La desigualdad creciente es el mayor reto al que se enfrenta hoy la humanidad. Implica la exclusión o discriminación en las oportunidades de vida, es permanente y estructural, y supone un profundo deterioro en las condiciones de vida digna de las personas. Además, atenta contra todos los derechos humanos que garantizan una vida verdaderamente humana, como son el trabajo digno, la alimentación, el agua y el saneamiento, la vivienda, la salud, la educación, la participación o un medio ambiente saludable. Y afecta, sobre todo, a los países más empobrecidos del Sur global.
La desigualdad se enmarca dentro de lo que el papa Francisco llama la cultura del descarte, en la que los excluidos son «sobrantes», personas que pueden ser descartadas, como los pobres, quienes viven en barrios precarios, personas sin hogar, drogodependientes, refugiados, pueblos indígenas, personas ancianas, mujeres, niños y niñas por nacer, juventud excluida o explotada, migrantes, e incluso la creación maltratada.
Lacultura del descarte surge del individualismo, fruto de la globalización de la indiferencia; una visión de la economía que prioriza la obtención de beneficios; y de un paradigma tecnocrático que considera que todo lo que es posible debe hacerse.
Frente a estos datos, se hace imprescindible recuperar la «cultura del compartir». Porque la prosperidad solo es justa cuando llega a todos los seres humanos.
Manos Unidas, lleva más de 50 años apoyando la idea de trabajar por sociedades más igualitarias y sostenibles, donde la inclusión de las personas descartadas y el cuidado del medioambiente son la prioridad.
Si queremos alcanzar ese genuino significado de prosperidad, resulta indispensable un tipo diferente de economía que la haga posible. Por eso, este años se han centrado en la propuesta «Economía de Francisco».
La «Economía de Francisco» es un movimiento inspirado por el papa Francisco que busca promover un modelo económico más justo, inclusivo y sostenible, en respuesta a los problemas globales como la desigualdad, la pobreza y el deterioro ambiental. Toma su nombre en honor a san Francisco de Asís, quien simboliza una vida sencilla, la justicia social y el respeto por la naturaleza.
En Manos Unidas siguen trabajando hoy y siempre para poder vivir de una manera digna, comprendiendo que nuestra prosperidad no es tal si no incluye, también, la prosperidad de nuestro prójimo. Solo así, dirigiendo nuestra mirada a los que sufren más allá de nuestras fronteras, y tendiendo una mano generosa y solidaria a los más pobres, podremos conseguir un mundo realmente próspero para todos.
Los misioneros combonianos han reconocido a dos asociaciones que promueven los derechos del pueblo pigmeo baka de Camerún con el Premio Mundo Negro a la Fraternidad 2024. Timothée Emini (Asociación Okani) y Luc Ndeloua (Asociación Abowanii) recibieron el premio de manos de J. María Calderón, director nacional de OMP, en la casa comboniana de Madrid el sábado 1 de febrero.
El encuentro fue enmarcado por la profesora María del Ángel Iglesias Vázquez, investigadora de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR), que abordó el camino en el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas africanos. Estos están amenazados fundamentalmente por la presión de las compañías extractivas (madera, hidrocarburos, minerales…), con el agravante de que cuando estas poblaciones son expulsadas de sus tierras ancestrales pierden su identidad, ya que su espiritualidad está ligada a la tierra de sus antepasados.
Hay dos fechas clave en este camino: En 1989 la Organización Internacional del Trabajo aprueba el Convenio 169 sobre pueblos indígenas, que sin embargo solo cuenta entre los estados africanos con la ratificación de la R. Centroafricana. Posteriormente en 2007 la ONU emite la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, que en su artículo 10 exige el consentimiento previo, libre e informado antes de cualquier desplazamiento de comunidades indígenas. Estos instrumentos legales han ido permitiendo la presentación de algunas denuncias internacionales, fundamentalmente en Kenya.
Los protagonistas premiados continuaron con su testimonio sobre la situación de enorme riesgo que vive su pueblo baka, uno de los cientos de pueblos indígenas africanos. Estas comunidades no viven en la selva, sino que son parte de ella. La selva es escuela para sus jóvenes, supermercado para todo lo que necesitan, especialmente los productos farmacológicos, y, especialmente, es el lugar de comunicación espiritual profunda con su cultura ancestral y sus antepasados. Con supuesto afán de proteger los territorios naturales, estas comunidades se ven expulsadas por la administración de Camerún. Se les fuerza a un salto brusco del modo de vida cazador-recolector al urbano, generando un trauma sin paliativos. Como citábamos arriba, las compañías extractivas son las beneficiadas por la «limpieza» del territorio para poder entrar con impunidad en sus territorios. El turismo internacional ejerce también una presión.
Frente a esta dramática situación, las asociaciones de los dos premiados se centran en la organización de los jóvenes para que conozcan sus derechos y los ejerzan, conozcan sus tradiciones y las puedas enseñar a su vez a los más pequeños. Algunos datos preocupantes: solo hay 10 personas baka cursando estudios en la universidad, un centenar en la escuela secundaria, y Timothée Emini, uno de los premiados, espera ser en breve el primer baka con un doctorado universitario. No tienen presencia en el parlamento de Camerún, y sufren además la discriminación de las etnias mayoritarias.
Al concluir el encuentro, declaraban que el futuro de esta cultura depende de su capacidad de luchar por sus derechos, y de la aplicación de las reciente legislación europea, como la directiva de regulación forestal. El acompañamiento de estas comunidades vulnerables pasa por el trabajo para lograr este tipo de legislaciones internacionales y monitorear su aplicación.
Chema Caballero entrevista a los premiadosSaludo final del Provincial, M. A. LlamazaresE. Bayo, director de la revista, presenta a la profesora Iglesias
Las asociaciones Abowani y Okani, que trabajan con el pueblo baka en Camerún, han sido galardonadas con el Premio MUNDO NEGRO a la Fraternidad 2024. El acto de entrega tendrá lugar el próximo 1 de febrero en Madrid. Dos días antes, el 30 de enero, el presidente de Abowani, Luc Ndeloua, y el encargado de asuntos jurídicos y políticos de Okani, Timothée Emini, mantendrán un encuentro con los medios de comunicación a las 11 h. en la sala de exposiciones de los Misioneros Combonianos (Arturo Soria, 101, MADRID).
Abawoni y Okani
La Asociación Abowani fue fundada en 2007 en la localidad de Mintom, en la provincia del Sur gracias al programa «Acción de gestión duradera de los bosques integrando a las poblaciones pigmeas baka (AGEFO-Baka)», financiado por la Unión Europea. Okani nació un año antes en Bertoua, provincia del Este, impulsada por cinco comunidades pigmeas de la zona –Andom, Loussou, Nkolbikon, Mayos y Bonando– y con el apoyo del programa «Asociación por la autopromoción de las poblaciones del este de Camerún (APEC)», impulsado fundamentalmente por misioneros católicos. Además de contribuir a la elaboración de los estatutos y conseguir la legalización por parte del Estado, los programas AGEFO-Baka y APEC, con el apoyo de Inades-Formation Cameroun, organizaron talleres para que líderes bakas de diferentes comunidades se formasen en la gestión de este tipo de asociacionismo étnico. AGEFO-Baka y APEC llegaron a su fin, pero Abawoni y Okani han seguido adelante con sus actividades gracias al empeño de sus dirigentes, aunque condicionados por proyectos y apoyos financieros externos.
XXXVII Encuentro África
Luc Ndeloua y Timothée Emini clausurarán el XXXVII Encuentro África, que se celebrará entre los días 1 y 2 del próximo mes de febrero. En esta ocasión, la reflexión que se propondrá a los asistentes será «Los primeros. Pueblos indígenas de África hoy».
La primera jornada, el 1 de febrero, se desarrollará en la Sala de Exposiciones de los Misioneros Combonianos a partir de las 18 h. Después de la presentación del Encuentro, a cargo del director de la revista MUNDO NEGRO, P. Enrique Bayo Mata, tendrá lugar un espacio para la reflexión con la conferencia «Pueblos y comunidades indígenas en África. Realidad y perspectivas de futuro», a cargo de la profesora María del Ángel Iglesias Vázquez, investigadora principal del Grupo de Investigación y Relevancia del Estatus y la Condición de Indígena, de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).
A continuación, Chema Caballero, colaborador de MUNDO NEGRO y autor del libro Edjengui se ha dormido: Del victimismo al activismo de los pigmeos bakas, mantendrá un diálogo con los dos galardonados para conocer la realidad del pueblo baka y el trabajo que realizan las asociaciones Abowani y Okani. El provincial de los Misioneros Combonianos en España, P. Miguel Ángel Llamazares, les entregará el Premio Mundo Negro a la Fraternidad 2024.
El encuentro se retransmitirá en directo a través del canal de MUNDO NEGRO en YouTube.
El domingo, 2 de febrero, a las 11:30 h tendrá lugar la clausura del Encuentro con la celebración eucarística en la parroquia de la Santísima Trinidad (Martínez Villergas, 8, MADRID), en la que participarán el coro parroquial Satri y el coro Karibu.
Varias elecciones, cambios en organizaciones continentales y regionales, la contradicción de un crecimiento económico que no llega a la población, crisis humanitarias que se eternizan ante la ceguera mundial… Estos y otros acontecimientos serán protagonistas en África en 2025.
En un contexto global marcado por la incertidumbre, el auge de los populismos, las guerras en Ucrania y Oriente Próximo y las sacudidas climáticas, África trata de encontrar una voz propia mientras se enfrenta a sus demonios. El año 2025 comenzará políticamente en febrero, con la elección de una nueva comisión de la Unión Africana (UA) que tendrá la tarea de conducir al continente hacia una mayor unidad económica y política. Sin embargo, procesos de ruptura como el que vivirá la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) con la salida de Malí, Níger y Burkina Faso, son palos en las ruedas. La previsible retirada de las tropas francesas de Senegal y Chad y la creciente influencia rusa, pero también turca o iraní, anuncian una nueva geopolítica.
Como apuntábamos, en febrero todas las miradas se girarán hacia Adís Abeba, donde se resolverá una batalla decisiva para África. Tras ocho años al frente de la Comisión de la UA, el chadiano Moussa Faki Mahamat se despide y toca renovar el gobierno continental con la elección de un presidente, un vicepresidente y seis comisarios. Cuatro candidatos han sido preseleccionados para suceder a Mahamat: se trata del opositor y ex primer ministro keniano Raila Odinga, que parte como favorito ante su principal rival, el exministro de Exteriores yibutiano Mahamoud Ali Youssouf, y los otros dos aspirantes, con menos opciones, Anil Gayan, de Mauricio, y el malgache Richard Randriamandrato.
Para la vicepresidencia, que corresponde al Magreb, la pugna entre las candidatas marroquí, la periodista Latifa Akherbach, y argelina, la diplomática Selma Malika Haddadi, promete echar chispas. Mientras tanto, lo que no despierta ninguna duda es quién ocupará la presidencia de turno de la UA: el angoleño João Lourenço, que se encuentra en pleno segundo mandato, sustituirá también en la cumbre prevista en febrero al mauritano Mohamed Ould Ghazouani.
Al mismo tiempo que se reconfigura el principal órgano de gobierno de la UA, tambores de ruptura suenan en la región occidental. En enero está previsto que se oficialice la salida de Malí, Níger y Burkina Faso de la CEDEAO, haciendo saltar por los aires uno de los bloques económicos africanos que se presentaba como modelo de integración para el resto. Estos tres países, gobernados en la actualidad por juntas militares llegadas al poder mediante golpes de Estado, han creado su propio organismo regional, la Alianza de Estados del Sahel, una confederación de ayuda militar mutua que ha evolucionado rápidamente hacia un bloque económico y político.
Un ciudadano namibio se somete a una comprobación biométrica antes de votar en las recientes elecciones presidenciales celebradas en su país. Fotografía: Simon Maina/Getty
La sombra de Francia
Los tres países decidieron romper sus acuerdos de colaboración con Francia y acercarse a Rusia como nuevo gran aliado internacional. La retirada de las tropas galas de Malí, Burkina Faso y Níger fue el primer paso de un repliegue francés que no ha dicho su última palabra y que en los próximos meses vivirá dos nuevos episodios de enorme importancia. El Gobierno de Chad ha seguido los pasos de sus vecinos y ha roto los acuerdos con París que amparaban la presencia de un millar de soldados franceses en su territorio, abriendo la puerta a una retirada que bien podría hacerse efectiva este año. Por su parte, el presidente de Senegal, Bassirou Diomaye Faye, anunció también el cierre de la única base militar gala en su país, aunque el calendario no está claro.
Precisamente sobre Faye y sus esfuerzos para resolver esta crisis recaerá buena parte de las miradas en 2025. Nombrado mediador por la CEDEAO para intentar devolver a las juntas militares al barco común de la organización regional, no tiene ante sí una tarea nada fácil a tenor de la firme voluntad de ir por libre expresada por los dirigentes de Malí, Burkina Faso y Níger, Assimi Goïta, Ibrahima Traoré y Abdourahamane Tiani, respectivamente. Sin embargo, a Faye le avalan su llegada al poder por las urnas y el reciente éxito electoral del panafricanismo de izquierdas de su partido, el Pastef, que ha convertido a su primer ministro, Ousmane Sonko, en el político de moda en África occidental. La emergencia de una alianza de partidos de ideología similar en la región se está fraguando desde hace meses y ya se ha concretado en una opción política en Gambia. El año 2025 podría ser el del nacimiento de otros partidos similares en la región.
En noviembre de 2023, los ejércitos de Francia y Senegal participaron en los ejercicios conjuntos Xaritoo. Dakar ha anunciado el cierre de la base militar gala que permanece operativa en su territorio. Fotografía: Cem Ozdel /Getty
Las urnas
En clave electoral, habrá que estar atentos a cinco países: Camerún, Costa de Marfil, Tanzania, Gabón y Togo. El fuego se abre en febrero en este último con unos controvertidos comicios de los que, previsiblemente, el presidente Faure Gnassingbé saldrá aún más reforzado. La aprobación de una nueva Constitución en 2024 supuso el cambio del modelo político togolés, que pasa de ser un régimen presidencialista a un sistema parlamentario. Ello supone que el presidente no será elegido por sufragio universal directo, sino por los diputados y senadores, y que, en teoría, el jefe de Estado pasa a tener un poder simbólico siendo el primer ministro quien pasa a detentar el verdadero mando. La oposición ha mostrado su rechazo a este cambio de la Carta Magna, así como a las legislativas celebradas en abril que dieron la victoria al partido gubernamental.
En Camerún, todo gira en torno al presidente Paul Biya. A punto de cumplir 92 años y tras 42 en el poder, el nonagenario dirigente y su entorno no quieren ni oír hablar de relevo. Con una salud cada vez más frágil y frecuentes ausencias de meses que hacen emerger todo tipo de especulaciones, la sucesión sigue siendo un tema tabú. Si la biología se lo permite y mientras no aparezca algún militar con ganas de aventuras políticas al estilo del vecino gabonés, Biya será de nuevo candidato en las elecciones presidenciales previstas para este año.
Precisamente Gabón es otro de los países que podría tener cita con las urnas en 2025. Y no cualquier cita. Tras el largo reinado de medio siglo de los Bongo, primero el padre y luego el hijo, el golpe de Estado de 2023 condujo al poder al general Brice Clotaire Oligui Nguema en medio de un enorme respaldo popular. El fervor que despierta el sepulturero del régimen de los Bongo no parece haberse agotado, como muestra el gran respaldo obtenido en el referéndum para la reforma constitucional del pasado mes de noviembre, aprobado con un 92 % de los votos. Si se confirman los comicios, el propio Oligui Nguema, que ha logrado consolidar su imagen internacional, baraja estar entre los candidatos. Casi nadie duda en el país de que obtendría una sólida victoria.
Un grupo de mujeres hablan sobre la violencia sexual que sufren en el campo de desplazados de Bijombo (RDC). Fotografía: Alexis Hughet /Getty
Desde Tanzania llegan malas noticias. La llegada al poder de Samia Suluhu en 2021 tras la muerte de su predecesor, John Magufuli, supuso una ráfaga de aire fresco. Frente al perfil autoritario y represor del fallecido, Suluhu impulsó una serie de reformas para democratizar el espacio político y recuperar las libertades perdidas. Sin embargo, en los últimos meses y a medida que se acercan los comicios de 2025, Suluhu ha maniobrado para mantenerse en el poder y ha recuperado las viejas mañas de Magufuli, incrementando la represión contra la oposición y usando el aparato del Estado para sembrar el terror entre los críticos. Con estos precedentes, el escenario de unas elecciones ganadas de antemano por ella parece más que posible.
En Costa de Marfil, donde las elecciones están previstas para octubre, los viejos pesos pesados de la política se resisten a dejar la primera línea. La posible candidatura del actual presidente, Alassane Ouattara, que ya lleva más de 14 años en el poder, se uniría a las ya confirmadas del expresidente Laurent Gbagbo, su exesposa Simone Gbagbo, y de Pascal Affi N’Guessan, líder del Frente Popular Marfileño. Solo la muerte en 2023 de Henri Konan Bédié, del Partido Democrático de Costa de Marfil, ha facilitado la irrupción de un candidato más joven y un cierto atisbo de relevo generacional en la escena política. A falta de nueve meses, aún puede haber sorpresas.
Crecimiento, pobreza y conflictos
En el plano económico, África mantiene el ritmo: un crecimiento económico sostenido del 4 %, que el Banco Mundial ha revisado al alza para el período 2025-2026, pero que sigue sin tener su reflejo en los ingresos per cápita, fruto, entre otros factores, de la potencia demográfica de un continente que es el que más crece en población de todo el mundo. Esta situación sigue condenando a millones de africanos a sobrevivir bajo el umbral de la pobreza pese a los cambios estructurales que se están produciendo: aplicación de los primeros pasos de la Zona de Libre Comercio Continental y la emergencia económica de países como Marruecos, Nigeria o Sudáfrica. Esta nación ocupará este año la presidencia rotatoria del G20, desde donde tratará de luchar contra uno de los grandes lastres que pesan sobre el continente, la crisis de deuda que ya ha hecho caer a tres estados en suspensión de pagos: Zambia, Ghana y Etiopía. Otros países, como Kenia o Túnez, están en serio riesgo de entrar en incumplimiento de pagos en 2025.
El otro gran freno a las perspectivas positivas de la emergencia económica africana es la persistencia de conflictos enquistados que se resisten a morir. La guerra de Sudán entre el Ejército y los paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido, que estalló en 2023, ha provocado una de las peores crisis humanitarias del mundo, con unos 10 millones de personas huidas de sus hogares, de los que siete millones, en su mayor parte mujeres y niños, tienen un limitado acceso a alimentos. La sombra de la hambruna se cierne sobre ellas. Otros conflictos, como los del Sahel, el noreste de la República Democrática del Congo, norte de Mozambique o Somalia, continúan generando un enorme sufrimiento alejados del foco mediático.
A la derecha, la antigua vía de tren Abiyán-Uagadugú, convertida en un mercado informal a su paso por Abobo (Costa de Marfil). Fotografía: Sia Kambou /Getty
Aunque las catástrofes naturales son, por definición, impredecibles, la pauta de los últimos años anuncia que el próximo verano vendrá, de nuevo, cargado de riesgos. Los fenómenos meteorológicos extremos –y más en concreto las inundaciones– se han convertido cada estación de lluvias en una realidad objetiva fruto de un cambio climático que se deja sentir con gravedad en el continente africano. Los países de la banda saheliana, desde Senegal hasta Sudán y Kenia, han vivido un período de lluvias en 2024 de especial intensidad en cuanto a las precipitaciones torrenciales, que han provocado miles de víctimas. El propio desierto del Sahara ha visto emerger lagos en puntos de Argelia y Marruecos por el desplazamiento hacia el norte del llamado monzón africano. Su relación con el calentamiento global y la mayor presencia de CO2 en la atmósfera está fuera de toda duda y las posibilidades de que fuertes precipitaciones se repitan en 2025, con sus graves consecuencias en vidas humanas e infraestructuras, son elevadas.
Para finalizar, conviene recordar que este año toca Copa de África de Naciones de fútbol, un acontecimiento que promete emociones y que, desde el 21 de diciembre y hasta el 18 de enero de 2026, hará girar todas las miradas hacia Marruecos, el país organizador, que ya ha demostrado su solvencia en la preparación de grandes eventos y a quien esta CAN servirá como prueba de fuego para la Copa del Mundo 2030, que acogerá junto a España y Portugal.
Aunque aún no se conoce la lista de sedes, todo está previsto para que los grandes estadios de Rabat, Casablanca, Tánger, Agadir, Fez y Marrakech acojan la competición, que en esta ocasión reúne a 24 selecciones. Con la anfitriona como gran favorita, sobre todo tras su llegada a semifinales en el Mundial de 2022, otros combinados tratarán de aguarles la fiesta, en especial históricos del fútbol africano como Camerún, Senegal, Egipto, Nigeria o Costa de Marfil.
Mozambique atraviesa una época de dificultades e incertidumbre política desde las pasadas elecciones del 9 de octubre. En los próximos días, previsiblemente hacia el 22 de diciembre, se harán oficiales los resultados de las elecciones y las medidas de gobierno correspondientes. Tanto las organizaciones de la Iglesia católica, como muchas otras organizaciones, están impulsando diálogos y caminos para un futuro de convivencia pacífica y justa.
En este contexto, los Obispos nos convocan a DEDICAR 15 MINUTOS DE ORACIÓN DIARIA por el pueblo mozambiqueño desde el domingo 15 de diciembre hasta el día 23.
Unámonos a esta iniciativa pensando la manera más conveniente de hacerlo en cada uno de nuestros contextos. Como forma de solidarizarnos y sentir con nuestros hermanos y hermanas mozambiqueños, y de sensibilizarnos ante la realidad.