Quedada en twitter para rendir homenaje a los misioneros

 Te esperamos en Twitter el martes 14 de octubre de 21:30 horas para rendir homenaje a los misioneros.

Los misioneros son esas personas capaces de dejar todo atrás para ir donde los demás les necesiten, donde haga falta una palabra que lleve la alegría y la vida. Aunque muchas veces su labor queda en un segundo plano, ellos son verdaderos testimonios del valor de la fe y la fuerza del amor.

Para ayudar a que la tarea de los misioneros sea conocida por todos, OMP España e iMisión se han unido para lanzar una quedada en Twitter el día 14 de octubre, martes, a las 21:30h. La conversación se vivirá en torno al hashtag #iDomund, recordando que el domingo 19 de octubre se celebrará la Jornada Mundial de las Misiones (Domund). Solo utilizaremos este hastag a partir del comienzo de la jornada.

Si conoces la historia de algún misionero, si tú mismo has vivido esa experiencia, si quieres agradecerles su entrega, rendirles un homenaje, contar a todos que los misioneros son un bien para la humanidad, o simplemente informarte, ¡no lo dudes! Únete a la fiesta. Muchos te estarán esperando el martes en la Red, ¡y muchos más en los otros cinco continentes!

Por ahora, puedes ir pensado qué te sugiere el lema de este año: “Renace la alegría”.
¡Nos vemos el 14!

Quedada organizada por:

http://imision.org/

@iMision20

http://www.domund.org/

@OMP_ES

 

LOS MISIONEROS UN BIEN PARA LA HUMANIDAD

Los misioneros, un bien para la humanidad” era el título que las OMP propuso al obispo de Bangassou, monseñor Juan José Aguirre y al filósofo y ensayista Javier Gomá, y que fue moderado por el decano de Humanidades y Comunicación de la Universidad San Pablo CEU.

Al menos por un día, el filósofo consideró insuficiente “la palabra”, ante “la ejemplaridad de la obra” que el misionero ponía delante de él. La elocuencia del ejemplo de un obispo misionero hizo que el filósofo le cediera con gusto su protagonismo. El obispo misionero representaba a los “13.000 misioneros españoles que se encuentran esparcidos por todo el mundo danto nuestra vida gota a gota, porque creemos que todo hombre es mi hermano”.

Javier Gomá, que ha hecho de la “ejemplaridad” una de las categorías de su pensamiento filosófico, afirmó que mientras la filosofía occidental no ha dudado en recurrir al ejemplo en el comportamiento de filósofos griegos como Sócrates, ha marginado “la ejemplaridad de Jesús”, que tiene al menos dos interesantes aportaciones que hacer al pensamiento: lo “extraordinario” de su propia ejemplaridad y “el postulado de la Resurrección, que trae la esperanza ante la muerte”. Haciendo un guiño al lema del Domund 2014, “Renace la alegría”, Gomá reconoció que “la esperanza produce alegría”, porque permite aceptar que la injusticia y la aniquilación no tienen la última palabra.

En este contexto, afirmó que “pese a sus errores”, la Iglesia sigue “transmitiendo la esperanza del Evangelio, administrando los Sacramentos y promoviendo la caridad”. En la “caridad organizada”, orgullo de la Iglesia como institución, Gomá destacó a Cáritas como organizadora de la caridad “en nuestros suelos” y “a las misiones, fuera de nuestros suelos”. El filósofo recordó a los 13.000 misioneros que realizan esta caridad que “devuelve la dignidad a las personas”, que transmiten “la superejemplaridad de Jesús, y la esperanza que produce alegría”. Una ejemplaridad, que según el filósofo, siempre resulta “conflictiva”, como atestiguó monseñor Aguirre y reconoció Gomá.

“Me llamo Juan José Aguirre, soy misionero comboniano y hace 34 años que estoy en Centroáfrica”. Con esta sencilla presentación inició su intervención el obispo de Bangassou; una intervención que comenzó recordando el consejo que le dieron en su primer día de misión: “Déjate querer por ellos […] como has tocado la forma de Cristo en la Misa, tócalos a ellos”.

Desde ese día, monseñor Aguirre ha conocido a “muchísimos misioneros”, como los que ilustran la exposición de OMP, cuyo folleto no soltó en ningún momento de las manos mientras hablaba. Entre los misioneros que ha conocido, citó en primer lugar a “los contemplativos, que, con su oración, hacen que las misiones marchen”; a los que están pasando la “tremenda” tragedia del ébola en Sierra Leona, Guinea Conakry, Liberia… “fuera del perímetro” en el que siguen trabajando algunos médicos; los que ayudan a nacer a bebés fruto de violaciones a niñas de 13 años; los que están “los siete días de la semana con enfermos de Sida”… “He visto misioneros maestros, cirujanos, a los que han fundado escuela, y a los que se quedan en medio de la guerra”.

Por su propia experiencia (a principios de 2013, los yihadistas robaron todo lo que el obispo tenía en la misión), monseñor Aguirre admitió que “la misión es muy frágil, no es nuestra, es del Señor; por eso, si se cae, empezamos de nuevo”. El obispo denunció que en su zona “han degollado a más de 200 personas” y se preguntó “cómo se puede hacer algo así en nombre de Dios”. Aunque “la vida del misionero” es muchas veces un aparente fracaso, luego Dios sabe transformarla en triunfo”, subrayó.

Tras sus respectivas intervenciones, el misionero respondió luego a algunas preguntas del filósofo y hubo tiempo también para la participación de los asistentes. Gomá le preguntó a monseñor Aguirre cómo se veía Occidente desde África y sobre todo que opinaba de “las fronteras”. El obispo relató su experiencia con “miles de personas que huyen del Congo. Allí no hay vallas, ni policía, ni centros de acogida… sólo un río por donde entran quienes huyen del peligro y tienen derecho a vivir en paz”. Esta dimensión de “cientos de miles de inmigrantes internos en el corazón de África” no es noticia en Occidente, como observó el misionero; además, denunció que aquí no se “empatice” con el inmigrante y se pregunte “cuántos” llegan a la valla y no “por qué” lo hacen.

Finalmente, el filósofo y el misionero coincidieron en que “ante el límite de lo ininteligible, lo mejor es el silencio” y monseñor Aguirre dijo que “cuando no entiendes, te callas, sigues adelante y miras a Jesús; porque en el Evangelio están todas las respuestas”.

DOMUND 2014: «RENACE LA ALEGRÍA»

 

RENACE  “Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”, dice el papa Francisco al comienzo de Evangelii gaudium. El fin de la actividad misionera es, precisamente, ayudar a extender esta alegría, anunciando a todos la posibilidad de nacer y renacer al encuentro con Dios. Un renacer a la vida de fe que, como tantas veces comprueban los misioneros, ha sido revelado a los pequeños.

LA ALEGRÍA  Los misioneros, llenos de alegríacomparten con los más pobres su experiencia de encuentro con Cristo. Los que reciben este anuncio y abren su corazón a él, también acogen con alegría la Buena Noticia de la salvación. Francisco nos dice cuál es el origen de esta gran alegría: “El amor con el que el Padre ama al Hijo llega hasta nosotros y, por obra del Espíritu Santo, nos envuelve”; y además, nos invita a participar en ella: “¿Por qué no entramos también nosotros en este río de alegría?”.

Cartel DOMUND 2014

La sonrisa de unos jóvenes de diferentes razas sirve para expresar la alegría que brota del corazón. Sus miradas y sus manos entrelazadas reflejan que esa alegría nace de un corazón limpio y una fraternidad profunda. Es la fuerza contagiosa del amor, que descubren a cada paso quienes viven la experiencia de la misión.

La palabra “DOMUND” evoca por sí sola la vida de entrega de los misioneros y nuestro deseo de ayudarles en su tarea. Y sobre un fondo morado, algunos signos evocan aspectos de la actividad misionera de la Iglesia. Facilitar la cooperación con esa labor es el objetivo de las Obras Misionales Pontificias.

Seguimos en Camino

Hemos comenzado el mes de octubre, mes  que nos acercará al mundo de la misión.

Entre otras muchas actividades, el grupo de Pastoral Juvenil de la Familia Comboniana retomará los encuentros mensuales de jóvenes para todos aquellos que quieran conocer más de cerca la misión.

Si quieres conocer jóvenes con inquietud como tú y compartir ilusiones y proyectos, éste puede ser tu sitio.

Te esperamos. ¡Comienza a caminar con nosotros!

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MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES 2014

Queridos hermanos y hermanas,

Hoy en día todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo. Por eso es tan urgente la misión ad gentes, en la que todos los miembros de la Iglesia están llamados a participar, ya que la Iglesia es misionera por naturaleza: la Iglesia ha nacido “en salida”. La Jornada Mundial de las Misiones es un momento privilegiado en el que los fieles de los diferentes continentes se comprometen con oraciones y gestos concretos de solidaridad para ayudar a las Iglesias jóvenes en los territorios de misión. Se trata de una celebración de gracia y de alegría. De gracia, porque el Espíritu Santo, mandado por el Padre, ofrece sabiduría y fortaleza a aquellos que son dóciles a su acción. De alegría, porque Jesucristo, Hijo del Padre, enviado para evangelizar el mundo, sostiene y acompaña nuestra obra misionera. Precisamente sobre la alegría de Jesús y de los discípulos misioneros quisiera ofrecer una imagen bíblica, que encontramos en el Evangelio de Lucas (10, 21-23).

1. El evangelista cuenta que el Señor envió a los setenta discípulos, de dos en dos, a las ciudades y pueblos, a proclamar que el Reino de Dios había llegado, y a preparar a los hombres al encuentro con Jesús. Después de cumplir con esta misión de anuncio, los discípulos volvieron llenos de alegría: la alegría es un tema dominante de esta primera e inolvidable experiencia misionera. El Maestro Divino les dijo: «No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo. En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: “Te doy gracias, Padre” (…). Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: “¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis!”» (Lc 10, 20-21.23).

Son tres las escenas que presenta Lucas. Primero, Jesús habla a sus discípulos, y luego se vuelve hacia el Padre, y de nuevo comienza a hablar con ellos. Jesús quiere hacer partícipes a los discípulos de su alegría, que es diferente y superior a la que ellos habían experimentado.

El Domund ayuda a los misioneros españoles en las misiones2.-Los discípulos estaban llenos de alegría, entusiasmados con el poder de liberar a las personas de los demonios. Sin embargo, Jesús les advierte que no se alegren tanto por el poder recibido, cuanto por el amor recibido: «porque vuestros nombres están escritos en el cielo» (Lc 10, 20). A ellos se les ha concedido la experiencia del amor de Dios, e incluso la posibilidad de compartirlo. Y esta experiencia de los discípulos es motivo de gozosa gratitud del corazón de Jesús. Lucas ha captado este júbilo en una perspectiva de comunión trinitaria: «Jesús se llenó de alegría en el Espíritu Santo» dirigiéndose al Padre y alabándolo. Este momento de íntima alegría brota de lo más profundo de Jesús como Hijo hacia su Padre, Señor del cielo y de la tierra, el cual ha ocultado estas cosas a sabios y entendidos, y se las ha revelado a los pequeños (Lc 10, 21). Dios ha escondido y revelado y, en esta oración de alabanza, se pone de relieve, sobre todo, lo revelado. ¿Qué es lo que Dios ha revelado y ocultado? Los misterios de su Reino, el afirmarse del señorío divino en Jesús y la victoria sobre Satanás.

Dios ha escondido todo esto a aquellos que están demasiado llenos de sí y pretenden saberlo ya todo. Están como cegados por su propia presunción y no dejan espacio a Dios. Uno puede pensar fácilmente en algunos de los contemporáneos de Jesús a los que Él mismo advirtió en varias ocasiones, pero se trata de un peligro que siempre ha existido, y que nos afecta también a nosotros. En cambio, los “pequeños” son los humildes, los sencillos, los pobres, los marginados, los sin voz, los que están cansados y oprimidos, a los que Jesús ha llamado “benditos”. Se puede pensar fácilmente en María, en José, en los pescadores de Galilea, y en los discípulos llamados a lo largo del camino, en el curso de su predicación.

3.-«Sí, Padre, porque así te ha parecido bien » (Lc 10, 21). La expresión de Jesús debe entenderse con referencia a su júbilo interior, donde la benevolencia indica un plan salvífico y benevolente del Padre hacia los hombres. En el contexto de esta bondad divina Jesús se regocija, porque el Padre ha decidido amar a los hombres con el mismo amor que Él tiene por el Hijo. Además, Lucas nos recuerda el júbilo similar de María, «Proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador» (Lc 1, 46-47). Se trata de la buena Noticia que conduce a la salvación. María, llevando en su vientre a Jesús, el Evangelizador por excelencia, al encontrarse con Isabel, exulta de gozo en el Espíritu Santo, cantando el Magnificat. Jesús, al ver el éxito de la misión de sus discípulos y, por tanto, su alegría, se regocija en el Espíritu Santo y se dirige a su Padre en oración. En ambos casos, se trata de una alegría por la salvaciónque tiene lugar, porque el amor con el que el Padre ama al Hijo llega hasta nosotros y, por obra del Espíritu Santo, nos envuelve, nos hace entrar en la vida de la Trinidad.

El Padre es la fuente de la alegría. El Hijo, su manifestación, y el Espíritu Santo, su animador. Inmediatamente después de alabar al Padre, como dice el evangelista Mateo, Jesús nos invita: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera» (Mt 11,28-30). «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría» (Exhort. Ap. Evangelii gaudium, 1).

De este encuentro con Jesús, la Virgen María ha tenido una experiencia completamente singular y se ha convertido en “causa nostrae laetitiae”. Y los discípulos han recibido la llamada a estar con Jesús y a ser enviados por Él a predicar el Evangelio (Mc 3, 14), y así se ven colmados de alegría. ¿Por qué no entramos también nosotros en este río de alegría?

Más 13.000 misioneras españoles en las misiones4.-«El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada» (Exhort. Ap. Evangelii gaudium, 2). Por lo tanto, la humanidad tiene una gran necesidad de alcanzar la salvación que nos ha traído Cristo. Los discípulos son aquellos que se dejan aferrar cada vez más por el amor de Jesús y marcar por el fuego de la pasión por el Reino de Dios, para ser portadores de la alegría del Evangelio. Todoslos discípulos del Señorestán llamados a cultivar la alegría de la evangelización. Los obispos, como principales responsables del anuncio, tienen la tarea de promover la unidad de la Iglesia local en el compromiso misionero, teniendo en cuenta que la alegría de comunicar a Jesucristo se expresa tanto en la preocupación de anunciarlo en los lugares más distantes, como en una salida constante hacia las periferias del propio territorio, donde hay más personas pobres en espera.

En muchas regiones escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. A menudo esto se debe a la ausencia en las comunidades de un fervor apostólico contagioso, por lo que les falta entusiasmo y no despiertan ningún atractivo. La alegría del Evangelio nace del encuentro con Cristo y del compartir con los pobres. Animo, por tanto, a las comunidades parroquiales, asociaciones y grupos a vivir una vida fraterna intensa, fundada en el amor a Jesús y atenta a las necesidades de los más desfavorecidos. Donde hay alegría, fervor, deseo de llevar a Cristo a los demás, surgen las verdaderas vocaciones. Entre éstas no deben olvidarse las vocaciones laicales a la misión. Hace tiempo que ha crecido la conciencia de la identidad y de la misión de los fieles laicos en la Iglesia, así como la sensibilización de que ellos están llamados a desempeñar un papel cada vez más importante en la difusión del Evangelio. Por eso es importante una formación adecuada, en vista de una acción apostólica eficaz.

5.- «Dios ama al que da con alegría» (2 Cor 9, 7). La Jornada Mundial de las Misioneses también un momento parareavivar el deseo y el deber moral de la participación gozosa en la misión ad gentes. La contribución económica personal es el signo de una oblación de sí mismos, en primer lugar al Señor y luego a los hermanos, para que la propia ofrenda material se convierta en un instrumento de evangelización de una humanidad que se construye sobre el amor.

Queridos hermanos y hermanas, en esta Jornada Mundial de las Misiones mi pensamiento se dirige a todas las Iglesias locales. “¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora!” (Exhort. Ap. Evangelii gaudium, 83). Os invito a sumergiros en la alegría del Evangelio y a alimentar un amor capaz de iluminar vuestra vocación y vuestra misión. Os exhorto a recordar, como en una peregrinación interior, el “primer amor” con el que el Señor Jesucristo ha caldeado el corazón de cada uno, no por un sentimiento de nostalgia, sino para perseverar en la alegría. El discípulo del Señor persevera en la alegría cuando está con Él, cuando hace su voluntad, cuando comparte la fe, la esperanza y la caridad evangélica.

A María, modelo de evangelización humilde y alegre, dirigimos nuestra oración, para que la Iglesia, casa de puertas abiertas, se convierta en un hogar para muchos, una madre para todos los pueblos y haga posible el nacimiento de un nuevo mundo.

FRANCISCO,
8 de junio solemnidad de Pentecostés