Domingo de Pentecostés (A). 8 de junio de 2014

Juan 20,19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

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VIVIR A DIOS DESDE DENTRO

Hace algunos años, el gran teólogo alemán, Karl Rahner, se atrevía a afirmar que el principal y más urgente problema de la Iglesia de nuestros tiempos es su “mediocridad espiritual”. Estas eran sus palabras: el verdadero problema de la Iglesia es “seguir tirando con una resignación y un tedio cada vez mayores por los caminos habituales de una mediocridad espiritual”.

El problema no ha hecho sino agravarse estas últimas décadas. De poco han servido los intentos de reforzar las instituciones, salvaguardar la liturgia o vigilar la ortodoxia. En el corazón de muchos cristianos se está apagando la experiencia interior de Dios.

La sociedad moderna ha apostado por “lo exterior”. Todo nos invita a vivir desde fuera. Todo nos presiona para movernos con prisa, sin apenas detenernos en nada ni en nadie. La paz ya no encuentra resquicios para penetrar hasta nuestro corazón. Vivimos casi siempre en la corteza de la vida. Se nos está olvidando lo que es saborear la vida desde dentro. Para ser humana, a nuestra vida le falta una dimensión esencial: la interioridad.

Es triste observar que tampoco en las comunidades cristianas sabemos cuidar y promover la vida interior. Muchos no saben lo que es el silencio del corazón, no se enseña a vivir la fe desde dentro. Privados de experiencia interior, sobrevivimos olvidando nuestra alma: escuchando palabras con los oídos y pronunciando oraciones con los labios, mientras nuestro corazón está ausente.

En la Iglesia se habla mucho de Dios, pero, ¿dónde y cuándo escuchamos los creyentes la presencia callada de Dios en lo más hondo del corazón? ¿Dónde y cuándo acogemos el Espíritu del Resucitado en nuestro interior? ¿
Cuándo vivimos en comunión con el Misterio de Dios desde dentro?

Acoger al Espíritu de Dios quiere decir dejar de hablar solo con un Dios al que casi siempre colocamos lejos y fuera de nosotros, y aprender a escucharlo en el silencio del corazón. Dejar de pensar a Dios solo con la cabeza, y aprender a percibirlo en los más íntimo de nuestro ser.

Esta experiencia interior de Dios, real y concreta, transforma nuestra fe. Uno se sorprende de cómo ha podido vivir sin descubrirla antes. Ahora sabe por qué es posible creer incluso en una cultura secularizada. Ahora conoce una alegría interior nueva y diferente. Me parece muy difícil mantener por mucho tiempo la fe en Dios en medio de la agitación y frivolidad de la vida moderna, sin conocer, aunque sea de manera humilde y sencilla, alguna experiencia interior del Misterio de Dios.

José Antonio Pagola

 

 

 

Keepod, el USB que quiere acabar con la brecha digital

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Nissan Bahar y Franky Imbessi son los creadores de una nueva iniciativa que pretende disminuir la brecha digital existente en los países empobrecidos.

 Se trata de Keepod Unite, un dispositivo USB que permite almacenar un sistema operativo completo en sus 8GB. De este modo el usuario puede acceder a su propio escritorio en cualquier ordenador, sin tener que depender de un solo aparato.

Este concepto nace bajo el nombre de Proyecto Mathare, cuyo principal objetivo es ofrecer la posibilidad de acceder a un ordenador personal a la población de los slums de Nairobi, en Kenia.

La finalidad es impulsar el desarrollo de proyectos educativos, de prevención del VIH, agricultura y derechos humanos en esta zona. Pero este es solo el primer paso para convertir el Keepod en una realidad aplicable a cualquier otro lugar del planeta.

Este sistema operativo portátil, basado en el OS Android 4.4, permite la separación del software y el hardware, haciendo posible el uso de ordenadores viejos y desfasados. Como es de suponer, el acceso a dispositivos informáticos en países como Kenia es muy limitado, y de esta forma cualquier usuario podría obtener y mantener su propia configuración personal sin necesidad de poseer un ordenador.

En principio, el USB no busca la consecución de ningún beneficio económico, pero sí una posibilidad de autofinanciación. La idea es que trabajadores locales adquieran los aparatos aplicando las instalaciones pertinentes, y que luego los vendan obteniendo ganancias.

Aunque parezca increíble a ojos de cualquier ciudadano occidental, unos 5 billones de personas (cerca del 70% de la población mundial) no sabe lo que es disfrutar de las ventajas de Internet o de tener un ordenador personal. Por eso, si Keepod alcanza el éxito esperado, supondría una herramienta fundamental para contribuir a la unificación de un mundo desigual a través de aquello que está marcando la era actual, la tecnología.

fuente:http://enpositivo.com

Después de la masacre de Fátima, los misioneros deciden quedarse

Hace tres días hubo por lo menos 17 víctimas en una Iglesia de Bangui. El padre Gabriele Perobelli, comboniano: «Estoy aquí desde hace 16 años y no tengo ninguna intención de irme»

 

Bangui problemes-humanitairesLa llamaron “la masacre de Fátima”. Tal vez fueron 17 los muertos: «en realidad no sabemos cuántas víctimas hay, ni heridos. Se llevaron a mucha gente, pero todavía no hay información confinable», comentó desconsolado el párroco, Gabriele Perobelli, misionero comboniano. Pero después cambia tono: «Nosotros, como sea, continuaremos, no abandonaremos la parroquia. ¡Yo estoy aquí desde hace 16 años y no tengo ninguna intención de irme!».

El miércoles, 28 de mayo, a las tres de la tarde, un grupo de hombres armados atacó la Iglesia dedicada a Nuestra Señora de Fátima, en Bangui. Es una Iglesia de frontera, a 500 metros de la línea roja que la separa del barrio del mercado, el “PK-5”, uno de los más peligrosos de la ciudad. Fue una hora de terror: «Arrojaron dos bombas de mano contra las puertas de la Iglesia, querían entrar. Dispararon contra la gente, a los transeúntes, a los desplazados que albergábamos en nuestro terreno. Por suerte, muchos no estaban en ese momento». El padre Gabriele estaba en la casa parroquial cuando escuchó los primeros disparos. «Quería salir, pero mis parroquianos me lo impidieron. Nos quedamos todos en la habitación, que estaba llena de gente». Entre las víctimas hay un sacerdote centroafricano, que estaba de paso y había buscado refugio en la parroquia.

La parroquia de Nuestra Señora de Fátima llegó a alojar hasta cuatro mil desplazados, cristianos y musulmanes, que buscaban un sitio seguro, protegido, frente a los constantes desórdenes que desde hace más de un año destrozan la vida en la República Centroafricana. Ahora, tras la masacre de Fátima, solamente hay 20. Los demás están desperdigados en otras Iglesias. «El jueves pasado, en la Misa de la Ascensión, éramos más los sacerdotes que los fieles», comentó el padre Gabriele. «Las campanas –añadió– suenan regularmente, antes de cada celebración. Pero después de este ataque, los fieles que vienen a misa con nosotros son, a lo mucho, unos quince. Antes eran entre doscientos y trescientos».

Con el padre Gabriele viven otros tres misioneros combonianos: un etíope, un ugandés y un centroafricano. Todos están todavía allí: «Desgraciadamente, la gente está muy enojada, la situación se está complciando cada vez más. Lo único que podemos hacer es rezar para que las cosas cambien», comentó el sacerdote.

Después de la masacre ha habido en Bangui manifestaciones en contra del gobierno y también hubo algunos enfrentamientos, que provocaron por lo menos tres muertos y una decena de heridos. La población protesta porque no se siente protegida ni por el gobierno ni por los militares franceses de la misión Sangaris, ni por los africanos de la Misca.

Davide Demichelis

Masacre en la Iglesia de Nuestra Señora de Fátima en Bangui

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Por proximidad en el tiempo tenía que haber escrito esto ayer (jueves 30 de mayo), pero no pude. Cuando leí que más de 15 personas habían sido masacradas el día anterior en la Iglesia de Nuestra Señora de Fátima, en Bangui un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Es la iglesia de los misioneros combonianos en la capital centroafricana, donde solía ir a menudo los domingos cuando me encontraba allí. Inmediatamente llamé al padre Moses Ottii, ugandés, vicario de la iglesia quien me contó más detalles. Él mismo tiene que usar aún muletas para andar después de recuperarse de una puñalada que recibió hace un par de meses cuando trató de salvar a una chica musulmana a la que querían matar a machetazos a la puerta de la iglesia.

Lo del miércoles29 de mayo fue una masacre programada.

José Carlos Rodríguez

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Ascensión del Señor (A). 1 de junio de 2014

Mateo 28,16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, paro algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

 

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NO CERRAR EL HORIZONTE

Ocupados solo en el logro inmediato de un mayor bienestar y atraídos por pequeñas aspiraciones y esperanzas, corremos el riesgo de empobrecer el horizonte de nuestra existencia perdiendo el anhelo de eternidad. ¿Es un progreso? ¿Es un error?. Hay dos hechos que no es difícil comprobar en este nuevo milenio en el que vivimos desde hace unos años. Por una parte, está creciendo en la sociedad humana la expectativa y el deseo de un mundo mejor. No nos contentamos con cualquier cosa: necesitamos progresar hacia un mundo más digno, más humano y dichoso.

Por otra parte, está creciendo el desencanto, el escepticismo y la incertidumbre ante el futuro. Hay tanto sufrimiento absurdo en la vida de las personas y de los pueblos, tantos conflictos envenenados, tales abusos contra el Planeta, que no es fácil mantener la fe en el ser humano.

Sin embargo, el desarrollo de la ciencia y la tecnología esta logrando resolver muchos males y sufrimientos. En el futuro se lograrán, sin duda, éxitos todavía más espectaculares. Aún no somos capaces de intuir la capacidad que se encierra en el ser humano para desarrollar un bienestar físico, psíquico y social.

Pero no sería honesto olvidar que este desarrollo prodigioso nos va “salvando” solo de algunos males y de manera limitada. Ahora precisamente que disfrutamos cada vez más del progreso humano, empezamos a percibir mejor que el ser humano no puede darse a sí mismo todo lo que anhela y busca.

¿Quién nos salvará del envejecimiento, de la muerte inevitable o del poder extraño del mal? No nos ha de sorprender que muchos comiencen a sentir la necesidad de algo que no es ni técnica ni ciencia ni doctrina ideológica. El ser humano se resiste a vivir encerrado para siempre en esta condición caduca y mortal.

Sin embargo, no pocos cristianos viven hoy mirando exclusivamente a la tierra. Al parecer, no nos atrevemos a levantar la mirada más allá de lo inmediato de cada día. En esta fiesta cristiana de la Ascensión del Señor quiero recordar unas palabras del aquél gran científico y místico que fue Theilhard de Chardin: “Cristianos, a solo veinte siglos de la Ascensión, ¿qué habéis hecho de la esperanza cristiana?”.

En medio de interrogantes e incertidumbres, los seguidores de Jesús seguimos caminando por la vida, trabajados por una confianza y una convicción. Cuando parece que la vida se cierra o se extingue, Dios permanece. El misterio último de la realidad es un misterio de Bondad y de Amor. Dios es una Puerta abierta a la vida que nadie puede cerrar.

José Antonio Pagola