MIRAR LA REALIDAD CON OJOS ABIERTOS

“Solidaridad y caridad: una mirada interconectada desde la fe y la humanidad” fue el lema del último encuentro de ComboJoven este año pastoral 2024/25.

Del 6 al 8 de junio de 2025, la comunidad de los misioneros combonianos de Granada acogió el 9º encuentro de ComboJoven. El lema, “Solidaridad y caridad»: una mirada interconectada desde la fe y la humanidad” nos interpeló profundamente durante un fin de semana lleno de vida, reflexión y compromiso donde, más que hablar, intentamos mirar y escuchar.

Desde el inicio, el ambiente nos empujó a pensar más allá de nuestras propias realidades. La solidaridad y la caridad dejaron de ser conceptos abstractos para convertirse en experiencias vivas, encarnadas. Descubrimos que no vivimos solos. Estamos conectados, no solo por redes o economía, sino por algo mucho más profundo: la humanidad compartida. Y esa conexión exige responsabilidad.

La solidaridad es un valor humano universal presente en todas las culturas y tradiciones más allá de la fe. Sin embargo, como cristianos, comprendimos que la caridad es el corazón de nuestra misión. No se trata solo de ayudar, sino de amar con gestos concretos, de cuidar, de estar. De hacernos cargo del otro, como hizo Jesús.

Uno de los momentos más impactantes fue recordar a misioneros como el P. José Javier Parladé, quien permaneció en Sudán tantos años, incluso en situaciones de violencia cuando muchos otros se fueron. Cuando en abril de 2023 estalló el actual conflicto en Sudán tuvo que ser evacuado porque apenas tenía movilidad. Él repetía: “No puedo abandonar a esta gente” y esta frase nos atravesó: caridad es quedarse, es amar hasta el final.

Guiados por la carta del papa Francisco “La esperanza no defrauda nunca» y su encíclica «Fratelli Tutti” descubrimos cinco dimensiones de la caridad: Caridad como alma de la misión, como misericordia concreta, como compromiso con los pobres, como testimonio de fe y como actitud cotidiana. Entendimos que cuidar de los otros, incluso del medio ambiente, también es caridad. Porque cuidar la casa común es cuidar a los más frágiles.

Pero también miramos la realidad con ojos abiertos, sin filtros. Escuchamos cifras de guerra, hambre, migración, exclusión y dolor. Duele, pero no podemos mirar hacia otro lado porque nuestra fe no nos permite ser indiferentes. El Evangelio nos llama a estar presentes. A ser esa diferencia. A mirar como Jesús mira.

Durante el encuentro, reconocimos que abrir los ojos no es fácil. Se necesita conversión. Se necesita dejar que nuestra mirada sea transformada. Y para eso, la mejor escuela es el encuentro con el otro. La experiencia concreta que hicimos en el proyecto “Calor y Café” fue clave. Esta asociación asiste a personas pobres y necesitadas ofreciendo comida, duchas, reparto de comida y lavandería. Nosotros no fuimos a “dar cosas”, fuimos a estar. Estar con personas que viven en la calle, escuchar, conversar, compartir silencios, soportar incluso gritos. Porque en ese estar se manifiesta la misericordia. No como lástima, sino como reconocimiento mutuo de dignidad. La lección fue clara: la gente necesita ser escuchada más que asistida. Necesitan calor humano, no solo café caliente. Y muchas veces, nuestras ganas de servir pueden hacernos olvidar eso.

Terminamos el encuentro con un llamado fuerte a ser “hombres y mujeres de Pascua”, señales vivas de resurrección. Aunque no podamos cambiar el mundo entero, sí podemos ser presencia de alegría, esperanza y ternura allí donde estamos. En cada gesto. En cada día. Con lo que somos y tenemos. Sin esperar a tener más.

Una pregunta que nos planteamos fue: ¿Cómo podemos responder a tantas situaciones? Sí, la realidad nos sobrepasa, pero la esperanza no puede anestesiarse. Debemos mantenernos lúcidos, atentos, y comprometidos. El mundo necesita testigos. Gente que no abandona. Gente que se queda. Gente que se entrega. Como decía San Daniel Comboni: “Salvar África con África.” Hoy podríamos decir: “Salvar el mundo con humanidad.”

El último encuentro de ComboJoven del año 2024/25 nos dejó este mensaje grabado en nuestros corazones: “Salvar el mundo con humanidad, mirar como Jesús y quedarse, incluso cuando todo empuja a huir.” Es tiempo de actuar, de amar sin límites. De transformar los viernes santos de tantas personas en Pascuas vividas.

Por Justus Oseko

Reunión de los Consejos Generales de la Familia Comboniana en Roma

Los Consejos Generales de la Familia Comboniana –Misioneros Combonianos, Hermanas Combonianas, Seculares Combonianas y Alberto de la Portilla, coordinador del Comité Central de los Laicos Misioneros Combonianos– se reunieron para su encuentro anual desde la mañana del sábado 31 de mayo hasta el mediodía del domingo 1 de junio, en la Curia General de los Misioneros Combonianos en Roma.

Movidos por el deseo de reavivar la esperanza en la excepcional circunstancia del Jubileo, la tradicional reunión anual de los Consejos Generales de la Familia Comboniana (CGFC) tuvo lugar el sábado 31 de mayo y el domingo 1 de junio en la Curia General de los Misioneros Combonianos. Estuvieron presentes los miembros de los Consejos Generales de los Misioneros Combonianos (MCCJ), las Hermanas Misioneras Combonianas (CMS) y las Misioneras Seculares Combonianas (Csm); los Laicos Misioneros Combonianos (LMC) estuvieron representados por Alberto de la Portilla, coordinador del Comité Central. Se dio la bienvenida al padre Austine Radol Odhiambo, nuevo miembro del Consejo General de los MCCJ, que asistía a su primera reunión del CGFC.

Los participantes vivieron intensas horas de oración, reflexión y diálogo, con la ayuda del hermano Alberto Degan, que presentó una reflexión titulada «Spes non Confundit – El Espíritu, fuente de nuestra esperanza».

La reunión comenzó con un prolongado intercambio tanto sobre el camino recorrido por las distintas ramas durante el último año (destacando los principales pasos dados) como sobre los posibles desarrollos en un futuro próximo.

A continuación, se discutió la situación en Sudán, que preocupa a toda la Familia Comboniana, especialmente a los misioneros combonianos y a las hermanas combonianas, que en los últimos años han visto reducida su presencia a un pequeño grupo de hermanos y hermanas. Si el deseo de volver a Sudán es claro y fuerte en todos, es igualmente claro que no podemos simplemente «volver» para hacer lo que se hacía en el pasado, porque el Sudán de hoy ya no es el Sudán que conocíamos. El diálogo continuará sobre la base de información más precisa, que esperamos obtener en breve.

A continuación, se habló del Foro Comboniano sobre Ecología Integral, que tendrá lugar en Belém (Brasil) en noviembre, coincidiendo con la 30ª Conferencia de las Partes (Cop30), ofreciendo información precisa e indicaciones para facilitar la participación en el evento.

A continuación, el diálogo definió mejor cómo proceder en la redacción de un instrumento común (un dossier o un suplemento, que se presentará en las revistas y sitios web combonianos, o se dará a conocer a través de otras herramientas de difusión de la Familia Comboniana) que pueda poner de relieve el hecho de que el carisma comboniano se vive como un origen carismático común, pero con diferentes estilos de presencia y diferentes énfasis metodológicos, y con una fructífera colaboración en los diferentes contextos geográficos y culturales.

Por último, se identificó la interculturalidad como un tema de gran relevancia e interés común, que será el tema subyacente de la próxima reunión de los CGFC, que tendrá lugar los días 30 y 31 de mayo de 2026 en la Casa General de las Hermanas Combonianas en Roma.

La reunión concluyó con la celebración de la Eucaristía de la Solemnidad de la Ascensión del Señor, presidida por el padre David Domingues, vicario general de los MCCJ.

Hermano Daniele Giusti, Mccj

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Misioneros Combonianos (MCCJ): Padre Luigi Fernando Codianni, superior general; P. David Costa Domingues, vicario general; Hno. Alberto Lamana Cónsola; P. Austine Odhiambo Radol; P. Elias Essognimam Sindjalim.

Misioneras Combonianas (CMS): Madre Anne Marie Quigg, superiora general; Hna. María de los Ángeles Funes Rodríguez, vicaria general; Hna. Alicia Vacas Moro; Hna. Veronicah Wangũi Mbũrũ; Hna. Eleonora Reboldi.

Misioneras Seculares Combonianas (MSC): Maria Pia Dal Zovo, responsable general; Teresa Zenere; Gina Villamar Ultreras; Clara Macedo Ferreira Carvalho; Paola Ghelfi.

Laicos Misioneros Combonianos (LMC): Alberto de la Portilla, coordinador del Comité Central.

Os deseamos una Feliz Pascua

«Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo… Pusieron allí a Jesús»

(Juan 19,41-42)

Queridísimos hermanos,

obreros de la esperanza y compañeros de misión, sembradores de vida donde a menudo parece que solo hay muerte, en estos días santos, mientras celebramos la Pascua, sentimos con fuerza el deseo de llegar hasta vosotros con un pensamiento, una oración, un abrazo fraterno.

Estáis donde la vida a menudo parece ceder ante la muerte, donde la dignidad humana es humillada, aplastada, ofendida, a veces completamente negada. Y, sin embargo, precisamente allí, estáis llamados a ser presencia viva del Resucitado de muchas formas: al elegir estar junto a los últimos, al levantar a quien ha caído, al devolver la dignidad a quien ha sido pisoteado…

Muchas veces el mundo os puede parecer un desierto árido, pero es entonces cuando debéis creer que, sostenidos por el Espíritu, podéis contribuir a transformarlo en un “jardín” exuberante de vida. Sí, porque la Resurrección no es solo un acontecimiento del pasado que recordamos con devoción. Es un fuego que aún arde, una fuerza que sigue abriendo sepulcros, rodando piedras demasiado pesadas, haciendo brotar vida incluso en los terrenos más áridos.

Vosotros lo sabéis bien, aunque a veces os cueste creerlo. A veces os sentís solos, abrumados por el cansancio, desanimados por la dureza de la realidad y por los escasos frutos de vuestro compromiso. Y sin embargo, seguís dando testimonio cada día de la victoria de Cristo sobre la muerte con gestos simples y silenciosos: un niño alimentado, una herida curada, una mano tendida, una palabra dicha en la oscuridad, una división sanada, un odio borrado… Cada uno de vuestros actos de amor es una negación de la lógica de la muerte.

¡Es Pascua, es vida nueva! Aunque muchas veces estéis rodeados de ambientes fétidos y venenosos, sabéis seguir creyendo – y viendo – que incluso el más terrible y oscuro “sepulcro” está siempre situado – de modo misterioso pero real – en un “edén”. No todos creen y ven esto. ¡Vosotros sí!

En medio de un mundo que a veces parece enloquecido – marcado por guerras, muertes, miserias, violencias, indiferencia, opresión y explotación, desastres ecológicos, y terribles crisis humanitarias y ambientales, causadas en su mayoría por la humanidad – vosotros seguís creyendo en “jardines en el desierto”, plantándolos y expandiéndolos, en el espíritu de una verdadera “ecología integral”, y sembrando belleza incluso donde parece imposible, apostando por el bien, la fraternidad, la vida plena, el Evangelio.

Sabemos bien que no es fácil. A veces el peso del dolor que os rodea parece mayor que vuestras fuerzas. Pero no lo olvidéis: el sepulcro está vacío. El Señor ha resucitado. Y con Él, cada uno de vuestros gestos tiene sentido. Cada decisión es luz. Cada paso es Evangelio encarnado. Cada niño que vuelve a sonreír, cada enfermo sanado, cada injusticia combatida, cada acto de amor realizado es señal de que la piedra del sepulcro puede ser rodada y que la vida vuelve a florecer.

No estáis solos. Cristo camina con vosotros.

Y nosotros, vuestros hermanos, estamos a vuestro lado con la oración, la amistad, la admiración y la gratitud. El mundo os necesita a vosotros, que no os rendís ante la oscuridad, sino que persistís en encender lámparas, aunque parezcan inútiles.

La Pascua es precisamente esto: saber que, a pesar de todo, la Vida tiene la última palabra; que donde el mundo pone una tumba, Dios construye una cuna; que hay salvación incluso donde parece haber solo desesperación y muerte.

Os llevamos en el corazón. Os encomendamos al Resucitado. Y rezamos para que viváis una verdadera Pascua: de luz, de esperanza, de consuelo y de renovado impulso. ¡Es Pascua! El Amor ha vencido. Y seguirá venciendo. Con vosotros, en vosotros, gracias a vosotros.

Con afecto y solidaridad, os deseamos una Feliz Pascua de esperanza y vida nueva.

El Consejo General MCCJ

Del cólera en África al Covid en Italia: la misionera que salva vidas mientras anuncia el Evangelio

En estos días recordamos que, hace cinco años, comenzó la pandemia del Covid19, un tiempo que marcó al mundo entero. Compartimos el testimonio de la hna Lilia Navarrete, misionera comboniana. Enfermera de vocación, pasó años en Mozambique luchando contra la epidemia de cólera. En 2020, la pandemia del coronavirus le sorprendió en Italia, donde se dedicó a cuidar y acompañar a las misioneras ancianas de su comunidad.