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Laicos Misioneros Combonianos y ONGD AMANI


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Último adiós al P. Carlos Bascarán, Misionero Comboniano en Brasil

Ayer nos enterábamos de la muerte del P.  Carlos Bascarán en Brasil a causa del COVID-19.  Nos unimos en oración como familia Comboniana por su eterno descanso y damos gracias a Dios por su vida entregada a la misión y a los más pobres. Descanse en Paz.

Compartimos  una de las últimas entrevistas  que se le hizo mientras estaba de vacaciones por España en junio de 2019.

“A sus 78 años, el padre Carlos Bascarán se mantiene en plena forma, tal vez porque de joven jugó en el Oviedo y nunca ha dejado de practicar deporte. Este asturiano trabaja desde 1983 en Brasil, y solo cada dos o tres años se deja caer por España para descansar un poco y saludar a su familia. Antes de que en septiembre regrese de nuevo a su destino misionero, hemos aprovechado para hablar con él.

Brasil es muy grande, ¿dónde trabajas exactamente?
Estoy trabajando en Santa Rica, a unos veinte kilómetros de la ciudad de João Pessoa, en el estado de Paraíba, que es la parte más oriental de Brasil. Concretamente vivimos en un barrio de Santa Rita que se llama Marco Mora y que es una zona bastante abandonada. La población es muy variada: blancos, mestizos, negros y también algunos descendientes de indígenas. La gran mayoría son pobres.

Háblanos de tu comunidad comboniana.
Aunque jurídicamente seamos una única comunidad, por motivos pastorales vivimos en dos lugares diferentes. Dos combonianos y yo vivimos en la parroquia y otros dos, que llevan la parte más específicamente social, viven a apenas unos kilómetros. Tomamos la opción de separarnos porque consideramos que el trabajo social exige una presencia en medio de la gente para no parecer un funcionario. Una vez por semana nos encontramos, tenemos una pequeña reunión para compartir experiencias, celebramos la misa y comemos juntos.

Trabajas en la parroquia, ¿verdad?
Sí, en la parroquia de San Antonio. Yo soy vicario parroquial y aporto todo lo que puedo. Seguimos la línea pastoral de los Combonianos en Brasil, centrada en las comunidades de bases, la formación de líderes y el acompañamiento de jóvenes. Estamos en esta parroquia desde hace nueve años y yo personalmente llevo siete años, y estamos muy contentos con los líderes que están surgiendo. Son fantásticos, son gente pobre pero de una generosidad enorme. Además de la familia y de la lucha diaria por salir adelante ellos dedican tiempo y esfuerzos para animar y coordinar las comunidades y grupos pastorales.

¿Y la parte social?

Tenemos dos actividades fundamentales: un centro de defensa de los derechos humanos y un centro formativo para jóvenes y niños. En torno al primero ha surgido una cooperativa de reciclaje. Son unas 30 o 40 personas acompañadas por el hermano comboniano Francesco D’Aiuto. Al principio trabajaron mucho para concienciar a las familias del barrio y conseguir que separen los desechos en función del reciclado. Ahora pasan una vez por semana a recoger los desechos, lo reciclan en la cooperativa y lo venden. Sacan buenos beneficios porque evitan a los intermediarios. Al inicio fue difícil coordinar el grupo pero ahora funciona muy bien.
El centro de formación acoge a niños y jóvenes en horarios extraescolares para ayudarles en la formación humana, música, baile de la capoeira, informática, taller de costura, etc. Participan unos 200 chicos y chicas. En el barrio había más violencia antes, creemos que nuestro centro y otro parecido que existe para chicos más mayores han contribuido en la disminución de la violencia.

Para terminar cuéntanos algo de la realidad actual de Brasil.
Actualmente la Iglesia está trabajando mucho en vistas al próximo Sínodo de la Amazonia, pero queda mucho para involucrar a la sociedad. A nivel político, desde enero tenemos nuevo presidente. Bolsonaro llegó al poder con el objetivo de acabar con la corrupción, lo cual es positivo pero yo creo que no lo va a conseguir. Además, Bolsonaro es militar y no ha escondido una cierta falta de preparación para los asuntos políticos que puede pasarle factura. Ya veremos.

Gracias Carlos y buenas vacaciones.”


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El lugar de la justicia, la paz y la integridad de la creación en la formación comboniana

Compartimos el documento de la Secretaría General para la Formación y de la Secretaría General de la Misión sobre el lugar de la Justicia, la Paz y la Integridad de la Creación (JPIC) en la formación comboniana. Una buena oportunidad para seguir profundizando en este aspecto fundamental de nuestra vocación misionera.

JPIC en la formación comboniana


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Peregrinación con el testimonio de la Hna. Sandra y la carta del P. Ezequiel

En estos 35 años del martirio del Siervo de Dios, el Padre Ezequiel Ramin, la Hermana Sandra Amado, misionera comboniana, comparte su testimonio de vida y vocación y Andressa lee una de las cartas del P. Ezequiel.

Junto con la iglesia en Brasil y en el mundo, recordamos las causas que movieron al misionero y Siervo de Dios. Hoy en día las mismas causas continúan moviendo a la sociedad y a la Iglesia, especialmente a través de la acción del Papa Francisco. Tanto la Laudato Si como en el Sínodo para la Amazonia, o en la reunión de jóvenes economistas, convocada en Asís, son ejemplos de la actual y urgente lucha por la justicia. La vida es un derecho de todos, pero una vida digna exige grandes cambios en el sistema al que, por desgracia, acabamos acostumbrándonos.

Que el Padre Ezequiel sea un ejemplo y una inspiración para nosotros en este difícil momento de la vida: pandemia, confinamiento, desmantelamiento de derechos y políticas públicas. La vocación misionera es una dedicación al servicio de la vida, de la persona humana y de la naturaleza. La solidaridad es una llamada para todos, pero al entregarse a la misión se fortalece y se convierte en un sueño y un proyecto de vida. Ezequiel Ramin, la hermana Creusa, la hermana Dorothy, Chico Mendes, el padre Josimo, con tantos mártires que quedaron en el camino, ayudan a nuestro pueblo a levantarse para defender sus derechos y sus vidas.

Familia Comboniana en Misión


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BEATIFICACIÓN DEL PADRE GIUSEPPE AMBROSOLI, MISIONERO COMBONIANO EN UGANDA

Será el segundo misionero comboniano en llegar a los altares después de nuestro fundador. Con alegría compartimos con ustedes esta bendición de Dios.

La beatificación del P. Giuseppe Ambrosoli está prevista para el 22 de noviembre en Kalongo, Uganda, siempre y cuando lo permita la pandemia del Coronavirus que está asolando el planeta.

Está la disponibilidad del Cardenal Giovanni Angelo Becciu, representante del Papa Francisco, para asistir a la celebración de la ceremonia de la Beatificación.

Invitamos a todos nuestros lectores y amigos a acoger el profundo significado misionero de esta beatificación como última expresión de la misionariedad: el intercambio de dones entre Iglesias hermanas y la total identificación de un misionero, en nuestro caso el próximo beato Ambrosoli, con “los suyos” de Kalongo.

Por tanto, no cesamos de invocarlo en este momento de preocupación de la humanidad ante el coronavirus, él que hizo frente a la enfermedad con una tenaz determinación y sobre todo con fe y caridad sobrenaturales.

Más adelante compartiremos una pequeña biografía suya.


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Mensaje con motivo de la Fiesta del Corazón de Jesús

“¿Cuál es tu nombre?… Ve a tu casa y cuéntale a tu gente lo que el Señor ha hecho por ti, y como te ha tenido compasión” (Marcos 5:9ss).

“En el misterio del Corazón de Cristo, el comboniano contempla en su expresión más plena las actitudes interiores de Cristo y las asume: su entrega incondicional al Padre, la universalidad de su amor al mundo y su participación en el dolor y en la pobreza de los hombres” (RV 3.2).

“La formación debe actuar prioritariamente sobre las motivaciones interiores, debe educar a confrontar con creatividad, competencia y maleabilidad los desafíos que surgen de las nuevas situaciones” (Ratio Fundamentalis 113).

Queridos hermanos,

En comunión con toda la humanidad, este año celebramos la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús en un contexto especial marcado por la pandemia COVID-19 que sigue causando tanta tragedia y tanto dolor en todo el mundo. Con confianza en Dios, invitamos a todo el Instituto a contemplar el Corazón de Jesús abriendo nuestros corazones al misterio de su amor para que este misterio nos toque profundamente, nos libere de todas las fuerzas que nos mantienen encerrados o aislados y nos ayude a ser fieles a nuestra consagración y misión.

Como discípulos misioneros entramos en la escuela del Corazón de Jesús que en su humanidad nos revela el Corazón de Dios – el Corazón del Buen Pastor que sale, se acerca a los pobres, a los que sufren y a los marginados, invitándolos a salir de su aislamiento, de su incomunicabilidad, capacitándolos para una comunicación de calidad y un encuentro con Dios, con los demás y con la creación. Se trata de participar en el amor que siempre se comunica, siempre comunica y que, si es recibido por el amado, siempre da vida, hace crecer y educa en el sentido del latín educere que significa sacar lo mejor del ser humano.

Es importante señalar que este encuentro con Cristo pone en marcha un proceso de conversión, de formación y de transformación a lo largo de toda la vida o, mejor aún, de “Cristificación” que debe tocar el corazón. El contenido de nuestra formación inicial y permanente es la santidad y la transformación de la persona en Jesucristo a través de la doble orientación complementaria de seguimiento imitatio Christi. Por lo tanto, convertirse en otro Cristo es para nosotros un privilegio de la misericordia y la gracia de Dios y, al mismo tiempo, una responsabilidad que nos compromete a la coherencia de vida con la pregunta apremiante e incesante: “¿Qué habrían hecho Cristo y Comboni en esta misma situación histórica mía?”.

Es Cristo con su corazón misericordioso quien toma la iniciativa y viene a nosotros preguntándonos a cada uno de nosotros “¿Cuál es tu nombre?”, como lo hizo con el hombre demonizado en el pasaje mencionado anteriormente. Conocer el nombre de alguien, según la mentalidad judía, significa entrar en las profundidades de su realidad personal. Esta pregunta muestra su interés por nosotros como personas amadas por Dios y nos ayuda, por un lado, a hacer una relectura de lo que hay dentro y alrededor de nosotros para descubrir lo que nos importa, quiénes somos realmente y, por otro lado, nos muestra el Corazón de Cristo lleno de amor, compasión, aceptación y ternura.

Como Misioneros Combonianos del Corazón de Jesús, tanto en el camino de la formación de base como en el de la formación permanente, cultivar, profundizar, contextualizar nuestra espiritualidad del Corazón de Jesús sigue siendo el compromiso personal del Instituto, para que toda nuestra vida se adhiera cada vez más al “programa” contenido en nuestro nombre.

Es Cristo quien, con su corazón acogedor, muestra plena confianza en el otro, en cualquier situación en la que se encuentre, lo valora y lo devuelve a la comunidad, a su hogar, símbolo del lugar de la esperanza, la cordialidad y el calor humano. La vida está hecha de comunicación y relaciones de calidad. San Daniel Comboni habla del Instituto “como el Cenáculo de Apóstoles, un punto luminoso que envía tantos rayos que brillan, calientan y revelan juntos la naturaleza del Centro del que emanan” (cf. Escritos 2648). La esperanza es que el Corazón de Jesús sea verdaderamente el centro de comunicación entre todos los hermanos y que podamos hacer de la comunicación fraterna un instrumento para construir puentes, para unir y compartir la belleza de ser hermanos en misión en un momento marcado por los contrastes, la división y la indiferencia.

Por último, reflexionando este año sobre el tema de la ministerialidad en el Instituto, oremos para que la contemplación del Corazón de Jesús nos ayude a vivir la misión no superficialmente como un papel a desempeñar, sino como un servicio al Reino de Dios y como expresión de un proceso de kénosis y descentralización. ¡Feliz solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús para todos vosotros!

El Secretario General de la Formación y el Consejo General MCCJ