nos invita a no vivir de rentas de la herencia recibida que puede llevarnos a engaño con una pretensión de omnipotencia misionera.

Comboni, en la carta de 1873, se confesaba indeciso debido a su pequeñez. También hoy nosotros estamos siendo conscientes de nuestra pequeñez, y no sólo porque las estadísticas nos recuerdan la continua disminución de la plantilla. Creo que no es sólo una cuestión de números. Creo que esta pequeñez nos puede hacer entender que nuestras fuerzas no serán nunca suficientes para responder a las necesidades de la misión y que el Señor no hace sus cálculos usando las matemáticas.

¿Hacia dónde dirigimos, pues, nuestra mirada, de dónde obtener las fuerzas y la luz para vivir radicalmente nuestra vocación misionera comboniana?

Creo que nosotros hoy día, la pequeñez tenemos que medirla mirando a nuestra calidad de vida, a la coherencia en el cumplimiento de nuestros compromisos y opciones personales de vida que hemos hecho, la capacidad de no ser superficiales en vivir nuestra consagración religiosa para la misión, nuestra total disponibilidad a ir a servir a los pobres, a la libertad de no dejarnos engañar por las sugestiones fáciles de nuestro mundo: el consumismo, la apariencia, la superficialidad, etc.

Sin apuntar con el dedo a nadie en particular, y sin querer regañar, creo que cada uno de nosotros debe reconocer su pobreza, su fragilidad y sus límites, la tentación de hacer de la misión algo que me es útil y no más bien una realidad que me llama a entregarme incondicionalmente y sin usar pretextos para convertirla en una “misión a medida”.

Tengo una profunda admiración por tantos hermanos que viven con enorme entusiasmo, dedicación y sacrificio en situaciones de violencia indescriptible y peligro. Son esas piedras ocultas con las cuales – Comboni nos recuerda – hay que construir la misión. Es a la luz de estos testimonios que tenemos que medir nuestra respuesta a la llamada que hemos recibido y vamos a descubrir lo grandes, fuertes y capaces que podremos ser para abrazar la misión que se nos confía hoy.

Comboni dijo humildemente: “Pensé que con nuestra propia fuerza nunca lo conseguiremos”. No es una expresión de desaliento, es la convicción de tener entre manos una misión que no depende de nosotros. “Así que deposité toda mi confianza en el Sagrado Corazón de Jesús”. Tal vez, y sin tal vez, creo que es el momento para nosotros de hacer esta experiencia de abandono y confianza, de fe y apertura a la acción de Dios en nuestras vidas, lo cual no quiere decir refugiarse en una espiritualidad que nos saque de la realidad, de la responsabilidad de participar en la construcción del Reino.

La confianza en el Sagrado Corazón de Jesús es para nosotros hoy día, el reto que nos obliga ensuciar nuestras manos en la transformación de nuestra humanidad, a través de nuestro servicio misionero, sin olvidar que el único y verdadero protagonista de la misión es y será siempre el Señor.

Si Comboni quiso consagrar su Vicariato a este Corazón, que no es sino el amor infinito de Dios por cada uno de nosotros y para todos aquellos a quienes somos enviados como misioneros suyos, creo que vale la pena que vivamos esta celebración, renovando nuestra disposición, para que el Señor cumpla en nosotros sus planes, reconociendo que la misión que brota de su corazón tiene un futuro brillante. Debemos vivir en la confianza de que el Señor no nos va a defraudar. Feliz fiesta a todos.

P. Enrique Sánchez G. mccj

Domingo 13 TO (A). 29 de junio de 2014

Mateo 16,13-19
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»
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SOLO JESÚS EDIFICA LA IGLESIA

El episodio tiene lugar en la región pagana de Cesarea de Filipo. Jesús se interesa por saber qué se dice entre la gente sobre su persona. Después de conocer las diversas opiniones que hay en el pueblo, se dirige directamente a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”.

Jesús no les pregunta qué es lo que piensan sobre el sermón de la montaña o sobre su actuación curadora en los pueblos de Galilea. Para seguir a Jesús, lo decisivo es la adhesión a su persona. Por eso, quiere saber qué es lo que captan en él.

Simón toma la palabra en nombre de todos y responde de manera solemne: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús no es un profeta más entre otros. Es el último Enviado de Dios a su pueblo elegido. Más aún, es el Hijo del Dios vivo. Entonces Jesús, después de felicitarle porque esta confesión sólo puede provenir del Padre, le dice: “Ahora yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

Las palabras son muy precisas. La Iglesia no es de Pedro sino de Jesús. Quien edifica la Iglesia no es Pedro, sino Jesús. Pedro es sencillamente “la piedra” sobre la cual se asienta “la casa” que está construyendo Jesús. La imagen sugiere que la tarea de Pedro es dar estabilidad y consistencia a la Iglesia: cuidar que Jesús la pueda construir, sin que sus seguidores introduzcan desviaciones o reduccionismos.

El Papa Francisco sabe muy bien que su tarea no es “hacer las veces de Cristo”, sino cuidar que los cristianos de hoy se encuentren con Cristo. Esta es su mayor preocupación. Ya desde el comienzo de su servicio de sucesor de Pedro decía así: “La Iglesia ha de llevar a Jesús. Este es el centro de la Iglesia. Si alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, sería una Iglesia muerta”.

Por eso, al hacer público su programa de una nueva etapa evangelizadora, Francisco propone dos grandes objetivos. En primer lugar, encontrarnos con Jesús, pues “él puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestras comunidades… Jesucristo puede también romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo”.

En segundo lugar, considera decisivo “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio” pues , siempre que lo intentamos, brotan nuevos caminos, métodos creativos, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual”. Sería lamentable que la invitación del Papa a impulsar la renovación de la Iglesia no llegara hasta los cristianos de nuestras comunidades.

J. Antonio Pagola

El peligro más grave que amenaza a los seres humanos y también a la Iglesia es la tentación de poder. La experiencia de Pedro y Pablo nos invita a anunciar por todo el mundo y a todo el mundo la Buena Noticia de que Dios nos ama. Nos toca dar testimonio de fe hoy y aquí, poniendo a Dios y a la persona en el centro.

Treinta millones de niños africanos sin escuela primaria

16_BambiniLos conflictos y la pobreza impiden que alrededor de 30 millones de niños asistan a la escuela primaria en el África subsahariana, lo que pone en riesgo uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que prevé escolarización para todos en 2015. La situación más crítica es la del África Occidental y Central, donde se registra la tasa más alta del mundo de niños que no van a la escuela: uno de cada tres, el 28%. En el sur y el este del continente, alrededor de 10 millones de niños en edad escolar se quedan en casa.

Los datos están contenidos en dosinformes del Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), que fueron publicados con motivo del Día del Niño Africano, el 16 de junio.

Tras un periodo de “progreso sustancial” entre 2000 y 2007, durante el cual el número de niños que no asistían a clases en todo el mundo disminuyó de 106 millones a 60, desde hace al menos cinco años “no ha habido ningún cambio positivo”, señalan los documentos.

Los más desfavorecidos (y aún más si son mujeres) son los niños que viven en las zonas rurales, que son más pobres y están más alejadas de las escuelas. El mayor obstáculo es la falta de recursos financieros de las familias, que a menudo no pueden pagar las cuotas escolares, uniformes, libros ni útiles.

Las dos agencias de la ONU sugieren que los gobiernos adopten políticas para apoyar a las familias, pero también que destinen más recursos y una mayor calidad a la educación. Después de entrar a la escuela, la otra dificultad de los alumnos es su capacidad para finalizar el ciclo: sólo el 65% termina la escuela primaria. [MISNA]

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A vino nuevo, odres nuevos

Acabamos de llegar del fin de semana de encuentro de la zona sur. Ha sido un fin de semana intenso de reflexión, evaluación y de ir dando pequeños pasos hacia adelante. De mirarnos cómo estamos y hacia dónde queremos ir, de dejarnos interpelar y sobretodo de estar atentos al murmullo del Espíritu.

Una frase que ha resonado fuertemente estos días en nuestros oídos y en nuestros corazones ha sido que si queremos resultados nuevos tenemos que hacer cosas nuevas. En lenguaje más evangélico : no podemos echar vino nuevo en nuestros odres viejos. A vino nuevo, odres nuevos. Y es que tras ponernos a la escucha de la Palabra hemos de “ponernos a tiro” y abrirnos a la novedad que el Evangelio suscita en cada uno de nosotros.

Nos sentimos en camino y en búsqueda. Sabemos que no se trata de tomar decisiones a la ligera sino que éstas se tienen que ir “cociendo” a fuego lento para que así sepan mejor y así podamos disfrutarlas juntos.

Además, damos gacias a Dios por el reencuentro con Carmen tras su experiencia comunitaria en Londres y por todo lo que ésta nos ha aportado como comunidad.

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Hoy se celebra el Día Mundial del Refugiado

Refugiados en Bangui, capital de RCA
Refugiados en Bangui, capital de RCA

Cincuenta millones es el número de personas que han huido de sus hogares en el mundo, la mayoría a causa de una guerra. Lo acaba de decir el Alto Comisariado de la ONU para los Refugiados, quien ha añadido que se trata de la cifra más alta desde el fin de la Segunda Guerra. Son seis millones más que el año pasado. Otro dato preocupante: la mitad de estas personas que sufren lo indecible son niños, muchos de ellos sin estar acompañados de un adulto, pillados en mitad de conflictos como Siria, República Centroafricana o Sur Sudán que la comunidad internacional ha sido incapaz de prevenir o de ayudar a resolver. Conviene reflexionar sobre estos datos en esta jornada de hoy (20 de junio) en que se celebra el Día Mundial del Refugiado.

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