Gustavo Gutiérrez: “La Teología de la Liberación es una carta de amor a Dios, a la Iglesia y al pueblo”

«No ha habido nunca una condena a la teología de la Liberación. Nunca. Si se ha dicho esto no es verdad. Sí hubo un diálogo con la congregación (de la Doctrina de la Fe). Un diálogo muy crítico, eso es verdad«, explicó Gutiérrez al ser preguntado sobre la actual relación del Vaticano con esta forma teológica.

Durante los años 80 fueron varios los documentos de la Congregación de la Doctrina de la Fe, cuando era prefecto Joseph Ratzinger, en la que se la criticaba duramente.

En un documento de agosto de 1984, Ratzinger advertía «de las desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la fe y para la vida cristiana, que implican ciertas formas de teología de la liberación que recurren, de modo insuficientemente crítico, a conceptos tomados de diversas corrientes del pensamiento marxista».

Aunque no desautorizaba «a todos aquellos que quieren responder generosamente y con auténtico espíritu evangélico a la opción preferencial por los pobres«, añadía el documento.

 Gutiérrez aseguró hoy que, aunque en las reuniones de las Conferencias Latinoamericanas como las de Medellín, Puebla y Aparecida ya se afirmó el principio de que la Iglesia debe tener una «predilección por los pobres, ahora es más claro con el testimonio del papa Francisco«.

El teólogo peruano admitió la mejoría en «las relaciones personales y la comprensión de lo que es la teología de la liberación y en su crítica» y dijo que «en ello se ha dado un paso muy importante».

Gutiérrez también explicó que aunque él se siente un teólogo y defiende la teología, «ésta es un acto segundo, que no secundario, porque lo primero es ser cristiano«.

«Finalmente la cuestión no es la teología sino la importancia de que la Iglesia vuelva a ocuparse de los pobres, pero esto ya lo encontramos en las enseñanzas del Evangelio», agregó.

A la pregunta sobre si pensaba que en el Vaticano se ha «rehabilitado» la teología de la Liberación, el teólogo peruano reafirmó que no se puede «rehabilitar algo que nunca se inhabilitó», pero aseguró que «está viviendo un nuevo momento» y que lo más importante es que se está «rehabilitando el Evangelio».

Sobre si cambiaría algo de la teología de la Liberación, Gutiérrez explicó que es como «una carta de amor a Dios, a la fe y al pueblo, que se puede escribir durante la vida de diferentes maneras, pero siempre con la misma fidelidad y el mismo amor».

El cardenal hondureño Óscar Rodríguez Maradiaga aseguró hoy que «América Latina está muy agradecida por la beatificación del arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero», pues es una guía para seguir ocupándose de los más pobres.

El cardenal hondureño, que es presidente de Cáritas Internacional, hizo estas declaraciones en la rueda de prensa que presentó la Asamblea de este organismo que se celebrará en Roma y en la que se elegirá a su sucesor.

La beatificación de Romero «es una luz en el firmamento de la Iglesia que nos guía para seguir unidos y conservar a los pobres en el centro de nuestros corazones».

Tras 20 años de la apertura de su causa, la beatificación de Romero, asesinado en 1980 mientras daba misa, será el próximo 23 de mayo, después de que fuera autorizada por el papa Francisco al firmar el decreto sobre su martirio.

Sobre ello también intervino hoy uno de los padres de la Teología de la Liberación, el peruano Gustavo Gutiérrez, quien aseguró que «se puede decir que se ha caído un muro» en la Iglesia católica, ya que se ha cambiado el sentido de lo que era el martirio.

Según Gutiérrez, «los mártires latinoamericanos fueron asesinados por Dios, por la Iglesia y por el pueblo, pero lo de ser asesinado por amor al pueblo no estaba contemplado en la tradición de la Iglesia».

Entre otras oposiciones, la condición de «mártir» fue la que encontró más objeciones durante este proceso de beatificación del arzobispo salvadoreño y acabó retrasando la causa, que con el inicio del pontificado de Francisco retomó su curso.

Gastón Garatea: aquí hay más mártires de lo que se dice

Sacerdote corazonista y líder social y religioso suficientemente conocido tanto en Perú como en España, Gastón Garatea, es una referencia eclesial. Sin embargo, el cardenal Cipriani no le renovó la licencia para ejercer el ministerio fuera de su congregación. Profesor de la PUCP, cree que el arzobispo quiere controlarla, pero se muestra optimista y espera que el Vaticano termine dándo la razón a la Pontificia Universidad Católica de Perú.

Padre Garatea, ya que estamos en la Católica, como aquí la llaman, vamos a empezar por ella: ¿Cómo está el conflicto entre la Universidad y la jerarquía?

En estos momentos está detenido, desde la salida del anterior secretario de Estado. Lo que pretendía la parte del arzobispado -quitarle el título de Universidad Pontificia, Católica- se ha quedado en nada. Queda el problema jurídico, que tampoco se mueve mucho…

El jurídico tengo entendido que es a nivel civil.

Sí. Y tanto por civil como por canónico está en standby. Estamos esperando que se diga algo, pero han cambiado ahora al prefecto de la Congregación por la Educación y nadie dice nada. Teníamos muy buena relación con él, por suerte, pero él dependía de la Secretaría de Estado. Veremos qué pasa con el nuevo prefecto. Nosotros somos optimistas, en el sentido de que lo que se ha hecho acá es algo indebido: tenemos la certeza de que se nos ha acusado de cosas que no son ciertas. No es cierto en absoluto que no aceptemos, como se dice, las normas que nos impone la Santa Sede. Simplemente hay un conflicto de intereses: trabajamos con la legislación reglada, pero sería necesaria por parte de Roma una concesión de hecho. ¡Nos han quitado la clase de Teología, que era una de las mejores cosas pastorales que tenía la Universidad! Hasta los muchachos ateos iban a la cátedra de Teología. Les interesaba conocer la especial mirada al mundo que hace la Iglesia…

Incluso a nivel de imagen, el conflicto es muy fuerte: ha rebasado las fronteras nacionales.

Es verdad, pero yo soy optimista. Creo que hay que bajar un poco los apasionamientos. Conversando siempre se plantean cosas nuevas.

¿Cree que el Papa estaba al tanto del asunto ya desde antes, desde que era arzobispo de Buenos Aires?

Sí: el Papa estaba muy enterado. En la Conferencia de Aparecida se habló. Sigue leyendo «Gastón Garatea: aquí hay más mártires de lo que se dice»

Sobre las nuevas muertes en el Mediterráneo

 Ante las nuevas y alarmantes noticias de muertes por naufragio en el Mediterráneo de personas que intentaban entrar en Europa, las entidades firmantes queremos expresar nuevamente nuestro dolor e indignación ante esta continua e inaceptable tragedia.

Creemos que esta terrible situación requiere una intervención internacional inmediata, organizando un sistema de auxilio en aguas del Mediterráneo para salvar vidas. A la vez, es necesario crear un sistema regular y controlado que permita la entrada a Europa por motivos humanitarios. Y si Europa no está a la altura de poner fin a las inaceptables muertes en el mar, las Naciones Unidas han de entrar en acción utilizando todos los medios disponibles, incluyendo la convocatoria del Consejo de Seguridad.

Así mismo, nos unimos a la sentida oración que el Papa Francisco ha hecho este martes en el Ángelus por aquellas personas «que buscaban felicidad, pero han acabado encontrando la muerte«, y nos adherimos también a su petición de una movilización de la Comunidad Internacional.

Finalmente, queremos una vez más pedir públicamente lo que ya hemos dicho recientemente en anteriores comunicados: es necesaria y urgente una nueva política europea que, en lugar de controles, vigilancia y barreras fronterizas, priorice verdaderamente la protección de la vida y los derechos humanos de las personas migrantes, que garantice y respete realmente el derecho de asilo, que abra vías realistas a la migración laboral y que favorezca eficazmente la paz, la estabilidad y el desarrollo humano en el entorno europeo y en todo el mundo.

Confer/Justicia y Paz

El Vaticano da luz verde al proceso para beatificar a don Hélder Câmara

Helder Camara

 El 6 de abril, la Arquidiócesis de Olinda y Recife, en Brasil, recibió el parecer favorable de la Congregación para las Causas de los Santos, al autorizar el inicio del proceso de beatificación y canonización de quien fuera su obispo durante más de dos décadas (1964-1985) y, probablemente, el más emblemático pastor brasileño «con olor a oveja»: dom Hélder Pessoa Câmara. Fue uno de los grandes defensores de las causas de los pobres, especialmente en la época de la dictadura, que asoló el país en el mismo periodo en que fue arzobispo de Olinda y Recife.

La notificación se produjo a menos de dos meses de la misiva que el prefecto del dicasterio romano, el cardenal salesiano Angelo Amato, escribiera al actual arzobispo metropolitano, António Fernando Saburido, el pasado 16 de febrero, confirmándole la recepción de su solicitud de nihil obstat para iniciar el proceso de beatificación del Siervo de Dios, a nivel diocesano. En su carta, Amato expresaba que aguardaba el parecer de otros dicasterios para poder emprender el proceso de beatificación. Ahora, la Curia romana ha dado vía libre para iniciar el camino que conducirá al obispo brasileño a los altares.

El siguiente paso es reconocer sus «virtudes heroicas». Para ello, una comisión jurídica se reunirá para estudiar los textos publicados en la vida y analizar los testimonios de personas que conocieron al «don de la paz», como es conocido Mons. Helder.

A continuación, el ponente del caso, nombrado por la Congregación, preparará un documento llamado Positio, que recogerá los informes y estudios. Una vez aprobado, el Papa concede el título de Venerable Siervo de Dios. El siguiente paso es la beatificación. Ser beato, o beatificado, significa presentar un modelo de vida a la comunidad y, también, el actuar como intermediario entre los fieles y Dios. Finalmente, para ser proclamado santo es imprescindible un milagro, que debe tener lugar tras la beatificación.

Antes de su muerte en Recife a los 90 años de edad, el 27 de agosto de 1999, el «olor de santidad» de dom Hélder se extendía por todo el país. Maurício Jardim, párroco de São Vicente Pai dos pobres, en la Arquidiócesis de Porto Alegre, recuerda que, aunque no lo conoció personalmente, «desde que entré en el seminario en 1991, oigo hablar de su santidad como hombre de Dios y pastor incansable, comprometido con los más pobres». También destaca que «en el Concilio Vaticano II fue uno de los promotores del ‘pacto de las Catacumbas’, que en 1965 afirmó el compromiso de una ‘Iglesia pobre para los pobres’; además, a nivel de la Iglesia de Brasil, impulsó la fundación de la Conferencia Nacional de los Obispos (CNBB)».


Precursor de la CNBB

En efecto, en 1936, cuando era sacerdote, tuvo a su cargo la creación del Secretariado Nacional de Acción Católica Brasileña, instancia precursora de la CNBB. En 1952, a los 43 años, recibió la ordenación episcopal y Pío XII le nombró obispo auxiliar de Río de Janeiro, por entonces capital del país. Ese mismo año participó activamente en la organización de la CNBB, tras recibir la aprobación del proyecto que había presentado a finales de 1950 ante uno de los integrantes de la Secretaría de Estado del Vaticano, el obispo Giovanni Battista Montini –futuro papa Pablo VI–, con quien entabló una profunda amistad.

El encuentro con los pobres de Río le llevó a fundar la Cruzada San Sebastián (1955) y el Banco de la Providencia (1959), a fin de interceder a favor de los pobres y de los favelados, para que vivieran en condiciones humanas y dignas.

Incansable en su compromiso con los marginados, muy pronto su nombre se asoció a la promoción humana, la opción preferencial por los pobres, la pastoral de las favelas y la defensa de los derechos humanos. La mexicana Socorro Martínez Maqueo, religiosa del Sagrado Corazón y coordinadora continental de las Comunidades Eclesiales de Base (CEB), dice que «dom Hélder es uno de los grandes padres de la Iglesia de América Latina y es referencia en el caminar del pueblo de Dios. Como obispo, puso en práctica el Vaticano II y creyó e impulsó la Iglesia desde la base, desde las CEB; es un profeta que abrió caminos para el compromiso radical con los pobres y por los derechos humanos».


Celam y Concilio Vaticano II

Desde la primera conferencia en Río en 1955 hasta 1992, fue el delegado del episcopado brasileño en el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). Como tal estuvo presente en la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Medellín, 1968), la tercera en Puebla (1979) y la cuarta en Santo Domingo (1992). Fue presidente y vicepresidente del CELAM.

Participó activamente en el Concilio Vaticano II, siendo elegido padre conciliar en las cuatro sesiones del concilio. Fue uno de los proponentes y signatarios del Pacto de las Catacumbas, un documento firmado por cerca de 40 padres conciliares, el 16 de noviembre de 1965, en las Catacumbas de Domitila, en Roma, durante el Concílio Vaticano II, después de celebrar juntos la Eucaristía. El pacto fue un compromiso a adoptar una vida de sencillez y despojada de posesiones, con una nueva actitud pastoral orientada a los pobres y los trabajadores.

El 15 de agosto de 1967 fue uno de los redactores y firmantes del Manifiesto de los 18 Obispos, que apoyando el llamado de Pablo VI en la éncíclica Populorum Progressio, toma posición contra los «opresores del mundo de los pobres», llama a sustituir el capitalismo y a promover un verdadero socialismo, sin colectivismo totalitario ni persecución religiosa. Tanto el pacto como el manifiesto tuvieron fuerte influencia en el surgimiento de la Teología de la Liberación.


Arzobispo en medio de la dictadura

Su llegada a Olinda y Recife como arzobispo coincidió con el inicio de la dictadura militar. Indeclinable en su defensa de los derechos humanos y de la justicia social, alzó su voz profética para denunciar toda clase de atropellos, represalias, torturas, desapariciones y muertes. En 1969, fue acusado de demagogo y comunista. «Si doy de comer a los pobres, me dicen que soy un santo; pero si pregunto por qué los pobres pasan hambre, me dicen que soy comunista», solía decir. Ni las amenazas contra su vida ni la censura de sus palabras lograron amedrentarlo. Su voz y sus escritos trascendieron fronteras y en cuatro ocasiones fue nominado al Nobel de la Paz.

Saburido, su actual sucesor, ha manifestado que «fue un hombre de mucha oración y acción, un profeta con coraje que enfrentó muchas dificultades, especialmente con la represión militar». Dom Hélder fue «una persona muy humana y especialmente disponible a los más pobres. Todo esto contribuye a que tengamos interés en encaminar este proceso», concluye el obispo. Como en el caso del arzobispo salvadoreño Óscar Romero, próximo beato, es posible que en el corazón del pueblo brasileño ya sea santo.


Un tiempo para escribir

De entre su muy voluminosa obra escrita cabe mencionar:

– El Evangelio con Dom Helder
– El desierto es fértil
– Mil razones para vivir
– Las conversiones de un obispo
– Cristianismo, socialismo, capitalismo
– Espiral de violencia
– La rebelión de los economistas
– Revolución de los no violentos: una iniciativa
– La Iglesia y el desarrollo de América Latina
– Pobreza, abundancia y solidaridad

En recuerdo a tantos sueños rotos

 

Tras la tragedia que ha vuelto a convertir el Mediterráneo en un cementerio,  este video de Cáritas Diocesana de Granada nos invita a reflexionar sobre la injusta realidad de la inmigración, que empuja a millones de personas a emprender un viaje –“ligeros de equipaje”, a la desesperada, empujados por la injusticia y la violencia– en busca de dignidad y libertad.